El miedo del periodista al neologismo

 

José Fernández Beaumont

 

Determinadas secciones y medios de comunicación ven agravarse los peligros en cuanto a neologismos y tecnicismos importados. Los libros de estilo, la Academia en algunos casos y los Departamentos de Español de contados medios intentan hacer frente a esta avalancha.

 

Se acusa al profesional español de los medios de comunica­ción de ser el principal cau­sante del progresivo deterioro del idioma porque utiliza con excesiva frecuencia y sin mo­tivos fundados extranjerismos y voces foráneas en lugar de expresiones caste­llanas para referirse a algo o a alguien que ocu­pa un lugar digno de ser destacado en la actua­lidad. No se puede olvidar que el periodista tie­ne que vencer en esta tarea las dificultades propias de la urgencia, por una parte, y, por la otra, la falta de directrices claras por parte de los organismos teóricamente responsables de mantener la pureza del idioma. Para compensar estas carencias y peligros el redactor cuenta en su medio con manuales o libros de estilo y de­partamentos de edición que cumplen, entre otras, la función de registrar y adoptar nuevas palabras y expresiones.

"Yo me limitaría a pedir a los periodistas una preocupación por el idioma, una cultura básica; que lean, que vayan al teatro" (1). Este consejo elemental, ofrecido recientemente por Antonio Tovar, académico y excepcional estudioso de la lengua española, a quienes tienen la función y la obligación de codificar informaciones en bru­to para una audiencia masiva y heterogénea, y de hacerlo con la urgencia que requiere el tra­tamiento de la información de actualidad, no es suficiente.

Cuando el periodista español se sienta a re­dactar su información ante el teclado electróni­co y la pantalla del videoterminal de edición, o se dispone a dar forma coherente a un texto que será leído a los pocos minutos ante un mi­crófono o ante una cámara de televisión, adopta siempre una postura "de prevención" ante la amenazante invasión de nuevas palabras o de nuevas expresiones, la mayor parte de ellas ex­tranjeras, que sabe que, inevitablemente, se le vienen encima.

 

Naturalmente la cantidad y contenido de es­tas nuevas voces estará en función de la sec­ción específica del medio en que trabaje. La in­formación internacional, económica, científica y cultural y, en gran medida, la deportiva, serán las áreas más propicias para enfrentarse a esta experiencia de registrar, acuñar y relanzar ex­presiones en principio ajenas al propio idioma. A otras secciones como política, regiones, local y también cultura, les tocará lidiar más frecuen­temente con otros problemas derivados de la utilización del lenguaje en la propia comunidad lingüística (cabe hacer aquí una primera refe­rencia a los problemas que produce la adapta­ción al castellano de expresiones y nombres de idiomas autonómicos). Pero lo que se puede considerar como neologismo o extranjerismo como invasión de palabras del exterior se sitúa casi en su totalidad en las secciones citadas en primer lugar.

 

LIBROS DE ESTILO

 

No es suficiente para los periodistas extraer de las lecturas o de las obras de teatro la buena dicción y la mejor grafía y utilización de las pa­labras y expresiones. En primer lugar porque cada vez son más los nuevos vocablos foráneos que se imponen en la propia lengua, y, en se­gundo lugar, porque no existe ninguna norma clara, comisión de vigilancia o grupo oficial or­ganizado, ajenos a los propios medios de comu­nicación, a los que se pueda acudir con la ur­gencia que requiere el trabajo de codificación de la información diaria.

El recurso más utilizado hasta ahora para no dejar indefensos a los profesionales de la infor­mación en esta "jungla de nuevas terminologías" es el de los libros de estilo. Los llamados libros de estilo o Stylebooks, que nacieron en las grandes agencias internacionales (AP, UPI, Reuter, AFP) se transmitieron posteriormente a los grandes periódicos (New York Times, Was­hington Post, Los Angeles Times... ) sirven a este cometido aunque no pretenden exclusiva­mente facilitar el tratamiento de extranjerismos. Tienen la finalidad genérica, como ha dicho Melvin Mencher profesor de la universidad de Columbia, de fijar normas válidas y homogé­neas de redacción para cada medio (2).

Los libros de estilo han llegado tarde a Espa­ña. Pero están ahí, en algunas agencias informa­tivas ‑especialmente en Efe‑, en Radio Na­cional, en Televisión Española y en algunos pe­riódicos. Algunos de estos medios incluso lo han comercializado, o lo que es más exacto en estos casos, lo han querido hacer asequible al público mediante ediciones sucesivas.

El Manual de Español Urgente o Manual de Estilo de la agencia Efe (3), que ha supuesto la creación del Departamento de Español Urgente justifica su existencia "por la necesidad de nor­malizar el lenguaje ante el deterioro progresivo que está padeciendo el idioma y para afianzar y aumentar el prestigio de la agencia".

El Libro de estilo de EL PAIS (4) insiste tam­bién en su prólogo en algunas de estas ideas. En expresión de Juan Luis Cebrián, director del periódico y prologuista del libro, "un Libro de estilo no es una gramática ni un diccionario al uso. Es simplemente un código interno de una Redacción de cualquier medio informativo que trata de unificar sistemas y formas expresivas con el fin de dar personalidad al propio medio y facilitar la tarea del lector en el caso de los periódicos". Y añade más adelante el prologuis­ta: "nadie debe ver un intento de aportaciones novedosas al campo de la lingüística o la gra­mática, ni se debe asombrar de las lagunas evi­dentes que para un lector de la calle el libro ofrece".

Hay por lo menos, de entrada, dos cuestiones claras. Tanto aquellos medios que tienen un li­bro de estilo publicado como los otros que utili­zan soportes multicopiados para uso interno, conciben el libro de estilo como una herra­mienta que ayuda a fijar unas pautas redaccio­nales propias que a su vez van a ayudar a confi­gurar la personalidad del medio. En segundo lugar queda claro que el libro de estilo no tiene pretensiones de establecer magisterio lingüístico en el tratamiento de los términos ya acuña­dos o en la adopción y registro de nuevas pala­bras".

 

INMOVILISMO DE LA ACADEMIA

 

No se trata en ningún caso de ir contra el len­guaje correcto o contra las lagunas o el inmovi­lismo de la Real Academia o de los organismos oficiales relacionados con la lengua, sino que se pretende "facilitar la tarea de los periodistas mediante unas convenciones o soluciones a las que se ha llegado previamente para resolver problemas concretos de titulación, puntuación o grafía de tal o cual nombre extranjero o del área de las comunidades autónomas que utilizan un idioma distinto al castellano. También suelen estar en función de este servicio al periodista las llamadas segundas partes de los libros de estilo "compuestas básicamente por dicciona­rios de siglas, palabras de significado dudoso o ambiguo y un gran número de expresiones en idiomas distintos al castellano, con las que no pocas veces tienen que lidiar los periodistas, sin más ayuda que los diccionarios de uso co­mún, poco familiarizados con las técnicas, o la jerga del periodismo y llenos de lagunas en lo que se refiere a nombres de organismos ex­tranjeros internacionales" (5).

No hay que perder de vista, no obstante, que el libro de estilo se caracteriza por ser una obra abierta a cambios y correcciones sucesi­vas. Por ello es corriente que se registren va­rias ediciones de acuerdo con las correcciones y nuevas incorporaciones que se hayan hecho. Se producen periodos en los que se han acu­mulado sugerencias de académicos, lingüistas, redactores y lectores. La redacción, y los ins­trumentos y recursos que maneja, no se sitúan en el terreno de las certezas científicas, de principios fijos. Pueden concebirse más certe­ramente como un conjunto de técnicas que se basan en unos principios, pero estas técnicas varían según varíen las circunstancias sociales, tecnológicas, económicas y culturales de la co­munidad a la que sirve. El libro de estilo es un reflejo de estos planteamientos.

 

DEPARTAMENTO DE ESPAÑOL URGENTE

 

El Departamento de Español Urgente de la agencia Efe ha puesto en marcha unos mecanismos encaminados a hacer posible la ayuda a lo: redactores. Desde 1980, año de su creación, tres filólogos y un periodista, más una comisión asesora integrada por cinco académicos y un catedrático de Ciencias de la Información, estu­dian todos los problemas, en reuniones semana­les, que se plantean en torno a la utilización de: idioma dentro del periodismo.

En el departamento se hace un seguimiento diario de todo lo que publica la agencia. Las palabras dudosas se consultan en los dicciona­rios vigentes y en el Manual de Estilo. La comi­sión se reune todos los lunes y analiza las pala­bras, giros, neologismos, léxico y barbarismos. Los errores que se han registrado se hacen lle­gar semanalmente a 15 responsables de otra: tantas áreas de la agencia y a las delegaciones del extranjero que no hayan utilizado bien lo: recursos lingüísticos en sus despachos. El departamento está también abierto a las consultas de cualquier otro medio de comunicación y de cualquier otra persona interesada (6).

El despacho responsable de la elaboración y adaptación del Libro de estilo de EL PAIS de­pende de un subdirector para Formación e investigación. También está abierto a las suge­rencias de toda la Redacción y de académicos, a quienes también se consulta. Este departa­mento se encarga de la puesta al día del Libro de estilo y hace un seguimiento del mismo con el fin de que se cumpla.

Esta soledad (que ya no lo es tanto) del re­dactor ante él neologismo, se vive de distinta forma según el medio. En Prensa, ámbito que hemos elegido para este análisis, no es tanta la preocupación, puesto que se dispone general­mente de más tiempo que en los medios audio­visuales para consultar y pedir opiniones de otros profesionales. Además existe esa tabla de salvación para estos casos que es el Libro de estilo. En él tiene el profesional una herramien­ta objetiva cuyas directrices debe aplicar de forma inequívoca. Están, por otra parte los departamentos de edición o responsables de revi­sar todos los textos, corregir, y cambiar, si es preciso, las estructuras de la noticia. Si todos los redactores están obligados al cumplimiento del Libro de estilo más lo están los miembros de los equipos de edición (7).

 

INVASION DE NEOLOGISMOS

 

Los neologismos, vocablos y nuevos giros pe­netran en las redacciones españolas básica­mente a través de las secciones de internacional, ciencia, cultura, economía y también depor­tes. Son precisamente las secciones que recu­rren con más frecuencia a fuentes en lenguas extranjeras y son, por tanto, un vehículo más frecuente para la acuñación de los extranjeris­mos. Los despachos en su idioma original de las agencias AP, UPI, Reuter y el servicio del New York Times y otros en la lengua de Shakespea­re, son un campo abonado para la influencia de los neologismos que provienen del mundo an­glosajón.

Los nuevos términos inyectados de la política, de la cultura y de la economía francesa (y con ellas gran parte de lo que se reproduce en el ámbito de la Comunidad Económica Europea) llegan de la agencia francesa AFP y de periódi­cos escritos en el idioma de Moliére como Le Monde, Le Figaro... Naturalmente las revistas internacionales en inglés y en francés, tanto de información general como especializadas, cons­tituyen otra de las mayores fuentes de influen­cia.

La prevención del redactor ante la amenaza del neologismo se multiplica, por otra parte, cuando tiene que informar de materias científi­cas y de procesos y mecanismos tecnológicos, especialmente de los que se derivan de la in­formática. España, como es bien sabido, no ha sido precisamente pionera de este tipo de in­vestigaciones e innovaciones. Sabemos que el primero que llega es el primero que pone nom­bres a las cosas, a las herramientas, mecanis­mos y procesos.

Por estas últimas razones puede decirse que el periodista se enfrenta con más frecuencia a neologismos de idiomas modernos que a los que llegan de los idiomas clásicos. Entre los términos "invasores" clásicos, los más frecuentes son, entre otros, déficit, superavit, placet, ulti­matum, curriculum, memorandum, referendum, accesit, desideratum...

Suelen presentarse por lo menos dos dificul­tades a la hora de encararse con estas voces. La primera indica radica en la morfología que se va a adoptar a la hora de escribirlas, si hay que conservan su forma latina o si, por el con­trario, se castellaniza su grafía. En el primer caso estas palabras irán en cursiva. En caso de la castellanización ya no necesitaríamos la cursi­va.

 

EL PLURAL CONFLICTIVO

 

La segunda dificultad suele plantearse con la utilización del plural. ¿De qué manera pueden los periodistas resolver esta duda? El Manual de Español Urgente de la agencia Efe resuelve este problema morfológico proponiendo la his­panización de términos como maximum, mini­mum y curriculum en máximo, mínimo y currí­culo (8), con lo que la formación del plural es más sencilla. En otros casos critica la línea de la Academia que aconseja utilizar el memoradum y los memorandum, el referendum y los refe­rendum. Para el manual de estilo de Efe la solu­ción aconsejada no resuelve el problema y dice que es mejor mantener los singulares latinos (menorandum y referendum) y adoptar como plurales los castellanizados memorandos y refe­rendos. De igual manera debería resolverse ac­cesit en accésis (plural).

El Libro de estilo de EL PAIS adopta, sin ex­plicar por qué ni de qué fuente se nutre, memo­randum y plural memorandos y referendum y plural referendos. Sin embargo registra accesit, pero indica a continuación que no tiene plural. Por lo demás el Libro de estilo de EL PAIS aconseja respecto a otras palabras latinas que se evite su utilización, máxime cuando existen equivalentes en la actual lengua castellana.

Los neologismos adaptados de idiomas mo­dernos plantean mayores dificultades debido a que la Academia no se ha pronunciado ni se pronuncia en la inmensa mayoría de los casos. Al dar a estos términos formas plurales suelen crearse grupos de consonantes que son impro­nunciables si de un medio hablado se trata o que aparecen de forma muy contraria a la gra­fía propia del castellano.

Lo que se hace en muchos de estos casos es españolizar los vocablos y hacer que terminen en vocal para poder añadir las "s" del plural. De esta manera se tienen ya algunos casos resuel­tos por la Academia (9):

 

 

original                                    se dice                                     plural

 

standard                               estandar                             estándares

complot                           complo                               complós

carnet                                    carné                                 carnés

chalet                              chalé                                 chalés

parquet                           parqué                               parqués

flirt                                  flirteo                                 flirteos

film                                 filme                                  filmes

club                                 club                                   clubes

smoking                          esmoquin                            esmóquines

slogan                                    eslogan                              eslóganes

cocktail                           cóctel                                cócteles

boycott                                  boicot                                 (evitese el plural)

clown                              clon                                   clones

 

La Academia también acepta vermut, pero no se define sobre su plural (debería ser vermutes o vermuts). Pero ya se ha generalizado vermú y vermús. No se ha registrado, sin embargo, ca­baret, pero muchos ya la escriben cabaré y plural cabarés.

El Libro de estilo de EL PAIS adopta, en ge­neral estas mismas reglas excepto en casos como clown, palabra pira la que exige su susti­tución por la de payaso, o en boycott para la que adota no boicot ni boicó sino boicoteo y boicoteos en el plural.

 

EVITAR LOS NEOLOGISMOS

 

Una regla de oro de todos los estilistas es evi­tar los neologismos siempre que sea posible. Pero esta tarea no es sencilla, ni se puede apli­car en todas las ocasiones. Cuando la Academia y otras instituciones no están presentes en el registro del lenguaje son los propios medios de comunicación quienes deben elegir una homo­logación morfológica y lo hacen de acuerdo con distintos argumentos.

El Libro de estilo de EL PAIS aplica en su lé­xico el principio general de que debe evitarse el uso del neologismo si existe una palabra cas­tellana para designar su contenido. En caso de que, aún así, se pretenda utilizar el extranjeris­mo, éste debe castellanizarse. Esto es una nor­ma general.

En el contexto de estas indicaciones el citado libro de estilo propone la utilización de alegro y alegreto en vez de allegro y allegretto y la sus­titución de affaire o affiche por palabras caste­llanas equivalentes (10).

Tampoco ha de emplearse en un texto noti­cioso aggiornamento (puesta al día, actualiza­ción) y, así se utiliza, ha de hacerse en cursiva. De igual manera en la palabra amateur (plural amateurs) es preferible escribir aficionado.

De esta forma podríamos recorrer el diccio­nario de la "a" a la "z" o el léxico de agencias y periódicos y encontrarnos con una larga rela­ción de vocablos y expresiones tomadas de idiomas extranjeros que se han adoptado en castellano. Es inevitable acudir, por tanto, para salir de dudas, no sólo a los diccionarios y nor­mas emanadas de la Academia, sino también y, me atrevería a afirmar que en primer término, a los libros de estilo y a los departamentos de edición y responsables de estilo.

En algunas ocasiones ni siquiera tienen re­suelto el problema los departamentos de estilo y hay que acudir a la discusión colectiva dentro de las propias redacciones.

A modo de epílogo podemos añadir que los problemas que tiene el periodista español ante el neologismo se agravan debido a que al pro­ceso autonómico, con todas las connotaciones políticas, sociales y culturales que conlleva, ha transformado también en los últimos cinco años los usos lingüísticos. El gallego, el catalán y el euskera son vecindades del castellano que re­quieren, para ser asumidas por éste de forma congruente, una homologación previa de sus voces y su nomenclatura, una norma estándar que haga posible el entendimiento contínuo y homogéneo de todo aquello que provenga, por la vía de la lengua, de las comunidades autóno­mas, que tienen un idioma diferente. Ardua ta­rea es ésta, probablemente la más difícil de ejecutar en los departamentos de estilo, puesto que debe ir acompañado también de tablas de escritura de topónimos e incluso de gentilicios y, por supuesto, de nombres propios y apellidos que han cambiado de grafía en los últimos años.

Los departamentos y los responsables de es­tilo son consientes de que todo está sujeto a cambios. Por eso han planteado su trabajo como un quehacer progresivo y abierto a todo lo que racionalmente se pueda incorporar. Los dos ejemplos que hemos utilizado de forma qui­zá redundante en estas líneas nos muestran que son necesarias sucesivas ediciones de los ma­nuales o libros de estilo (el de la agencia Efe va por la 4.a edición y se prepara la 5.a y el de EL PAIS prácticamente ha lanzado su tercera edi­ción, aunque en un cuadernillo con anillas con el fin de incorporar nuevos datos, voces y acep­ciones o cambiar los ya existentes).

 

NOTAS

 

(1). TOVAR, Antonio. "El español en los medios de comunicación y ante las nuevas tecnologías". Congreso de Academias de la Len­gua Española. Madrid, del 7 al 11 de octubre de 1985. Opinión reco­gida por Pedro Sorela en EL PAIS del día 9 de octubre de 1985. Poco antes de que entrara esta artículo en imprenta se supo que An­tonio Tovar había muerto. Sirva esta cita de autoridad como recono­cimiento de su persona y de su obra.

 

(2). MENCHER, Melvin. "News Reporting and Writing". C. Brown Publishers. Dubuque Iowa. 3th edition, 1984 páginas 192 y 695.

 

(3). Manual de Español Urgente. Agencia Efe. Editorial Cátedra, Madrid 1985. Página 15.

 

(4). Libro de estilo de EL PAIS. Segunda edición 1980. Promotora de Informaciones S.A. Prisa. Página 7 y ss.

 

(5). Libro de estilo de EL PAIS. Página 8.

 

(6). Uno de los trabajos más provechosos o, al menos prácticos del Departamento de Español Urgente de la agencia Efe es el envío periódico que hace de correcciones y nuevas acepciones a sus abo­nados. Suele enviarlo los lunes. He aquí un ejemplo de uno de estos envíos correspondientes a finales del mes de noviembre de 1985: "ESPAÑOL URGENTE"

«Se empieza por "sponsor" y se termina "sponsorizando"» Madrid, 25 noviembre (EFE)

La entrada de la publicidad en el deporte parece inevitable y puede ser provechosa pero no es provechosa ni inevitable la intro­ducción de anglicismos innecesarios que ha traído consigo. Escribir "sponsor" entre comillas no es incorrecto pero es innecesario por­que no significa ni más ni menos que patrocinador.

"Tradúzcase al español por patrocinador", recomiendan en el Ma­nual de Español Urgente los académicos que integran el Consejo asesor de estilo de la agencia EFE, y recuerdan que el diccionario de la Real Academia ha reconocido en su vigésima edición de 1984, una misma acepción del verbo patrocinar que no incluía la edición anterior y dice así: "sufragar una empresa con fines publicitarios, los gastos de un programa de radio o televisión, de una competición deportiva o de un concurso”.

El diccionario de palabras contemporáneas Robert, de Pierre Gil­bert, califica también de anglicismo en francés la palabra sponsor con la misma significación de patrocinador y documenta su introduc­ción en el lenguaje de los medios de comunicación social a partir de 1970.

Lo malo de aceptar "sponsor", aún entablillado entre comillas, es que nos induce a caer en la tentación de convertir en verbo ese an­glicismo innecesario y así vemos que se "sponsonza" y "desesponso­nza" incluso en la titulación de algunas informaciones que nos re­cuerdan mucho más el viejo trabalenguas del constantinopolizador desconstantinopolizado que la noble acción de patrocinar.

(7). Los equipos o redactores de edición, tradicionales en los grandes periódicos norteamericanos, han cobrado una mayor impor­tancia con la introducción de los modernos sistemas electrónicos de composición y procesamiento de textos en videoterminales. Aunque su tarea en esta nueva etapa todavía no ha acabado de definirse na­die pone en duda la decisiva función que están desempeñando.

(8). Manual de Español Urgente. Agencia Efe. Página 33 y ss.

(9). Manual de Español Urgente. Agencia Efe. Página 34.

(10). Libro de Estilo de EL PAIS. Página 51.