Tendencias de la edición electrónica

 

Blaise Croma, Reyes Vila‑Belda

 

La edición y distribución de información por medios electrónicos, se está convirtiendo en un gran sector económico en acelerado crecimiento. En España sin embargo, la situación no pare­ce muy optimista en este terreno. Y se advierte una repetición de errores ya subsanados en la experiencia internacional.

 

A comienzos de los años setenta surge un nuevo sector indus­trial conocido como la “indus­tria del conocimiento'' o “de la materia gris” que se caracteri­za por la edición, difusión y distribución de información por medios electrónicos. En castellano la ex­presión “edición electrónica” puede identificarse con la automatización de las tareas de impre­sión y puesta a punto de una publicación impre­sa, con la automatización de los viejos talleres de prensa. Sin embargo, este concepto va mu­cho más allá y abarca todo el proceso global, partiendo de la creación de nuevos productos informativos, de contenido diferente a los im­presos, y que se elabora y distribuye a través de métodos basados en nuevas tecnologías. Aunque este mercado se dedica de momento a la producción y distribución de bases de datos, no se limita exclusivamente a esta actividad.

En España los primeros pasos en esta indus­tria empiezan a darse a finales de los años se­tenta. En la actualidad, aunque existan cincuen­ta y cinco bases de datos censadas, todavía no hay mucha información a la que se pueda acce­der directamente con el ordenador, el módem y el teléfono.

A pesar de las reiteradas afirmaciones por parte de la Administración sobre la importancia de la industria de la información y el papel que España puede jugar, en el plano internacional, en el desarrollo de bases de datos, poco se ha hecho en este sentido. Sobre todo si analizamos la rapidez con que está creciendo y evolucio­nando esta industria fuera de nuestras fronteras.

 

EL MERCADO DE INFORMACIÓN ELECTRONICA

 

Se estima que en Estados Unidos los benefi­cios del mercado de información electrónica al­canzarán en 1990 los 10.000 millones de dólares. Para Europa se prevé un crecimiento anual del sector que oscila entre un 25‑30%. Los benefi­cios europeos en 1984 fueron de 700 millones de dólares y para este año se espera que las ci­fras alcancen el millón de marcos.

Reuters, la agencia británica de noticias y de información financiera, comunicó que sus ingre­sos en 1984 fueron 363 millones de dólares, con unos beneficios de 86, 2 millones. Telerate, su competidor americano, obtuvo unos ingresos de 114 millones de dólares con un 58, 7 millones de beneficios. Mead Data Central, productora de las bases de datos Lexis y Nexis, cuenta con más de 6.000 cuentas y una cartera de usuarios que supera los 200.000. Sin embargo, afirman que estas cifras sólo representan un 10‑20 por ciento de su mercado potencial. Datastream, una compañía británica cuyas pérdidas acumu­ladas en seis meses ascendían a 9 millones de dólares, ha sido adquirida recientemente por la editora americana Dun Bradstreet por 73 millo­nes de dólares.

En esta industria, como en cualquier otra, los beneficios no están siempre garantizados. Y aunque los empresarios están dispuestos a in­vertir grandes cantidades para enrolarse en el cambio inexorable de la publicación electróni­ca, con el convencimiento de que los beneficios serán considerables, no todos correrán la misma suerte. Además, no hay que olvidar que, en esta industria, no se producen beneficios a cor­to plazo.

El negocio de la edición automatizada conlle­va presupuestos elevados de instalación, impor­tantes inversiones en marketing y altos costos (por ejemplo, desarrollo de software; almacena­miento y archivo de ficheros; captación e intro­ducción de datos; actualización; indización,...). Las grandes bases de datos como Dun & Broadstreer con información sobre siete millo­nes de compañías extendidas por todo el mun­do, o Datasolve's World Reporter (con una in­troducción diaria de información de 60.000 caracteres) obviamente son muy caras de desa­rrollar y mantener. Collier, autor que publica en Monitor, calcula que establecer el servicio on line de bases de datos bibliográficas en Europa y Norteamérica requerirá una inversión anual de 700.000 dólares.

Mead Data Central, por poner otro ejemplo, invirtió aproximadamente 100 millones de dóla­res en Lexis y Nexis antes de obtener benefi­cios. The Source, un servicio interactivo de in­formación pública de gran aceptación en los Estados Unidos con más de 60.000 suscriptores, se ha negado a revelar la cantidad recibida por su compañía madre Reader's Digest. Es fácil su­poner que la cantidad no ha sido pequeña.

Los costes de investigación y desarrollo de la Reuters en 1981, 1982, y 1983 fueron 4,3 millo­nes, 6,2 millones y 9,6 millones de dólares res­pectivamente. Durante 1981‑1982 el New York Times perdió cerca de 3 millones de dólares en proyectos de edición electrónica, mientras que el semanario Time suspendió una inversión de 25 millones de dólares en un proyecto de tele­text. Warner Amex, por otro lado, suspendió el proyecto de sistema interactivo Qube que esta­ba desarrollando a pesar de que el prototipo técnico era positivo.

Los datos varían mucho. Las predicciones no siempre coinciden con la realidad. Sin embar­go, todo parece apuntar claramente a que la di­fusión electrónica de información y más en con­creto la venta de información on line es, en es­tos momentos, un gran negocio aunque no para todo aquel que entra en el mercado.

Como Middleton señaló certeramente, éste “es un negocio con riesgos altos; el éxito re­quiere coraje, tenacidad, imaginación y talento empresarial” (1). Más aún, la experiencia confir­ma que, a la vista de los hechos, el éxito está menos relacionado con la aplicación de tecno­logía que con un análisis inteligente del mercado y la investigación. Dato que no puede pasar desapercibido a los observadores de la indus­tria de la información en Europa.

 

IMPORTANCIA DEL MARKETING

 

Beneficios y número de cuentas de clien­tes no van siempre juntos. Una política de marketing de productos con valor añadido, destinada a una comunidad de usuarios finales bien seleccionados, es más importante que contar con un gran número de clientes. Algu­nos ejemplos pueden ilustrar esta afirmación. Telerate obtienen unos beneficios espectacula­res con 14.000 suscriptores mientras que Lock­heed Dialog, la pionera en el campo de la re­cuperación de información bibliográfica on line, con más de 55.000 suscriptores y líder del mercado de información bibliográfica (incluye compañías tales como Chemical Abstracts e INSPEC con ingresos de más de cinco millo­nes de dólares en 1984), no puede comparar sus beneficios.

Es importante destacar el esfuerzo en estos dos últimos años por poner los servicios de in­formación on line al alcance de los usuarios de ordenadores domésticos. Tanto Lockheed como BRS han establecido, con éxito, servicios equi­valentes a sus afamados sistemas de recupera­ción de información on line (Knowledge Index y After Dark, respectivamente), en un intento de acercar la información a los hogares de profe­sionales y estudiantes. Estos servicios son más baratos y más fáciles de utilizar que los siste­mas de origen. Con la proliferación de los mi­croordenadores la difusión de estos nuevos ser­vicios parece asegurada.

No podemos dejar de subrayar que las opor­tunidades de negocio se dan, sobre todo, en la explotación de información financiera, de ges­tión y profesional. Los beneficios, por desconta­do, también se distribuyen así. Además, los grandes ingresos se los reparten entre unos po­cos; el resto, se lo disputan una gran cantidad de productores y distribuidores. Se estima que el 85% de los ingresos de esta industria se lo llevan los bancos de datos especializados en in­formación financiera y de gestión empresarial (Reuters, Quotron, Dow Jones). Una encuesta reciente de EUROCAST sobre los productores europeos más importantes de información on line mostró que los cuatro primeros (todos ellos proveedores de información financiera), facturaban casi 155 millones de dólares de un total de 186 millones de dólares.

Los datos que aparecen en IDP Report de agosto de 1984 muestran como varía el número de clientes según el tipo de servicio. . En primer lugar figura Dow Jones Information Service con 150.000 suscriptores (164.000 en octubre de 1984). Existen excepciones pero la mayor parte del mercado, tanto en dólares como en clientes, corresponde a aquellos servicios especializados en la provisión de información a los mercados, financieros, de gestión y de recursos.

Aunque es muy pronto para hablar del caso español, los escasos datos existentes parecen confirmar esta tendencia. No es difícil prede­cir que una de las bases de datos que, tanto en el presente como en el futuro van a produ­cir más beneficios, es la del Servicio de Infor­mación Bursátil (SIB) producida por la Bolsa de Madrid. En cambio, la base de datos Siste­ma de Información Empresarial (SIE), que aca­ba de poner en marcha el Ministerio de In­dustria a través del Instituto de la Pequeña y Mediana Empresa Industrial, ha renunciado a sus posibles beneficios en su primera etapa y es gratuita, como otras muchas bases de datos producidas por la Administración Española, co­brándose sólo las conexiones con otras bases de datos. Tras el período inicial, y en función a las consultas realizadas, se establecerán las tarifas de modo que cubran los gastos de ex­plotación del servicio.

En este mercado predomina la hegemonía americana. Por motivos muy diversos, los Esta­dos Unidos dominan claramente en el escenario de la información global. Históricamente, los Es­tados Unidos son los pioneros en la creación, al­macenamiento y utilización de información on line. Las razones son claras: una base tecnológi­ca bien desarrollada; una fuerte inversión en In­vestigación y Desarrollo (I+D); un mercado fi­nanciero consolidado; una política agresiva de marketing; buenas redes de comunicación y el deseo de explotar y desarrollar las redes pro­pias de telecomunicación. De ahí que los Esta­dos Unidos se hayan convertido en hábiles ex­plotadores de datos e informaciones y que la mayor parte de los ingresos en esta industria sean para compañías americanas. Esta afirma­ción es válida tanto para el mercado de infor­mación bibliográfica como no bibliográfica. De ahí la preocupación de algunos países miem­bros de la Comunidad Económica Europea por la dependencia de servicios que proceden del exterior.

 

EVOLUCION DE UNA INDUSTRIA

 

Puede afirmarse que la industria de edición electrónica está en plena adolescencia en los países industrializados y dando sus primeros pa­sos en España. Veamos ambos casos.

En los países más avanzados esta industria presenta las características propias de una in­dustria joven, llena de vitalidad, muy competiti­va y orientada claramente a servir un mercado concreto. En esta sociedad, hace diez o quince años el concepto de edición electrónica era prácticamente desconocido. Los productos de información electrónica, que incluyen un amplio espectro de productos que va desde las bases de datos bibliográficas hasta la edición de pu­blicaciones electrónicas, el desarrollo de video­disco interactivo, y las tecnologías de viewdata o teletext, por mencionar unos cuantos. Todos estos productos han aparecido recientemente y sus orígenes se remontan al desarrollo de los sistemas de información ERA II. Estos sistemas de información surgieron después de la segun­da guerra mundial en torno a grandes proyec­tos de investigación de nuevas tecnologías.

La recuperación de información on line como negocio nació a finales de la década de los se­senta. Más concretamente, con el desarrollo de Dialog, que fue creado originalmente como un sistema interno de información para apoyar el departamento de I+D de la Lockheed Missile and Space Company. Al crearse, Lockheed Dialog no fue concebido para funcionar como servicio al público. Pero el número de consultas externas aumentó de tal forma que la compañía se vió catapultada a constituir una subsidiaria independiente que comercializara la informa­ción de la compañía madre.

La primera generación de servicios de infor­mación electrónica se limitó a producir una ré­plica exacta de los índices y abstracts tradicio­nales impresos que fueron desarrollados como instrumento de investigación en los años de la explosión informativa, llamados de la “Gran Ciencia” por De Solla Price. Una base de datos on line, en su forma más rudimentaria, no es más que un fichero, legible por ordenador, dé referencias bibliográficas. Hoy las cosas han cambiado bastante. Las bases de datos biblio­gráficas se han convertido en un tipo más, y no precisamente el más importante, de bases de datos on line. Aún así, más del 50% de las bases de datos comercialmente disponibles en Euro­pa son bibliográficas aunque sólo producen el 12% del total de los ingresos dé este mercado.

Sin lugar a dudas, los datos de esta nueva in­dustria impresionan. Y más todavía cuando se considera el brevísimo plazo de tiempo en el que se ha logrado su desarrollo. Dos factores importantes han contribuido de manera notable: a) el crecimiento constante del volumen de in­formación impresa y b) el desarrollo tan enor­me de la informática y de las telecomunicacio­nes.

El primer intento de cuantificar el crecimien­to de la literatura científica y técnica fue realiza­do por Derek de Solla Price. Este autor detectó que, a partir de la mitad del siglo XVII aproxi­madamente, el número de publicaciones cientí­ficas se duplicaba. Empleando sus propias pala­bras, la situación “alcanzó un punto absurdo” alrededor de 1830 cuando se percató de que nin­gún científico podía acceder a todo lo que se publicaba en su propio campo del saber (2). Este crecimiento exponencial es lo que ha dado origen a la llamada “explosión de información”.

Con la aparición de los sistemas de recupe­ración de información basados en ordenadores en la mitad de la década de los sesenta, surge una nueva forma de estar al día y encontrar la información que se desea en medio de la in­mensa corriente de publicaciones. La produc­ción de índices y abstracts legibles por el orde­nador favorece el control, acceso y difusión de la documentación. Entre 1960 y 1980 el ritmo de desarrollo en tecnología y telecomunicaciones fue tal que se alcanzaron más de 10.000 mejoras en hardware de tecnología de la información (ejemplos de esto pueden ser lograr las mismas prestaciones con máquinas de menor peso y volumen; incremento en la velocidad de opera­ción; aumento de la capacidad de almacena­miento y memoria; reducción en el consumo de energía y en precios) (3). Más recientemente, la aparición del microordenador hace posible la recuperación de información electrónica y su almacenamiento por el individuo no especialis­ta.

Junto a estos dos factores, es obligatorio men­cionar el cambio sufrido por la información que se está convirtiendo en un recurso importante para organizaciones, empresas y sociedad (4). Como consecuencia, la información se está “co­mercializando” y ahora se la considera “recurso comercial”. En un período de tiempo de diez años aproximadamente, la provisión electrónica de información se ha convertido en una indus­tria con personalidad propia.

La industria naciente ha crecido de forma for­tuita y entre varias tendencias. Podemos distinguir cuatro corrientes convergentes diferentes: 1) servicio “supermercado” (como Dialog o BLAISE) que permiten el acceso a un gran nú­mero de ficheros, principalmente de carácter bibliográfico; 2) servicios de tiempo compartido que generalmente ofrecen datos o información estadística dirigidos a un tipo de I+D concreto o a una determinada comunidad de usuarios; 3) servicios especializados (como Lexis de Mead Data Central) que ponen sus propios ficheros al servicio de clientes finales especializados (por ejemplo, abogados); y 4) la nueva moda de ser­vicios de videotext y teletext (ejemplos son Prestel o Ceefax en el Reino Unido).

 

ESPAÑA: REEDICION DE ERRORES

 

En España algunas instituciones públicas y privadas comienzan a sensibilizarse a principios de los 70. Pero es a finales de esa década cuan­do empiezan a interesarse los poderes públi­cos. Debido a la escasa valoración de la infor­mación en nuestra sociedad, la mayoría de las bases de datos existentes están vinculadas a or­ganismos oficiales y realizan sus tareas como un servicio público. Por lo tanto, la conexión on line es gratuita en muchos de los casos, en otros tienen una tarifa reducida y en casi todas ellas, no es posible la consulta desde un termi­nal ajeno a una oficina de la administración. Con esto, las consultas quedan reducidas y sólo pueden realizarse previa solicitud por carta o acudiendo a la delegación o sede ministerial. Además, y pese a los esfuerzos de organismos como FUINCA o FUNDESCO, la existencia de servicios de información on line no se conoce. Son muchos los profesionales que desconocen la existencia de información disponible, tanto nacional como extranjera, a través del ordena­dor.

En cuanto al censo de bases de datos exis­tente, los datos más recientes indican la exis­tencia de 55 bases de datos de las cuales, la in­mensa mayoría no se puede acceder con orde­nador. Respecto a los contenidos de las mismas predominan, con mayoría absoluta y raras ex­cepciones, las de carácter bibliográfico. No pa­rece que hayamos asimilado la experiencia de otras sociedades más avanzadas. Sin negar el valor que tienen las bases de datos bibliográfi­cos, renunciamos a seguir las tendencias experimentadas a nivel internacional y volvemos a vivir, en nuestra propia carne, las consecuencias de la primera generación de bases de da­tos. Pero si la necesidad de utilizar información no está muy extendida entre nosotros, no pare­ce que la información bibliográfica on line vaya a tener una afluencia masiva de usuarios. Esto se afirma sin menosprecio de investigadores y científicos que, sin duda alguna, encontrarán en estas fuentes automatizadas un gran instrumento al servicio de su trabajo. Sin embargo, todo pa­rece indicar que son los empresarios, los profe­sionales y los sectores más agresivos los que van en vanguardia en consumo de información. Y estos usuarios apenas encuentran hoy bases de datos españolas, de interés para sus necesi­dades, accesibles desde su ordenador.

En la línea de lo que acabamos de afirmar y en contra de la ciencia de muchos, las bases de datos bibliográficas en estos momentos son una minoría de la oferta total. De las 1927 bases de datos disponibles on line, listadas en el Di­rectorio de Cuadra, sólo 562 son bibliográficas. (5). El resto son: 254 texto‑numéricas; 277 de re­ferencia; 412 de texto completo; 606 numéricas y 8 con algún pequeño programa de software incorporado que permite manipular los datos que se obtienen.

La intención de la edición electrónica queda lejos de la imitación o mera presentación de los contenidos que hasta ahora tienen como sopor­te al papel. Es decir, no se trata de hacer pro­ductos paralelos sino de desarrollar productos de nueva creación. La edición de tales produc­tos será totalmente electrónica y, para muchos de ellos, no existirá publicación impresa total o parcial equivalente. En los casos en que el pro­ducto electrónico se derive de un servicio pre­vio ya existente en papel, habrá un tanto por ciento de probabilidades de que se añadan nue­vos valores (por ejemplo, nueva maqueta; mejo­ra en la exactitud y precisión de la información; exclusividad; creación de módulos de informa­ción separados e independientes; integración de la información con otros ficheros o grupos de datos; adición de software que permita ope­rar con los datos obtenidos en la búsqueda).

Un número cada vez mayor de productores y distribuidores de bases de datos están creando productos nuevos. Un ejemplo claro es The Electronic Magazine, una revista que cubre los desarrollos de la industria de la información y a la que se accede on line vía ESA‑IRS. Esta pu­blicación no cuenta con edición impresa en pa­pel. Otras empresas dedicadas a la edición electrónica combinan una gama de productos existentes a fin de crear un nuevo servicio que no se corresponda con los impresos. Un ejem­plo es la base de datos de DatasolveSummary of World Broadcasts”.

El crecimiento de la edición electrónica en busca de nuevos horizontes, y no basado en la mera edición automatizada de productos impre­sos existentes, cuenta ya con ejemplos notables. Quizá el más destacable sea el viewdata. En sistemas tales como Prestel, Captain o Bilds­chirmtext gran parte de la información y los da­tos introducidos no se pueden encontrar en so­porte impreso y han sido producidos o recogi­dos con el fin de beneficiarse de las caracterís­ticas de estas nuevas tecnologías de masas. El crecimiento de la guía electrónica de medios y el de anunciantes va en aumento. La mayor par­te de estos productos nuevos son publicaciones dedicadas a los profesionales y a los hombres de negocios. Prestel Citiservices, “el pariente pobre de Reuter”, anunció un crecimiento fuer­te en el volumen de utilización: en 1984 se pro­dujeron más de 600.000 lecturas; en enero de 1985 se había alcanzado la cifra de 1.9 millones. La tendencia ahora es desarrollar sistemas de información muy dinámicos y en tiempo real en lugar de bases de datos estáticas o de carácter histórico. Otro rasgo a señalar es el cambio de un marketing dirigido al intermediario, por uno destinado al usuario final.

 

EL FUTURO

 

La convergencia de tecnologías de ordenado­res y comunicación (en inglés se emplea el neologismo “computications”) está borrando las distinciones tradicionales entre editores, pro­ductores de información, distribuidores de in­formación, fabricantes de hardware y compa­ñías de telecomunicación porque los distintos cometidos se mezclan y entrecruzan. Como consecuencia, se está produciendo otra forma de convergencia: la convergencia corporativa. En los últimos años, se han producido muchas absorciones en el negocio de información elec­trónica por compañías tales como Dun Broads­treet, Pergamon y ThyssenBornemieza. El con­trol y la propiedad se van concentrando pro­gresivamente en un pequeño grupo de empre­sas ricas en recursos.

En general, se aprecia una clara tendencia a la masificación y consolidación de la industria de edición electrónica, tendencia que parece destinada a llegar a ser más pronunciada. En su libro “Who knows: information in the age of the Fortune 500”, Schiller concluye que “las posicio­nes de fuerza y mando de los gigantes en el sector de las comunicaciones ‑especialmente los productores de equipos y los propietarios de medios‑ sugieren una absorción eventual de las nuevas tecnologías en las manos de unas po­cas super‑compañías.” (6).

IBM, el fabricante más importante de ordena­dores del mundo y el que impone las tenden­cias, anunció recientemente su deseo de parti­cipar en la industria de la edición electrónica de información. Tiene dos proyectos: primero, establecer con CBS y Sears Roebuck, . un servi­cio de información videotext doméstico, y en se­gundo lugar, un servicio de información empre­sarial electrónico junto con Merry Lynch. Esto viene a confirmar lo que los observadores de esta industria apuntaban. En un informe recien­te sobre el desarrollo de la edición electrónica se afirma: “... estamos viendo a los jugadores desarrollar en los Estados Unidos lo que habría sido imposible bajo el entorno normativo y legal de hace diez años ‑los intereses de la banca, de las editoras, de los vendedores, del mundo de las comunicaciones y de los fabricantes uni­dos para constituir un gigante capaz de integrar los mecanismos de la tecnología del tratamiento de la información digital” (7).

A pesar de todo, las discusiones sobre el fu­turo de la edición electrónica algunas veces pierden de vista el hecho de que el conjunto del material existente todavía se produce en so­porte de papel. La transición del soporte de pa­pel a la edición electrónica está en marcha pero el tiempo de duración es difícil de prede­cir. Sin embargo, podemos afirmar con seguri­dad que el período de transición de un terreno a otro, será diferente y dependerá de factores tales como: a) las características y necesidades de cada mercado concreto; b) la capacidad ad­quisitiva de los usuarios interesados en la com­pra de información; c) la demanda de publica­ciones con “separatas” o monográficos con datos o informaciones opuestas a Colecciones comple­tas o volúmenes; d) el porcentaje de adopción de tecnología digital por editores convenciona­les; e) la aceptación de los usuarios de nuevas técnicas de creación, acceso y reproducción de información y, 9 la capacidad de las nuevas tecnologías de adaptarse a las necesidades de los autores y lectores a la hora de buscar, pro­cesar e integrar textos, datos y gráficos desde una variedad de sistemas y vendedores a una única estación de trabajo con el mínimo esfuer­zo.

El concepto de la sociedad sin papeles, po­pularizada por Lancaster, no deja de ser una posibilidad lejos de convertirse en realidad. To­davía transcurrirá tiempo antes de que las pu­blicaciones científicas y los índices y abstracts desaparezcan del escenario. Un estudio de Delphi realizado por King Research en los Esta­dos Unidos en torno a los primeros años de la década de los 80 llegó a la conclusión que por el año 2000 alrededor del 50% de los servicios de abstracts e índices estará disponible sólo en soporte electrónico, y que el porcentaje de conversión de publicaciones científicas no al­canzará el 25% para esa fecha (8). De esto se concluye que la provisión de información ten­drá como base a los dos soportes. Es decir, du­rante un tiempo tendremos un sistema híbrido.

Estas conclusiones aún son menos optimistas en el caso de España. Todavía no existen mu­chos índices o abstracts publicados en soporte de papel. En primer lugar, porque no estamos muy acostumbrados a utilizar información y a apreciar tales obras de consulta. Sin embargo, las bases de datos bibliográficas que se están produciendo realizan una labor muy positiva en este sentido. De hecho, están sirviendo para fa­miliarizar a los que acuden a realizar consultas con este tipo de herramientas. Hay que hacer notar, además, que la mayoría de las bases de datos españolas son bibliográficas, con lo cual la difusión de índices y de su utilización es ma­yor. Así se da el hecho curioso de que apenas contamos con índices impresos pero empece­mos a tenerlos en soporte electrónico. Algunas veces, las lagunas benefician al progreso aun­que el salto de una etapa inicial al uso de la tecnología tenga que ser grande y conlleve sa­crificios y esfuerzos.

 

REFERENCIAS

 

1. Middleton, R, The development of the European information in­dustry. Electronic Publishing Review, 5 (1), 1985, 49‑56.

2. Price, D.J. de Solla. Science since Babylon. New Haven: Yale University Press, 1961.

3. Danzin, A. The nature of new office tecnology, in Otway, H.J. and Peltu, M. (eds). New office technology: human and organizatio­nal aspects. London: Pintor, 1983, 19‑36.

4. Cronin, B. and Vila‑Belda, R.: Gestión de la Información, análisis de un concepto. Informes y Estudios, 34, Enero/Febrero 1985, 14‑18,

5. Fuente, John Martyn, Aslib. (London).

6, Schiller, H.J. Who knows: informatton in the age of the Fortune 500. Norwood: Ablex, 1981

7, Look, H.E. (ed). Electronic Publishing ‑ a snapshot of the 1980s. Oxford, Learned Information, 1983.

8. Citado en: Judge, P.J. The electronic Journal ‑more than a pu­blishing alternative? Ponencia presentada en the Library Associa­tion of Australia‑ New Zeland Library Association Conference “Li­braries alter 1984 , Brisbane, 27‑31 August 1984.

9. Cronin, B. and Martyn, J. Public/Prívate sector interaction: a re­view of issues with particular reference to document delivery and electronic publishing. Aslib Proceedings, 36 (10), 1984, 373‑391.

10 Hills, S. Electronically published material and the archival li­brary. Electronic Publishing Review, 5 (1), 1985, 63‑79.