El televideo, dispuesto para el despegue

 

Emanuele Bevilacqua

 

El Televideo, teletexto italiano, tiene previsto su despegue en el presente año. En 1984 se reali­zó un amplio muestreo entre familias y empresas y comenzó la experimentación abierta al pú­blico. Los resultados son representativos de las expectativas del público y de las potencialida­des del nuevo medio.

En Italia, 1985 es el año decisi­vo para el televideo. En efec­to, en este año el Ministerio de Comunicaciones debería considerar cerrada la fase ex­perimental e iniciar oficial­mente el servicio regular.

Decimos que debería, porque aunque el Co­misionado Técnico Superior del Ministerio com­petente ha dado ya su aprobación, el funciona­miento con carácter oficial del televideo impli­ca una revisión de los acuerdos entre el Estado y la RAI. Podría iniciarse una polémica en un bloque de decisiones mucho más amplio y que concierne a la redefinición de todo el conjunto del sistema radiotelevisivo italiano. Además, la actual convención, autorizando solamente a la RAI a que experimente con el televideo, deja una ventana abierta a las redes privadas que en más de una ocasión han demostrado estar inte­resadas en este tipo de servicios. En conse­cuencia, también con el televideo podría de­sencadenarse la batalla que existe hoy en día en el éter televisivo.

Mientras tanto, ha puesto una seria hipoteca sobre el televideo, acumulando al mismo tiem­po experiencia y profesionalidad. Por lo que respecta a los resultados de esta experimenta­ción (desde el 12 de enero de 1984 abierta a un pequeño sector y desde final de año abierta al público en general) aparece sin duda un cierto interés del público por el televideo. Lo que más atrae es la posibilidad de escoger y no estar su­jeto a un horario.

El televideo, así se puede sintetizar el interés del público, da la sensación de poder recibir las informaciones apropiadas en el momento adecuado y sin necesidad de ponerse en alter­nativa directa con las transmisiones televisivas ya que el televideo puede ser recibido en so­breimpresión.

No obstante, ese período de prueba ha pues­to de relieve los aspectos menos positivos del sistema. Lo que parece no gustar al público es la parte de documentación del televideo y las secciones del servicio, la bolsa, los horarios de­ trenes y de aviones, que no obstante cubren una parte considerable del menú. Aunque no se trata de secciones especializadas para la gente del mundo de los negocios.

Más bien parece que lo que aquí se ve clara­mente es la dificultad estructural del televideo. Las pocas páginas disponibles no consiguen profundizar ni en los servicios complejos como el horario de ferrocarriles, ni tampoco en una receta de cocina que raramente puede ser con­densada en 24 líneas de 40 pulsaciones cada una. Las noticias, parecen ser la base de este nuevo servicio. La única novedad del televideo compatible con las características técnicas de la nueva tecnología.

 

NACIMIENTO DEL TELEVIDEO

 

Cuando el Estado y la RAI renovaron su con­venio para la gestión de los servicios radiotele­visivos, el 11 de agosto de 1981, al ente público se le confió la obligación de planificar los estu­dios y experimentar las posibles aplicaciones de un servicio ya difundido en otros países eu­ropeos, el teletexto, que en Italia tomó el nom­bre de televideo.

Las razones que impulsaron a la RAI a estu­diar la posibilidad de desarrollo del televideo en la península son múltiples, pero señalamos las dos más importantes:

 

a) La necesidad de entrar en un nuevo sector del mercado, el aparentemente rico y pro­metedor de la telemática. Por tanto, una ocasión concreta de sondear la rentabili­dad económica de los nuevos servicios.

 

b) La intención de ensanchar la propia área de influencia, en una etapa de gran compe­tencia con las redes privadas.

 

El mismo Massimo Fichera, subdirector ge­neral de la RAI para nuevas tecnologías y pro­yectos especiales, explica el interés del ente por el televideo: “Es evidente que tratándose de un sector que parece destinado a tener un rápido desarrollo, a la RAI le interesa estar pre­sente en el mercado. Esta presencia puede realizarse de dos formas: por un lado trabajan­do por el establecimiento de un servicio de te­levideo para dirigir en primera persona, por otro examinando la posibilidad de participar en las iniciativas de los demás, con la específica competencia como constructores de software.

Una investigación realizada por el servicio técnico de la RAI ha llegado a establecer que debe considerarse al televideo como el sistema complementario del videotel de la SIP, la con­cesionaria de los servicios telefónicos.

En efecto, el videotel, al ser un sistema “inter­activo”, parece más indicado para el mundo de los negocios, que está dispuesto a gastar más, siempre que consiga la información “precisa” que había solicitado. En cambio, el televideo, por su fácil manejo y por su economía (los usua­rios, una vez adquirido el aparato, no tienen gastos suplementarios, ya que el impuesto está incluido en el de la televisión) parece el más indicado para una utilización de tipo familiar.

Así, entre el 5 de abril de 1982 y el 25 de ju­nio del mismo año, la RAI puso en marcha la primera experimentación definida “claramente”. Por las mañanas, cuando no se emitía la progra­mación normal se transmitían algunas páginas del televideo en lugar de la señal normal de vi­deo. En la práctica ha sido un ensayo para po­der enfrentarse con las primeras dificultades del servicio: definir las letras a utilizar, la di­mensión de cada noticia, el formato de las pági­nas, etc.

 

En el mismo intervalo de tiempo, la RAI en­cargó a un Instituto especializado una investiga­ción de mercado para evaluar el interés por este tipo de servicio. Las áreas en las que se encontró más interés fueron la familiar y la de negocios, en forma similar a lo que pasó en otros países como Gran Bretaña y Francia.

 

El interés del público viene estimulado no so­lamente por la posibilidad de obtener en la pantalla de su propio televisor un flash de noti­cias, sino también una información de actuali­dad cultural y de espectáculos. Como veremos, se ha mostrado menos interés por un género por el cual los operadores del televideo aposta­ban mucho: las informaciones de servicios (con­sejos legales o burocráticos, horario de ferroca­rriles o de aviones, precios de algunos produc­tos alimenticios, etc.).

La audiencia en el mundo de los negocios, (empresas públicas y privadas, instituciones, asociaciones, etc. ), está más interesada en reci­bir servicios más específicos e informaciones que lleguen de fuentes “especializadas”. Por ejemplo: cotizaciones de bolsa, boletines de cambio y valores, detalles de leyes recién aprobadas, etc.). No obstante, el auténtico inte­rés por el televideo por parte de las empresas, es otro.

En efecto, este tipo de usuarios piensa utilizar el televideo como si fuera una especie de bole­tín electrónico de carácter interno, muy útil para hacer circular, en la propia empresa y en­tre sus clientes, informaciones relacionadas con sus productos, o bien servicios o noticias que se refieran a la vida interna de la misma empresa.

Para hacer esto, las empresas están dispues­tas a alquilar algunas páginas del televideo para hacer circular sus informaciones.

Una investigación realizada en 1982 ha esta­blecido que más del 37% de las empresas ita­lianas no están satisfechas de los medios de co­municación de que disponen para propagar sus informaciones, su propia imagen y el montaje de la publicidad. El motivo de esta insatisfac­ción hay que buscarlo en el excesivo coste de los servicios, en su lentitud y también en la ina­decuada capacidad de garantizar una auténtica cobertura nacional.

El televideo, desde su fase experimental, ha propuesto y conseguido la colaboración de en­tes públicos y privados, de empresas, etc., que actúan como emisoras de informaciones, redac­tando algunas de sus páginas (Alitalia, por ejemplo, se hace cargo del boletín de los vue­los nacionales e internacionales, pero están también los Ministerios de Transporte, de Agri­cultura, de Sanidad, la Unión de Consumidores, la Kraft, la Findus, Sao Café, el Aci, etc.).

En principio, de la investigación antes men­cionada, se ha demostrado la existencia de un cierto interés hacia esta iniciativa, pero al mis­mo tiempo tanto las familias, como con mayor evidencia la audiencia especializada han reser­vado su opinión con respecto al televideo, es­perando conocer mejor las características y ob­jetivos, los costes y las condiciones del contrato.

 

LA FASE EXPERIMENTAL

 

En Italia, el 3 de agosto de 1984 un decreto del Ministerio de Correos y Telecomunicación ha hecho oficial la adopción del sistema estándar inglés de los teletextos, acondicionándolo a las experiencias gráfico‑linguísticas del italia­no, y ha confiado la gestión a la RAI.

Mientras tanto, el mismo decreto autorizaba la venta en Italia de los televisores acondiciona­dos para recibir el teletexto, siempre que estu­vieran dotados de la conexión de “peritelevisio­ne” (o sea televisores preparados para conectar con otros servicios previstos para el futuro), ha­ciendo obligatoria la conexión de peritelevisio­ne a partir del 1 de septiembre de 1985 (según las normas detalladas del Cenelec, la Comisión Electrónica Europea para la estandarización) para todos los televisores de más de 20 pulga­das. Se han vendido así alrededor de 100.000 televisores preparados para recibir el televideo hasta el 31 de diciembre de 1984. Y se prevé que en 1985 se llegue a los 500/600 mil unida­des (la previsión de ventas de televisores en color en Italia durante el año 85 es aproximada­mente de un millón setecientas mil unidades).

A partir del 1 de enero de 1985, el servicio de televideo ha entrado en la fase llamada por la RAI de experimentación abierta al público. Y desde ese mismo mes, el grupo propuesto para la redacción de las páginas, 16 periodistas y 8 empleados, garantiza 500 páginas de servicio por día. De éstas, casi el 25% son de informa­ción de tipo periodístico (noticias de última hora, noticias del día, deportivas, del tiempo), el resto son secciones de actualidad (casa, moda, horóscopo, coches, talleres, cocina, etc.), secciones de servicios (mercados, aviones, tre­nes, carreteras y aeropuertos, etc.) y secciones de trabajo (impuestos, ahorro, escuela, nego­cios, bolsa, cambios, etc.).

El grupo trabaja en los mismos terminales As­ton, facilitando las páginas realizadas al ordena­dor central (un Digital con software lógico) que suministra las operaciones de la edición y de la puesta en emisión.

Coincidiendo en esta última fase de experi­mentación la Sipra, concesionaria de la RAI para la publicidad, ha realizado una serie de contactos tanto con los proveedores de informa­ciones que colaboran con el televideo, como con las empresas interesadas en patrocinar al­gunas páginas del televideo que no están rela­cionados con la información periodística.

Por otra parte, la campaña de captación de “patrocinadores” está en marcha. Hasta el mes de diciembre se enviaron como prueba algunas páginas patrocinadas, en particular las suminis­tradas por empresas que habían participado como proveedoras de informaciones (entre ellas Alitalia, los Ministerios de Transporte, de Agricultura, de Sanidad, la Unión de Consumi­dores, la Kraft, la Findus, Sao Café, Aci, etc.) para verificar tanto la eficacia de este método de promoción mediante el televideo, como la reacción del público que constituía el panel de recepción.

Probablemente durante 1985 el servicio ex­perimental será efectivo, por lo menos esto es el parecer del Consejo Superior Técnico del Ministerio de Correos y Telecomunicación.

También en 1985 se tiene que realizar una ul­terior fase experimental del televideo que pre­vé una o dos “ediciones regionales”, probable­mente en la zona del Lacio o de la Lombardía. Todo ello estará en función del tiempo necesa­rio para constituir una redacción regional apro­piada.

Pero los proyectos de la RAI no se limitan so­lamente a esto, ya que no todos los planes tie­nen la posibilidad de concretarse a corto plazo. Veámoslos.

En la primavera de 1982, el Ministerio de Co­rreos y Telecomunicación no se había definido aún ni sobre el estándar a utilizar ni sobre la di­mensión del servicio (lo ha hecho sólo reciente­mente, en septiembre de 1984). La estrategia de la RAI preveía, además de la intención de promover cuanto antes un servicio regular de televideo, el proyecto de desarrollar en el seno interno de la RAI una nueva competencia, abriendo al exterior la oferta de un software elaborado, particularmente noticias, aprove­chando la red de informadores, corresponsales y enviados especiales de la RAI, utilizando la capacidad de archivo y de elaboración del sis­tema informatizado para apoyar la producción diaria. En fin, dentro de esta oferta de paquetes de software, la RAI utilizará todas las posibilidades de la empresa: los archivos, la biblioteca, la cinemoteca, la fonoteca, la videoteca, las en­cuestas ya efectuadas al público y con los pro­gramas, para poder poner al día un bien equi­pado bando de datos.

Además, la RAI había pensado utilizar, para algunos de estos sectores, un sistema de archi­vo y de elaboración de datos para uso interno.

No obstante, todo esto ha quedado por ahora sobre el papel. La RAI, por el contrario, ha pro­movido una experimentación dirigida a verificar la utilización del televideo como estructura de apoyo de la televisión. Por ejemplo, para trans­mitir subtítulos destinados a los oyentes que tie­nen dificultades auditivas o a las minorías étni­cas. No existen problemas técnicos. El televi­deo puede ser recibido por sobreimpresión en los programas televisivos. Por lo tanto, utilizan­do el mando del televideo se puede seleccio­nar la parte escrita en la zona inferior de la pantalla. El centro de investigación de la RAI está estudiando la eficacia en este sector de un sistema taquigráfico, “Michella”, que se viene utilizando ya en el Senado de la República.

Otros estudios en curso prevén el uso del te­levideo para la identificación de los programas (subtítulos de información del título, autor, año de producción, género, etc.).

No obstante, si se piensa en el constante boom de los ordenadores personales en Italia, para el televideo el campo de mayor interés podría ser precisamente la transmisión del tele­software. El telesoftware consiste en la transmi­sión a distancia de programas por ordenador, para ser recibidos directamente en el ordena­dor personal. Durante 1985 el televideo efectua­rá algunas pruebas de transmisión de software, pero el problema central consiste en la prepa­ración de una interfase que permita recibir los programas al mayor número de personas (en Italia ya son casi un millón).

 

Algún dato técnico sobre el televideo

 

El sistema empleado por la RAI es la versión derivada del sistema utilizado en Gran Bretaña por la BBC y por IBA (Ceefax Oracle), adapta­do a las exigencias de la lengua italiana.

En la escala de los cinco niveles de teletexto actualmente en uso o en fase de experimenta­ción, el sistema derivado del original inglés adoptado por la RAI supone técnicamente el ni­vel mínimo de elaboración. Está dotado de una posibilidad de elaboración gráfica reducida (los caracteres gráficos utilizados son del tipo “mo­saico”, que permiten solamente representacio­nes esquemáticas) y de un repertorio de carac­teres limitado. Aún así, el nivel técnico es consi­derado suficiente para absorber el servicio.

El televideo transmite sincrónicamente con la señal televisiva que vehicula los programas nor­males. Cada línea visualizada en la pantalla vie­ne transmitida en el interior de una “línea” tele­visiva.

El televideo transmite informaciones, condu­cidas en forma de datos numéricos, en módulos de 24 líneas con 40 letras por línea, tanto en for­ma separada como en sobreimpresión en los programas televisivos en curso.

Las páginas se emiten cíclicamente. El usua­rio puede seleccionar las que le interesen por medio de un adecuado telemando, mientras un descodificador memoriza aquella señal y la transforma en imagen.

El tiempo de espera para toda la operación varía según la página seleccionada, que va de un intervalo de 2/3 segundos hasta 15 como má­ximo.

El apoyo técnico de la RAI asegura que el tiempo medio de espera será inferior a 9 se­gundos.

Por lo que concierne al número de páginas, hoy el sistema de la RAI está técnicamente en condiciones de emitir hasta 800 páginas. El ser­vicio actual suministra entre 500 y 700 páginas.

La Oficina Técnica de la RAI recuerda en su informe que en un futuro próximo las capacida­des transmisoras del teletexto serán muy supe­riores a las actuales.

Por lo que respecta al hardware, la redacción del televideo ha adoptado una estructura stan­dard, con un ordenador central al que están co­nectados los terminales de los redactores y pe­riodistas que confeccionan las páginas. La me­moria central se hace cargo también de la emi­sión de la señal.

En la primera fase de experimentación técni­ca, la oficina encargada por la RAI ha procura­do efectuar algunas pruebas de recepción, en consideración a la particular naturaleza orográ­fica de Italia. Las pruebas se han desarrollado en el Piamonte y el Valle de Aosta.

Las investigaciones han evidenciado que a causa de la elevada velocidad de transmisión del teletexto, la recepción puede resultar difícil, sobre todo en las zonas de montaña. El teletex­to, en efecto, es particularmente sensible a los fenómenos de reflexión, frecuentes en la monta­ña.

El informe del servicio técnico de la RAI afir­ma que también en las áreas metropolitanas, en donde existe un gran número de emisoras loca­les, la señal del teletexto puede llegar a algu­nos usuarios con dificultad.

 

El televideo visto por el público

 

El 12 de enero de 1984 el equipo de televi­deo comenzó la segunda fase de experimenta­ción, involucrando a un grupo de espectadores divididos en familias y empresas.

La investigación fue realizada por el Instituto Doxa, sobre una muestra de 800 familias y 300 usuarios del mundo de los negocios, en el curso del primer semestre de 1984. El grupo de fami­lias estaba constituido por núcleos oportuna­mente distribuidos por el territorio nacional. El Doxa las seleccionó tomando como modelo un subcolectivo de las familias italianas que en 1983 poseían un televisor en color. Se trata en­tonces de un conjunto bastante definido de usuarios con una cierta predisposición al consu­mo. Son alrededor de 7 millones y medio las casas de los italianos en la que es posible en­contrar un televisor en color.

Entre estos 7 millones y medio, el Doxa iden­tificó un conjunto de 1.200 familias subdivididas en 3 grupos de 400, uno de reserva para recu­rrir a él en el caso de renuncia por parte de los preseleccionados y 2 sub‑grupos de 400 fami­lias iguales y comparables entre sí, ya que es­tán compuestas por las mismas proporciones de familias residentes en las diversas áreas del país, tipologías de los Ayuntamientos, clases so­cioeconómicas, etc. En el curso de la encuesta, los dos subgrupos de familias seleccionadas, a los que se les había proporcionado un televisor en color equipado para la recepción del televi­deo, rellenaron, cada 15 días, unos impresos fa­cilitados por la RAI en los que registraban los datos relativos al uso del televideo.

Al final de cada ciclo de 15 días, los entrevis­tadores del Doxa visitaron a cada familia para recoger los impresos y formular a los compo­nentes familiares una serie de preguntas sobre el servicio realizado por el televideo.

Los datos difundidos por la dirección de la RAI relativos a la investigación Doxa sobre el televideo hacen referencia a los resultados ob­tenidos durante 4 semanas, período que va des­de el 15 de mayo al 11 de junio de 1984, en las 800 familias encuestadas (compuestas por 2.856 personas, de las que 2.410 eran adultas mayores de 15 años y 446 niños de 6 a 14 años).

El Doxa seleccionó este período, que corres­ponde a la fase central de la investigación, por considerarlo el más idóneo. Las personas selec­cionadas, a estas fechas habían llegado ya a un grado de costumbre y de confianza con el ser­vicio considerado como suficiente y habían su­perado tanto la fase de la inexperiencia inicial como el entusiasmo por la novedad.

 

Los resultados de la investigación

Veamos ahora los resultados de la investiga­ción hecha por el Doxa, teniendo en cuenta an­tes que nada los dos elementos que determina­ron el éxito:

 

a) Durante la selección de los usuarios se ha­bían escogido personas con una fuerte pre­disposición al consumo y con una tenden­cia hacia el producto audiovisual superior a la media.

b) Puesto que no se trataba de un servicio ya existente, la obligación de rellenar periódi­camente los impresos ha estimulado a las personas a utilizar el servicio mucho más que si hubieran tenido que someterse sim­plemente a una serie de entrevistas.

 

Un día medio, el 57,2% de las personas adul­tas y el 43,9% de los niños entre los 6 y los 14 años han visto por lo menos una vez al televi­deo.

Un porcentaje considerado por el Doxa como “muy alto”, aunque hay que tener en cuenta que una parte del supuesto interés hacia el televi­deo puede ser debido al sentido de responsa­bilidad por el compromiso contraído.

La media del porcentaje diario de usuarios es muy similar para los hombres y para las muje­res de todas las edades. No obstante, el interés por este servicio varía también según los días de la semana. Los días laborables (entre los cuales no se encuentran diferencias notables), el porcentaje es de alrededor del 60%, el sába­do baja al 54% y el domingo llega al 46%.

 

Las páginas más leídas

 

Los datos hacen referencia al porcentaje de lectores que por lo menos cada 15 días han se­leccionado una determinada página.

La página más seleccionada ha sido “última hora”, o sea el flash con las últimas noticias. El 78% de los lectores seleccionó, como media, 7,4 veces esta página. A continuación siguen otras: “las noticias de hoy” (70%, 6,1 veces); el deporte (56%, 4,9 veces); “el tiempo” (61%, 4,2 veces); el “horóscopo” (47%, 4,3 veces); “a la mesa” y “al­manaque” (41%, 3,1 y 3,5 respectivamente).

Las páginas menos seguidas y menos selec­cionadas fueron precisamente las de los servi­cios: las páginas del estado de carreteras, vue­los y trenes, que tienen un índice de lectura va­riable entre el 5% y el 8%, con una frecuencia de selección inferior a dos veces cada 15 días. Más comprensibles resultan los bajos índices (alrededor del 11%) de las páginas de interrés especializado (escuela, trabajo y pensiones, ahorro, bolsa, cambios y mercados).

Durante los seis meses de sondeo paralelos a los experimentos realizados por la RAI con el televideo, el Doxa realizó también una serie de entrevistas directas con los 2.856 usuarios que constituían el grupo de encuestados. Las pre­guntas, naturalmente, hacían referencia al servi­cio. Las entrevistas resultaron de utilidad para la redacción del televideo porque aportaban al­gunos cambios y definían también la imagen que los espectadores se iban formando sobre el servicio.

El 58% de la muestra encontró el televideo más interesante de lo que había imaginado, el 15% se sintió defraudado y lo definió “poco inte­resante”, mientras que el 27% lo encontró “tal como se lo imaginaba”. Por el contrario, el 49% descubrió que el televideo era “más completo” de lo que se esperaba, por la cantidad de noti­cias que presentaba, el 27% lo consideraba “menos completo” y el 24% “tal como espera­ba”.

El 57% encontró el televideo estéticamente mejor de lo que creía, el 5% peor de lo que pensaba, mientras que el 38% tal como se lo imaginaba. Los juicios sobre la presentación de las noticias han sido muy positivos, ya que para el 94% (a partir de ahora el porcentaje superará el 100% porque los entrevistados tenían la facul­tad de contestar a más preguntas del cuestiona­rio) de los entrevistados “estaban escritas en forma clara y comprensible”.

Además, el 79% consideró que el televideo “no publica noticias con retraso respecto a los otros medios de comunicación'. Se trata de una apreciación indirecta sobre la rapidez del ser­vicio, aunque una parte minoritaria, pero nota­ble, de los usuarios, el 17%, piensa lo contrario, o sea que el televideo llega habitualmente con retraso con respecto a la actualidad.

Para el 79% el televideo ofrece una informa­ción más completa, porque “emite siempre las noticias más importantes e interesantes”. El por­centaje es ligeramente inferior (78%) para las noticias deportivas. Otra pregunta dirigida a los lectores hace referencia a la objetividad del te­levideo, reconocida por el 81% de los entrevis­tados. El 12% lo encuentran, por el contrario, un servicio “domesticado”.

De particular interés (la pregunta relativa fue puesta en forma que sugería una contestación positiva), es la cuestión del patrocinio de las pá­ginas. Ya que la RAI está muy interesada en ve­rificar las hipótesis de patrocinio de las páginas del televideo, y de hecho fueron probadas al­gunas formas de patrocinio en estos primeros meses.

A la pregunta sobre si “Vd. cree que escribir en las páginas del televideo el nombre del ente, sociedad y organización que comunica las informaciones es una cosa útil o inútil”, el 56% de los entrevistados contestó que “era útil”, el 27% que “era inútil”, y, en cambio, el 17% se ha mostrado indeciso. Mientras que el 63% consi­dera que esto representa una especie de publi­cidad de las empresas que patrocinan las pági­nas, el 27% declara que eso no es una forma de publicidad. Este último porcentaje es tan eleva­do que hace dudar sobre las contestaciones da­das, ya que nos encontramos, ante una postura frente al patrocinio completamente opuesta a la atribuida al público en lo que se refiere a la pu­blicidad.

Tenemos motivos, en esta parte de la encues­ta, para creer que tanto el clima de colabora­ción que se creó entre los entrevistadores y los usuarios durante los seis meses, como la mane­ra de exponer las preguntas relativas al argu­mento, hayan podido contribuir a predisponer al usuario a un tipo de contestación.

Otra pregunta pretendía aclarar si el público tendía a programar la utilización del televideo o bien si ésta fue totalmente casual y supeditada al uso de la televisión.

El 72% de los entrevistados saben ya qué es lo que van a ser antes de encender el televi­deo, mientras que el 16% decide después de haber encendido el televisor en color. La utili­zación del televideo parece ser, para la mayo­ría de los telespectadores, una decisión no ca­sual.

Además, y siempre según la encuesta Doxa, la lectura del televideo tiene tendencia a estabilizarse con el tiempo. Durante el intervalo en­tre dos ciclos de entrevistas, la primera en fe­brero y la segunda en abril, aumentó notoria­mente el número de entrevistados que afirmaba encender el televisor solamente para ver el te­levideo. De hecho, el porcentaje ha subido del 45% al 56%. Pero en general, el usuario tiende a pasar al televideo cuando en determinados mo­mentos decae el interés por el programa televi­sivo.

 

Programación televisiva

 

Ahora vamos a ver las dificultades de progra­mación del televideo. A la pregunta de “cuál es la ventaja del televideo”, el 26% contesta: “La comodidad de utilización”. Esta es la segunda respuesta con mayor tanto por ciento después de la que hace referencia a la rapidez de las noticias (27%). Mientras que el 39% no encuen­tra inconvenientes al televideo, el 27% indica como principal dificultad la lentitud en la bús­queda de los temas. Este es ciertamente el pro­blema principal del teletexto. Los tiempos de espera para la selección de las páginas son len­tos. La dirección de la RAI indica que el tiempo medio de espera está alrededor de los 9 segun­dos. No obstante, para algunas páginas el tiem­po de espera tiende a doblarse y los 15/18 se­gundos de espera vienen a ser un tiempo “vi­sual” demasiado largo.

Solamente el 3% dice que se cansa leyendo las noticias en el televideo, mientras que el 4% considera la letra del video poco legible. Pero hay que hacer notar que también el Doxa dice, en un pequeño comentario, que los inconve­nientes que los lectores encontraron son más bien relativos a las características técnicas del sistema que a los contenidos del servicio en sí mismo.

En cuanto a la fase final de la encuesta, el Doxa dirigió a los usuarios del teletexto una se­rie de preguntas cuyo objetivo era saber si el uso a “la fuerza' del televideo por un período relativamente largo (la encuesta duró seis me­ses), indujo a algunas familias a comprarse, en cuanto fuera posible, un televisor equipado para recibir el televideo.

El 63% declaró que considerando la posibili­dad de comprar un nuevo televisor en color, daría mucha importancia a la posibilidad de que estuviera preparado para recibir el televi­deo; otro 30% ha declarado dar a esta opción “bastante importancia”. Reuniendo estos dos da­tos, nos encontramos delante de un 93% (aquí el total del porcentaje vuelve a ser 100), que está interesado en comprar el televideo.

Así resultó que el 29% compraría un televi­deo “porque suministra informaciones rápidas y puntuales”, el 22% “porque proporciona informa­ción sobre muchos temas”, el 21 % “porque es útil”, el 11% “porque lo compara con la prensa diaria siempre al día y disponible”, y el 6% “porque es una novedad técnica”.

Por delante de las motivaciones “preconcebi­das”, las contestaciones fueron ligeramente dis­tintas. El 64% indicó como motivación, “porque es útil”, el 61% indicó rapidez de las noticias, el 32% porque representaba una compañía más para quien se queda solo en casa, el 26% por­que la televisión sin el televideo sería una cosa ya superada; el 23% porque permite decidir “qué interesa y cuándo”; el 22% porque “ya no se podrá prescindir de él”; el 71 % porque “da más prestigio y porque los televisores con tele­video califican a la familia moderna”; el 14% porque en la familia “siempre hay alguien que necesita el televídeo para su trabajo”.

Si luego pasamos a la pregunta relativa a los motivos de satisfacción por la utilización del te­levideo, se observa que el 49% está satisfecho porque “muchas veces” gracias al servicio “no tuvo necesidad de esperar el horario del tele­diario”, el 41 % porque “muchas veces” ha en­contrado una información que necesitaba en aquel momento” y el 40% “porque ha podido sa­tisfacer una curiosidad”. Aquí, de todas formas, el porcentaje más alto se refiere a contestacio­nes que ponen en evidencia la capacidad de “promoción social” del televideo: el 56% está muy satisfecho porque ha enseñado el televi­deo a amigos y conocidos, como una novedad; el 55% porque tiene en casa “un medio de difu­sión muy moderno”, y el 54% porque “ha podido hablar del televideo con los amigos, parientes o compañeros”.

Quizás nos compense saber que el 22% gra­cias al televideo ha podido “comprender mejor una noticia que no había entendido o que se le había escapado”, y nos compensa algo menos el hecho de que el 27% considera el televideo al­ternativo con el telediario, habiendo declarado que gracias a este servicio “ha evitado comprar el periódico”.