La fragmentación de la televisión de masas en España

 

Sergi Schaaff

 

La crisis irreversible del modelo europeo de televisión de masas da paso a una era de frag­mentación de audiencias. Las televisiones autonómicas, las televisiones locales y las nuevas tecnologias son las causas fundamentales de esta transformación en España. Frente a ellas son necesarias respuestas concretas

 

El modelo europeo de una gi­gantesca y única televisión de masas es ya, posiblemente, algo destinado a desaparecer. Las actuales entidades mono­pólicas de televisión de los distintos países de Europa asis­ten impotentes a la fragmentación de sus au­diencias. El deseo de una televisión de Estado, fuerte y poderosa, y a la vez, solitaria en el cam­po comunicativo, ha comenzado a desvanecer­se. Esa desproporcionada ambición comenzó al inicio de las emisiones televisivas, cuando el Estado para regular dicha actividad se miró a sí mismo. La Administración reprodujo su propia estructura, y allí donde su conformación era úni­ca y centralizada, nació también una televisión única y centralizada. Este modo de actuar, poco imaginativo, se dió en todos los países y con particular intensidad en los países europeos de carácter centralizador. Al amparo de este plan­teamiento nacieron las ciclopeas entidades tele­visivas europeas: la B. B. C. , la O. R. T. F. , la R. A. I. , etc., sin olvidar, por supuesto, a nuestra TVE. Todas tuvieron vocación para, en régimen de monopolio, llegar a la totalidad de los ciudada­nos, a ser, en definitiva, una única televisión de masas de carácter estatal. Todo ello, indepen­dientemente, de sus talantes más o menos de­mocráticos, porque está claro, que no tenían el mismo carácter la BBC de Isabel II o la ORTF del general De Gaulle, ni, por supuesto, la TVE del general Franco.

La pérdida de la audiencia total es un hecho inexorable en los países de la Europa Occiden­tal. Las enormes televisiones con sus grandes y complicados problemas reciben constantemen­te el acoso de nuevas entidades teledifusoras, que poco a poco, les restan parte de sus espec­tadores. La primera en sentirlo fue la BBC. Compartió primero, su territorio con la ITV, un grupo integrado por 15 compañías comerciales, y después, desde el 82, con otra sociedad en discordia, el llamado CUARTO CANAL. Pero la pérdida europea más espectacular de audien­cia total, la sufrió en 1978 la RAI cuando la Cor­te Constitucional anuló el monopolio de la difu­sión televisiva del que disfrutaba.

Centenares de emisoras locales, que tratan por todos los medios de emitir en cadena, lu­chan con fuerza contra la RAI, para conseguir más y más audiencia. Utilizando un símil bélico podría decirse que es una lucha cuerpo a cuer­po para conseguir espectador tras espectador.

Al fin, el espejismo de una televisión única, con poder absoluto sobre la audiencia, se ha roto. La fragmentación es un hecho en los paí­ses del Occidente europeo, incluso en Francia, donde, por más tiempo y con mayor fuerza, el Estado ha mantenido el criterio de una entidad única. En la actualidad, el recién estrenado CA­NAL PLUS ha eliminado el último bastión de au­diencia total que mantenía la televisión france­sa.

La fragmentación de la televisión de masas es un hecho positivo, que quita uniformidad a la audiencia y que a la vez permite atender a ma­yor número de demandas específicas de los es­pectadores. El hecho de que las entidades de televisión sean varias, e independientes entre sí, permite una ampliación del espectro creati­vo, informativo y de entretenimiento de un país. No es lógico creer, que todo el posible caudal nacional en ese triple aspecto se dé únicamen­te entre los cinco mil o diez mil personas que elaboran una gran televisión de masas. Es pues, más lógico, asumir la fragmentación y crear nuevas entidades de servicio.

La circunstancia de que esas nuevas emiso­ras sean públicas o privadas, es una cuestión, que con independencia de la conveniencia y necesidad de crear más canales debe diluci­darse desde criterios económicos y políticos restringidos al ámbito nacional. Por el contrario, asumir la necesidad de romper el monopolio de unas entidades únicas, detentadoras de toda la comunicación televisual de un país, tiene vali­dez general.

La fragmentación se ha producido, en parte, en forma paulatina, y en otra, de un modo brus­co, siguiendo paralelamente el ritmo del cami­no de la sociedad, del cambio de pautas cultu­rales y de la tecnología.

En España, al igual que en los países vecinos de la Europa Occidental también se ha produci­do y se está consolidando esta fragmentación de la televisión de masas. De un modo legal, pero también de un modo ilegal o "alegal" (como también así se ha definido), TVE ha ido perdiendo la audiencia total. Desde 1980 la fragmentación es un hecho real. El inicio de la década marcó el final de un monopolio de difu­sión televisiva, al que TVE se había aferrado con demasiado ímpetu.

El 12 de enero de 1980, el BOE publica el Es­tatuto de la Radio y la Televisión en el que se considera la posible concesión de una Canal de televisión a cada una de las Comunidades Autó­nomas. Se abrió así, una primera puerta legal a nuevas televisiones, aunque con anterioridad los diversos Estatutos de las Comunidades Au­tónomas señalaban ya esa posibilidad.

De otra parte, casi cinco meses después, el 7 de junio empezaba a emitir sin autorización, una televisión local, la de Cardedeu, en Cataluña, que puede considerarse paradigmática, tanto por su estructura como por su perseverancia.

Estos dos hechos separados por la línea de la legalidad determinan en ambos campos el ini­cio de la fragmentación de la televisión en Es­paña, que se produce en nuestro país por tres causas: por la implantación de las televisiones autonómicas, por la aparición y casi prolifera­ción de emisoras de reducido alcance, general­mente locales o de tipo comunitario, y por los avances tecnológicos. Y posiblemente muy pronto, habrá que añadir una cuarta causa: la implantación de las emisoras comerciales. En el ante‑proyecto de la Ley de Ordenación de las Comunicaciones (LOC) se recoge en el artículo 39, apartado 4, que "los servicios de radiodifu­sión sonora y televisión no gestionados directa­mente por el Estado o sus entes públicos, por las comunidades autónomas o sus corporacio­nes de carácter público o por las corporaciones locales, podrán ser gestionados mediante con­cesión administrativa que se otorgará en régi­men de libre concurrencia".

También en Europa las causas son las mismas o parecidas: el reconocimiento de televisiones de ámbitos territoriales más limitados y las nue­vas tecnologías.

 

PRIMERA CAUSA. LAS TELEVISIONES AUTONOMICAS

 

Al analizar las televisiones de ámbito autonó­mico, sorprende en el pasado reciente, que el poder, tan celoso del monopolio televisivo de TVE, no estructurase, dentro de la entidad, un tercer canal de carácter "regional" en tiempos del general Franco o de carácter "autonómico" en tiempos democráticos. Realmente no se ha­bría hecho nada más, que seguir, con lógica, los pasos de dos televisiones vecinas y próximas, y de parecidos modelos culturales: la televisión francesa con F3 y la RAI con su TERZA RETE. Sin embargo, la intolerancia y la miopía con los hechos diferenciadores de los pueblos del Esta­do Español impidieron que TVE cumpliera con uno de sus fines.

Abandonada esta parcela por quien detenta­ba el monopolio, fue reivindicada, en cuando fue posible por las circunstancias políticas, por las distintas nacionalidades. Así, los diferentes Estatutos consideran, mutatis mutandis, que las Comunidades Autónomas podrán regular, crear y mantener su propia televisión, radio y prensa y, en general, todos los medios de comunica­ciones social para el cumplimiento de sus fi­nes". Todos, menos el de Euskadi, hacen refe­rencia al Estatuto jurídico de la Radio y la Tele­visión, que explicita la titularidad estatal para el canal de televisión de la Autonomía. Con ello se establece una supeditación a la posible conce­sión del canal por parte del Gobierno Central mientras que en el País Vasco, debido a esa au­sencia, se quiere entender, que su canal no es un tercero, sino un CUARTO CANAL de única titularidad autonómica.

La Ley Reguladora de los Terceros Canales, de 26 de diciembre de 1983, que parte básica y fundamentalmente de la figura de la "concesión" de un Tercer Canal por parte del Gobierno de la Nación a la Comunidad Autónoma, llegó con retraso, y aún hoy dos años después, quedan aspectos importantísimos por reglamentar por vía normativa. Se da la circunstancia de que los dos canales autonómicos existentes en la actua­lidad, emitieron antes de dicha ley, antes de una posible concesión, y, en consecuencia lo hi­cieron de forma "no autorizada" o "alegal". El ca­nal vasco lo hizo en enero de 1983 y el catalán en septiembre del mismo año.

El panorama de los posibles canales autonó­micos se complementa con el de Galicia que se dispone a iniciar sus emisiones de un modo in­mediato, y, con los proyectos avanzados de la Comunidad Valenciana y Madrileña.

El proyecto del canal autonómico andaluz, después de un inicio impetuoso, ha sufrido, en palabra de moda, una "reconversión", que le une a TVE. A la infraestructura y a los medios de la televisión estatal en Andalucía se suma­rían los que pudiese aportar la Comunidad y con esos recursos globalizados se emitiría, me­diante pacto con TVE, una programación auto­nómica en horas libres de la primera o segunda cadena o en espacios de desconexión.

Al parecer, esta solución, que, de todos mo­dos, entraña serias dificultades en el reparto horario, se extenderá a aquellas comunidades que no dispongan de medios y recursos para poder emitir una programación propia.

Entre las televisiones autonómicas y la estatal existen dos puntos principales de conflicto, de­bido, como ya se ha dicho, a una falta de regla­mentación. El principal punto de fricción es el uso de la red de emisores y reemisores de TVE, que los Terceros Canales solicitan para sus retransmisiones, y que suele serles negada. Otra situación de fricción es la falta de normati­va para que las televisiones autonómicas pue­dan participar en Organismos Internacionales, principalmente en la UER, que significaría tener acceso a los intercambios de noticias de Euro­visión.

En el futuro también existirá un nuevo y ter­cer punto de colisión, cuando el Gobierno nom­bre, por imperativo de la Ley de Terceros Ca­nales, una Comisión Coordinadora para la ad­quisición de programas en el mercado internacional. Los Terceros Canales entienden, que esta comisión les impedirá o dificultará la ad­quisición de aquellos programas, que interesen a TVE, y que ellos sólo podrán comprar progra­mas cuando ya los haya rechazado la televisión estatal.

Por otra parte, se da el caso anómalo y singu­lar de que mientras la ley determina que "el Es­tado se compromete a dotar a la comunidad au­tónoma de la red técnica necesaria para la co­bertura de su territorio", ninguno de los dos ca­nales existentes utiliza la red estatal y ambos, sin embargo, han creado redes propias parale­las.

Las tensiones existen y prueba de ello, son las manifestaciones de los directivos de los ca­nales autonómicos. Enric Canals, director de TV‑3 Catalunya dijo, en relación a la no autori­zación para utilizar la red estatal: "Creemos y confiamos en que el desarrollo de la ley de ter­ceros canales ponga fin a esta situación que nos parece, cuando menos injusta". Por su parte, el ex‑director de Euskal Telebista, Luis Iriondo, dijo refiriéndose a la ley de Terceros Canales: "Hay una circunstancia que quiero dejar muy clara. Nuestra tevisión autonómica es una televi­sión de cuarto canal".

Seguramente las relaciones entre televisiones públicas situadas en un mismo Estado son, por definición, complejas y difíciles, y también, se­guramente, las televisiones económicas tendrán problemas de todo tipo en su desarrollo, princi­palmente financieros, pero, es necesario, en­contrar solución a todos estos problemas por­que las televisiones autonómicas son, en el caso de España, la pieza básica y la más real para dar paso a un nuevo modelo comunicativo basa­do en la pluralidad de emisoras.

 

SEGUNDA CAUSA: LAS TELEVISIONES DE AMBITO LOCAL

 

Frente a los colosos televisivos y a la audien­cia uniformizada nacieron, ‑siguiento los pasos de sus homónimas de radio‑, las emisoras de televisión de ámbito limitado: locales o de ba­rrio, libres, o de tipo comunitario. Es la llamada micro‑televisión, que además de por su alcance restringido conviene definir por la búsqueda de un beneficio comunicativo social. Con su apari­ción se descubrió que hacer televisión ni era tan difícil ni tan caro, como se solía proclamar.

Estas televisiones, que en nuestro país tienen la condición de ilegales, pueden ser, en consecuencia, perseguidas y clausuradas, aunque pendularmente, gozan de tolerancia. En la actualidad, por ejemplo, en un censo publicad en un periódico barcelonés, se daba la noticia tan sólo en el ámbito de Cataluña, de la existencia y funcionamiento de más de 40 televisiones locales.

Aunque estas televisiones no son demasiada importantes por su audiencia, significan, sin embargo, una disminución cualitativamente valioso del espectro monótono del emisor único. Generalmente y aún cuando la mitad de estas emisoras reciben ayuda económica y "amparo" de lo; Ayuntamientos de sus localidades, suelen aportan criterios alejados de los dominantes y son, a contrario de la gran televisión, dinamizadores de las actividades sociales de su entorno.

La audiencia de las televisiones locales, una vez pasada la euforia de los primeros programas se estabiliza en un nivel, desgraciadamente bajo. Se estima que este nivel llega tan sólo un 2% de la audiencia real, cuando la televisión de masas emite una buena película.

No obstante, la mayoría de estas televisiones no emiten diariamente y concentran, en unas pocas horas semanales, la posibilidad de conse­guir la totalidad de su audiencia potencial. Al­gunas emiten, dos días a la semana y otras tan sólo lo hacen de forma exporádica. La micro‑te­levisión puede oscilar como ejemplo, entre la televisión de Fornells, en Ripoll (Girona) que emite dos horas quincenales para una audiencia de 250 personas, y la de Girona, ciudad, que emite sólo por sus ferias, y lo hace para más de 40.000 espectadores.

Por otra parte, la televisión local arrastra jun­to a la nueva visión que aporta al campo comu­nicativo, las dificultades inherentes de su conti­nuidad y pervivencia. Esa manera distinta de entender y hacer los programas, propia de la micro‑televisión, como puede ser la presenta­ción televisiva de lo que afecta directamente al espectador hecha por los propios vecinos de la comunidad, supedita, como es fácil de enten­der, la existencia de la emisora al entusiasmo y voluntad de cuantos la hacen. La micro‑televi­sión existe mientras un núcleo entusiasta es ca­paz de trabajar, pero en cuanto deja de hacer­lo, se cansa o tiene otras ocupaciones (recorde­mos que no son profesionales), la vida de la emisora se pone en inmediato peligro.

También las emisoras locales deben enfren­tarse a causa de sus audiencias limitadas a otro riesgo de extinción. Al ser tan pocos sus espec­tadores, puede darse el caso de que sus únicos espectadores lleguen a ser precisamente los mismos que las hacen. Es decir, existe el peli­gro de convertirse en una emisora de militantes para militantes y unos pocos simpatizantes.

La tipología de estas emisoras es sumamente ‑ variada, y sólo cabe excluir de ellas, las llama­das "piratas" de marcado signo comercial. La mayoría de estas emisoras tienen carácter local, y operan como municipales o comunitarias, y ‑ otras, las menos, suelen promoverlas grupos i marginales con finalidades concretas y específi­cas. También las hay pintorescas, sin posible clasificación, como la de aquel caballero que emitía para sus convecinos y a altas horas de la ‑ madrugada, películas pornográficas, o la del fa­moso Canal de Melilla, bautizado con el nom­bre de su creador, Francisco Platero, que emi­tió cerca de siete años, del 77 al 83, año en que fue definitivamente clausurado. El canal Platero, un auténtico hobby de su fundador, emitía una ‑ vez finalizada la emisión de TVE y por su mis­ma frecuencia, los viernes, sábados y domingos, y en verano, toda la semana. Primero presenta­ba la información local con las noticias de lo que había ocurrido en Melilla, incluyendo re­portajes filmados, y después, ofrecía una pelícu­la, de las llamadas de "Cine Familiar".

De entre las de planteamiento más rico y ri­guroso cabe destacar la de carácter comunita­rio en la villa de Cardedeu (Barcelona), que empezó a emitir en junio del 80, y que aún hoy, tras serles varias veces clausurados sus equipos e instalaciones, continúa haciéndolo. En Carde­deu trabajan, de manera gratuita, unos 70 veci­nos, que lo hacen divididos en cuatro equipos. Cada grupo, y por rotación, prepara y elabora los programas de una semana al mes; de ese modo ‑manifiestan‑, evitan el desinterés y el cansancio por la labor continuada y consiguen una mayor participación del vecindario. Todos los lunes emiten unas dos horas elaboradas total e íntegramente en Cardedeu. De la programa­ción destaca el informativo semanal de la activi­dad de la población, los espacios quincenales dedicados a la historia, y oficios de la villa, y los debates mensuales de interés local, además de la retransmisión de los plenos municipales.

En un encuentro celebrado recientemente, diversos colectivos de televisiones locales defi­nieron sus emisoras como un servicio público de la comunidad, abierto a todos y con marca­do sello pluralista, y lo entendían como una he­rramienta de participación y de acceso directo. Excluían de sus fines, el afán de lucro y se auto­imponían medidas de financiamiento, que elimi­nasen las presiones de grupos o de particula­res. Y remarcaron que sus programaciones deberían ser fundamentalmente de producción propia y de interés local.

Todas estas televisiones, que a escala local representan la ruptura del monopolio del emi­sor único y la aportación de infinidad de nuevas ideas y posibilidades, están esperando una ley que no llega, que ordene jurídicamente esta parcela comunicativa y que permita a cualquier ciudadano tener acceso al medio televisivo. De momento son ya una real alternativa "clandesti­na" a la televisión de masas, aunque con el ries­go contínuo de ver sus instalaciones clausura­das.

 

TERCERA CAUSA; LAS NUEVAS TECNOLOGIAS

 

Mientras las dos anteriores causas podrían, en cierta medida, ser controladas y dominadas por el Estado, esta tercera es absolutamente imposible de detener. El avance tecnológico es inexorable, barrerá a los grandes monstruos te­levisivos, como si fuesen prehistóricos dinosau­rios y posibilitará a los ciudadanos un mayor ac­ceso y un mayor número de emisores. En unos pocos años el panorama será totalmente dife­rente. Por una parte "las máquinas" se abarata­rán, facilitando las posibilidades de adquisición a grupos de economías modestas, y por otra, aumentarán las facilidades de emitir y captar nuevos canales.

En los próximos diez años, los avances que sin duda causarán mayor impacto son: la trans­misión de señales por fibra óptica, que posibili­tará el aumento de la distribución de canales por cable y la transmisión directa por satélite, que permite, mediante antenas de pequeñas di­mensiones, la recepción individual o colectiva de señales televisivas enviadas a través del es­pacio.

Estas nuevas aportaciones tecnológicas logra­rán que los canales dejen de ser un recurso es­caso, como hasta ahora ha sido, y como, insis­tentemente se nos ha dicho, para justificar el emisor único. Con esas nuevas transmisiones, las posibilidades de más canales se multiplica­rán y también los emisores.

Ahora ya, en Europa, concretamente en Bél­gica, Holanda, Suiza y Austria existen redes im­portantes por cable, y en Francia, Alemania y Gran Bretaña también se estudian planes de te­levisión cableada, que con las flamantes posibi­lidades de la fibra óptica, representarán un sin­fin de nuevos canales.

Estas fibras ópticas descubiertas a finales de la década de los 60, son materiales transparen­tes de vidrio o plástico capaces de enviar rayos luminosos (invisibles al ojo humano) a grandes distancias. La fuente luminosa es intermitente y se apaga y enciende millones de veces por se­gundo. Los fotones que viajan' así permiten el envío de una mayor información, que la que mandan los electrones. En la actualidad la fibra óptica es una alternativa a los cables telefóni­cos, pues permite un número diez mil veces su­perior de conversaciones que los de cobre. También se ha experimentado ya con los ca­bles de fibra óptica para transmitir señales de televisión, y se espera que muy pronto, la in­dustria pueda ofrecer al mercado, y de forma masiva, un cable de estas características que permita con una mayor amplitud de frecuen­cias, el envío de señales de televisión.

El otro sistema, que aumentará el número de canales, que cada espectador pueda recibir en su hogar, es el de la transmisión directa por sa­télite, que es el idóneo para cubrir territorios de dimensiones medias o grandes. La señal de televisión es transmitida desde la emisora a un satélite en órbita geo‑estacionaria sobre el pro­pio país, y este, a su vez, la difunde, pudiendo ser captada, y esa es la novedad, directamente por el usuario mediante antenas de tipo domés­tico situadas en los edificios. Para regular este sistema se reunió en 1977, en Ginebra, la Con­ferencia Administrativa Mundial de Radiodifu­sión Vía Satélite, que acordó diversos puntos de cariz técnico y que, además, otorgó a cada país europeo cinco canales de difusión directa y una posición orbital para su propio uso.

El problema que plantea la transmisión direc­ta por satélite, y que aquí interesa, es el llama­do de "desbordamiento", en el que la señal emi­tida por el satélite sobrepasa, desborda, el lími­te estricto de su país de origen y entra en otros limítrofes. Eso ocurrirá con toda seguridad so­bre el territorio español o sobre amplias zonas del mismo, donde se podrán captar cómoda­mente diversos canales europeos por desbor­damiento", y que dejarán inútil, de un sólo gol­pe, el monopolio del emisor único.

Sin la menor intervención de ningún poder español y tan solo con una antena parabólica de más de 90 cm., de repente podremos captar las televisiones de otros países europeos. Para an­tes de que comience la década de los 90, esta­rán ya en marcha varios proyectos europeos de transmisión directa por satélite. Para abril del próximo año, 1986, está previsto el SAR alemán, con tres canales de televisión, además de otros de servicio de radiodifusión, el TDF1 frnacés, con cuatro canales, el UNISAT inglés, con tres y el OLYMPUS, de la Agencia Espacial Europea, con un canal italiano y otro para uso general de la UER, único en el que España tendrá partici­pación.

Así pues, la posible y ya inminente captación de diversas televisiones europeas terminará, definitivamente, con las grandes entidades mo­nopolizadoras de televisión.

 

CONCLUSION

 

Es una realidad que las enormes televisiones europeas de masas, que parecían no tener lími­tes, y que detentaban el monopolio de la comu­nicación televisiva, están en crisis. Inexorable­mente diversas causas las han ido cercando hasta romper legal o ilegalmente su monopolio. En España son tres las causas fundamentales de esa ruptura, que ya ha comenzado: las televisio­nes autonómicas, las televisiones de ámbito local y las nuevas tecnologías, que permitirán la im­plantación y captación de mayor número de canales. Los dos primeros todavía no han termina­do su acoso y el tercero aún no lo ha iniciado.

La problemática sigue en pie y requiere ur­gente y primordialmente la definición del país sobre seis cuestiones concretas:

 

1) Estudio de las posibilidades reales de los Terceros Canales Autonómicos y sus alternativas.

2) Normativa para el desarrollo de los Ter­ceros canales.

3) Reconocimiento y regulación de las tele­visiones locales en sus diversas modali­dades.

4) Elaboración de un plan técnico de ca­bleado en España.

5) Regulación de los posibles emisores por cable en sus diversas modalidades.

6) Planteamiento de la intervención espa­ñola en el proyecto OLYMPUS.

 

La resolución rápida de estos puntos permiti­rá, sin duda, un paso cómodo y sin conflictos de una única televisión de masas a una televisión fragmentada, con mayor capacidad de servicio público para el ciudadano español.