Crisis y reconversión tecnológica de la prensa

 

Bernardo Díaz Nosty

 

Las transformaciones tecnológicas de los diarios, sus convulsiones económicas, las nuevas fun­ciones y lenguajes, permiten plantear el difícil futuro de la prensa escrita en general y particu­larmente en España. Nuevos caminos y soluciones parecen imponerse.

 

El desarrollo de las nuevas tec­nologías de la información ha afectado ya de forma singular a la prensa escrita y, sin duda, seguirá incidiendo en ella en un tiempo próximo. Es lógico, incluso, hablar de futuro, pre­guntarse si el periódico, tal y como hoy lo cono­cemos, sobrevivirá a largo plazo. Y tan arries­gado resulta, en principio, pregonar su muerte inminente como augurarle una larga vida.

La realidad presenta hoy un horizonte crítico, y no sólo por los resultados económicos de la explotación de los diarios, sino por la propia efi­cacia y funcionalidad de la prensa en el nuevo panorama de concurrencia informativa. Algunos hechos saltan a la vista en una primera aproxi­mación a la realidad del más antiguo de los me­dios de comunicación de masas. La prensa per­dió hace ya tiempo su hegemonía como soporte difusor de la actualidad. En época de extraordi­nario desarrollo de los flujos informativos, la prensa escrita aparece, en el mejor de los ca­sos, en una situación de estancamiento. Las tira­das permanecen prácticamente estacionarias en la última década.

En qué medida ‑cabe preguntarse‑ ha in­cidido la reconversión tecnológica en la defini­ción de un nuevo panorama. Porque es induda­ble que un profundo cambio se ha producido en el proceso de preparación y fabricación del periódico. Una redacción electrónica integral muy poco tiene que ver con la redacción con­vencional y su proyección industrial en el taller de artes gráficas, aún cuando el producto final ‑el periódico‑ ofrezca una imagen material poco renovada.

 

EL ALCANCE DE LA RECONVERSION TECNOLOGICA

 

La transformación general del diario, con la incorporación de los videoterminales (VDTs) como herramienta de trabajo universal del pe­riodista, la automatización generalizada de los inputs informativos y de los óutputs redacciona­les, el diseño a plena página asistido, la graba­ción directa de las planchas impresoras, las te­leediciones y multiediciones facsimilares, etc., han acortado notablemente el período temporal de producción. La renovación de la infraestruc­tura tecnológica perseguía, sin duda, situar a la prensa escrita en una mejor disposición de competencia, al permitir una mayor rapidez en la salida al mercado informativo del producto fi­nal. A la vez, pese al volumen de inversión ne­cesario para dotar a un periódico de una tecno­logía punta, todavía en proceso de evolución, el resultado unitario de producción reduce los costes en base a una mayor racionalización del trabajo y a una disminución drástica de la plan­tilla residual del taller.

Pero la reconversión tecnológica de la pren­sa escrita, pese al alto grado de innovación, no termina por resolver un problema fundamental, que lastra las mejoras reseñadas en la fase de producción. Y el problema no es otro que la propia dimensión física del soporte. El papel, asociado histórica y culturalmente a la informa­ción escrita, condiciona cada vez más el nivel de competencia y concurrencia del periódico en un escenario día a día más complejo.

El gran avance conseguido en la rapidez de edición queda materialmente congelado durante el dilatado proceso de comercialización del periódico. El soporte papel se convierte en un peso muerto para el rápido transporte de los flujos informativos. Es admisible, como hipótesis técnica, considerar que el tiempo de prepara­ción y realización de un telediario puede resul­tar similar al de la edición electrónica de un periódico de parecidas características informa­tivas; sin embargo, mientras el noticiario de la televisión se emite y difunde inmediatamente, el periódico precisa de un proceso lento de distribución, abierto en función del tiempo útil de venta. A medio o largo plazo, las nuevas tec­nologías, que han vitalizado los sistemas de edi­ción de la prensa diaria, pueden convertirse en el verdugo de un soporte que se revela reñido con la propensión al "tiempo real" que domina cada vez más la oferta de los modernos medios de comunicación.

 

FUNCIONALIDAD Y COSTES DE LOS SOPORTES INFORMATIVOS

 

El papel, en relación a los nuevos soportes electrónicos, ofrece otros inconvenientes técni­cos y funcionales que son, a juicio de los espe­cialistas, suficientes para poner en entredicho el futuro de la prensa escrita. Así, Benjamín Compaine, director del Instituto para la Investi­gación del Impacto de las Comunicaciones en la Sociedad Actual, de la Universidad de Har­vard, augura, como conclusión de un análisis prospectivo tan riguroso como deshumanizado, la quiebra del soporte papel en el plazo de dos décadas. Mientras el papel y demás materias primas necesarias para la producción impresa seguirán con fuertes alzas de precios en los próximos años, los soportes electrónicos serán más baratos, multiplicarán sus posibilidades y ofrecerán una respuesta inmediata a la difusión y distribución de la información.

La incidencia del precio del papel sobre el producto final ha crecido de forma notable en la última década, como consecuencia del enca­recimiento de las materias primas. Aunque cada caso varía, en función del formato y del número de páginas de la publicación, puede estimarse una repercusión media del oden del 35 por 100 sobre los costes finales de explota­ción del periódico. Esta creciente presión del soporte sobre la economía de la empresa pe­riodística ha tenido una doble consecuencia: de una parte, la elevación sucesiva del precio de venta al público, y, de otra, el aumento de las tarifas publicitarias, ya que el papel empleado en la reproducción de los anuncios era más caro. Así, en una década, el precio de venta al público de un diario de información general ha pasado en España de 7 a 50 pesetas, lo que su­pone un incremento de más del 700 por 100, ín­dice muy superior a la inflación registrada en igual período, con una caída del valor adquisiti­vo de la peseta del 383 por 100. Este encareci­miento continuado del papel puede llegar a comprometer la rentabilidad publicitaria, como consecuencia de la elevación de las tarifas, es­pecialmente en los diarios de mayor tirada, cada vez menos accesibles para los pequeños anunciantes. Inconveniente desconocido por los medios electrónicos, cuyo nivel de impacto pu­blicitario no está sometido a limitaciones de di­fusión en el ámbito en el que operan y queda definido por la amplitud variable de la audien­cia.

Desde un punto de vista funcional, el periódi­co, tal y como hoy está concebido, es una guía informativa estandarizada, que apenas recoge una pequeña parte del flujo informativo diario ‑sometido a las posibilidades de la pagina­ción‑ para ofrecerlo a un público amplio. El lector selecciona necesariamente la informa­ción, descartando buena parte de un contenido heterogéneo. Frente a esta limitación en los flu­jos ‑utilidad parcial de los contenidos‑ se ad­vierten las posibilidades de los medios telemá­ticos interactivos. La llamada "información a la carta" que, en un futuro, puede ajustar mucho más la oferta informativa a las necesidades es­pecíficas, plurales y diferenciadas de las au­diencias. Además, sorteando las dificultades de distribución que tiene el periódico.

 

LA PRENSA EN EL MARCO MULTIMEDIA

 

La reconversión tecnológica de la prensa es­crita, como necesidad incuestionable de raciona­lización del proceso productivo, beneficia, sin duda, a aquellas empresas que puedan acome­terla y hace, a la larga, más grandes a las gran­des empresas. Las no reconvertidas, además de conseguir, a igual volumen de producción, unos resultados mucho más costosos, quedan al mar­gen de los nuevos procesos de circulación de los flujos informativos y precisan de un tiempo de edición mucho más largo. La crisis del sec­tor y el irregular y no siempre adecuado plan­teamiento de reconversión han producido un fenómeno de selección muy acusado, circunstan­cia que ha favorecido la concentración empre­sarial. Concentración que no se cierra en el es­tricto campo de la prensa, por cuanto se trata de aprovechar las posibilidades de las nuevas tecnologías en un abanico de producción multi­media; esto es, la explotación del negocio de la información y de la comunicación en todas sus dimensiones, medios y soportes.

Cabría pensar que la proyección empresarial multimedia puede favorecer el futuro del perió­dico. Frente a las dificultades del monocultivo informativo, la prensa aparece aquí integrada en un conjunto de soluciones informativas mejor coordinado, optimizado en sus posibilidades es­pecíficas como medio de comunicación, apoya­da en una infraestructura de producción más amplia, con una mayor rentabilidad en el uso de las fuentes y en sus derivaciones múltiplex de difusión informativa. Pero el carácter cada vez más diáfano de la información como nego­cio puede, a la larga, convertirse en una nueva amenaza para el periódico. El abaratamiento de los soportes electrónicos, sus usos publicitarios, sus ventajas en la carga y distribución de la in­formación, su inmediatez en la comunicación con las audiencias, etc., pueden llevar a las em­presas multimedia a descartar, por una escasa o nula rentabilidad, el empleo de un soporte que distorsione las perspectivas económicas del conjunto de actividades. El esfuerzo de supervi­vencia y de competencia, tanto en la oferta in­formativa como en la captación de los recursos publicitarios, se vería así profundamente altera­do en el marco de las unidades de producción globalizadas.

 

ESPECTACULO V. OPINION

 

Desde el punto de vista sociológico ‑hábitos y tendencias de los lectores‑ cabría asimismo hacer algunas consideraciones en torno al futu­ro del periódico. Tradicionalmente se ha consi­derado al periódico como un vehículo de opi­nión indiscutible ‑y lo es‑, como tratando de negar la capacidad del resto de los medios, he­cho que no suele corresponder en la práctica a la utilización intensiva de los audiovisuales en campañas electorales y de concienciación fenó­menos de máximo esfuerzo generador de opi­nión pública. La lectura fragmentaria de la prensa ‑un periódico de 60 páginas requiere un tiempo medio de unas siete horas‑ no pare­ce decantarse por la selección prioritaria de las opiniones editoriales. No resulta aventurado estimar que sólo un porcentaje menor de lectores, dentro del subgrupo de la audiencia que se in­forma a través de la prensa, consulta las pági­nas de opinión.

El alcance de la opinión periodística ha sido, sin duda, mitificado, tal vez por su valor rele­vante en tiempo pasado, especialmente en las épocas de acentuado pluralismo informativo y fuerte confrontación ideológica. Hoy, la impreg­nación de opiniones en la narración de la actua­lidad contribuye a la pérdida de credibilidad de la prensa, que así se aleja de la demanda de información objetivada por parte de la socie­dad. La audiencia cree conocer los resortes de la interpretación y el sesgo redundante de una definición ideológica o, peor aún, de una visión parcial y subjetiva limita el valor de la opinión como elemento sustantivo del medio impreso.

La convenida seriedad de la opinión se con­vierte en un consumo informativo "duro", cuando la información, por obra de los medios audiovi­suales, cada vez más adquiere un valor de "es­pectáculo" de la actualidad. Así, frente a quie­nes han sostenido la importancia del factor opi­nión como garantía de futuro del periódico, los diarios que hoy ofrecen una mayor difusión son, por contra, aquellos que en su diseño, fuerte presencia de imágenes, empleo de color, etc., se asemejan más a los medios audiovisuales. Buen ejemplo de esta afirmación es el diario norteamericano USA today, que en muy pocos años ha penetrado con gran empuje en el mer­cado, cuando la tendencia de lectura estaba en plena recesión. Los elementos gráficos, la agili­dad de su tipografía, la estructura dinámica, el lenguaje sintético, etc., descubren una vertiente comunicativa que dista bastante del concepto de periodismo de opinión.

El periódico USA Today parece encajar me­jor en el marco de la información "espectáculo" que domina en las sociedades escasamente ideologizadas de occidente. La función del di­seño gráfico cobra aquí un valor insospechado, que permite adaptar las posibilidades del so­porte impreso a nuevos códigos de visualiza­ción, de sugestión, de impacto y facilidad en la comunicación. De conexión, en definitiva, con las nuevas generaciones, habituadas ya a una dinámica comunicativa más ligera.

 

REDEFINICION DE LOS LENGUAJES

 

El lenguaje de la prensa ha evolucionado, sir. duda, porque la forma de representar la real¡dad sobre la que informa no es ya el discurso único de la actualidad. Los medios audiovisua­les aproximan a los hechos de forma directa, en muchas ocasiones sin necesidad de describir lo que las imágenes comunican. Hoy, a diferencia del periodismo anterior al desarrollo de la‑infor­mación audiovisual, la prensa suele relatar esas imágenes de panoramas conocidos. La econo­mía temporal de las audiencias, repartida en distintas alternativas de oferta informativa, re­quiere de lenguajes menos redundantes, de nuevas soluciones de comunicación escrita, tal vez más sintéticas, complementarias, indagato­rias de las zonas oscuras de la imagen.

Y aún ha de incidir sobre esa estructura del lenguaje la emergente presencia de los medios telemáticos, que soportan información alfanu­mérica, escrita, pero con una formulación de acceso y recuperación basada en una lógica distinta. Una lógica de consulta que crece en unidades fragmentarias y va de lo general a lo particular, con una solución selectiva más ajus­tada a la voluntad precisa de la demanda. Pro­blemas, pues, de códigos de comunicación que el propio discurrir de las nuevas tecnologías y los nuevos medios definirán, más allá de la es­peculación teórica que hoy caba insinuar.

En cualquier caso, como se insiste en la ge­neralidad de los análisis sobre el futuro de la prensa escrita, la supervivencia del periódico, al margen de su reconversión tecnológica, sólo puede ser concebida por un cambio o adecua­ción del lenguaje; por una presentación de la información más dinámica y visual: por una defi­nición de contenidos que refuerce las posibili­dades del medio y limite la redundancia infor­mativa en relación a otras ofertas; por la bús­queda de nuevas fórmulas de atracción vincula­das al horizonte de información y de ocio que parecen marcar el futuro próximo, sin olvidar las soluciones que permitan una mayor eficacia en la distribución. Soluciones desde la crisis y en ningún caso estimuladas por un optimismo que anticipe una recuperación pujante. Solucio­nes desde la tendencia a una reducción pro­gresiva del número de cabeceras, a una con­centración empresarial y una filosofía basada en la rentabilidad del negocio.

 

HABITOS Y TENDENCIAS

 

Las tendencias no registran precisamente una recuperación generacional del hábito a la lectura de la prensa. Es elocuente señalar que este fenómeno ocurre cuando la sociedad goza de un grado de instrucción medio más elevado y generalizado, a la vez que el consumo global de información es muy superior a tiempos pre­cedentes. Y esto no quiere decir que la palabra impresa no tenga un valor predominante en los procesos de formación. Lo cierto es que el pe­riódico no puede incluirse en los consumos in­formativos preferentes de las nuevas promocio­nes universitarias, representación cualificada de la juventud actual.

En un sondeo realizado entre trescientos alumnos de la Facultad de CC. de la Informa­ción de Madrid, rama de periodismo, más de un treinta por ciento decía no leer el periódico y sólo recibir información a través de la televi­sión y la radio; un veintiseis por ciento se decla­raba lector habitual del periódico, mientras que el resto se definía lector irregular, ocasional, de fin de semana, etc. En cerca del noventa por cien de los casos el periódico era comprado por la familia o consultado en la residencia es­tudiantil. Resulta inquietante que una publica­ción de reparto gratuido en la referida Facultad ‑Cinco Días‑ apenas consiga interesar a un reducido número de alumnos.

Hace quince años se realizó una encuesta si­milar en la desaparecida Escuela Oficial de Pe­riodismo de Madrid. Aún careciendo de los re­sultados precisos, sí cabe recordar que la me­dia de lectura por alumno era superior a dos periódicos / día. En década y media la evolución de la tendencia, en un colectivo homogéneo y definido vocacionalmente, descubre una regre­sión reveladora.

Entre las iniciativas desarrolladas en España en favor de una más amplia penetración social de la prensa diaria se encuentra la promoción del periódico en la escuela. Despertar en el niño un hábito que, años después, le convierta en lector de prensa. Aún en el mejor de los ca­sos, suponiendo que la promoción hubiese con­seguido resultados de interés, no cabe duda que los medios electrónicos han calado en los escolares con una "naturalidad" que en nada se asemeja al caso precedente. La utilización de los audiovisuales y el uso de los microordena­dores en las escuelas ha "revolucionado" la atención y el interés de los alumnos con una fa­cilidad que asombra a los adultos. Frente a la resistencia, desconocimiento y desconfianza, el hábito progresivo a sistemas rápidos y eficaces en la carga y recuperación de información o en la representación o simulación más directa de la realidad.

 

NUEVOS ESCENARIOS INFORMATIVOS

 

Sorprende, asimismo, comprobar cómo en los análisis sobre el futuro de la comunicación, el desarrollo de las nuevas tecnologías y las pros­pecciones sobre escenarios tendenciales no se contempla ‑en todo caso se hace de forma marginal‑ la concurrencia informativa de la prensa, al menos tal y como se concibe. En la amplia gama de medios y servicios se observa una generalización de la digitalización de los flujos y del uso para su transporte de nuevas y polivalentes redes integradas. En torno a esas nuevas "autopistas" de la comunicación se van articulando los usos que den sentido a las gran­des inversiones previstas. El desarrollo de estas redes inducirá, sin duda, a un consumo de in­formación que, en su vertiente de masas, refor­zará la penetración de las múltiples alternati­vas de los soportes electrónicos, incluidas aquí las soluciones facsimilares del periódico a do­micilio, de incierto futuro, ya que más bien pa­recen soluciones propias de todo período de cambio tecnológico, en los que la técnica no rompe del todo con modelos anteriores.

No se trata obstinadamente de preconizar la desaparición de una cultura literaria. La crisis de la prensa se produce cuando, con certeza, la sociedad conoce los índices de lectura más al­tos. Así como es de todo punto de vista arries­gado vaticinar la quiebra del soporte papel en la edición de libros, parece menos aventurada la afirmación en cuanto a los periódicos. En el caso del libro, especialmente en los temas na­rrativos o de ficción, el discurso es lineal y no cabe la lectura fragmentaria, con lo que el so­porte optimiza la dimensión del mensaje; el contenido es, en términos generales, intempo­ral. El carácter urgente de la información de actualidad diferenciada notablemente los futu­ros del periódico y del libro.

La información escrita perdura en los sopor­tes electrónicos emergentes como el videotex o el teletexto y la traslada por el cable telefónico las ondas hasta los domicilios, con la posibilidad complementaria de impresión local. Cuando se cifra en estos medios de comunicación telemáti­cos, que no se agotan en una función "periodís­tica", una alternativa seria a la prensa, son mu­chas las objeciones que los lectores de periódi­cos suelen hacer. Una, la dificultad de lectura continuada sobre pantalla; otra, la fragmenta­ción de la información en limitados formatos de visualización. Con una cierta perspectiva históri­ca cabría asegurar que la generalidad de las objeciones técnicas son propias de los períodos de experimentación y primeros desarrollos de los sistemas, superables hasta conseguir el ajus­te que favorezca la expansión de la demanda. ¿Cómo no recordar, por ejemplo, las objeciones al "milagro" de la radio de galena?

Lo cierto es que hoy se concibe, como pro­yecto cierto en el inmediato futuro de la comu­nicación, la conducción digital de los flujos in­formativos a domicilio, en esa simbiosis de in­formática y telecomunicaciones para usos masi­vos. En este sentido, la orientación tecnológica está cada vez más definida.

Parece, en fin, evidente, dados los intereses económicos en juego, que los programas de ex­pansión de las transnacionales de la informa­ción y la comunicación, cada vez más concen­tradas y emparentadas en la amplia gama de producciones de equipos y contenidos, han apostado ya decididamente por el desarrollo de los soportes electrónicos, dentro de una posi­ción general de impulso de las nuevas tecnolo­gías. Negarlo sería negar la evidencia de un proceso en curso, en el que la reconversión de la prensa, la producción electrónica del perió­dico, queda frenada al proyectarse en su sopor­te tradicional: el papel.

Otro enfoque de este esbozo de análisis, de este preámbulo especulativo sobre el futuro del periódico, es el de los efectos sociales, las nue­vas direcciones monoculturales que se vislum­bran tras el proyecto de "sociedad de la infor­mación", las expectativas inciertas de ajuste en­tre la demanda social de innovación e informa­ción y la oferta probable. En fin, el análisis críti­co común entre los teóricos que no se han deja­do seducir por las mercaderías del gran bazar de la llamada "revolución" tecnológica.

 

VULNERABILIDAD DE LA PRENSA ESPAÑOLA

 

En España la situación de la prensa no ha mejorado en los últimos años, pese a las cotas de libertad de expresión conseguidas tras el fi­nal de la dictadura, circunstancia en la que se habían cifrado las esperanzas de despegue en las tiradas de los periódicos. Nuestro país se enfrenta al reto de reconversión y superviven­cia desde la perspectiva de una realidad preo­cupante. La venta de periódicos no alcanza los 10 ejemplares por cada 100 habitantes, frente, por ejemplo, a los más de 40 que registran paí­ses europeos como Gran Bretaña o la República Federal Alemana. La tirada global diaria, inclui­dos los periódicos deportivos, se sitúa en torno a los tres millones de ejemplares, mientras que un sólo periódico alemán, el Bild Zeitung, supe­ra los cinco millones, o se alcanzan los cuatro millones en el británico the Sun.

La vulnerabilidad, pues, del mercado español ante la irrupción de los nuevos medios es ma­yor, por cuanto no se parte de un hábito conso­lidado de lectura de la prensa. En muy pocos años, pese a la crisis económica latente, el par­que nacional de vídeos ha alcanzado, con más de 9 aparatos por cada cien habitantes, la mis­ma potencialidad teórica de comunicación que el periódico.

Junto a los ocho periódicos que en 1984 supe­raban la tirada media diaria de 100.000 ejem­plares, conviven decenas de explotaciones mi­nifundistas. Más de la mitad de los diarios edita­dos figuran por debajo de los 25.000 ejemplares y una veintena de estos no alcanzan, los 10.000. Esta debilidad estructural dificulta los procesos de reconversión y, a medio plazo, anuncian difi­cultades de supervivencia o la absorción por parte de las empresas o grupos más asentados. Sin duda, en los próximos años se asistirá a un reforzamiento de la tendencia ya observada a la concentración y, con ello, a la limitación de las opciones teóricas de pluralidad. De hecho, los ocho diarios que superan los 100.000 ejempla­res de tirada, suman en su conjunto más del 40 por 100 de la oferta informativa de la prensa es­pañola, pese a que todos ellos, salvo los de nue­va aparición en los últimos años ‑El País, Dia­rio 16 y El Periódico‑ y El Correo Español‑El Pueblo Vasco, han registrado pérdidas de tira­da entre 1977 y 1984.

La reducida difusión global de la prensa es­pañola recorta sus posibilidades como soporte publicitario, especialmente en las campañas de carácter nacional de los grandes anunciantes. En 1983, de las 13 empresas que invirtieron más de 500 millones de pesetas en publicidad, 11 centraron su máxima presencia en TV y 4 de ellas destinaron más recursos a la radio que a la prensa. La probable aparición de nuevos cana­les televisivos, de carácter nacional, regional o local, así como la consolidación expansiva de la radio, supone una nueva amenaza sobre esta fuente de recursos de las empresas periodísti­cas, que, en algunos casos, alcanza el 60 por 100 de los ingresos totales.

Salvo en casos excepcionales y esperanzado­res, la situación económica de los periódicos es deficitaria en la explotación y ni las ventas, la publicidad o las ayudas estatales permiten su­perar las dificultades. A la crisis reseñada hay que añadir otro factor crítico que aumenta la debilidad del medio. La credibilidad de la prensa española es, en conjunto según las en­cuestras de opinión, inferior a los informativos de la radio y la televisión que, además, son gra­tuitos.

Pese al sesgo general pesimista que puede desprenderse del análisis, cabe añadir, no obs­tante, que a la prensa española le quedan aún muchas zonas inexploradas de penetración en el mercado. Toda solución de viabilidad, par­tiendo de una infraestructura tecnológica ade­cuada, debe asentarse en una atención a la de­manda real informativa, lo que la haría ganar en credibilidad. En un país mayoritariamente de­cantado hacia soluciones de cambio político, no existe una oferta periodística que atienda esa realidad o, aún mejor, sólo parece dominar una tendencia, muy politizada, que ejerce sistemáti­camente la oposición conservadora. Y, además de la modernización técnica, la de los conteni­dos. Modernización de lenguajes, de la imagen de la información a través de nuevos conceptos de diseño gráfico, de implicación de las audien­cias en procesos interactivos, etc. Soluciones que, en tiempos de crisis, permiten todavía un margen para la esperanza.

 

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