La tutoría académica

 

Entrevista con Ana Rosa Castellanos Castellanos

 

¿Qué debe entenderse por tutoría académica? ¿Qué relación guarda con actividades como la asesoría y la consejería? ¿Y qué conexión tiene con el campo de la psicopedagogía?

 

Podríamos considerar que la tutoría es un proceso de acompañamiento que se lleva a cabo durante la formación, tanto en el nivel medio superior como en el profesional y en el posgrado. Este acompañamiento concibe la educación como un proceso de formación integral del sujeto. En ese sentido, la tutoría es un concepto muy amplio que no solamente comprende posibles acciones de asesoría, sino también la interacción entre el tutor y su tutorado o tutorados con respecto a elecciones de tipo vocacional, elecciones con respecto al campo de ejercicio profesional y, en el caso del posgrado, aspectos como la influencia de la participación del tutor en relación con la toma de decisiones sobre líneas o proyectos específicos de investigación. De esta manera, la tutoría se plantea como un proceso de acompañamiento pero atiende también a la organización del programa de trabajo del alumno en su totalidad, no solamente para algunas acciones específicas, sino también en el programa entendido como el mejoramiento de la calidad de los estudios del alumno en sus aspectos más globales.

 

Se habla mucho de que la tutoría está ligada a una idea de mejoramiento de la calidad de los procesos educativos; este mejoramiento estaría enfocado precisamente hacia la integración de una serie de factores en la relación educativa. El más importante de ellos ubica al alumno y la relación educativa como un modelo centrado en el aprendizaje del alumno, de tal manera que la tutoría tiene como fin favorecer procesos de autoaprendizaje en el alumno, y cuando se hace tutoría grupal, favorecer en los grupos un trabajo de carácter autogestivo.

 

En lo que respecta a la relación que tiene la tutoría con los aspectos de carácter psicopedagógico, podemos señalar que el tutor debe tener no tanto una formación o una especialización en el campo de la psicopedagogía o de la pedagogía, pero sí nociones y herramientas de carácter general. Esto le permitirá identificar los problemas de aprendizaje de manera amplia, así como para determinar si éstos tienen origen psicológico o si son causados por otras situaciones, como por ejemplo, los climas o los ambientes de aprendizaje que se dan en los espacios escolares. En ese sentido, el tutor requiere una formación genérica en estos aspectos que le ayude a desarrollar su capacidad de análisis, de autocrítica y a reconocer qué obstáculos detienen el avance de la formación de los alumnos. De igual manera, debe manejar una serie de instrumentos de diagnóstico, no porque vaya a intervenir y hacer un proceso de atención psicopedagógica como tal, sino para que le permitan identificar determinados elementos, tanto de actitud como de conducta, y poder derivar a un especialista los casos problemáticos que así lo requieran.

 

Esto nos trae a colación el tema de la relación entre el profesor y el especialista, quizá más precisamente, entre el profesor y el psicólogo escolar o educativo; y nos lleva también al tema de la "tensión" que hay entre los roles de profesor y de tutor. Por un lado, pareciera que el tutor no sustituye al psicólogo escolar, por lo menos en los modelos psicopedagógicos tradicionales, y lo que se intenta es que el psicólogo o especialista se involucre cada vez más en las actividades áulicas, de tal manera que vaya desapareciendo esa división entre el especialista y el maestro… Digamos que la idea es caminar hacia la conformación de un "clima escolar" en el que el psicólogo tuviese como principal función no solamente atender casos especiales o críticos, sino desarrollar estrategias de apoyo al proceso formativo, a la docencia y a la labor tutorial por medio de, por ejemplo, talleres para el autoaprendizaje, talleres de análisis de problemas de conducta, etcétera. Digamos que el psicólogo podría realizar acciones de tipo preventivo que no le implicaran tener que dar una atención individual en los futuros casos críticos, sino que esta misma actividad, si lograra hacerse permanente, generaría un clima de trabajo educativo distinto, de tal suerte que en un momento dado la relación entre psicólogo y docente, entre psicólogo y tutor, sería una relación de complementariedad.

 

En cuanto a las diferencias entre el docente como experto en la materia y el tutor, digamos que se trataría de que un mismo académico sea a la vez un experto en su campo y un tutor competente. Se trata de figuras complementarias, una no suple a la otra, se complementan entre sí; de hecho lo ideal es que todos los profesores sean expertos en su campo y puedan dar asesoría específica, pero a la vez que estén trabajando en la labor tutorial con los alumnos a él asignados. La diferencia entre una y otra radica en que la asesoría se hace en tiempos definidos y con atención específica a una necesidad disciplinaria; la tutoría, en cambio, es permanente, es una labor de acompañamiento desde que el alumno ingresa hasta que egresa de su formación en el nivel en que se encuentre. De este modo, la relación que se establece entre tutores y alumnos tutorados es de carácter más cercano a la que pueden establecer los alumnos con un asesor particular, ya que, una vez que termina la asesoría, concluye el vínculo y los alumnos pueden regresar con su tutor asignado. Por ello, es importante que una vez que se establece el vínculo entre tutor y tutorados se defina claramente si entre ambos hay suficiente confianza para garantizar la armonía en esta relación a largo plazo; de lo contrario, debe haber mecanismos para que el alumno pueda acercarse a otra figura que pueda fungir como tutor.

 

¿Se trataría entonces de una especie de "padre sustituto"?

 

No. No se trata de un padre sustituto porque el tutor no hace una labor de cuidado o de afecto en el desarrollo del sujeto, sino que se limita a atender una labor de desarrollo de los procesos formativos en el campo escolar. Se trata de un apoyo para orientar; en ese sentido, sí hay una labor de orientación educativa permanente, entendiéndola como una orientación escolar y vocacional amplia. Si el alumno tiene problemas de carácter afectivo, puede ser que encuentre confianza en el tutor para tratarlos, pero éste no se los va a resolver, en todo caso puede orientarlo para que acuda a recibir atención especializada a un gabinete psicopedagógico, a través de atención médica, o puede incluso que se requiera la intervención de los padres. No es su función resolver problemas de carácter emocional o afectivo, los puede identificar o derivar, pero no los va a remediar.

 

Parece que esta función se ha desarrollado más en determinados niveles escolares, como el medio superior y el superior…

 

La tutoría también tiene un peso muy fuerte en el posgrado, y en muchas instituciones educativas se ha desarrollado con mayor fuerza en el posgrado; en este nivel el tutor se convierte en un acompañante para el proceso de investigación. En el caso de los niveles medio superior y superior, la tutoría está ligada a la atención del bajo rendimiento escolar, el rezago y la deserción, fenómenos que frecuentemente ocurren porque los alumnos están desorientados y usualmente en el espacio escolar no encuentran respuestas a experiencias personales o se han formado expectativas que la escuela no cumple. Parte de la labor del tutor es detectar estas problemáticas en el desempeño del alumno, las cuales pueden tener distinto origen, desde aspectos psicológicos, factores socioeconómicos, familiares, de adaptación al medio, etcétera. Por ejemplo, es frecuente encontrar alumnos que vienen de sectores rurales al sector urbano que presentan problemas de adaptación muy fuertes; por ello, es importante ayudar a los estudiantes a mejorar su capacidad de aprovechamiento y proporcionarles una mayor seguridad en el espacio escolar.

 

¿Cuáles son las dificultades que el sistema o el modelo escolar tienen para poder albergar la tutoría en su estructura?

 

Podría identificar algunas. La primera es que necesitamos una mayor capacidad profesional por parte de los académicos, que reconozcan su labor de una manera mucho más profesional, que recuerden que no basta ser muy bueno en la disciplina, también deben acercarse a muchas otras áreas del proceso educativo que les van a dar más herramientas para realizar mejor su trabajo. Éste sería uno de los problemas, el cual se va subsanando con una adecuada formación y capacitación de los académicos.

 

Otro problema de carácter estructural es que nuestras instituciones no están debidamente organizadas en el campo administrativo para darle a la labor tutorial los medios y los sistemas de información que requiere. Ésta es un área que apenas se está generando.

 

Un tercer aspecto es que hace falta también una infraestructura física y de diseño de espacios idóneos, así como la posibilidad de que los profesores tengan muy claro cuáles son todos los servicios de apoyo académico que pueden ser utilizados por los alumnos y las formas en que ellos pueden orientar a los alumnos en, por ejemplo, el uso de bibliotecas, la utilización de servicios de cómputo y laboratorios, de centros de autoacceso y de autoaprendizaje, a los que muchas veces los alumnos no acuden porque no saben cómo utilizarlos.