El tiempo y su metabolismo en metodología de investigación.

 

Jesús Galindo Cáceres

 

La matriz de la investigación contemporánea está conformada por la lectura y las condiciones que la posibilitan y la hacen eficaz. El mundo aparece como un gran texto por descifrar, y el lector atento y paciente será el único que podrá obtener alguna clave de su observación cada vez más precisa y observada. Sí, observaciones observadas, ésa es la clave de la metodología actual. Los investigadores se ocupan en comprender y aprehender todos los componentes de su observación, saben que de ella se derivan los datos que obtienen, saben que en ella se construyen las imágenes que aparecen del mundo. Lectura, observación que observa, miradas que miran como miran mirando. Todo ello configura los apuntes metodológicos y tecnológicos para la investigación. Pero, ¿cuál es el sentido de todo ello?

El tiempo. Somos seres que se mueven en el tiempo, en la duración, en el desgaste continuo, en la danza de la vida frente a la muerte. La entropía es nuestra forma de existencia, todo tiene una fecha de caducidad, el universo entero se apaga y, sin embargo, la vida se regenera, la mente vence al caos y lo despliega en orden y armonía. Ése es el reto de la ciencia, vencer al tiempo, entender antes de que sea demasiado tarde, sintetizar en lo poco la cualidad de lo mucho. La sistémica ha acudido en su ayuda en las últimas décadas, el trabajo no cesa; por una parte, la mirada hacia los elementos que componen el todo y la parte y, por otro lado, el esfuerzo de integrar, de unir elementos en unidades analógicas de sentido. Dos procesos, dos movimientos para atrapar el tiempo y su proyecto de muerte, la mente que aprende a dialogar con lo extenso e inmenso, a interactuar en la coreografía de la complejidad.

Metabolismo de la información y la comunicación

La percepción del tiempo es el vector principal del procesamiento de información. En la investigación social lo que se busca es el tiempo sintetizado de comportamientos y acciones. Observemos con calma la situación. Todo registro de datos conlleva una escala temporal de pertinencia. Se registra lo correspondiente a un momento dado. El investigador sabe que lo obtenido tiene valor sólo en el referente temporal que representa. Si quiere una visión más amplia en el tiempo necesita construir una serie de observaciones para proponer una tendencia, una trayectoria en el comportamiento, incluso llegando a extrapolar la serie más allá de sus referentes, cuando la tendencia es muy marcada. Aun así, el investigador sabe que su conocimiento está restringido a las series observadas, y que necesita más observaciones para moverse fuera de sus límites.

Éste es el límite de la observación, su registro hace referencia sólo al comportamiento particular observado. El sistema de información construido previamente permitirá que esa observación puntual pueda generalizarse o extenderse más allá de su connotación inicial. Ese sistema de información es un mapa de representaciones temporales de los comportamientos. En cierto contexto permite afirmar que tal situación se presenta en tales condiciones, pero también en otras. Es decir, permite que el tiempo extenso de lo social se sintetice en una imagen que abarca lo posible dentro de los marcos de lo pertinente. Así, la teoría, como sistema de información más elaborado, define sus afirmaciones dentro de los límites de los casos observados, y bajo el riesgo de no generalización que el investigador ensaya. La teoría puede ser invalidada por otras observaciones y relaciones explicitadas a partir de nuevas observaciones. La carrera contra el tiempo social es constante.

Cuando aparecen las interacciones sociales en un sentido constructivo, el tiempo tiene nuevas y urgentes dimensiones. Un grupo que ensaya tecnologías para percibirse en acción, requiere de una multiplicación de sus miradas hacia el presente, el pasado y el futuro. Esto demarca la necesidad de poner en común todas esas visiones sobre el tiempo percibido, lo cual no es un problema menor. El corazón de las tecnologías de comunicación es la configuración del tiempo social en comunidad, trátese de un grupo o de otro orden de agrupación colectiva de mayores dimensiones, como un barrio o una población en su totalidad.

El asunto del metabolismo de la comunicación es la velocidad con la que el tiempo social puede ponerse en común. En ciertos contextos existen condiciones culturales que permiten un movimiento acelerado hacia el acuerdo e incluso el consenso. En otras condiciones es más difícil el diálogo y complicadas las circunstancias, para interactuar hacia una visión compartida del tiempo acontecido y por acontecer. En los sistemas de comunicación las condiciones para el diálogo establecen la diferencia entre el avance o no avance en la autorganización de los sistemas sociales.

El tiempo aparece en los sistemas de información como la necesidad de configurar una trayectoria de acontecimientos a partir de la mejor y más adecuada información. Se trata de construir mapas de la vida social desde un punto de vista que la organice desde las categorías que la componen, hasta las relaciones entre ellas y las esquematizaciones de lo posible en la imagen más económica. El tiempo se sintetiza en un esquema o modelo de representación. En los sistemas de comunicación estas condiciones se complican con los diversos puntos de vista que requieren acuerdo. Así, el tiempo en la comunicación se mediatiza por la interacción discursiva, que permite visiones comunes a partir de visiones múltiples.

 

Representar e intervenir

En la investigación social existen dos formas básicas de trabajo: representar e intervenir. En la primera se busca construir sistemas de información que representen a la vida social; es decir, que permitan percibir en ausencia al mundo que se pretende conocer. Esto se lleva a cabo mediante una forma semiótica elemental de convención simbólica; lo que aparece en el sistema de información como una categoría, está en referencia con algo que aparece en el mundo social y que lleva ese nombre. En la segunda, intervenir, la actividad de investigación se dirige a construir relaciones, a modificar las existentes, a configurar interacciones que muevan el mundo social en forma distinta al estatus previo a la intervención. El objetivo entonces son los sistemas de comunicación, la trama misma de las interacciones sociales construyendo el mundo. Así, representar es construir textos que se refieren a un mundo social externo a ellos y presente semióticamente en su tramado categorial; intervenir es construir relaciones sociales del mismísimo mundo social mediante la acción en ese tramado social vivo.

El tiempo de la representación es un tiempo pasado, todo lo que aparece en un sistema de información está ahí después de un momento de observación y registro, es decir, ya pasó. Lo que muestra un sistema de información es un tiempo pasado presentado como actual. Pero el mundo social ha continuado moviéndose y cambiando. Y ése es el límite básico de representar: el cambio, la continuidad en la constructividad social. Este tipo de investigación necesita configurar trayectorias, de ahí su apuesta de que lo que ha sido puede seguir siendo, lo que fue es una premisa para conocer lo que es ahora o lo que será. Por un lado, la humildad del caso único registrado, por otro lado, la ambición de generalizar a partir de pocos registros.

Intervenir también tiene el problema del cambio, pero en otro sentido. Representar necesita que el mundo cambie poco, o ajustarse al movimiento del devenir en una carrera de apuntes y modelos para introducir al cambio en un circuito de previsibilidad, de la ley, o del vértigo de la información casi instantánea, un momento de registro casi simultáneo entre la observación y la presentación analítica. Su mundo es el de la información. En cambio la intervención se mueve dentro del proceso mismo del cambio, lo monta, lo produce, lo acompaña, no busca tomarle fotos sino ser parte de la acción misma fotografiada. Esto plantea una gran diferencia entre un tipo y otro de investigación. La primera es más tradicional, el tiempo de la acción está mediado por la lectura de la información sintetizada después de un análisis, registro y observación. La segunda es una línea de acción directa, que pone la información al servicio de la eficiencia. En cierto sentido, toda investigación para representar interviene, pero después del sistema de información; y toda investigación para intervenir requiere de sistemas de información que la hagan más eficiente en su acción. Lo que sucede es que la representación termina en el momento que hay un sistema de información, y la intervención logra su objetivo cuando su acción modifica el mundo objeto. Una está preñada de formas, la otra de acciones, no son excluyentes, pero no son lo mismo.

Otro dato pertinente es que el tiempo se maneja en forma diferente en una y otra. En la representación el investigador está por fuera del tiempo social, lo mira desde el exterior, desde otro tiempo paralelo; en ese otro canal sus acciones responden sólo al trabajo de configurar sistemas de información. En cambio, en la intervención el tiempo social y el tiempo del investigador son el mismo, se mueven en el mismo canal; cualquier efecto de la información o la comunicación afecta a la totalidad del proceso.

 

El investigador como metabolizador del tiempo

El investigador toma las decisiones, conduce el proceso de la indagación, configura los programas metodológicos, ajusta los recursos tecnológicos, observa, reflexiona, actúa. El investigador es el centro de la metodología de investigación. Sus necesidades son múltiples, debe hacer cálculos matemáticos, proponer planes de acción administrativos, decidir los marcos conceptuales de lectura. La investigación es un proceso lógico técnico, y a la vez también un proceso administrativo financiero. El investigador es un lógico, un metodólogo, un lector eficaz, un administrador, un ingeniero de sistemas, y también un poeta. El trabajo de investigación supone todos esos saberes y otros más. Con bases sólidas y un tiempo de maduración parecido al del vino, el investigador emerge como un operador competente de todos los oficios que requiere integrar. Y entre estos oficios, en el centro está su percepción del tiempo social.

El espacio social es más fácil de trabajar, tiene una lógica mecánica. Se basa en el supuesto de una representación como icono de la vida que refiere. La visión espacializadora no reconoce al tiempo, lo reduce por simplificación práctica o técnica. Como sea el resultado, es un mundo fijo y estable o que aparece con esas condiciones. El movimiento y el cambio son enemigos de las visiones espacializadoras, éstas buscan un mundo estático y en consecuencia vigilan que así permanezca; valoran la inmovilidad como una cualidad que debe conservarse. Aunque los planteamientos requieran el cambio, si una investigación sólo espacializa la vida social, desaparece el movimiento, con lo que esto implica para la percepción. El tiempo siempre aparece como un problema para las miradas constructoras de lo estático, un problema que no siempre se resuelve con pertinencia.

El investigador se enfrenta al tiempo en la observación, en el registro, en el análisis y en la lectura final expresada. El punto es hasta dónde es parte de su competencia técnica tanto en el manejo de información como en la participación interactiva del proceso de comunicación. El asunto no es poca cosa, hasta hoy las representaciones del movimiento social son series de fotos fijas que juntas promueven la sensación de acción, como en el cine. Digamos que la capacidad para tomar esas fotos fijas es la diferencia entre un buen manejo técnico de la representación y uno pobre. Pero está el problema del montaje, de la edición, de la selección de la serie que mostrará lo que el tiempo social hace a la vida: cambiarla. Y por otra parte está el mundo analógico de las representaciones, la narración, el relato, el discurso vivo que habla sobre lo que sucede y edita en código cultural lo que cambia y lo que permanece. Todo esto se complica y se puede mirar bajo una lupa técnica.

La pregunta es ¿cómo miramos al tiempo, cómo lo entendemos? Desde una perspectiva mecánica, el problema está resuelto, las series de registros y la virtualidad del movimiento, la configuración de trayectorias digitalizadas que muestran un antecedente y un consecuente. Pero aún falta la visión cuántica y sistémica del asunto. Por una parte la visión honda de la vida social, los mundos posibles; por otra, la visión que busca integrar lo disperso, conectar lo aislado en sistemas abiertos. El tiempo aparece en los investigadores según sus hábitos perceptuales y según sus hábitos de acción técnica. Así, por ejemplo, la investigación compleja supone una reflexividad que desdobla al tiempo en miradas que se miran mirando, lo cual abre las posibles configuraciones de lo representable, y pone en el centro a los sistemas de comunicación como lugar por donde circulan y se encuentran estas múltiples miradas. La investigación se convierte así en un proceso de comunicación más que de información y el investigador en un participante, mas no en el protagonista principal.

Nota final

Al percibir el tiempo social desde un exterior construido por un método, la investigación de la representación permite la distancia reflexiva sobre el tiempo social. Es muy distinto a que se suponga que el mundo social es lo que esas representaciones muestran y sólo eso. En este péndulo conceptual se arma la pertinencia de la investigación de la representación con sus sistemas de información. Es muy útil, es necesaria, colabora a que la percepción social general sea enriquecida por el espacio tiempo simplificado. Pero esto no implica renunciar a la complejidad del tiempo social en su composición misma por los actores sociales mismos. Es decir, los sistemas de información pueden ser construidos con la participación de la reflexividad social de actores particulares, eso también enriquece la percepción social general. Pero para que esto suceda se requiere un sistema de comunicación que facilite la circulación de percepciones y miradas particulares, su encuentro, su confrontación, el diálogo, la concertación, el acuerdo, el disentimiento, la discusión. La investigación entonces adquiere su proyección más ambiciosa: participar en forma directa en la construcción de la vida social.

El asunto es técnico, la encuesta tiene límites y condiciones de uso, la etnografía también. De ahí la necesidad de diversificar las formas tecnológicas de construcción de conocimiento social por representación, al tiempo que se vinculan estas formas con las de la intervención, como el socioanálisis, la investigación acción, las sesiones de grupo, entre otras. Pero el asunto también es político; vincular sistemas de información con sistemas de comunicación supone un proyecto social distinto al que implica el solo uso de sistemas de información para unos cuantos. De ahí que el mundo por venir en el ciberespacio abra posibilidades nunca imaginadas.

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Artículo publicado en la revista Educar

Número 12 Metodología Cualitativa

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