LOS ESTUDIOS DE GÉNERO Y LA EDUCACIÓN .

 

Cristina Palomar*

 

¿Por qué surge la necesidad de debatir o investigar el asunto del género en las disciplinas y campos sociales?

 

Después de una serie de desarrollos teóricos que partieron de las posiciones feministas, de la llamada "segunda ola del feminismo" en los años setentas, se formuló esta nueva categoría de análisis denominada género, que demostró ser muy potente para el análisis de diferentes fenómenos sociales. Esta categoría introduce la idea de que ser hombre o ser mujer es una cuestión construida culturalmente y no es un rasgo que se derive directamente de la pertenencia a uno u otro sexo, que el hecho biológico de ser hombre o ser mujer no incluye todo lo que el papel social designa a cada uno de los sexos. Aquí habría que ver cómo cada uno de los campos de la investigación social van desarrollando e incorporando esta categoría, además de la manera en que se elabora socialmente en cada cultura, esto es, cómo se asignan diferentes papeles, posiciones y lugares a los hombres y las mujeres, generando un sistema, por lo regular muy desigual y muy desequilibrado, de posibilidades y oportunidades.

 

 

Da la impresión de que en las posturas que asumen esta categoría la posición del hombre no aparece o, si lo hace, está desvalorada. Pareciera ser que el asunto del género es una asunto de mujeres, no de hombres...

 

Es una pregunta muy interesante y que resulta naturalmente de la observación de este campo, porque finalmente los estudios de género incorporan tanto la feminidad como la masculinidad. Lo que pasa es que la tradición de la que nacen los estudios de género es la tradición del feminismo y, en un primer momento, los estudios feministas necesariamente se enfocaron a perfilar lo que era la situación de las mujeres en las diferentes campos sociales. Esto tenía también una intención teórica: la de fundar un nuevo sujeto de la sociología, un nuevo sujeto de la historia, que estuviera marcado por el género, porque no era lo mismo hablar de un sujeto sin sexo que hablar del mismo una vez que se le hubiera identificado como hombre o como mujer. Lo interesante es que primero se descubrió a la mujer como entidad separada de ese sujeto y lo que vino después fue el reconocimiento de que al dividir al sujeto supuestamente asexuado, no nada más encontramos a la mujer, sino que también se descubre al hombre como objeto de estudio. Al relativizar esa idea de sujeto sin sexo y, al marcarlo con el género, el hombre también adquiere una categoría de objeto de estudio como la mujer, igualmente construido por la cultura. Antes se pensaba que si lo femenino se subordinaba a lo masculino, entonces había que estudiar a las mujeres porque eran las "raras", las "otras". Una vez que los dos sexos se observan como objetos culturalmente construidos, lo femenino y lo masculino son susceptibles de ser estudiados como productos de una construcción cultural.

De todos modos, la cantidad de estudios sobre masculinidad es menor que los de las mujeres. Creo que esto tiene mucho que ver con esta especie de inercia, de considerar que los hombres no tienen por qué ser estudiados si "siempre han sido lo que son". En este momento hay líneas muy importantes de investigación en torno a la masculinidad, tanto en cuestiones de subjetividad, como en lo relativo a la paternidad, en cuanto a la vida reproductiva y otros campos. En otros países, sobre todo en los anglosajones (como Estados Unidos e Inglaterra) hay muchos avances y líneas editoriales completas sobre cuestiones de masculinidad.

Aquí todavía sucede que, si un hombre se pone a hablar de cuestiones de género no es bien recibido y esta es una de las razones por las que creo que seguiremos siendo mujeres las que estamos insistiendo en estos temas. Parece que somos las que más tenemos que "ganar", pero creo que los hombres también ganarían muchísimo: tendrían una situación mucho menos estresante, exigente, agobiante y esto lo hemos visto en el área de la salud, cómo los hombres padecen problemas de salud muy ligados con su rol de género, con esta exigencia de ser los que siempre proveen, los que siempre lo soportan todo, los que no expresan sus emociones, que tienen que ser fuertes, no abrazar niños, etc. En la ciudad de México ya hay varios grupos de hombres constituidos para apoyarse unos a otros, por ejemplo, grupos de hombres golpeadores, que han tenido problemas de violencia con sus mujeres y, un poco como los grupos de alcohólicos anónimos, se dedican a reflexionar sobre sus problemas y sus relaciones afectivas con sus parejas.

 

 

¿Cuáles son los productos más significativos que ha habido respecto a los estudios de género?

 

Hay una línea muy importante que ha tenido mucho impacto, sobre todo en el desarrollo de las políticas públicas, que es la asunto de la salud y, particularmente, la salud reproductiva. Este campo es una de las prioridades de las agencias internacionales que financian proyectos de desarrollo e investigación. Otro es el de la educación y el de la participación en la vida pública, la participación de mujeres en las instancias de decisión, de participación política directa, los cuales se han impulsado de manera importante.

No sucede lo mismo con la academia. En la academia privilegiamos otros campos que se diferencian de los que se privilegian en la militancia o en la intervención más directa. Por ejemplo, en el proyecto del Centro de Estudios de Género de la Universidad de Guadalajara, las cuatro áreas que abrimos fueron la Subjetividad y Género, toda esta manera en la que el sistema de género es incorporado en los sujetos y puesto en acción a través de las prácticas sociales; otra es Salud y Población; otra es Comunicación e Historia (en la cual había algunas puntos de contacto con la educación) y la última es sobre las Estructuras de Poder (que ahí entraban asuntos como la participación política, los movimientos sociales, etc.). Con esas cuatro líneas, abarcábamos en lo académico lo que nosotros considerábamos como las áreas más importantes de investigación. Por supuesto, en términos de programas de desarrollo, existen muchas otras áreas. En el documento de la Cuarta Conferencia sobre la Mujer se enmarcan doce esferas de preocupación de los organismos internacionales acerca del género. En este foro se dio una discusión muy importante alrededor del concepto de género; hubo algunas posiciones, sobre todo la del Vaticano, que se negaban a que se utilizara la palabra género, que seguían insistiendo en en que se usara la palabra "mujeres" en lugar de "género", y que no entendían que no era nada más una insistencia política en el uso del término sino una necesidad conceptual para poder incluir también las relaciones con los hombres. Pero ellos tenían el miedo de que en el género se introduce, sin que uno note, la cuestión de la homosexualidad, que es algo que les asusta.

 

 

Hablando en términos de lo educativo. ¿Cuál es el papel que desarrollan los profesores y los padres de familia en este tema...

 

La cuestión de los estudios de género en el campo de la educación abre un abanico muy amplio de posibilidades. Por un lado, no se restringe al ámbito de la educación formal, sino que incluye también la socialización de género, en la cual no se puede descuidar el papel que tiene la familia en la formación de los diferentes roles sexuales, en donde a las niñas se les pide servir a sus hermanitos y a ellos no se les inculca lo contrario, el tipo de juguetes que se separan por sexo, el regañar a los niños si utilizan muñecas, el forzar a las niñas a hacer determinadas actividades que, inclusive en términos físicos, van formando cuerpos distintos, por ejemplo, meter a las niñas a clases de ballet, etc. Se trata de una socialización más amplia que va de la escuela a la casa y viceversa, casi siempre de una manera muy consistente en términos de los modelos que se manejan en ambos espacios.

En la escuela hay diferentes flancos de trabajo en los estudios de género. Uno de ellos es el del curriculum, de los contenidos que se enseñan, el uso de las imágenes que tienen que ver con uno y otro sexo, y este ha sido una lucha de muchas mujeres aquí en México que critican los libros de texto (de los anteriores, sobre todo: ahora han cambiado bastante), en cuanto a la reproducción de los mismos estereotipos de las mujeres como si nada más fueran madres y como si nada más estuvieran metidas en la casa sin desempeñar otro papel. Hay otros fenómenos que están relacionados con la educación como, por ejemplo, la proporción altísima de mujeres que forman parte de la planta educativa en los primeros niveles, proporción que se invierte conforme se asciende en los niveles educativos. Otro aspecto se refiere a aspectos más sutiles y menos formales, por ejemplo, el uso del espacio en los tiempos libres, en los recreos; cómo se usan los espacios comunes, los patios, cómo los niños desplazan a las niñas a las áreas marginales por ocupar los espacios centrales para jugar deportes. Y las niñas aprenden a jugar cosas muy quietas, como los juegos de manos. Se han tratado de hacer experimentos alterando esta relación, confinando a los niños a espacios marginales y proporcionándoles a las niñas los espacios centrales y se ve que las niñas ciertamente desarrollan la posibilidad y el gusto por otros juegos más libres como los que en general tienen los niños. Hay diferentes estudios sobre cómo se asignan responsabilidades diferentes a niños y a niñas en los salones de clase, cómo son los criterios de rendimiento que se piden a ambos sexos (pareciera que es uno solo pero en la práctica se observa que son diferentes: más limpieza a las niñas, menos limpieza a los niños) etc.

El campo de lo educativo es amplísimo y está atravesado por muchas desigualdades. Marta Lamas ha insistido en que la propia estructura del aparato educativo está basada en una visión de género muy injusta y desequilibrada. Por ejemplo, los horarios. Si una mujer es profesionista y trabaja, muchas veces la obligan a salir de su empleo a las once de la mañana a recoger a los niños porque hay junta de maestros o recogerlos a la una y media, cuando el horario laboral generalmente termina a las tres. Esta es una situación muy complicada para las mujeres. No se piensa en la posibilidad de diseñar aparatos educativos como los que existen en países de Europa, donde los niños salen de la escuela habiendo comido y habiendo realizado su tarea. Así, cuando la mujer sale a recoger a los niños, el tiempo que comparten es un tiempo de calidad. Esta estructura permite que las mujeres se desempeñen como profesionistas y puedan incorporarse al mercado de trabajo sin tantas restricciones y no las observa exclusivamente en su rol de mamás, ni las subordina a los tiempos escolares. Todos estas situaciones aparentemente triviales, en términos de género son muy importantes para cambiar los estereotipos mismos de los niños.

 

 

¿Cuál podría ser una aportación de los estudios de género a la escuela?

 

Me parece importante incluir en la capacitación de los profesores un espacio de reflexión, un trabajo más a nivel personal con los docentes, que les permita ver cómo se traducen en la práctica educativa determinadas posiciones no pensadas o no reflexionadas que tienen que ver con desigualdades de género. Esta cuestión, por ejemplo, de cómo se trata o cómo se exigen diferentes cosas a niños y a niñas, cómo se castiga más a los niños, menos a las niñas, toda esta práctica que no tiene que ver estrictamente con el curriculum. Uno se encuentra maestros, y maestras también, que son capaces de cuestionar lo que está en los libros, pero que en su práctica personal siguen reproduciendo esta inercia social; entonces, los niños se enfrentan a una situación muy contradictoria. La idea sería realizar una formación más integral, reflexionar sobre la práctica real de los profesores, lo que sucede en lo cotidiano en la relación con los alumnos en todos los niveles escolares. Esta reflexión sobre lo que ocurre personalmente en los profesores en relación con las cuestiones de género antecede y sobrepasa el campo de lo educativo. Es comprometerte a pensar esta situación en todos los sentidos: cómo son tus relaciones de pareja, cómo las relaciones con la madre, con los hijos... Eso necesariamente te conduce a pensar en términos educativos, en lo que uno hace en la práctica sin darse cuenta.

Hay otro factor muy importante en los niveles educativos más altos que tiene que ver con el acoso sexual, sobre todo en la educación media y el nivel universitario. Este fenómeno en el ámbito educativo, por lo menos en nuestro país, es importantísimo. Algunas feministas mexicanas han estado luchando por lograr lo que en otros países, por ejemplo en Estados Unidos, se ha logrado establecer a nivel de leyes: la prohibición de relaciones amorosas entre maestros y alumnos, por las implicaciones de abuso de autoridad que a veces conlleva ese tipo de relaciones.

Justamente, en este ámbito normativo, una de las preocupaciones centrales de la Conferencia de Pekín fue el de lograr convertir en leyes algunas cuestiones, por ejemplo, ésta de discriminación de mujeres para acceder a ciertos niveles o determinados campos de estudio (hay lugares en los que por el sólo hecho de ser mujer se cierra la posibilidad de acceso a un campo de estudio o a un nivel educativo). En esta conferencia se formuló una declaración en la que se pidió a los países que estaban convocados a firmar el compromiso de legalizar la no discriminación de las mujeres en todos los niveles educativos y en todas las áreas. En nuestro caso, es importante saber que estas propuestas sí funcionan, cuando se introducen de manera inadvertida pero firme en la normatividad.

 

 

Esta situación está relacionada con la presencia femenina en las instancias de decisión...

 

Ciertamente. En algunos países se ha avanzado mucho, sobre todo con el sistema de cuotas, que exige que haya determinada proporción de mujeres en los órganos de representación política. Aquí sigue siendo muy poca la presencia de las mujeres. Incluso, las que existen en los ámbitos de representación pública, algunas veces acaban por apoyar posiciones muy discriminativas ya que, . como son tan pocas, por la propia dinámica del poder y el margen de movimiento tan escaso, se ven obligadas a plegarse a posiciones que de otra manera no apoyarían.

 

 

Hiciste una distinción entre socialización y educación formal ¿Dónde se articulan esos espacios?

 

Yo diría que donde se articulan finalmente es en el mundo social. Esto es, hay una coincidencia tal en el manejo de los estereotipos, en la reproducción de los roles en las prácticas marcadas por el sistema de género, que el resultado nos resulta muy armónico y en la práctica social se asume de una manera aparentemente muy natural. La socialización de género que se da en las familias convencionales, también se reproduce de una manera muy natural en la escuela y es apoyada por los materiales didácticos, por los roles de los maestros y por la discriminación del sistema escolar. Finalmente, como señala Bourdieu, la sociedad parece reforzar lo que el propio mundo social produce. No tenemos una cultura que nos permita ver con claridad lo arbitrario de la producción de las prácticas de género, la posibilidad de modificarlas, de construir otras maneras de convivencia entre los sexos.Es en esa aparente naturalidad en la que se juegan las prácticas sociales marcadas por el género, donde se articulan el ámbito de lo educativo y el más amplio de los asuntos sociales.

 

 

En educación básica las responsables de la educación son mujeres y, sin embargo, el tipo de formación no varía mucho en relación a lo que sucede en los niveles más altos, donde la figura principal es profesor varón...

 

A mi me ha llamado mucho la atención este fenómeno: lo que se les pide a las mujeres que atienden los niveles básicos en términos muy generales y muy implícitos es un rol muy maternal. Creo que ese es uno de los elementos que están en la base de que no haya muchos profesores hombres en los niveles básicos. Se sobreentiende que este nivel es una prolongación de la casa, del seno materno y entonces se sigue siendo un poco mamá mientras se están educando a los niños en las escuelas básicas. Y es una de las cosas que, creo yo, están en la base de no tener tanta solidez en la formación de enseñanza, ya que el sistema escolar exige y evalúa, no tanto perfiles profesionales, sino otro tipo de aspectos emocionales en el trato con los niños.

 

 

Es interesante observar que, en las políticas de formación de maestros, en el curriculum del sistema normalista, el género no aparece ni siquiera como un tema optativo, no forma parte de la cultura de la formación de docentes...

 

Es cierto. Pero el problema ya está ahí y lo que es pertinente es cómo resolverlo. Tengo la impresión de que, para avanzar en este campo, podrían construirse instrumentos simples en el ámbito normativo dentro del aparato de educación, que garanticen un trato igualitario para hombres y mujeres. Y esto no tendría que ser demasiado aparatoso o costoso; se puede empezar a hacer pequeñas acciones muy operativas dentro de las escuelas, donde finalmente se exija que haya una igualdad real. Por ejemplo, crear instancias donde se puedan denunciar abusos que tengan que ver con la igualdad de género o el acoso sexual, por poner dos ejemplos. Se puede revisar la elaboración de los libros de textos, introducir poco a poco, modificaciones a los contenidos. En este aspecto hay en la actualidad muchos materiales realmente valiosos. Marta Lamas coordinó la edición de materiales para el diseño y la producción de una serie de talleres sobre género. Sería estupendo que ese material se pudiera trabajar de manera generalizada con los maestros, primero entre ellos, y luego volcando la experiencia a lo que sucede en las aulas. Sería una acción que funcionaría muy bien porque generalmente los profesores son gente sensible a estar buscando nuevas maneras de relacionarse con los alumnos y esto les facilitaría la tarea.

 


Cristina Palomar: Investigadora del Centro de Estudios de Género de la Universidad de Guadalajara y directora de La Ventana, Revista de Estudios de Género.


 

Artículo publicado en la revista Educar

Número 7 Género y Educación

http://www.jalisco.gob.mx/srias/educacion/consulta/educar/dirrseed.html