EDUCACIÓN FÍSICA EN LA ESCUELA

 

 

Aunque la reciente conformación del área motriz, consensuada desde las diferentes corrientes, ha constituido un paso importante en su configuración, debe esperar aún, para consolidarse, la aparición de un cuerpo de profesionales verdaderamente consciente del nuevo marco teórico en que ha de desenvolverse el área, que se constituya en promotor de una práctica que supere los parámetros tradicionales, interesados en una concepción del cuerpo exclusiva y excluyente para la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas que conforman la sociedad. Los que nos dedicamos tanto a la formación de educadores físicos como a poner en acción y validar –desechar- en las escuelas lo difundido desde la universidad, reconocemos, sabemos, palpamos, que nuestro trabajo, en la mayoría de los casos, es poco reconocido y valorado, porque, aunque el área que impartimos ha generado nuevas expectativas desde el papel oficial, éstas, sin duda, no han sido interpretadas todavía por la racionalidad de muchos enseñantes, incluso por la de algunos llamados especialistas.

Los trabajos que integran este número monográfico de Conceptos (que tendrá continuidad en el número ocho de esta revista con trabajos de R.Tinning, M. Vaca, J.L. Conde, A. Sicilia, A. Sparkes y J. Devís, J.M. Arráez, J.L. Pastor, J. Torres, M.A. Delgado y J. Medina) representan un conjunto de propuestas sugerentes que, avanzando desde el análisis de la realidad escolar y del área de la Educación Física, desembocan en exposiciones quizás atrevidas e incómodas y, desde luego, divergentes de la práctica común, pero, en cualquier caso, alineadas con un modelo de Educación Física escolar progresista que denuncia la poca comprensión social e institucional del área, su incapacidad para renovar y adaptar la práctica tradicional, su predominante carácter catártico, su visión sexista, su percepción como un área que sigue separando el cuerpo del intelecto...

Sin embargo, son numerosas las voces que comienzan a plantear cambios, que no son tales si nos acogemos a lo prescrito, y que parecen ilusorios si nos asomamos a la realidad de muchas aulas y a la realidad de un sistema social cuyos medios de transmisión se empecinan en propagar imágenes y mensajes que desvirtúan el cuerpo y lo dejan sin voz, a merced de planteamientos maquinistas, estéticos y reproductores.

Introduce el tema Juan Miguel Fernández Balboa, que, desde un nuevo enfoque, plantea la necesidad y el beneficio de cambiar el típico tratamiento de la Educación Física para dedicar más atención a aspectos sociales e intelectuales, y ello motivado por las características de la nueva sociedad y del nuevo público adolescente que ya comenzó a imperar en las aulas, público que es protagonista y testigo de la poca importancia que nuestra materia tiene a nivel escolar.

Este escaso reconocimiento de la materia no es exclusivo de una sociedad concreta, pues la denuncia surge también en la nuestra. Desde la coherencia que ofrece un conjunto de juicios derivados de un riguroso proceso investigador, Enrique Rivera y Carmen Trigueros constata que, a pesar del rango académico reconocido desde la norma, el área de Educación Física sigue anclada en un estatus inferior, y que es vista exclusivamente desde el prisma de lo biológico, sin que se la quiera entender como un contenido curricular más al servicio de la educación integral de los niños y niñas.

Ana María García, Caroline Htterschijt e Ivete de Aquino sistematizan con rigor y visión de conjunto el entramado de tendencias y paradigmas educativo-pedagógicos que han sustentado, y siguen haciéndolo, la práctica educativa de los maestros y maestras especialistas. Desde la investigación que llevan a cabo, relacionada con la formación inicial de los docentes de la Educación Física, descubren una falta de conciencia pedagógica causante de una práctica de ideología inope, centrada en aspectos parciales del individuo. Por su parte, Onofre R. Contreras insiste en el análisis pormenorizado de tales perspectivas, haciendo hincapié en el origen y peculiaridades de cada tendencia, pero, sobre todo, en las consecuencias que de ellas se derivan para la investigación. Argumenta que el origen de los diferentes paradigmas tiene una raíz filosófica que se ha plasmado en tres corrientes fundamentales, el empirismo lógico, la teoría interpretativa y la teoría crítica. Hoy, afirma, destaca la confluencia y convivencia de todas ellas en el panorama de la investigación educativa.

Desde otra perspectiva, el nuevo especialista de Educación Física debería de poder asumir una serie de rasgos definidores de lo que significa ser un educador y de lo que significa educar, siempre desde un ámbito protagonizado por el cuerpo en movimiento. Carmina Pascual, siguiendo el discurso de la formación y de los nuevos tiempos, deduce lo que ella considera que, frente a la modernidad, debe dominar el pensamiento y actitud de los nuevos docentes. Para ello reflexiona en voz alta sobre el significado de ser un buen educador/a y profesional, a los que define como personas que, ante todo, demuestran preocupación por mejorar la calidad de los contenidos de enseñanza y por conseguir que los alumnos y alumnas encuentren sentido a lo que aprenden y al modo cómo lo hacen.

Para que el discurso produzca el efecto que se espera de él no puede aparcarse en escenarios intelectivos sino que ha de convertirse en voz activa, debiendo aportar los mecanismos necesarios para concretarse en la práctica del aula. Marta Castañer expone, desde el cambio, cómo pasar o cómo avanzar de lo mono-disciplinario a lo interdisciplinario y transdisciplinar.Y hablo de cambio porque aunque la dialéctica entre disciplina e interdisciplina no parece un encuentro reciente, aún no se ha querido o sabido practicar un tipo de currículum integrado, aterritorial, sin duda beneficioso para el progreso

didáctico. Este tipo de prácticas que entran de lleno en el diálogo y la colaboración se ven a menudo frenadas desde la propia formación inicial, cuando, de manera más o menos explícita, se presentan tales modelos como inalcanzables y utópicos, lo que contribuye a hacer de las aulas auténticos microestados donde nada se comparte o se comunica porque existe un gran miedo a perder la independencia, el control de los acontecimientos, o a desvelar prácticas poco acordes con las necesidades y más con la comodidad del que dirige. Jesús Medina, por su parte, preocupado también por la formación y por la importancia de dotar a los futuros docentes de las habilidades necesarias para acometer su tarea desde la colegialidad, presenta un instrumento que permite constatar la actitud de los futuros profesores de Educación Física hacia el trabajo en grupo.

Sin embargo, comienzan a abrirse paso, propuestas colaborativas que intentan redefinir y reconstruir algunos espacios de la enseñanza a partir del convencimiento de que los enseñantes pueden y deben ser los protagonistas de su actuación, mediante la puesta en práctica de la reflexión planificada, a la que colaboran con gran eficacia técnicas como la de la investigación-acción. Julia Blández, justifica y precisa el uso de tal instrumento, que para que resulte útil debe fundamentarse sobre proyectos bien diseñados y desarrollados. En caso contrario la iniciativa resultaría contraproducente, inútil como proceso cualitativo para interpretar los acontecimientos del aula.

En esta misma línea describe Antonio Fraile un largo trayecto de investigación-acción desarrollado por un grupo de docentes interesados en resolver problemas y dotar de nuevos contenidos la práctica docente de lo motriz. La expresión corporal, los valores, el ejercicio físico y la salud... son algunos de los puntos de encuentro para analizar el proceso educativo y reconstruirlo desde la propia experiencia, diseñada e interpretada por sus protagonistas.

Para Esther Prados, los profesionales de la educación, a través del cuerpo, deben tomar conciencia y apuntar hacia una actitud crítica que sirva para desvelar cuál es el papel del ánima en sus clases, entendiendo por «ánima» lo femenino, aquello que está presente en todo ser humano, ya sea hombre o mujer. Pero tomar conciencia no puede ser la única medida pues restan otras referentes al deber formativo y a la exploración de nuevos campos de acción donde lo femenino pueda extenderse y medirse, por igual, a lo masculino.

En cuanto encargados de proporcionar un programa de contenidos que atienda a los intereses, motivaciones y bagaje motor del alumnado, la responsabilidad de los enseñantes es evidente. Para Elisa Torres y David Cárdenas, la promoción de la autoestima de nuestros escolares, estrechamente vinculada a la propia percepción de su imagen corporal o de sus competencias motoras, debe ser uno de los objetivos fundamentales del enseñante. Tradicionalmente ha sido el deporte uno de los espacios donde la autoestima se ha manifestado más específicamente, y también donde la participación de la mujer ha sido minusvalorada por su falta de sintonía con las cualidades motrices y psíquicas que en ellos deben de ponerse en juego: agresividad,

fuerza, violencia... Quizás las nuevas perspectivas metodológicas para la iniciación deportiva puedan romper con esa creencia secular y favorecer el protagonismo de todos y todas desde un juego motriz modificado y adaptado en torno a intereses exclusivamente educativos. José Devís y Roberto Sánchez proponen, desde un modelo horizontal, un itinerario diferente para que los educandos se aproximen a la táctica y a la técnica de los deportes individuales o colectivos. El enfoque utiliza como medio el juego deportivo modificado, que adquiere innegables ventajas en el ámbito educativo, unas conectadas con la autoestima y la participación en igualdad de condiciones para ambos sexos y otras relacionadas con la reducción de la competitividad, la utilización de un material poco sofisticado y el protagonismo activo del alumnado en el proceso de enseñanza. Analiza Eduardo de la Torre el deterioro que el deporte sufre en manos de ciertos predicadores sociales que saben instrumentalizarlo hábilmente en favor de sus intereses, creando a su alrededor actitudes, valores y normas que, sin duda, están muy lejos de aquellas que sirven para conjuntar la sociedad bajo la razón, la tolerancia ola solidaridad. Como él mismo dice el deporte es mucho más y la escuela debe recuperarlo para favorecer la educación integral de los niños y niñas.

No quisiera terminar esta presentación sin dejar constancia del agradecimiento de quienes han coordinado esta monografía a la profesora Carmina Pascual. Ella ha tenido la paciencia y ha buscado el tiempo para servir de enlace, en repetidas ocasiones, con varios de los colaboradores aquí participantes. Gracias.

Juan Medina López