EL DEPORTE: MUCHO MÁS QUE UNA PRÁCTICA

 

Eduardo de la Torre Navarro (*)

 

Vivimos una realidad social en materia deportiva que supone todo un reto para sociólogos, psicólogos, pedagogos, psiquiatras, etc. Seguramente haya que empezar a pensar que la educación del futuro deportista y espectador deba construirse sobre las bases de una crítica y bien pensada formación integral desde la escuela, aunque, a veces, ante este tipo de observaciones, nos asalten dudas como: ¿no será que no acabamos de entender nada de lo que ocurre en el entorno del mundo deportivo y sus repercusiones sociales?, ¿iremos contra corriente?, ¿tendremos una percepción sensiblera de la realidad?

 

El uso social del deporte

 

Lo cierto es que contrastando nuestras percepciones sobre la realidad deportiva con las de los alumnos universitarios que estudian Educación Física, hemos tenido la sensación de no compartir su misma sensibilidad ni su misma escala de valores. Quisiéramos pensar que el lector se ha planteado parecidas interrogantes a estas: ¿Es normal toda la convulsión que en torno a un determinado deporte convencional puede generarse, según el sentido de su desenlace?, ¿a qué se debe esa desproporción?, ¿o no es desproporción el sinfín de manifestaciones masivas donde se mezclan, los cultos a los ídolos deportivos con los religiosos y los del Dios Baco, para terminar en una auténtica orgía de agua, alcohol y agresividad? ¿Es acaso lógico, que una decisión de la F.E.F. (Federación Española de Fútbol) sobre el descenso de un equipo de primera división a segunda movilice a más gente en una manifestación que un problema social como el paro o la droga? ¿Puede entenderse que todo un alumno universitario manifieste que el logro de la última Copa de Europa de Fútbol por el Real Madrid haya constituido la sensación o la vivencia más importante de toda su vida? Si esto es así, ¿qué hubiera ocurrido si llega a perderla? ¿Es normal que un escolar de Primaria, esté al tanto de los últimos «dimes y diretes» que determinados programas radiofónicos, monográficos de fútbol, emiten a altas horas de la noche? ¿Cómo asimila ese mismo escolar la escalada de agresividad oral o escrita que caracteriza el estilo y el lenguaje del periodismo deportivo de los últimos años? Lenguaje infantil y agresivo en la medida en que se vale de metáforas belicosas que realzan lo más hostil y peyorativo del deporte. Véan­se si no, los siguientes ejemplos: para calificar la capacidad goleadora de un futbolista se busca la comparación con un personaje duro del cine violento de la actualidad y se dice: «El terminator del área»; para destacar la habilidad goleadora de un jugador se emplea la expresión de «instinto asesino»; o para recordar que el último enfrentamiento de un equipo contra otro fue una derro­ta que debe ser equilibrada con una victoria se recurre a frases como «oca­sión de vengar aquella derrota...», de manera que un desenlace natural de todo juego es considerado como un comportamiento ofensivo que debe ser vengado; efectista, cuando compite por cantar goles o canastas con más ca­pacidad pulmonar y originalidad que otros o cuando titula de manera desme­surada un determinado acontecimiento deportivo; sensiblero, cuando se em­peña en forzar contactos telefónicos entre el protagonista y sus familiares después de un triunfo, queriendo hacer público lo que debe ser privado; co­bista, al subirse al carro del piropo fácil y exagerado, encumbrando de mane­ra desproporcionada a jóvenes deportistas que se ven de la noche a la maña­na convertidos en auténticos divos y a los que luego no duda en apear, de manera cruel, del pedestal al que lo subieron; simplón, cuando realiza esas superficiales e inoportunas entrevistas con originales preguntas como: ¿Qué pensaste al meter el gol? ¿Por qué crees que te han expulsado? ¿Qué opinas de la actuación arbitral después de esta derrota?

Con toda certeza, los escolares mimetizan y hacen suyas las preocupa­ciones, frustraciones y valoraciones de los adultos y viven, de manera antici­pada e innecesaria, un mundo impropio de su edad.

 

La responsabilidad de la formación deportiva

 

No cabe duda de que todas las cuestiones antes planteadas son el refle­jo de lo que ocurre cuando la educación deportiva en estas edades se deja pasivamente en manos de los medios de comunicación y desde la escuela no queremos saber nada, conformándonos con no ser responsables de esa inte­resada concepción. Pero la realidad es bien elocuente y nos indica hacia dón­de se encamina la educación en actitudes, valores y normas de nuestros es­colares en materia deportiva.

En nuestra sociedad se ha instalado, por desgracia, una concepción de­portiva obsesionada por el éxito, que convierte en válidos casi todos los me­dios a su servicio. Trapat (1995, p. 96) lo expresa diciendo: «se ha creado el peligroso mito de que el auténtico valor del deporte consiste en ganar». Aun­que curiosamente se observa, cada vez con más frecuencia, que en algunos espectadores y forofos es mayor el deseo de que pierda determinado equipo


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En nuestra sociedad se ha instalado, por desgra­cia, una concepción de­portiva obsesionada por el éxito, que convierte en válidos casi todos los me­dios a su servicio.

que el deseo de que gane el propio. Recientemente pude presenciar cómo festejaban con cohetes, unos seguidores del Real Madrid, no los goles de su equipo, sino los que encajaba el Barcelona.

Con esta concepción del deporte no sólo está en peligro la educación de actitudes, valores y normas, sino también de conceptos y procedimientos. Reproducir en el escolar la escala de valores de los adultos, lleva implícito la mimetización de la misma idea conceptual de deporte y de los mismos modelos prácticos.

Ante esta realidad se ha observado una gran preocupación por atender desde los dis­tintos decretos de enseñanza, los contenidos deportivos con un especial interés, a través de un nuevo enfoque didáctico y más educa­tivo. Sin embargo, este nuevo enfoque didác­tico no siempre ha supuesto un cambio en la concepción deportiva. De hecho, en muchos casos se ha limitado a modificar y/o rebajar los objetivos de formación depor­tiva para no contribuir a una idea de deporte excesivamente competitiva.

El cambio que se requiere debe ser más profundo para no quedarse en una exclusiva preocupación educativa sobre un deporte más o menos com­petitivo, tradicional o alternativo. Se trataría de abordar una formación depor­tiva constatable como contenido objeto de aprendizaje y, simultáneamente, educativa en los ámbitos personal y social, de manera que se preocupe a la vez por el actor y por el espectador.

Se hace cada vez más necesario el uso de recursos didácticos que pon­gan a debate las concepciones y repercusiones sociales del deporte, utilizan­do métodos como los que recomiendan Joyce y Weil (1985) dentro del grupo de métodos sociales, o incluyendo su tratamiento dentro de diseños interdis­ciplinares valientes.

No debería ser utópico educar a nuestros escolares para que posean una concepción deportiva que sea fiel reflejo de la importancia que esta so­ciedad le concede culturalmente y, al mismo tiempo, crítica con los valores que esa misma sociedad le asigna y que, en muchos de los casos, deben ser corregidos.

Huyendo, por tanto, del puritanismo de los que abogan por sacar la ense­ñanza deportiva del contexto educativo para no ser contaminados por el virus del deporte chabacano, interesado, hortera, sexista, fraudulento, insano, ex­tremadamente competitivo, generador de violencia, al servicio de la política, explotado por y contra los nacionalismos, camufiador de conflictos persona­les y sociales, etc., pienso que, precisamente para corregir todas estas des­viaciones, el deporte debe ser un contenido esencial a lo largo de la ense­ñanza obligatoria. Pero ante esta necesidad cabe preguntarse: ¿Estamos los docentes, responsables de estas etapas educativas, preparados para abordar la enseñanza deportiva con estas finalidades?, ¿contemplan los centros de formación de los actuales y futuros docentes en educación físico‑deporti­va estas intencionalidades educativas en el desarrollo de los respectivos pla­nes de estudios?, :¿es compatible abordar el deporte como objeto de aprendi­zaje y como medio educativo? Con relación a las dos primera preguntas, creo sinceramente que, salvo excepciones, la formación necesaria para que los docentes estemos a la altura de estos retos no se está realizando, y con relación a la última pregunta, es el propio Decreto de Educación Primaria de la Junta de Andalucía el que la contesta cuando apunta las dos dimensiones esenciales que todo contenido debe tener: «el papel que desempeña la so­ciedad en la definición de lo que merece la pena aprender y el carácter instru­mental de esos objetos de aprendizaje en el desarrollo integral de alumnos y alumnas».

Que los deportes en general poseen suficientes contenidos para ser con­siderados como actividades educativas lo expresa con claridad Seirul.lo (1995, pp. 64‑68) cuando habla de agon, ludus y eros como los valores educativos del deporte, pero al mismo tiempo, cuando se analizan las implicaciones que para el sujeto que aprende tienen estos valores, se observa que igualmente educativas son la comprensión conceptual y la competencia procedimental.

Con parecidos argumentos se expresa Sánchez Bañuelos (1995, p. 90) cuando habla del aspecto formativo del deporte en el ámbito escolar dicien­do: «La realidad social no debe ser ignorada, la escuela no puede desvincu­larse ni desvincular al niño de la sociedad que la rodea y que conforma su entorno cultural; este es un lujo que no debemos ni podemos permitirnos; si lo hacemos nos quedaremos tan obsoletos como nuestro viejo y querido `pro­fesor de gimnasia’ »

Otra poderosa razón para reafirmarnos en el uso de los contenidos rela­cionados con los deportes la encontramos en los decretos que sobre la Ense­ñanza Primaria y Secundaria se han publicado en las distintas Comunidades Autónomas, cuando nos señalan las capacidades que debemos desarrollar en nuestros alumnos como contribución a los objetivos de etapa y de área.

En este sentido, podemos comprobar que los deportes contribuyen como contenidos válidos al logro de las capacidades expresadas en los objetivos de etapa, porque:

‑ Favorecen el conocimiento y aprecio de la realidad corporal y la adquisición de hábitos que inciden beneficiosamente en la salud y calidad de vida.

‑ Fomentan el desarrollo de la autonomía y la capacidad para tomar decisiones y establecer relaciones afectivas.

‑ Son, por lo general, prácticas grupales que exigen el respeto a unas normas y la asunción de unos roles.

‑ A través de las estrategias de interacción que caracteriza a los de­portes, se propician relaciones equilibradas, solidarias y constructi­vas con los demás.


-Las prácticas deportivas son significativas en la cultura de nuestra sociedad.

-Constituyen un medio natural de expresión motriz cargado de crea­tividad y estética.

-En el contexto educativo se utilizan los deportes como escuela para la vida.

 

De una manera más específica podemos, igualmente, comprobar cómo los deportes contribuyen al desarrollo de las capacidades expresadas en los objetivos propios del área de Educación Física porque:

-Las actividades deportivas contemplan todas las posibilidades de relación sometidas a una reglamentación que favorece los compor­tamientos de colaboración, ayuda, respeto a las diferencias, solida­ridad, compatibilidad, competencia no hostil, etc.

-Plantean de manera continuada situaciones, problemas que exigen el dominio del máximo de patrones, motores básicos para su eficaz solución.

-Por su riqueza motriz sitúan al escolar ante tal cantidad y variedad de retos motores que constituyen un medio ideal para que conozca y valore su propio cuerpo, sus posibilidades personales de acción y de relación y de disfrute del tiempo libre.

-Ayudan a que los escolares a que aprendan a dosificar su esfuerzo, brindándoles múltiples posibilidades de ensayo y demandándoles de manera equilibrada la acción de todas las cualidades físicas bá­sicas.

-Es compatible el conocimiento del deporte y, al mismo tiempo, ad­quirir una responsabilidad en el uso y conservación de los entornos y espacios donde se desarrolla.

-Los deportes son actividades motivantes y cargadas de códigos, que favorecen los canales de expresión para, bien de forma verbal, gestual o motriz, comunicar sen­saciones, estados de ánimo e in­tenciones de toda índole.

-La práctica deportiva es, ade­más de actividad que contribu­ye a una mejora orgánico‑funcio­nal, desarrollando capacidades cardiorrespiratorias, muscula­res, de aporte y consumo ener­gético, de eliminación de toxinas, etc., una actividad generadora de salud mental, en la medida en que permite eliminar tensiones, ganar en autoconfianza y autoestima, establecer relaciones socia­les gratificantes, etc.

 


Reflexión final

 

En síntesis podemos concluir, reclamando la necesidad de que sean los centros de Educación Primaria y Secundaria los primeros encargados de la formación y educación deportiva de nuestros estudiantes, de manera que, a la vez que se enseña lo necesario para una práctica deportiva acorde con las posibilidades de todo alumno, se debe enseñar a ser críticos con las concep­ciones deportivas que la sociedad muestra a través de sus múltiples medios. Analizar, comentar, debatir, y valorar los acontecimientos deportivos, en di­recto, a través de la televisión, radio o prensa escrita y desde distintas pers­pectivas es una práctica muy educativa a la que deberíamos estar acostum­brados. No olvidemos que, en la medida que un escolar aprende a ser actor en el deporte, será, más tarde, un buen espectador y animador sensible y respetuoso con los demás. Es por tanto compatible conectar con los intere­ses deportivos de la sociedad en la que estamos inmersos y no ser desperso­nalizados imitadores de los comportamientos más peyorativos que esa mis­ma sociedad nos propone.

 

Bibliografía

 

B.O.J.A.: Decreto 105/1992 de 9 de junio, por el que se regula el currículum correspon­diente a la Educación Primaria. Sevilla.

JOYCE, B. y WEIL, M. (1985): Modelos de enseñanza. Anaya. Madrid.

SÁNCHEZ BAÑUELOS, F (1995): «El deporte como medio formativo en el ámbito esco­lar». En D. Blázquez (Comp) La iniciación deportiva y el deporte escolar. Inde. Barcelo­na, 77‑93.

SEIRUL.LO, F (1995): «Valores educativos del deporte». En D. Blázquez (Come): La ini­ciación deportiva y el deporte escolar. Inde. Barcelona, 61‑75.

TREPAT, D. (1995): «La educación en valores a través de la iniciación deportiva». En D. Blázquez (Comp): La iniciación deportiva y el deporte escolar. Inde. Barcelona, 95‑112.

 

 

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(*) Eduardo de la Torre Navarro es profesor en la Facultad de Ciencias de la Edu­cación de la Universidad de Granada.