FORMACIÓN PARA LA PARTICIPACIÓN ACTIVA.

UNA EXPERIENCIA DE ESCUELAS DE PADRES Y MADRES

 

Junta Directiva de FITAPA (*)

 

La Federación Insular Tinerfeña de Asociaciones de Padres de Alumnos (FITAPA) ha desarrollado una amplia experiencia de formación activa para la integra­ción y participación en los centros a través de la puesta en marcha, a partir del curso 1991‑92 de las Escuelas de Padres y Madres. Estas Escuelas constituyen también un instrumento importante para la colaboración entre familias y docentes, lo que res­ponde a uno de los objetivos básicos de la Federación, que entiende que la labor que desarrolla la escuela es, en esencia, una tarea compartida, que necesita de la cola­boración de ambos sectores en los proyectos y las tareas educativas.

 

La participación de los padres y madres en las Comunidades Educativas, tanto organizados en las APAs como individualmente en contacto con el profesorado de sus hijos, es uno de los aspectos necesarios que contribuyen a facilitarla labor del profesorado, mejorar la calidad de la Escuela Pública y evitar el fracaso escolar. La integración de la familia en la escuela y el funcionamiento colaborativo de las comunida­des educativas es condición prioritaria para la supervivencia y fortalecimiento de la Escuela Pública.

No es cuestión de plantear quién o quiénes deben dar el primer paso en cada centro, sino de convencernos entre todos de la necesidad de caminar juntos y de olvidarnos de los errores pasados. El estar en el mismo barco, tener los mismos objetivos y compartir la responsabilidad en los éxitos y los fracasos, son razones suficientes para madurar en nuestras relaciones y alcanzar un compromiso serio de mejora.

Tanto familia como profesorado debemos asumir nuestras responsabilidades en el rendimiento escolar, ya que las actitudes realistas y de corresponsabilidad faci­litan mucho las soluciones que hay que adoptar. La culpabilización mutua ha pasado de moda y necesitamos un mayor realismo y humildad por parte de cada sector para abordar la evaluación de los procesos educativos y las medidas, sin complejos de­fensivos de ninguna de las partes.

 

Colaboración y mejora de relaciones entre los estamentos

 

La relación colaborativa entre el profesorado y los padres y madres es un objetivo fundamental para que avance la Escuela Pública, una prioridad en la que se viene trabajando desde hace tiempo con mucho esfuerzo y dedicación. La relación, evidentemente, es responsabilidad de ambas partes. Es impresentable que, con los medios y el esfuerzo que se está invirtiendo en la enseñanza, una y otra parte se dediquen a defender intereses particulares o mezquinos en detrimento de la colectivi­dad.

En este tema ha habido grandes avances, tanto en las organizaciones de profesorado como en algunas Federaciones de APAs y sus organizaciones integra­das. Pero estos avances crean conflictos y actitudes radicales minoritarias, no sólo en un sector del profesorado sino también en nuestro propio sector, el de las familias. Tanto los padres y madres como el profesorado, de forma individual y como colectivo, hemos cometido en el pasado múltiples errores en la relación, con conflictos que han dañado la capacidad de diálogo y el trabajo conjunto y han afectado a la calidad de la escuela. Por eso no tenemos problemas en reconocer nuestra parte en esos errores, a la vez que consideramos necesario un cambio radical en las actitudes de todos si queremos avanzar.

Afortunadamente, dentro del movimiento de APAs se están produciendo cam­bios importantes de objetivos que coinciden con planteamientos paralelos de secto­res renovadores del profesorado que entienden que los muros entre ambos nos perju­dican a todos. Lamentablemente, es de actualidad un conflicto de secundaria en Canarias en el que, a pesar de ser un asunto que debiera arreglar el profesorado con la Consejería, los elementos más radicales de aquél han arremetido contra la Fede­ración y contra organizaciones del alumnado, simplemente por no tener las mismas opiniones en temas de acción tutorial. Es una pena que se sigan produciendo enfrentamientos de este tipo, ya que las coincidencias en los objetivos son mucho mayores que las divergencias. Es evidente que necesitamos una reflexión conjunta que tenga como fin la búsqueda de objetivos sociales y colectivos en detrimento de posturas personales o gremiales. Se trata de una cuestión de imaginación, de realis­mo, de vocación, de ganas de encontrar los puntos comunes, de caminar juntos y de quitar importancia a lo que crea fisuras y abre brechas. Objetivo prioritario es, por tanto, convencer a padres y madres y profesorado, de que la educación es una tarea colectiva, de colaboración, en la que debemos buscar coincidencias y trazar objeti­vos comunes.

 

Actitudes del profesorado

 

Somos optimistas en cuanto a las actitudes del profesorado, al menos de Educación Primaria, que se inclina de forma creciente a considerar a las familias como sus colaboradores más cercanos y ver su integración en los centros escolares como un apoyo a su labor. FITAPA recibe muchas ofertas de colaboración por parte del profesorado y petición de ayuda ante problemas con los padres o ante la falta de participación de éstos, y procuramos atender las solicitudes como una prioridad.


Sin embargo, para un sector del profesorado la creciente fuerza de los pa­dres y madres se sigue interpretando como una invasión de su terreno y un intento de control o de evaluación de su trabajo. Se detectan reticencias ante la publicación del Decreto de APAs y se interpretan algunos aspectos de la LOGSE, como la evalua­ción de los procesos de los centros, como un peligro de control o crítica a su labor, cuando, al contrario, este tipo de métodos constructivos, no destructivos, son absolu­tamente necesarios para avanzar. No se acaba de entender que los padres y madres y sus organizaciones no buscan adquirir poder, sino que defienden simplemente un sistema más racional de funcionamiento de la comunidad educativa, de colaboración y corresponsabilidad, que nos beneficia a todos. Si hay corresponsabilidad, mejora el concepto de la familia y no se considera responsable única del rendimiento escolar.

A los padres y madres no nos interesa forzar la entrada, sino promover que nos abran la puerta, que se colabore, para que podamos integrarnos en la Escuela. No se pretende invadir el terreno del profesorado ni ser controladores de su labor. Las actitudes fiscalizadoras y las APAs que actúan como si fueran los inspectoresdel colegio, pasaron ya prácticamente a la historia. Sin embargo, algunas veces, la acti­tud irresponsable de algunos claustros fomentan actuaciones en tal sentido, sobre todo cuando no saben controlar sus enfrentamientos internos y deterioran con sus actitudes el funcionamiento normal de la escuela. Afortunadamente, esta actitud va disminuyendo.

Es importante destacar que, cuando el profesorado y los directivos de los centros potencian y facilitan la participación colaborativa, disminuyen las fricciones en el seno de la comunidad educativa. Por eso es responsabilidad de aquéllos pro­mover y dinamizar la participación, lo que muchas veces se olvida para caer en la crítica de que «los padres y madres no participan», o que «las APAs no tienen representatividad», etc., cuando lo que realmente se está produciendo es una deja­ción de responsabilidades por parte de quienes también deben contribuir a dicha participación. Muchas veces, incluso, como actitud defensiva del colectivo de maes­tros y maestras ante un sector al que no saben tratar adecuadamente, se recurre a fomentar una participación pasiva y tutelada, produciendo con ello únicamente re­chazos y, en algunos momentos, conflictos graves. Si no se acepta nuestra participa­ción en un nivel horizontal, como personas adultas que somos (tenemos muchas veces una formación similar al profesorado), si se intenta dirigir nuestras actuaciones y opiniones, si se olvida que somos los responsables principales de la formación de nuestros hijos e hijas, hay una tendencia a interpretar nuestras negativas o críticas constructivas como desafíos, lo que es origen inmediato de problemas.

Para cambiar estas actitudes hay que incidir en el acercamiento y el conoci­miento mutuo, formar al profesorado en técnicas de grupo, buscar fórmulas para integrar a los padres y madres, poner en práctica las nuevas estructuras de participa­ción que permite la nueva legislación de desarrollo de la LOGSE, y promover proce­sos de formación conjunta como son las Escuelas de Padres y Madres y las Jorna­das.

 

Actitudes de los padres y madres y sus organizaciones

 

Entre los padres y madres de a pie y las APAs el avance de actitudes es notable. En general se apoya al profesorado y a los centros, sobre todo si éstos propician la integración de los padres, la información y las actitudes de entendimiento y colaboración.

En las APAs quedan muy pocos miembros con la clásica actitud fiscalizadora, y en nuestras reuniones no es frecuente que se descalifique al profesorado. Las pocas veces que ocurre, son las propias APAs quienes corrigen la situación. Esto no quiere decir que no haya críticas o que no se tengan problemas de convivencia, pero hay una voluntad absoluta de superarlos.

En la medida de que los padres y madres nos sintamos integrados en los centros escolares y participemos de las grandes decisiones y objetivos educativos, la actitud de crítica negativa tenderá a desaparecer, ya que cuando la familia entra a formar parte de la escuela la corresponsabilidad es mucho mayor, tanto con respecto a sus éxitos como a sus fracasos. Si los padres y madres sentimos la Escuela como algo nuestro, la actitud hacia el profesorado es, normalmente, de motivación y de apoyo.

Por eso es importante que se prepare adecuadamente a las familias para una participación adecuada, mentalizar y motivar a nuestro sector y formarlo en mé­todos de participación, incidiendo tanto en las fórmulas adecuadas para iniciar unas relaciones colaborativas como en las estructuras de participación en los centros. Sólo así se podrá dar pasos para lograr una colaboración educativa, en la que pode­mos tener ambos sectores un papel igual de importante, aunque con funciones espe­cíficas y diferentes.

También es necesario trabajar como contenidos formativos todo lo referente a la labor que debe realizar el profesorado en los centros, los problemas que puedan tener, las estructuras y el funcionamiento de los centros escolares, ya que muchos padres no son conscientes de lo complicado del funcionamiento de un centro escolar y las múltiples labores que ha de realizar el profesorado, tanto de carácter burocrático como de preparación y de planificación, agravados en este momento por la adapta­ción a la LOGSE. A veces las críticas injustificadas se realizan simplemente por des­conocimiento, y los claustros no son conscientes de la importancia de la información para evitar las actitudes negativas.

Hay algunos padres y madres que no se acercan a los centros escolares por desinterés, pero son una minoría. La gran mayoría no acude por un complejo de inferioridad ante el profesor, la inseguridad de acertar en sus planteamientos, el des­conocimiento del funcionamiento de los centros, el miedo a herir susceptibilidades, etc.; o simplemente por la actitud defensiva de algún profesor que teme sentirse cuestionado. Todo ello hace que la participación se reduzca a veces a grupos concretos de padres y madres más decididos, que compensan en muchas ocasiones la falta de formación con una gran voluntad y motivación.

Es responsabilidad de las federaciones la formación de estos grupos. Es responsabilidad de los centros el apreciar el esfuerzo realizado, tomando conciencia de la necesidad de impulsarla labor de dicho grupo, que puede, junto con el profeso­rado, ser el motor de la participación del centro, para lograr una participación genera­lizada y un funcionamiento más dinámico de la comunidad educativa.

 

Objetivos comunes e iniciativas

 

Tenemos todos un objetivo común: la formación integral, global y completa de niños y niñas. La labor educativa de la familia se complementa con la de la Escue­la. Por lo tanto, es preciso que madres y padres y maestros y maestras se sienten a dialogar, discutir, profundizar y acercar posiciones. En definitiva, hay que unificar cri­terios educativos y planificar acciones conjuntas y posibilidades de colaboración. Los padres y madres deben fomentarla relación con los maestros y maestras que tengan actitudes abiertas, y el profesorado potenciar y no quitar importancia a las organiza­ciones que aquéllos puedan tener, e impulsar el tejido asociativo, que es fundamental en la comunidad y en la escuela y revierte de forma importante en ésta. El acerca­miento, la comunicación, el diálogo, posibilitan un mejor conocimiento entre ambos y una flexibilización de posturas que, colocados cada uno en su muralla, no es viable. Padres y madres y profesorado tienen que confiar los unos en los otros, aclarando lo necesario y dedicando esfuerzos a conocerse, intercambiando puntos de vista e, incluso, promoviendo las relaciones sociales y la diversión conjunta. Se provocará con ese proceso una perdida de las posturas rígidas que actualmente se detectan: cuando el profesorado, los padres y madres y los niños/as se divierten juntos, los muros que los separan caen casi siempre por su propio peso.

Los padres y madres tenemos algo que decir en prácticamente todos los temas educativos que no estén relacionados directamente con la labor propia del profesor como docente. Para lograr que un mayor número de padres y madres se impliquen, es necesario hacerles partícipes de decisiones sobre los objetivos que hay que lograr. Se conseguirá así, al mismo tiempo, que el profesorado se sienta motivado y apoyado.

La imaginación y la voluntad, tanto de las APAs como del profesorado, irán definiendo las actuaciones conjuntas y la mejora de participación. Existe un enorme campo de colaboración si hay voluntad para ello. Es importante la colaboración y el apoyo desde la familia en los objetivos y contenidos educativos que se quieren con­seguir, en las actividades que se realizan en la escuela. Y se deben marcar objetivos comunes para trabajar en la casa y en la escuela en aspectos como la disciplina, los valores, las habilidades sociales... Es necesario, así mismo, un contacto frecuente para el mutuo conocimiento y apoyo ante los problemas educativos y familiares, y procurar que los mensajes dados sean similares.

La colaboración que permite el trabajo conjunto con el profesorado es varia­do, e incluye, desde el trabajo p/madre‑profesor/a en el aula, apoyando algún tema concreto, la realización de algún tipo de material escolar, la colaboración en activida­des y talleres culturales y educativos, de medio ambiente, educación para la salud, cultura de la comunidad, teatro, periódico escolar, etc., hasta el apoyo en la organiza­ción de salidas, visitas, excursiones, investigaciones, proyectos de trabajo concreto, aportación de recursos para las bibliotecas de aula, huertos escolares, y cualquier otra actividad cultural, deportiva, educativa o de convivencia que pueda implicar a toda la comunidad educativa.

Al promover el funcionamiento de las comunidades educativas de forma colaborativa y lograr una mejora de la convivencia, se ha detectado en Tenerife una mejora del clima escolar, sobre todo en Educación Primaria, en la que había heridas anteriores causadas por el debate de la jornada continua.

 

Un proyecto de formación para la participación

 

La Federación Insular Tinerfeña de Asociaciones de Padres de Alumnos, FITAPA, engloba a 380 APAs de la isla de Tenerife, distribuidas en 17 Juntas Zonales. Existe una Junta Directiva de 12 miembros, un equipo de formadores amplio, y otro de coordinación en cada grupo zonal, cuya responsabilidad se distribuye entre los miembros de la Junta Directiva, que procede de diferentes zonas de la isla. Así mis­mo, la Federación cuenta con una serie de comisiones de trabajo y grupos para temas específicos. La forma de funcionamiento y el plan de formación permanente de la Federación ha dado como resultado un fuerte crecimiento hasta el día de hoy en que prácticamente todos los centros de Tenerife tienen Asociación de Padres, inclu­so los centros de 5/10 alumnos/as.

Sus objetivos parten de un modelo abierto de actuación que fomenta actitu­des participativas y críticas en las APAs, desarrollando una participación desde la base, una intervención en los centros desde una óptica comunitaria. La unidad de actuación y los proyectos compartidos por parte de las comunidades educativas, tanto a nivel de cada centro como a nivel zonal, son la mayor garantía para conseguir avances en la calidad educativa. Tenerife es una isla con una orografía complicada y muchos centros unitarios rurales, lo que implica grandes distancias a recorrer y es necesario mantener una atención cercana y, a la vez, descentralizada.

Para evitar una estructura piramidal y rígida y lograr un funcionamiento diná­mico desde la base, la Federación procura apoyar, dar respuestas, formación..., pero son las APAs quienes deben tomar iniciativas y demandarla atención que necesitan. Por ello consideramos que la Federación debe ser el motor de dinamización de las actuaciones de las APAs, pero, al mismo tiempo, es necesario que se propicien las iniciativas desde las organizaciones. En este sentido, debemos ser un apoyo para las APAs, motivar, transmitir ilusión y capacitar a éstas para la participación. Si quere­mos que sean los ejes de la participación organizada y colectiva de la familia en el centro, que asesoren, informen y faciliten el acceso al mismo, debemos no sólo for­marlas sino propiciar con dicha formación toda clase de iniciativas, tanto educativas como sociales, en el centro y en el entorno.

Esta consideración de que la formación de las APAs es fundamental para su funcionamiento es lo que nos ha movido a dedicar una gran parte de los esfuerzos de la Federación a la realización de procesos formativos activos y permanentes. En el año 1991 FITAPA inició un Proyecto de Formación de Escuelas de Padres y Madres con el que creó una estructura grupal de formación y autoformación activa, en la que sus participantes se forman, reflexionan y establecen acciones posteriores en bene­ficio de la escuela. Uno de los objetivos importantes de este Proyecto consiste en formar a los padres y madres para la participación y crear tejido social participativo, independientemente de los contenidos diversos que nos piden las Asociaciones de Padres y Madres y que no sólo se dirigen a ellos, sino también al profesorado que quiere incorporarse a nuestro proyecto. Hemos entendido siempre como una priori­dad el fortalecer y mejorar las relaciones en la comunidad educativa y.trabajamos desde el año 1991 en un Seminario de Formación Permanente con un grupo de pro­fesores/as. Así mismo llevamos a cabo jornadas y cursos de formación conjunta que tienen validez legal como formación para el profesorado, lo que significa que la Admi­nistración valora positivamente la calidad de nuestro trabajo formativo.

El Proyecto de Formación de FITAPA, dados los resultados de desarrollo personal observados en sus participantes y tomando en cuenta el objetivo de fomen­tar las relaciones y la colaboración activa dentro de la escuela, fue asumido en el año 1993 como un programa específico (Programa Familia Escuela) dentro de la Consejería de Educación, Cultura y Deportes, que incorporó al mismo dos de los profesores/as que habían trabajado conjuntamente con FITAPA y extendió su expe­riencia, metodología y conceptos formativos al resto del Archipiélago (actualmente hay 6 personas en el Programa), aunque con diferente grado de éxito. Desde su creación, FITAPA ha colaborado estrechamente con el Programa, lo que ha dado sus frutos en múltiples ventajas para las APAs, tanto en lo referente a legislación, como en la vida diaria de éstas. Es importante mencionar el Decreto de APAs de Canarias, elaborado por el Programa y publicado en octubre de 1996, que estableció derechos y posibilidades de trabajo muy amplias, así como una filosofía de participación activa muy diferente a la del decreto anterior.

 

Objetivos de la Federación

 

Una organización, para desarrollarse y avanzar, debe cuestionarse conti­nuamente su trabajo, evaluar, analizar errores y corregir actuaciones. La formación, reflexión y acción que se generan a través de los Grupos de Formación Permanente de la Federación constituyen en este momento una base sólida para generar ideas, consolidar y mejorar nuestros objetivos y actuaciones. Son evidentes los efectos de esta interacción, que se fortalece al producirse también un efecto de motivación y compromisos en ambas direcciones, entre los grupos de APAs y la Junta Directiva de la Federación, con una relación cercana y directa entre todos.

La Escuela debería ser un sitio de colaboración y de encuentro, de actuación en equipo y de coordinación. Padres y madres son parte indispensable de la Comuni­dad Educativa, corresponsables del éxito o fracaso de la Escuela, codecisores en las actuaciones educativas y gestores del funcionamiento de los centros junto con los otros sectores, por lo que es imprescindible fomentar su formación para poder actuar en el proceso de forma adecuada. Padres y madres y el profesorado nos necesita­mos mutuamente; es urgente mejorar la colaboración y las relaciones, si queremos mejorar el rendimiento escolar y el funcionamiento de la Escuela.

Por otro lado, las APAs han de ser organizaciones vivas donde los padres y madres se informen, formen y participen en actividades y debates. Deben ser el eje de la participación organizada y colectiva de la familia en el centro, asesorando, informando y facilitando el acceso al mismo ya que los padres y madres asociados y unidos aumentan su capacidad de actuación, aúnan criterios, objetivos y metas. Pero para poder participar en un nivel de igualdad es necesario que sean protagonistas de un proceso deformación propia que tenga como fin, además, el buen funcionamiento de la comunidad educativa.

Las APAs tienen una importante labor comunitaria que hacer, y una posición privilegiada para las actuaciones comunitarias por estar relacionadas tanto con la escuela como con su entorno. Por ello es necesario unirlas, dinamizarlas, ilusionarlas y formarlas para promover su integración como agentes educativos y comunitarios activos. En este sentido, FITAPA se propone el desarrollo de los siguientes objetivos prioritarios:

1.‑ Promover el acercamiento entre la familia y la escuela y la integración de ésta en la vida escolar, fomentando la participación de la familia en la toma de decisio­nes y promoviendo la creación de canales y estructuras permanentes de participa­ción de la misma.

‑ Concienzar a las familias de la necesaria implicación en el proceso educa­tivo y aumentar su participación activa en las comunidades educativas, tanto de for­ma organizada como individualmente, en contacto con cada profesor/a, para que la labor de la escuela se complemente con la de la familia, y se unifiquen criterios edu­cativos.

‑ Promover una escuela democrática y participativa, con intervención de los padres y madres de los alumnos y alumnas, encauzada de manera colectiva a través de sus asociaciones, en colaboración con los otros sectores.

‑ Crear estructuras estables de participación que faciliten la efectiva partici­pación de la familia de forma continuada (comisiones de trabajo, canales de comuni­cación y de colaboración con el Consejo Escolar, Consejos de Aula o Consejos de Centros ‑integrados por un padre o madre de cada clase‑, Asambleas de Aula o de Centro, etc.).

 

2.‑ Fortalecer e ilusionar al movimiento asociativo de padres y madres a través de la motivación, el asesoramiento, la dinamización y la formación continua.

‑ Fortalecer el movimiento de APAs mediante formación y dinamización, con prioridad absoluta del funcionamiento de grupos zonales y su formación, así como el contacto directo y personalizado con cada zona, fomentando el sentido de grupo, la renovación de los métodos de trabajo y las iniciativas individuales y colectivas.

 

3.‑ Potenciar la comunidad educativa.

‑ Fomentar acciones que contribuyan a la mejora del funcionamiento de la comunidad educativa, la colaboración y el trabajo conjunto, de manera que se facilite una relación directa, abierta y cercana entre el profesorado y los padres y madres, en la que haya un espíritu de colaboración y confianza, de respeto a la labor mutua, de aceptación y búsqueda de consenso, compromiso e intereses comunes.

‑ Colaborar y apoyar al alumnado y sus organizaciones coordinando actua­ciones conjuntas y apoyando sus reivindicaciones y su formación. Promover conjun­tamente jornadas, mesas redondas, etc.

‑ Fomentar, a través del trabajo en grupo, formación, debates y actuaciones conjuntas de los sectores, la canalización de ideas, iniciativas y reivindicaciones edu­cativas en mejora de la calidad de la enseñanza.

 

4.‑ Priorizar la formación para la participación y la creación de tejido social.

‑ Propiciar en lo posible la implicación y la participación activa de los padres y madres y las APAs en su propio proceso de formación, creando estructuras ade­cuadas, adaptadas a la realidad del entorno, con métodos y formas de trabajo activos y que respondan a objetivos colectivos.

‑ Motivar y fortalecer la autoconfianza y el desarrollo personal, la comunica­ción, los valores de la colectividad, la solidaridad y la tolerancia, las iniciativas y la reflexión conjunta.

‑ Dar respuesta a los padres y madres y a las APAs de las necesidades de formación, tanto individuales como colectivas, referente a la educación de sus hijos e hijas, a la formación para la participación activa, tanto en general como en los cen­tros, APAs, Consejos Escolares, Consejos Escolares Territoriales, etc., a actividades educativas, culturales y lúdicas, todo ello a través de un Plan de Formación que inclu­ya cursos, jornadas y sesiones en grupos zonales, Escuelas de Padres y Madres, campañas y actividades de todo tipo.

5.‑ Consolidación y ampliación del equipo de formadores.

Facilitarla formación reflexiva y activa de los miembros del equipo que propi­cie el desarrollo de procesos autoformativos, permita al equipo el conocimiento y la profundización en los temas, y mantenga el debate y la evaluación constantes como forma de ir avanzando en los planteamientos, las actuaciones y la adaptación de los objetivos.

 

6.‑ Contribuir a abrir la escuela al entorno.

‑ Potenciar, a través de los grupos zonales de APAs, actuaciones comunita­rias en los municipios, en colaboración con los otros sectores de la comunidad edu­cativa y otras organizaciones sociales.

‑ Incidir de forma especial en la defensa de la formación e implicación de las familias de zonas rurales y urbanas de áreas infradotadas, para promoverla igualdad de oportunidades.

‑ Potenciar, a través de la formación a las APAs, una escuela canaria impli­cada en el entorno, mediante procesos de aprovechamiento de los medios y recur­sos existentes, y la planificación de actividades e iniciativas con el Consejo Escolar de cada centro.

 

7.‑ Fomentar con propuestas y negociaciones mejoras de la calidad de la enseñanza.

‑ Propiciar, a través de iniciativas y propuestas, negociación con la Consejería y actuación en el Consejo Escolar de Canarias, mejoras de medios materiales y huma­nos, así como las medidas legislativas o administrativas estimadas necesarias para lograr una adecuada calidad de enseñanza y rendimiento educativo y escolar.

 

8.‑ Fomentar y potenciar los valores de la Escuela Pública.

‑ Fomentar en la familia y en la escuela los derechos y libertades fundamen­tales y actitudes y valores como la libertad y la solidaridad, la participación democrá­tica, el espíritu crítico, la paz, la tolerancia, y el comportamiento cívico.

‑ Actuar en defensa de una escuela pluralista, compensadora de desigualda­des, que haga efectiva la igualdad de oportunidades, fomentando una enseñanza adaptada al medio, al entorno y ala identidad canaria.

 

Formación activa

 

La base y garantía de futuro de una Federación es hacer formación activa. Los padres y madres han de integrarse en la Escuela para realizar deforma responsa­ble su labor. Y para poder participar en un nivel de igualdad es necesario que sean protagonistas de un proceso de formación propia que tenga como fin, además, el buen funcionamiento de la comunidad educativa. Es prioritaria una formación que propicie la implicación y la participación de los padres y madres y las APAs en su propio proceso de formación, creando estructuras adecuadas adaptadas a la reali­dad del entorno, con métodos y formas de trabajo activos y que respondan a objeti­vos colectivos.

Las relaciones que se establecen entre los diversos sectores (familias, pro­fesorado, alumnado y comunidad en la que se encuentra el centro escolar) dentro de la comunidad educativa, denotan una forma de entender la educación y de concebir la escuela. Si consideramos la educación como una tarea colaborativa y colectiva de todos los sectores de la comunidad, parece necesario trabajar unos con otros para conseguir unos objetivos comunes y que la formación en lo referente a la relación y participación en esos objetivos educativos se haga conjuntamente.

Parece, pues, importante que se fomenten procesos formativos que contri­buyan a la mejora del funcionamiento de la comunidad educativa y el trabajo conjun­to, que faciliten una relación directa, abierta y cercana entre el profesorado y los padres y madres, en la que haya un espíritu de colaboración, de confianza, de respe­to a la labor mutua, de aceptación, de búsqueda de consenso, de compromiso e intereses comunes. Lo mismo habría que decir en cuanto a la colaboración con el alumnado y a la necesidad de fomentar la apertura de los centros al entorno. Es necesario favorecer y propiciar las iniciativas sociales y educativas de los sectores en cada zona y crear cauces de reflexión colectiva.

Esta idea nos lleva a plantear un proceso de formación para la participación en el que tomen parte, no únicamente los padres y madres, sino también todos aque­llos maestros y maestras que estén dispuestos a ello, lo que constituye una diferen­cia con los procesos de formación de otras Federaciones de APAs. Paralelamente, creemos que las Asociaciones de Padres y Madres deben ser el lugar desde donde se tiene que organizar y coordinar toda la formación y participación de la familia en la escuela.

La actuación formativa de la Federación de Tenerife se basa en un modelo abierto, en continuo cambio y mejora, que fomenta actitudes participativas y críticas en las APAs para que desarrollen una participación desde la base, y una intervención en los centros desde una óptica comunitaria: la unidad y los proyectos compartidos por parte de las comunidades educativas, tanto en los centros como en las zonas, son la mejor garantía para conseguir avances significativos en la calidad de la escue­la. Esta actuación se realiza con formadores propios que trabajan de forma desinte­resada y con una documentación elaborada mayoritariamente desde la Federación. Se plantea como una formación estable con metodología activa aplicada al funciona­miento de grupo. Los contenidos se trabajan a través de un proceso continuo de formación y autoformación, reflexión y debate, y se adaptan a las necesidades, los objetivos y las demandas; responden a la necesidad de cada momento, pero conlle­van como objetivo principal la formación para la participación.

 

Las escuelas de padres y madres

 

Este curso escolar es el séptimo desde que iniciamos la experiencia del proyecto de escuelas de padres y madres de FITAPA y creamos un equipo de forma­ción conjunto padres y madres/profesorado. No es muy frecuente que una organiza­ción de padres y madres se plantee planificar conjuntamente la formación con el profesorado. En nuestro caso la experiencia fue y sigue siendo innovadora e intere­sante y los resultados de la misma han sido muy positivos para la Federación.

El proyecto surgió del análisis de la situación de la formación de padres y madres, de la relación un tanto conflictiva entre familia y escuela, lo que dio lugar a que FITAPA se planteara el objetivo de formar a los padres y madres para la partici­pación y la convivencia. Con ello se pretendía dar respuesta a las necesidades y demandas de formación de las APAs y lograr acercamientos entre las familias y el profesorado. En este planteamiento se produjo una coincidencia entre miembros de FITAPA y otros dos del equipo de educación compensatoria que trabajaban con APAs de una zona de Tenerife durante el segundo y tercer trimestres del curso 1990‑91. Para la educación compensatoria, trabajar por la participación de la familia era conti­nuar y profundizar en la lucha contra el fracaso escolar.

Los objetivos que se propusieron fueron los siguientes:

 

* Objetivo general:

‑ Conseguir que las Comunidades Educativas funcionen como tales y que desarrollen modelos participativos entre todos sus integrantes (familia, APAs, alumnado y profesorado), así como desarrollar el contacto del centro con las familias y el entor­no.

 

* Objetivos específicos:

‑ Sensibilizar a todos los sectores de la Comunidad Educativa para lograr una toma de conciencia en cuanto al protagonismo de cada uno en la educación de los niños y niñas.

‑ Lograr la participación activa de padres y madres en la educación de sus hijas e hijos, su acercamiento al centro, su participación en las Asociaciones de Pa­dres y Madres de Alumnos y su colaboración continuada con el profesorado, a través de una formación que tenga en cuenta el desarrollo personal y las necesidades de los mismos.

‑ Unificar criterios educativos, fomentar, actitudes de colaboración, reducir las tensiones entre los sectores y posibilitarla apertura de la Comunidad Educativa al medio.

‑ Lograr que el profesorado se sensibilice para colaborar en el proceso de formación de los padres y madres, facilitando y motivando la participación, para mejorar la eficacia del proceso educativo.

 

Desarrollo del proyecto

 

EL Proyecto de Escuelas de Padres y Madres se presentó el año 1991 al Consejero de Educación, Cultura y Deportes del Gobierno Autónomo con la finalidad de obtener financiación y apoyo. Así mismo, y a partir de la participación del grupo de reflexión inicial en un curso sobre Escuelas de Padres y Madres en la XIV Escuela de Verano, se unió al proceso de reflexión conjunta una profesora del ICE de la Universi­dad de La Laguna, se contactó con profesores y profesoras dispuestos a participar en la creación de Escuelas de Padres y Madres en sus Comunidades Educativas y se amplió el equipo de colaboradores, tanto con miembros de FITAPA como del profe­sorado.

A partir de este momento se puso en marcha el Proyecto. Se creó un Equipo de Seguimiento y Apoyo formado por miembros de la Junta Directiva de FITAPA, la citada profesora de la Universidad de La Laguna y dos miembros del Programa de Educación Compensatoria con horas de dedicación al Proyecto. Durante el curso 1991/92 se realizaron tres Jornadas de difusión dirigidas a APAs, profesorado, miem­bros de servicios educativos concurrentes, y personal de ayuntamientos. A partir de las mismas se iniciaron diversas experiencias de escuelas de padres y madres en las que colaboraron, además del personal referido, miembros de Equipos Zonales de Educación Compensatoria.

A finales de ese curso la Consejería de Educación suprimió el Programa de Educación Compensatoria, con lo que corrió peligro la continuidad del Proyecto, ya que el Equipo de Apoyo se quedaba sin el personal que le dedicaba más tiempo desde su trabajo profesional. Para evitar esa situación, FITAPA presionó a la Consejería de Educación para obtener una continuación del trabajo mediante la concesión de comisiones de servicio dedicadas al Proyecto. A lo largo del curso 1992/93 se conce­dieron dos comisiones que permitieron la continuidad, aunque las dificultades y el retraso originados en el proceso crearon serios impedimentos a su desarrollo.

FITAPA presentó entonces una Memoria amplia de las actividades y los re­sultados, así como un Plan de Trabajo para el futuro, lo que convenció a la Consejería de la necesidad de aumentar su apoyo al mismo y contribuir a su ampliación. Al mismo tiempo planteamos la necesidad de iniciar un amplio plan de trabajo con los claustros en las zonas donde iniciábamos Escuelas, pues habíamos comprobado la necesidad de trabajar en dos líneas convergentes: por una parte, animando y dinami­zando a las APAs para la puesta en marcha de las experiencias y, por otra, contac­tando, a través del profesorado del Equipo, con los claustros de cada centro para involucrarlos en las experiencias.

Este segundo año de funcionamiento sirvió para continuar la formación de dinamizadores y del propio Equipo del Proyecto, y para seguir elaborando métodos, documentación y una bibliografía amplia que diera respuesta a las múltiples necesida­des y solicitudes.

No siempre estuvimos satisfechos con el resultado, ya que teníamos en con­tra la falta de hábitos de participación en algunas zonas, agravada por la situación social en general, y, por otra parte, hubo que combatir problemas generados por el debate de la jornada continua, que distorsionaba la convivencia hasta el punto de paralizar algunas experiencias. La falta de medios humanos limitaba también nuestra capacidad, ya que la demanda era muy grande. Pero, en general, el resultado fue satisfactorio y fuimos consolidando el Equipo y los objetivos, adaptando los métodos a las experiencias adquiridas. Al final del curso 1992193 el proyecto había tenido ya resultados notables en cuanto a formación, sobre todo en zonas rurales, en las que el desarrollo personal de sus participantes era evidente.

El cambio de responsables políticos en el Gobierno Autónomo en abril de 1993 y la asunción del Proyecto por parte de la Consejería de Educación dio lugar a una situación nueva. Se constituyó en la Consejería un Programa específico de fo­mento de la participación y la relación escuela/familia y se creó un área de trabajo dentro del Equipo Técnico Asesor de la Dirección General de Promoción Educativa. Nos parece importante este hecho, por lo que supone de reconocimiento del Proyec­to y lo acertado de su planteamiento. El asumir la Consejería de Educación nuestros objetivos y coincidir en nuestros planteamientos, supuso un cambio notable en los conceptos y en las maneras de actuación de los diferentes servicios y departamentos de la Consejería, y un nuevo mensaje hacia la Escuela, muy necesario para lograr las mejoras educativas que consideramos prioritarias. Se consiguió, además, otro de los objetivos de FITAPA, que era la divulgación del Proyecto a todo el Archipiélago. Se iniciaron a partir de entonces, experiencias en otras islas, especialmente en Gran Canaria, La Gomera y El Hierro, y se amplió el Equipo Técnico hasta incluir, en el momento actual, a seis personas.

Independientemente del Programa de la Consejería, se mantuvo el Equipo de Formación de FITAPA, que sigue existiendo hoy día, y del que forman parte los formadores de la Junta Directiva así como los tres miembros del Programa de, la Consejería, actualmente Programa Escuela/Familia, en una relación de trabajo de Seminario Permanente.

Es cierto que en su momento nos preocuparon los riesgos futuros de la in­clusión de la Consejería de Educación en los Planes de Formación de Padres y Ma­dres, la posible tentación política de tutelaral movimiento, invirtiendo el enfoque ini­cial de que los padres y madres fueran los protagonistas de su propia formación. Sin embargo, creemos que este riesgo se ha evitado‑ totalmente, que FITAPA ha podido asumir su responsabilidad en la formación, con total autonomía para decidir. Por el contrario, la colaboración con el Programa de la Consejería y las nuevas personas que entraron en éste ha enriquecido los contenidos y ha favorecido, a nuestro enten­der, cambios notables de actitudes y planteamientos en las normativas, en los dife­rentes departamentos de la Consejería, etc.

 

Métodos de trabajo en las Escuelas de Padres y Madres de Tenerife

 

Las Escuelas de Padres y Madres son instrumentos de participación en las que los padres y madres son protagonistas de su propia formación. Tanto el Equipo como las diferentes Escuelas parten del principio de aprender a participar participan­do. En el desarrollo de la formación planteamos que todos y todas tenemos algo que enseñar y algo que aprender, que es mucho más efectivo el aprendizaje cuando hay una implicación personal y afectiva: todos somos profesores y todos alumnos.

Pretendemos que toda la Comunidad Educativa se beneficie y que participe, o al menos que asuma esta formación, por lo que el papel del profesorado como miembro y como colaborador es muy importante. Queremos también que los centros incluyan la experiencia dentro de su Plan Anual.

Se intenta que las experiencias se impulsen y se coordinen desde las pro­pias APAs y que sean los participantes quienes decidan qué temas quieren tratar, cómo quieren hacerlo, dónde y cuándo. Pero se intenta también buscar un abanico amplio de colaboradores entre profesorado y servicios sociales, animadores socioculturales, etc., que a veces asumen conjuntamente la dinamización. En este sentido, FITAPA y el Equipo de Formación no pretendemos dirigir ni conducir las experiencias de Escuelas de Padres y Madres, sino coordinarlas, dinamizando su puesta en marcha y apoyando su funcionamiento y desarrollo, y facilitar los contactos y comunicaciones entre ellas.

Normalmente el primer contacto surge de una demanda del APA, del claus­tro, de algún grupo de padres y madres interesados o de algún profesor o profesora en disposición de iniciar un trabajo de formación con los padres y madres de su centro o de su aula. Muchas veces es el resultado del trabajo de mentalización del Equipo y de la Federación en una zona, o consecuencia de asambleas y cursos. A partir de ese primer contacto se inicia la inclusión de la experiencia en el Proyecto de Escuelas de Padres y Madres de FITAPA con un proceso concreto:

Los contenidos se definen en función de los intereses y de las necesidades de los participantes de cada Escuela, en un proceso de selección que se inicia con unas encuestas que se envían a todos los padres y madres del centro, o, según las características del grupo, se pasan en la primera reunión. En ésta se explica exhaustivamente el tipo de trabajo que se propone, se termina de consensuar y con­cretar el tema a tratar, horario, días, periodicidad, se completa el equipo coordinador y se reparten las primeras responsabilidades.

Pero, realmente, el contenido no es lo esencial en nuestra manera de enten­der la formación en las Escuelas de Padres y Madres, ya que el objetivo principal es la formación para la participación y la consecución de grupos estables. La forma de hacer llegar el contenido al grupo es diversa y variopinta, pero lo importante es la reflexión que se produce en él.

Las funciones de los formadores son las de motivar, cuestionar, animar, apo­yar, cohesionar y dar seguridad al colectivo. En el transcurso de las reuniones se utilizan técnicas de dinámica de grupo, se profundiza y se hacen aportaciones a tra­vés de la reflexión personal y de cada grupo, moderado por parte los propios asisten­tes. Se forma un grupo de personas que se responsabíliza de coordinar las sesiones, integrado tanto por padres y madres participantes de la experiencia, como por algún profesor o profesora y, en los casos en que el ayuntamiento ha querido colaborar, por personal de los servicios psicopedagógicos, sociales o de animación sociocultural. Se establece una relación horizontal en la que todos los miembros del grupo tienen los mismos deberes y obligaciones. Conviene destacar que los maestros o maestras que participan lo hacen como un miembro más, o, en todo caso, como miembros del grupo coordinador.

El aprendizaje de las funciones de coordinador o coordinadora lo plantea­mos de una forma interactiva, de manera que desde el primer momento en el que se comienza una escuela de p/madres, el grupo debe coordinar, con el apoyo de los formadores del Equipo, las distintas dinámicas de las sesiones, comenzando por asumir aspectos muy sencillos y aceptando mayores responsabilidades en la medida que se va avanzando en el trabajo. Este equipo coordinador lleva a cabo unas reunio­nes de preparación de cada sesión en las que se distribuyen las distintas tareas necesarias, se prepara la organización y el contenido de la misma, y se evalúa el desarrollo y conclusiones de la anterior.

La experiencia nos demuestra que no debemos obsesionarnos por los méto­dos empleados y la perfección en el desarrollo de las sesiones, que, a veces, puede desvirtuar el objetivo inicial de lograr que las personas adquieran confianza y se cohesione el grupo. Es más importante el método en sí que su desarrollo completo o el contenido a cubrir. Por lo tanto no hay que ser esclavos de las reglas, sino adap­tarse a cada circunstancia. Consideramos una prioridad lograr motivar a los partici­pantes y que éstos desarrollen sus propias habilidades, lo que implica ser abiertos y flexibles y huir de dar lecciones.

Hay muchos modelos diferentes de Escuelas de Padres y Madres en los centros, por lo que debemos ser enormemente flexibles si queremos dar respuestas adecuadas. Hay centros que plantean una Escuela para todo el centro; otros estable­cen un grupo con los padres y madres de un nivel educativo; otras veces son dos colegios del mismo barrio, y otras, grupos zonales de APAs que posteriormente po­nen en marcha Escuelas en sus respectivos centros. Hay experiencias en zonas urbanas con una problemática muy concreta y experiencias en zonas rurales o cole­gios unitarios. El Equipo de Escuelas de Padres y Madres ha dado respuesta a temas muy amplios y diferentes, desde cuestiones escolares (de funcionamiento y organi­zación, temas educativos, etc.), de relaciones padres/hijos, a temas de formación personal y comunitaria, lo que ha supuesto un esfuerzo grande de asesoramiento.

Por lo tanto una conclusión importante es que ninguna Escuela es igual a otra y que su funcionamiento, su estructura y su temario dependen del entorno, de los medios humanos disponibles, de la situación y de las necesidades del centro, y, so­bre todo, de las necesidades que planteen los padres y madres y demás integrantes de la misma.

 

Valoración de la experiencia

 

Los objetivos de formación que se proyectan en las Escuelas de Padres y Madres tienen dos vertientes principales: una de formación para el trabajo en las APAs y el conocimiento de los centros, y otra de profundización en la relación con los hijos/as y en los problemas tanto escolares como personales de éstos/as. Los obje­tivos de formación para la participación activa, acercamiento familia/escuela, mejora de relaciones y de funcionamiento de la comunidad educativa y fortalecimiento y dinamización de las APAs producen una formación y evolución personal muy positiva en los participantes, sobre todo cuando conseguimos un grupo realmente estable. Todas las escuelas y experiencias, con sus éxitos y sus fallos, han tenido algo positi­vo y logros a destacar.

Con la metodología activa usada en los grupos y partiendo de la base de que cada uno tiene algo que enseñar y que somos protagonistas de nuestra propia forma­ción, hemos logrado que los asistentes a las Escuelas o grupos zonales se integren en la Comunidad Educativa, sepan la manera adecuada de participar y colaborar, y sean críticos con ellos mismos y las situaciones. También se ha logrado aumentar el nivel de autoestima: los participantes han obtenido confianza en sí mismos y capaci­dad creativa para poner en marcha nuevos proyectos.

Cuando un APA fomenta una Escuela de Padres y Madres en su centro, el resultado es un grupo activo, implicado con los problemas del colegio y dispuesto a participar, lo que constituye una manera magnífica de disponer de nuevas personas que colaboren en el APA. En este sentido, estamos convencidos de la importancia del Proyecto en el fortalecimiento y la dinamización de las Asociaciones de Padres de Alumnos. Cuando ponemos en marcha una Escuela de Padres y Madres, en un centro, en un barrio, en una zona o en un grupo zonal, comprobamos que se produce una dinamización inmediata de la colaboración.

Por otra parte, al plantear como objetivo la formación para la participación y utilizar metodología activa, las personas adquieren una seguridad mucho mayor para desarrollar su papel de colaboradores activos, pierden el miedo a hablar, adquieren mayor conocimiento de los temas educativos y se sienten implicados.

Paralelamente se dinamiza el movimiento a través de las Escuelas de Pa­dres y Madres de los grupos zonales. Los participantes aprenden el funcionamiento básico de la gestión de las APAs y su misión en los centros, lo que tiene como resultado una dinámica renovada en el funcionamiento de aquéllas. Se pierde también el concepto de jerarquización de las Juntas Directivas, y se adquiere la conciencia de grupo con responsabilidades compartidas, que debe promover la implicación de su colectivo.

En cuanto a la incidencia en la relación con el profesorado, hemos constata­do que, con la creación del grupo y su contacto con los docentes, disminuyen las tensiones dentro de la Comunidad Educativa y se inicia la colaboración con el Centro. Los dos sectores se vuelven más tolerantes y receptivos y se produce un mutuo conocimiento, lo que lleva consigo un derrumbe de los muros. Un logro importante es la capacidad de relativizar los conflictos y desechar las posturas radicales y fiscaliza­doras, con lo que las relaciones con el profesorado han mejorado y se ha producido un ambiente más relajado dentro de los centros. Todo ello ha contribuido a una mejo­ra del clima en los centros de Tenerife, a que existan rrienos reticencias en la colabo­ración entre los sectores y a que muchos centros asuman que dicha colaboración no sólo es buena sino necesaria para el funcionamiento adecuado de los mismos. De esta circunstancia se benefician directamente los niños y niñas, puesto que el profe­sorado, al sentirse a gusto, trabaja mejor.

Las Escuelas facilitan la reflexión ante los problemas y sus soluciones, la comunicación y la relación entre los sectores y la mejora de la escuela y su entorno, fortalecen el movimiento asociativo, lo que produce mejoras, no sólo en la vida edu­cativa, sino también en la vida comunitaria, y en las relaciones dentro de la propia familia.

No menos importante es lo que supone en muchos casos para los partici­pantes. Hemos comprobado logros positivos tanto para las personas como para su rendimiento social y educativo:

‑ Satisfacción y formación personal.

‑ Autoconfianza y desarrollo de habilidades, ya que se demuestra que todos tienen algo que aportar. Se atreven a expresar sus ideas y participar al mis­mo nivel.

‑ Ilusión por mejorar, implicarse y formar parte de algo.

‑ Diversión.

‑ Se motiva a las personas para participar y se logra mantener su interés.

‑ Disminuye la sensación de fracaso personal.

‑ Se produce un cambio de mentalidad, en el sentido de hacer prevalecer la tolerancia en las relaciones.

‑ Se facilita la comunicación.

‑ Se realzan valores de colectividad.

‑ Hay solidaridad como grupo y amistad entre sus miembros.

‑ Se promueven iniciativas de actuación, reflexión y responsabilidad conjun­ta.

‑ Se consensuan criterios, se unifican objetivos y metas. ‑ Se quita importancia a los problemas y se produce un apoyo en el grupo. ‑ Se fortalece la relación comunitaria y se potencian las igualdades sociales. ‑ Se produce un acercamiento entre las generaciones. ‑ Se acaba con los estereotipos (como el machismo, arraigado en los me­dios rurales). ‑ Se potencia la igualdad social.

 

(*) Federación Insular Tinerfeña de Asociaciones de Padres de Alumnos. Dirección: Centro de Educación Especial "Hermano Pedro". Carretera del Rosario, Km. 4. 38010 Santa Cruz de Tenerife. Tfno: 922 66 25 25. Tfno y fax: 922 65 12 12.