ATRAPADOS EN LA RED DEL AM@R.

Un análisis del Lenguaje y las Emociones en la CMO

Autora

Gilda Eliana Sotomayor García

Resumen

El artículo trata de ver al Homo amans en el contexto actual de las Nuevas Tecnologías, dedicando especial atención a las relaciones sentimentales que se establecen en la CMO (Comunicación Mediada por Ordenador).  Lo que se busca es entender el fenómeno del intercambio y comunicación emocional en un medio aparentemente tan frío como es Internet; para ello se aborda la Red, no desde una perspectiva tecnológica sino más bien antropológica y psicológica relacionada al tema emocional, eje central en torno al cual gira la vida del hombre. Se empieza haciendo un análisis  del mundo de los sentimientos y las emociones para luego abordar el del lenguaje, elementos con los cuales se construye la comunicación humana. Posteriormente se ve, de forma específica,  el lenguaje escrito en la CMO. Finalmente se da luces sobre la implicación de este tema en el campo educativo, haciendo hincapié en la formación sentimental a través de la formación de la competencia relacional o interactiva, en la que se encuentra profundamente implicado el sistema emocional del ser humano.

 

Palabras clave

Lenguaje, escritura,  emociones, amor, comunicación, Internet, Comunicación Mediada por Ordenador (CMO), conocimiento, inteligencia social, competencia interactiva, inteligencia emocional

 

Cuerpo del artículo:

                                                                                                            ¿Qué es el amor? El amor es difícil describirlo. El amor está simplemente presente... Si no lo ves en mis  ojos,  no lo sientes en mis brazos, ni lo escuchas en mi silencio, nunca podrás entenderlo con mis palabras. 

     

               (Osho.  El árbol del amor. Cap 1)

 

"Voy a hablar con la cabeza tapada, para que, galopando por las palabras, llegue rápidamente hasta el final, y no me corte, de vergüenza, al mirarte."

                                                          

     (Platón. Fedro, 237a.)

 

Introducción

Pensar en la mejor forma de comunicar algo, sobre todo cuando lo que se quiere transmitir son afectos y sentimientos amorosos, es pensar en un medio capaz de expresar con fidelidad toda esa carga de subjetivad que nos define como seres humanos. Para eso, utilizamos  el lenguaje en todas sus formas: desde el gesto a la palabra, ya sea oral o escrita, como la que destaca Platón. Sea cual sea la forma, el hecho incuestionable es que necesitamos expresar nuestros sentimientos pues la vida sentimental de los hombres no sería tal si no fuera compartida, es decir comunicada unos a otros.

 

Lo dicho se hace muy evidente en el caso del amor en la Red, producto y consecuencia de nuestra actual vida social cada vez más tecnificada, la cual nos ha traído como novedad la comunicación Mediada por Ordenador (CMO).  En efecto, sabemos que Internet se está transformando cada vez más en un lugar que abre posibilidades de conocer gente y por tanto  enamorarse a través de este tipo de comunicación. Pero estamos hablando de enamorarse frente al ordenador, o sea a solas desde un punto de vista físico o material, lo cual hace que ciertas personas que naveguen por Internet se extravíen en las marañas del ciberespacio, viéndose finalmente atrapadas en la Red del am@r.

 

De hecho, la inmensa cantidad de páginas de buscaparejas o cibersexo en la web, se ofrecen como sitos para relacionarse con los otros y no es de extrañar que quien no practica esta forma de comunicación,  tiene amigos o parientes que lo hacen o al menos ha leído sobre parejas que se conocen en un chat o correo electrónico, mantienen encuentros y llegan incluso a formar relaciones virtuales. Al respecto abundan  historias de lo más disímiles y diversas pero reales y que suceden a  menudo, algunas con  finales felices, otras tristes y hasta trágicas.[1] Sea como fuere,  todas ellas ponen en evidencia el hecho de que los amores virtuales se han puesto de moda, con esto nos estamos refiriendo a las relaciones sentimentales que se construyen  por medio de las interacciones a través de Internet, en otras palabras: al amor entre personas que jamás se han encontrado cara a cara o que, aun conociéndose personalmente y limitados por la distancia u otras circunstancias a encuentros esporádicos mantienen viva su relación por medio de la comunicación mediatizada por computador (Finquelievich, 1998).

 

Lo anterior nos lleva a afirmar que es posible la transmisión de emociones en el ciberespacio, de otro modo no hablaríamos de este tema pese a que personas escépticas consideren que es un fenómeno que, con referencia al contexto general de Internet y de la misma población en su conjunto, constituye una práctica minoritaria, algo extravagante y menospreciada por la mayoría. Sin embargo,  a pesar de todo lo que se dice, no se puede negar que la transmisión de los afectos en la Red es algo que se practica, por eso pensamos que lo relevante es preguntarse sobre cómo Internet ha dado lugar a este fenómeno.

 

Con esa inquietud trataremos de analizar el nacimiento de estas nuevas maneras de vivir la sensibilidad, nuestro objetivo es entender cómo es posible el intercambio y comunicación emocional en un medio aparentemente tan frío como Internet. Para tal objetivo se hará necesario ver la red, no desde una perspectiva tecnológica sino más bien antropológica y psicológica relacionada al tema emocional, eje central en torno al cual gira la vida del hombre. No olvidemos que a pesar de su frialdad, el ordenador es un vehículo para exteriorizar los sentimientos, y el espíritu y la esencia que lo hace humano no dejan de estar presentes. Es por eso que el tema, aunque en el fondo nada nuevo[2], no nos deje indiferentes ya que atañe a nuestra condición de Homo amans. Así pues, el estudio de las emociones y sentimientos es un buen modo de dar inicio a nuestro análisis porque nos va a permitir entrar en ese mundo íntimo y recóndito que es la subjetividad en el hombre.

 

1. El mundo de  las emociones y los sentimientos

“ ‘A la gente le gusta sentir. Sea lo que sea’, escribió Virginia Wolf en su diario. Así empieza Marina (1996) su libro El laberinto sentimental, donde enfatiza que al final de cuentas somos inteligencias emocionales porque nada nos interesa más que los sentimientos ya que en ellos se fundamenta nuestra felicidad o desdicha. Sin embargo, podría decirse que la preocupación central, al lo largo de la historia del conocimiento humano, ha sido saber lo que somos y lo que determina nuestra naturaleza específica pero sin tomar en consideración este aspecto. De hecho, nos hemos concebido a partir de ciertas facultades típicas con las cuales hemos planteado las distintas definiciones del ser humano. Así, somos seres que producen o fabrican herramientas -Homo faber- pero sobretodo pensantes y cazadores de conocimiento -Homo sapiens-, que intercambian información unos con otros verbalmente -Homo loquens- en tanto  vivimos en sociedad ya que somos animales sociales por excelencia  -Homo politicus-.

 

Todas estas definiciones enfatizan ciertas cualidades que se suponen exclusivamente humanas, dejando de lado todo lo que concierne a la esfera afectiva que pertenecería a la parte más irracional del ser humano, es decir el área de la experiencia que el hombre comparte con los animales, motivo por el cual ha llegado a ser degradada y menospreciada, asignándole un  lugar secundario. En efecto, durante mucho tiempo lo emocional o la pasión han sido consideradas poco importantes, una fuente de desorden, inestabilidad y error. No cabe duda que hemos sido víctimas de ese mito antropocéntrico judeocristiano del presunto abismo entre hombres, como hijos de Dios, portadores de almas -psiquis- inmortales, y los animales como mecanismos -cuerpos- irracionales. Uno de los principales defensores de dicho mito fue Descartes en el siglo XVII y ese es el error que éste dejó como legado a todas las ciencias humanas (Damasio, 2001). Por tal razón se ha venido a privilegiar lo racional sobre lo irracional, llegando a imponerse un dualismo que escinde el cerebro del cuerpo.

 

Sin embargo, hasta que la biología se constituyó como ciencia con Darwin, en los últimos años lo emocional parece haber experimentado cierta rehabilitación gracias a los aportes de los etólogos, quienes en base a los estudios darvinianos han sabido defender muy bien la idea de que los animales inferiores, al igual que el hombre, comparten la esfera emocional como algo vital para su supervivencia y que, por el contrario, en el hombre dicha esfera constituye precisamente un puente entre su mente y su  cuerpo.

 

En efecto, aunque el tema de las relaciones entre inteligencia y emotividad no es nuevo, no ha dejado de recibir renovada atención por parte de científicos, filósofos y  psicólogos. Por ejemplo, lo investigado por el neurobiólogo Damasio (2001), cuyos estudios sobre el cerebro confirman que el sistema límbico y la corteza se influyen entre sí, en tanto hay muchas conexiones que llevan señales desde el sistema límbico a la corteza que en sentido contrario, lo cual explica cómo la emoción influye sobre la cognición, es decir sobre la memoria, la cual forma parte de casi todos los procesos cognitivos: la percepción, toma de decisiones, aprendizaje, planificación, establecimiento de prioridades,  creatividad, etc.

 

En esa misma  línea  LeDoux (1999) ha demostrado que es posible estudiar la emoción del modo en que se ha estudiado la razón; analizando cómo el cerebro procesa estímulos emocionales para producir una respuesta emocional, dejando de lado todos los aspectos subjetivos. Esto ha llevado a éste científico al convencimiento de que la emoción llega a controlar el pensamiento puesto que es más fuerte que la razón, por eso es fácil para la primera controlar la reflexión, y en cambio es muy difícil que el pensamiento racional controle la emoción. Así, cuando sentimos ansiedad o depresión, la razón puede decir basta, pero casi nunca consigue eliminarlas.

 

Por su parte, Maturana (2001:8) desde el punto de vista biológico ha definido a las emociones como las “disposiciones corporales dinámicas que definen los distintos dominios de acción en que nos movemos”.  De ahí que cuando uno cambia de emoción cambia de dominio de acción ya que si cambian nuestras circunstancias emocionales cambia nuestra forma de razonar. Así, nuestra racionalidad descansaría en la realización de operaciones sobre ciertas premisas que determinada disposición emocional nos lleva a aceptar a priori. Por eso, la conciencia, el pensamiento, la mente, sólo son posibles sobre la base de una disposición emocional que filtre la realidad. Como dicen los psicoanalistas, nuestras relaciones originarias con el mundo no son objetivas sino objetales, en tanto la relación objetiva se caracteriza por la ausencia de proyecciones afectivas y la objetal, por el contrario, está condicionada emocionalmente.[3]

 

Podemos afirmar entonces que cada emoción predispone a cierta gama de acciones y cierra a otras. Por tanto todas las decisiones en el hombre son emocionales porque al final de cuentas todo empieza con una emoción, y en última instancia, es una emoción la que inclina la balanza hacia un lado u otro. Si sólo contáramos con la razón, no decidiríamos nunca nada, dada la complejidad casi infinita que supone evaluar correctamente la selva de datos disponibles(Punset 2005:62). De hecho, la importancia que desempeñan las emociones en los procesos intelectuales está actualmente tan admitida, que hoy en día se está buscando convertir a los ordenadores actuales en ordenadores emocionales para que sean auténticas máquinas inteligentes (Picard, 1997).[4]

 

2. El  amor en el Homo amans

A tenor de lo que hemos expuesto hasta aquí, podemos deducir, sin lugar a dudas, que el hombre es eminentemente un ser emocional porque gracias a la herencia filogenética que hemos adquirido de nuestros antepasados más primitivos somos sujetos de un conjunto de sensaciones emocionales disparadas desde nuestro hipotálamo y el sistema límbico de nuestro cerebro desarrolladas en forma de odio, amor miedo, júbilo, depresión, inquietud, esperanza, inseguridad, placer o nostalgia (Gubern, 2000).

 

Pero sobretodo, los seres humanos somos específicamente: seres biológicamente amorosos porque el amor ha sido la emoción central conservada en la historia evolutiva que nos dio origen desde hace unos cinco a seis millones de años atrás (Maturana, 1995). En efecto, por fin ésta emoción se ha arrancando del dominio de la moral para asentarla en el de la ciencia y es desde el mundo científico que se ha estudiado al amor -empatía según Varela- como un tipo de relación biológico/social. Desde esa perspectiva el amor tendría una explicación evolutiva muy precisa en nada vinculada al romanticismo, en tanto se concibe que si el hombre ama y se emociona es porque ello preserva la especie, es decir por medio de él procreamos y cuidamos a nuestros descendientes.[5]

 

Dice Punset (2007) que el amor lejos de ser un acto de generosidad es un acto de pura supervivencia, en el sentido de que ningún organismo intenta vivir solo. De hecho, el amor es el sentimiento más antiguo del mundo, “tiene 3.000 millones de años y surgió en el momento en el que una bacteria se preguntó si había alguien más ahí porque no podía sobrevivir sola”. Dicho autor es tajante al afirmar que desde un punto de vista biológico y científico el amor no es sino un instinto de fusión con otro organismo para garantizar nuestra supervivencia. Por eso a lo largo de la vida el ser humano busca estar acompañado como una medida de protección; primero lo hace con los padres y luego lo prolonga con la familia que construye con la pareja y los hijos.

 

Concluimos entonces que el amor es una emoción, un modo de vivir juntos, un tipo de conductas relacionales en los sistemas humanos. En definitiva, el amor es la emoción que constituye y conserva la vida social. Entonces, como especie, el ser humano además y sobretodo es HOMO AMANS en el sentido de ser animales amorosos. No es de extrañar entonces, que casi todos nuestros problemas tengan su origen en la negación del amor, llegando a enfermamos de cuerpo y alma si se nos priva de éste, a cualquier edad (Maturana, 1994). Estadísticamente se ha demostrado que al hallarse solo aumentan los riesgos, por eso la tesis postulada por Bowlby (1976) radica en que tal como ocurriera en la historia primitiva del hombre, en muchas ocasiones, incluso hoy en día es preferible evitar la soledad tal como se evita cualquier otra señal de peligro potencial. 

 

Así pues, no podemos negar la necesidad que tenemos de ser valorados, queridos y escuchados, lo que pasa es que al haber puesto el acento en nuestra capacidad pensante, en esa mitad izquierda de nuestro cerebro, verbal y dominadora, ha silenciado pero nunca anulado, la mitad derecha del amor, la intuición, la misericordia, las formas orgánicas y más antiguas de experimentar el mundo sin agarrarlo por el cuello (Steiner, 2001:128).

 

 

3. El lenguaje y las emociones en la comunicación humana

Si como hemos visto, el hombre es ante todo un ser emocional y que razón y emoción interactúan juntas, entonces cuando nos referimos a la comunicación humana tenemos que asumir que no puede existir una comunicación que sea visceral (emocional) por un lado, y  cerebral (racional) por otro, puesto que, en mayor o menor grado, la comunicación tiene inevitablemente ambas dimensiones. No tenemos un sistema para tratar lo intelectual y otro para lo emocional, sólo tenemos un sistema nervioso y un sistema psicológico, y nuestros sentimientos son un componente inherente e inevitable de cada relación dinámica que existe entre los elementos de nuestros sistemas de comprensión y de toda nuestra conducta comunicativa. Como señala Maturana (1993)fluimos en nuestro emocionar a través del fluir de nuestras conversaciones”. Esto quiere decir que en el fluir del lenguaje se manifiestan nuestras emociones y sentimientos más diversos. [6] 

 

En efecto, en el hablar de la conversación los procedimientos característicos del razonar, la propuesta de argumentos, se van construyendo sobre una base emocional que nos lleva a la  estimación de dominios de acción (Maturana, 2000). De tal modo, los lugares sociales están cargados de oralidad, en ellos se verifica la afectividad y sus juegos de representación y de afirmación emotiva. La oralidad, por lo tanto, es el momento de la distensión, de la presión cotidiana en la risa, en el humor, pero también es el momento de la desesperación, de la agresión, del conflicto, de la mentira, de la ofensa, del malentendido, de la desinformación. A partir de esta constatación es que se ha venido a destacar el carácter generativo del lenguaje, en tanto éste no sólo describe la realidad, sino que crea realidades, es decir ya no es que solo el lenguaje habla sobre las cosas sino que hace que sucedan cosas, de modo que las realidades son construidas en la relación a partir del lenguaje (Gergen, 1996). Esta cualidad activa, o naturaleza ejecutante del lenguaje,  destacada por el filósofo británico Austin (1995), es extensible tanto para el lenguaje hablado, escrito o gestual. El lenguaje entonces puede modificar la realidad, o sea el hablar tiene consecuencias. De ahí que ningún hablar sea inocente ya que una palabra de ternura es también una caricia o  una expresión verbal de odio, puede herir nuestras fibras más sensibles.

 

Así pues, podemos decir que desde niños crecemos entrelazando lenguaje y emociones en nuestra vida cotidiana. Vamos modificando, mediante el lenguaje, nuestras emociones y estados de ánimo en el transcurso  de nuestras conversaciones (eje central de nuestras acciones)[7]. Por eso cada cosa que nos decimos tiene consecuencias e incluso cuando verbalizamos acerca de nosotros mismos, aparecen los cambios emocionales. Ahora bien, antropológicamente sabemos que esta capacidad de acción comunicativa en el hombre, cuyo eje central son las conversaciones, no es más que la inteligencia social, relacional o paradigmática. Según Bruner (1998) dicha inteligencia tiene una habilidad básica que consiste globalmente en la capacidad de construir creencias sobre las creencias que otros tienen o atribuírselas a algo o a alguien distinguiéndolas de las propias. Por tanto, podemos afirmar que la dotación más característica de nuestra especie es ser capaces de hacer una lectura y constante interpretación de la mente y del contenido de la mente de los demás. En esta capacidad se fundamenta todo el proceso de socialización (comunicación y cooperación) que a su vez condiciona en gran medida el resto de la actividad cognitiva.

 

Hasta aquí hemos visto cómo nuestra condición de animales sociales -Homo politicus- Sotomayor (2006) se perfila en la confluencia del animal de lenguaje -Homo loquens- Sotomayor (2003) y el animal amoroso -Homo amans-. Esto es así porque tanto el lenguaje y las emociones (además del comportamiento corporal) son nuestros constituyentes primarios, aquellos tipos de comportamientos que originan y posibilitan nuestras relaciones interpersonales y que nos hacen, como seres humanos, actuar como actuamos. Pues bien, estas actuaciones se han trasladado hasta los escenarios virtuales ya que la gente ha sabido adaptar Internet a sus vidas y utiliza los espacios generados en la Red como cualquiera otro de sus espacios sociales.

 

En ese sentido podemos entender por qué es posible el amor en un medio aparentemente tan frío como Internet.  No cabe duda que el espíritu y la esencia humana de quienes están detrás del ordenador y conectados en la Red no dejan de estar presentes. No olvidemos que éste no es más que un medio con el cual nos comunicamos, por lo tanto, cuando charlamos o lenguajeamos por Internet, nuestro lenguajear[8] y emocionear no dejan de estar entrelazados, de tal manera que nuestro fluir emocional es afectado por nuestro lenguajear, y nuestro lenguajear es afectado por nuestro fluir emocional. Así, nuestras emociones, tanto como las de los otros, cambian como resultado de nuestras palabras; y nuestras palabras cambian como resultado del cambio en nuestras emociones. En nuestra opinión, esto es lo que sucede en la CMO, siendo que el emocionear y el lenguajear son suficientes para que surjan sentimientos amorosos y se establezcan relaciones sentimentales, independientemente de la presencia física de las personas implicadas, veamos cómo.

 

4. El lenguaje escrito y el amor  en la CMO

Llegados a este punto cabe recordar lo que hemos venido afirmando líneas arriba en el sentido de que el lenguaje, como rasgo cultural, junto con la amorosidad, como rasgo biológico, constituyen el núcleo del modo de vida que nos define como seres humanos. Ahora bien, a efectos de entender mucho mejor lo que sucede en la CMO debemos hacer una distinción entre el lenguaje oral y escrito ya que constituyen medios de interacción social diferentes desde la perspectiva de la situación comunicativa: simultánea en la oralidad, diferida en la escrita. 

 

En principio, el lenguaje escrito, a diferencia del oral es descontextualizado porque amerita de una representación en el pensamiento, de una situación comunicativa determinada que no está presente. Así pues, nosotros mismos nos vemos obligados a crear la situación, mejor dicho, a representárnosla en el pensamiento. En cierto sentido, la utilización del lenguaje escrito presupone una actitud con respecto a la situación totalmente nueva, en comparación con la del lenguaje oral, actitud que exige una mayor independencia, una mayor voluntariedad y una mayor libertad con respecto a ella (Vigotsky, 1995).

 

Entonces, si la escritura es más compleja que la oralidad es porque implica una actitud de voluntariedad lo que hace de ella una actividad consciente, reflexiva y deliberada. Al no existir en la escritura la presencia física del otro, del lector de modo simultáneo, el escritor debe tenerlo en mente al momento de hacer su texto. Es decir, todo escritor debe adecuar el texto a la audiencia. Además, el lenguaje escrito implica formas de representación lo cual  hace que el individuo manifieste su condición de Homo Sapiens. Por último, Vigotsky (1995) precisa que los procesos psicológicos superiores como la escritura, requieren para su desarrollo del empleo de instrumentos de mediación que constituyen formas y modos, así como herramientas de enlace entre el sujeto aprendiz y el medio histórico y social en el que interactúa. [9]

 

Recapitulando, la escritura funciona como un elemento mediador que permite la actuación de nuestras características de seres pensantes. En ella impera la voluntariedad y la intencionalidad pues la escritura no es espontánea ya que en su realización imperan estados de conciencia. Esto es así porque somos conscientes cuando escribimos, qué escribimos, a quién escribimos, respecto a qué tipo de texto escribimos y para qué lo hacemos. Además hay que añadir que esa voluntariedad que se menciona, lleva consigo la necesidad del otro, ya que siempre se escribe para el otro, en tanto siempre estamos leyendo e interpretando la mente -y el corazón- del otro, pues somos inteligencias sociales. En la CMO esto se hace evidente y concreto,  la mejor prueba de ello la tenemos en los e-mail y el chateo por Internet en donde hombres y mujeres navegan y quedan atrapados en la Red del am@r gracias a la palabra escrita.

 

Efectivamente, el lenguaje escrito es el código de comunicación más usado en los mensajes instantáneos (programas de IM, redes IRC, chats por web o protocolos DCC) y en los asíncronos (correo electrónico, foros).  Si bien es cierto, los avances de la técnica han hecho posible que podamos mantener actualmente conversaciones mediante tele o videoconferencia, los chats son los más usados y los que después de casi dos décadas, no han evolucionado masivamente hacia entornos e interfaces más audiovisuales. Esto es así porque la capacidad de fantasía que posibilita la comunicación textual sería contrarrestada por lo visual (Gordo, 2001).  En efecto, el hecho de proyectar fantasías en el objeto de amor es una característica de todo enamoramiento. Como señala Finquelievich (2002) No nos enamoramos de la persona conocida sino de la que imaginamos, aun si está físicamente presente. Usamos su cuerpo para vestirlo con las imágenes que nos lo hacen deseable. En cierta forma, nos autoseducimos. [10]

 

Así pues, qué mejor que la escritura para proyectar sobre el amado, a través de la CMO, las fantasías que lo hagan coincidir con el ideal que se busca. Siendo así, las relaciones amorosas a través de Internet, lo que llamamos amor virtual, no puede ser más que amor platónico, como bien señala Bescós (2002), por la imposibilidad de ser culminado en la Red al no poderse satisfacer el deseo de una forma plena. En ese sentido, si las relaciones virtuales acaban en relaciones presenciales, dejan de ser una cosa para convertirse en otra y así lo demuestran las experiencias recogidas en las que una abrumadora mayoría de relaciones no permanecen eternamente online.[11] Los amantes tienden a reunirse más tarde o más temprano a través de encuentros cara a cara, a partir de los cuales se define la continuidad o no de la relación.[12]

 

Sea como sea, lo cierto es que la escritura electrónica es el  medio de seducción por excelencia en la CMO, aunque presente limitaciones para expresar determinadas emociones y estados de ánimo por la ausencia del componente analógico (cinético y paralinguístico) propio de la oralidad en donde se tiene la posibilidad de ver al otro, de percibir sus gestos, los tonos de voz, la mirada y su aspecto físico que en conjunto dicen más que las palabras. Sin embargo, en la escritura electrónica todo comunica (tanto lo que se escribe, cómo se escribe y lo que se deja de escribir), es más, se puede decir que de alguna manera también está presente lo analógico en la escritura electrónica ya que las palabras escritas están cargadas de diferentes emociones (calidez o frialdad) gracias a los diversos recursos (técnicas escriturales) creados para tal fin.

 

Estos recursos intentan suplir las carencias del lenguaje escrito y de acercarlo cada vez más al lenguaje oral; por ejemplo, los símbolos llamados iconos emotivos o emoticonos, el uso de mayúsculas, signos de puntuación, los scripts o aplicaciones desarrolladas mediante interfaces gráficas o los códigos que cada pareja va desarrollando a lo largo de la relación. Todas estas claves, que no son sino adecuaciones o adaptaciones a las necesidades del medio, van generando un conocimiento del otro, que eventualmente implicará la existencia de intimidad en el medio específico del Chat (Roco, 2001). De ahí que, como manifiesta dicha autora: “características como la simpatía, agradabilidad, preocupación, confortabilidad, seguridad, aparecen como potenciadoras de una relación íntima, reconocidas en las expresiones lingüísticas que sus interlocutores emitan”.

 

Vemos pues que la comunicación se resignifica en el ciberespacio, llevando a las ciberparejas a aprender a verbalizar por medio de lo escrito lo que se quiere expresar analógica y digitalmente. Es más, el escribir en soledad permite expresar pensamientos, acciones, deseos y sentimientos que probablemente en las interacciones cara a cara serían inexistentes. Es aquí donde los amantes comienzan el juego de acariciarse con palabras un juego de seducción escrita donde las palabras están cargadas de emociones, significados y sentidos, con lo cual comunicar por Internet implica que lo textual adquiera tacto, sensualidad, a través de lo virtual (Gordo, 2000).

 

Hasta aquí hemos tratado de entender psicológica y antropológicamente el surgimiento de los afectos y emociones, concretamente, del AMOR en la CMO y cómo este se transmite a través de lenguaje escrito. Hemos podido constatar, una vez más, que Internet, a pesar de ser un espacio nuevo para la comunicación y socialización, no deja de reflejar la conducta y actividad humana como en cualquier otro de los espacios de la vida real. Así, las relaciones online, al igual que las relaciones cara a cara, se construyen con el lenguaje y las emociones humanas, aunque debemos decir que eso no implica que presenten algunas características propias, veamos entonces cuales son estas.

 

5. Características de las relaciones amorosas construidas en la CMO

Como hemos dicho, los encuentros y desencuentros amorosos no se diferencian de otros al margen de la intermediación de la red. No obstante, las relaciones online tienen sus características propias.

 

a)     Son anónimas por el desconocimiento del físico, de la procedencia social, de la edad y de las circunstancias personales del interlocutor, al menos en lo que se refiere a los primeros contactos. De esta manera la nueva forma de comunicación substituye la atracción física por la personal ya que dado el anonimato del medio, alguien se puede hacer pasar por otra persona, mentir respecto a ella misma, tergiversar la realidad de manera que pueda engañar. El único indicador que un usuario tiene de la imagen del otro es la representación que éste hace de si mismo a través de Internet. Luego, según el tipo de personalidad estimulará o no para continuar la relación en evoluciones más intensas.

b)     Son desinhibidas porque la persona que busca un contacto personal a través de estos canales se muestra, en general, más predispuesta para hablar y para comunicar que las personas que lo intentan de forma presencial, siendo más fácil entablar una relación (comunicación) por Internet con una persona a la que no ves y a la que no has visto nunca y a la que probablemente nunca verás, que con una persona a la que ves en la vida real. Así, la vergüenza, la timidez, el miedo al ridículo quedan superadas en un medio virtual, porque hablamos como diría Platón con la cabeza tapada.

c)     Se basan casi exclusivamente en la comunicación. A menudo se elige continuar una relación virtual a causa de la fuerte comunicación que se establece entre los amantes. De hecho muchas de las relaciones que se establecen a través de Internet comienzan como amistades o contactos profesionales, y se basan completamente en la comunicación escrita. A medida que las conversaciones se desarrollan, se produce una comprensión profunda de los pensamientos y sentimientos de la otra persona, lo que algunos llaman la parte más importante de una relación. Esto es lo  que las diferencia fundamentalmente de las relaciones tradicionales.

d)     Se altera el orden de factores, luego es lo físico no lo primero, es decir la CMO como ya dijimos, vuelca la importancia de la primera impresión, de la apariencia física, a la capacidad de comunicación. Si en el amor real, los primeros componentes de atracción suelen ser físicos, eróticos, pasionales y la formación de una intimidad es más tardía; sin embargo, en el amor virtual es al revés porque la base de la atracción es exclusivamente intelectual y no física, digamos que el gusto amoroso entra por otra parte, va de adentro hacia fuera. Esto no implica que la presencia física no sea una dimensión importante de la comunicación y de la intimidad, lo que sucede es que va después. Esta es la razón por la cual la mayoría de la gente que se enamora en Internet siente que debe conocer después físicamente a la otra persona porque el contacto físico es una necesidad y un elemento básico de la intimidad humana sin la cual  nos se puede sostener un amante en el ciberspacio.[13]

 

Por eso  un romance verdadero en  Internet deseará eventualmente satisfacerse cara a cara para que la relación sea completa.  De hecho, la apariencia física puede ejercer efectos importantes en las relaciones online, aun en los casos en que no existan encuentros cara a cara. Así, cuando uno se forma una imagen mental de alguien y ésta es alterada por una foto, la atracción hacia la persona también puede cambiar. Es por esta misma razón que se dice que en los chats los sentimientos se inflaman, pero se desvanecen en el primer encuentro, o sea dos personas pueden gustarse en Internet y decepcionarse cuando se conocen físicamente.

e)     La gente sabe sólo lo bueno del otro y nada de lo malo. Las piezas faltantes se reemplazan con esperanzas, no con realidades. Al no recibir los estímulos de los sentidos que se ponen en funcionamiento en las relaciones cara a cara, es posible atribuir cualidades desmesuradas a la otra persona. De ahí que se afirme que las relaciones amorosas en la red poseen dosis de realidad y dosis de imaginación y fantasía tal cual las vivimos en nuestro devenir cotidiano. Lo que pasa es que en la Red la dosis de ficción es mucho más alta porque la comunicación por Internet, como bien señala Mora (2003), invita a la proyección y la transferencia debido a que las personas que escriben mensajes tienen poca información (física) sobre sus corresponsales, de suerte que fácilmente se pueden proyectar fantasías y creencias hacia el otro.

f)       El amor que las parejas sienten en un ciberidilio, aunque sea tipificado como amor platónico, no deja de ser verdadero amor ya que contiene los tres componentes enunciados por Stemberg: Intimidad, Pasión y Compromiso. Según Ferrer i Balsebre (2000) es en el equilibrio de los tres componentes en lo que estas relaciones presentan desviaciones con respecto a las normales de la vida en 3-D, lo que puede explicar por qué algunas son tan breves. Aunque existe intimidad[14], el erotismo suele estar frecuentemente limitado a la fantasía y el compromiso se encuentra en un tercer lugar, bastante desaventajado del resto.[15]

En fin, con todo esto no nos queda más que confirmar que el proceso amoroso en Internet, denota una cuestión de perogrullo: el ser humano necesita ser amado y requiere también de dar amor. En otras palabras, el hombre no puede vivir sin emociones ni sentimientos y la necesidad de afecto hace que se busque ternura mediante la CMO. Efectivamente, la CMO resulta ser hoy por hoy, una vía fundamental para paliar las carencias que muestran actualmente las democracias occidentales (Giddens, 2000). Una de estas carencias se relaciona precisamente con el déficit emocional masivo que vive hoy nuestra sociedad postindustrial e informatizada, en donde se observa la progresiva ruptura y deterioro del tejido social en las grandes urbes debido a los cambios operados en la vida de relación, ocupados por los trabajos, las obligaciones familiares, las rutinas que hacen difíciles los encuentros amorosos.

Es más, “la forma de conocerse mujeres y varones a fines de siglo es errática, por la caída del amor romántico y sobre todo por la posición de las mujeres en la sociedad. Su independencia económica, el cambio de rol con respecto a la maternidad y a la reproducción, las reivindicaciones de igualdad de derechos en la cultura occidental” Del Brutto (2000). Así, el contacto, la proximidad, la inmediación corporal, se han convertido en una cosa que es enemiga de las relaciones humanas, lo cual muestra el deterioro de las mismas, señala Antulio Sánchez (1997). Por eso, mujeres y hombres de clase media han encontrado en la red un refugio para su soledad y por ende son capaces de usar lo virtual como un recurso o paliativo para contrarrestar tal situación.

 

6. La gestión de las emociones en la Red (EVF)

Llegados  este punto cabe destacar que lo pretendido ha sido ver, a lo largo de estas líneas, al Homo amans en el contexto actual de las Nuevas Tecnologías, a la luz de las enseñanzas de la antropología  y la psicología, dedicando especial atención a las relaciones sentimentales que se establecen en la CMO. 

 

De todo lo dicho podemos concluir que no es el medio el que construye la relación, sino el uso que la persona dé a este. En ese sentido vemos que Internet se constituye en una tecnología capaz de traspasar el tiempo y las fronteras geográficas, y que se vuelve humana en la medida en que, en la interacción que se da a través de ella, se construye una relación cargada de emociones, sentidos, pensamientos y significados. Esto es así porque el uso que hacemos de la Red refleja una realidad: somos ante todo “seres emocionales” pues las emociones dirigen nuestra vida y nos hacen actuar. En definitiva, nuestro modo de vivir está determinado por el espacio psíquico emocional que aprendimos a vivir desde niños, no por la razón o el conocimiento, o los tipos de argumentos racionales que podamos haber acumulado a lo largo de nuestra vida. Es más, usamos la razón para justificar las emociones, como afirma muy bien Maturana (2000).

Ver esto es crucial, sobretodo desde la perspectiva pedagógica la cual deberá tener presente la importancia de alimentar la calidad de los vínculos emocionales. Por eso, la tarea educativa no puede dejar de lado la formación sentimental, más aún en esta época de creciente fragmentación social, individualismo y aislamiento personal.[16] En tal sentido lo central de la educación deberá ser la formación de la competencia relacional o competencia interactiva del ser humano, en la que se encuentra profundamente implicado el sistema emocional.[17] Dicha competencia se forma en el trato con los sujetos comunicativamente socializados en los escenarios o espacios relacionales organizados dentro de límites, ya sean físicos o virtuales, como pueden ser los originados en las instituciones educativas.

No podemos olvidar que los seres humanos caminan por donde el sentimiento les lleva y que llegamos a ser según sean las conversaciones en las cuales participamos. En ese sentido la comunicación educativa deberá considerar que toda persona que se sienta escuchada se dispone a la creatividad, aprende a escuchar y vive su seguridad consciente de sus límites y fortalezas. En la medida en que los educadores entendamos esto podremos dar paso a interacciones basadas en el respeto y la colaboración. Por eso mismo, la importancia que tiene para la práctica de la competencia interactiva el desarrollo de la inteligencia emocional[18],  nos lleva a estimar el gran valor que implica permitir que el ser humano crezca integral y emocionalmente, para que logre convertirse en un ser sentimentalmente equilibrado, un verdadero HOMO AMANS.

Para esto, como sugiere Damasio (2000), se tiene que aprender a usar empatía, para ser bueno con los otros, y para no hacer daño a los otros, porque la empatía ayuda a comprender de forma natural aquello a lo que la gente se refiere cuando habla de comportamiento moral. Añade el neurobiólogo, que ésta es una de las cosas que está en peligro en una sociedad donde todo sucede de forma tan rápida, donde  la velocidad de la vida está aumentando enormemente así como la cantidad de información disponible que no es digerida porque nos llega muy rápidamente. Nadie tiene tiempo de pensar sobre las implicaciones de un acto aunque tengamos el deber de pensar en esto. Esto va en contradicción con el hecho de que las emociones son procesos lentos y se necesita tiempo para que el hombre pueda tener una base en la cual sostenerse, para estar relacionado y realmente entender el valor de las personas, cosas y hechos. 

De ahí que la gestión emocional, hoy más que nunca, se haga indispensable en las organizaciones e instituciones donde parece que solo se priorice la gestión del conocimiento. Debemos tener en cuenta que en realidad, las personas vehiculan invariablemente su capacidad creativa y la emergencia de su conocimiento a partir de emociones, y es en función de la comprensión de las mismas que las instituciones educativas podrán maximizar la gestión del conocimiento. Desde esa perspectiva García C, J (2006) sugiere que las buenas prácticas docentes tendrán que incidir directamente sobre la motivación, las ganas y el placer de estudiar, el poder de iniciativa, las vivencias personales y grupales como medios para el ejercicio de la libre expresión. Detrás de esas actuaciones se evidencia la necesidad en el docente de manejar sus sentimientos y reconocer las emociones de los demás, pero al mismo tiempo incentivar al alumno para que pueda conocer los diversos estados de ánimo y canalizar los sentimientos para beneficio personal y grupal mediante una comunicación eficiente. Todo esto se convierte hoy en un verdadero reto pedagógico, reto que no exime, sino al contrario, compromete a los EVF (Espacios Virtuales de Formación) en donde la CMO se construye con el lenguaje y las emociones de los que estamos hechos.

 

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[1] Esta cuestión  ha desatado polémica acerca de los eventuales peligros en la Red. No vamos a  entrar en este tipo de discusiones que a nuestra entender resultan insulsas porque pensamos que las comunicaciones vía Internet son al igual que las relaciones cara a cara, peligrosas cuando no hay datos suficientes sobre la otra persona. De ahí que consideremos que tanto la charlatanería, los embustes y tragedias pasionales indican que las cuestiones emotivas están presentes en la red como en la vida real.  Lo que sucede es que cuando visitamos un lugar extraño, sabemos tener cuidado pero en Internet a menudo sentimos una curiosa sensación de seguridad, producida por el anonimato y por el hecho de que uno normalmente está en casa cuando se conecta.

[2] Consideramos que se trata de un fenómeno que no es nuevo porque viene a ser una versión moderna de las agencias matrimoniales y todo el género epistolar, lo cual hace que hoy las cartas de amor sean un medio casi extinguido del todo por las TICs.

[3] Sobre los conceptos de relación objetiva y relación objetal, véase los Estudios de psico(pato)logía sexual, de Castilla del Pino,  p : 23-33, 84-6 y 113-4.

[4] Rosalind Picard, profesora del famoso Media Laboratory del Massachussets Institute ofTechnology, ha sido una de las pioneras en este campo al fundar la especialidad denominada “informática afectiva” (affective computing), tributaria de la neurología, la psicología y la ingeniería informática. El ambicioso proyecto de Picard contempla en realidad varias cuestiones, progresivamente complejas y difíciles. La primera y la más fácil, es el diseño de ordenadores que reconozcan las emociones humanas (interpretando los indicadores biológicos de sus usuarios al interconectar distintos tipos de sensores que puedan medir la temperatura, el ritmo cardiaco, la presión arterial incluyendo los gestos faciales y así determinar si el usuario esta relajado, angustiado, preocupado etc.); la segunda la consecución de ordenadores que expresen emociones; la tercera, mucho más problemática, la construcción de ordenadores que tengan emociones, para llegar a la cuarta meta final de obtener ordenadores que posean inteligencia emocional.

[5] Las ideas expuestas por Darwin en su teoría de la evolución de las especies complementadas por investigaciones sobre simbiosis evolutiva (especialmente el trabajo de Lynn Margulis ) respaldan esta idea al asegurar que las especies mutan y cambian siempre en el afán de adaptarse a su medio. Y en la medida que establecen relaciones de cooperación (simbiosis) son capaces de sobreponerse a amenazas que por sí solos no serían capaces de superar. En cualquier ambiente (sistema) son los más cooperadores (empáticos) quienes logran sobrevivir. Y esto es porque al sumar sus capacidades/habilidades/instintos son capaces de vencer obstáculos mayores a su individualidad.

 

[6] Recordemos que el lenguaje es una adquisición precaria, ya que la carga afectiva muy propia de la comunicación subjetiva-animal (lenguaje corporal), es la que habría originado la aparición del lenguaje (signos) como tal. Por eso, al principio, el lenguaje no expresa pensamientos o ideas, sino sentimientos y afectos, y siendo éste su punto de origen, la comunicación corporal se hace un lenguaje mucho más compartido que la lengua hablada, pues es una comunicación compartida por la especie. De ella se deriva el lenguaje conceptual o inteligible, que a diferencia del emotivo podrá trascender el aquí y el ahora, con lo cual llegamos a ser contemporáneos de algo más que el instante.

[7] Según esta perspectiva, las conversaciones se asumen como el entrelazamiento continuo entre emociones (dominios relacionales) y lenguaje (coordinaciones de conducta).

[8] Ésta  palabra la utiliza Maturana para indicar el proceso, la dinámica del fluir del lenguaje, al igual que el emocionear  que sería  el proceso, la dinámica del fluir de las emociones.  

[9] Vigotsky los clasifica en herramientas y en signos. Los primeros constituyen instrumentos concretos que facilitan las relaciones con la naturaleza en el aspecto externo, por ejemplo, el lápiz, el bolígrafo o el ordenador para el caso de la escritura. Los signos, por su parte, constituyen instrumentos que funcionan a nivel psicológico y se orientan hacia el mundo interiorizado. Por ejemplo, cuando escribimos un e-mail, el ordenador funciona como un mediador de tipo herramienta, y el sistema escrito constituye un mediador signo, pues permite la acción del discurso narrativo en forma gráfica.

[10] A nivel bioquímico se sabe que existe un tipo de anfetamina producida por el sistema humano, la Feniletilamina (Phenylethylamine o "PEA") o también llamada "molécula del amor", que  tiene una considerable influencia sobre las sensaciones de enamoramiento y el comportamiento de las personas. Es como consecuencia de estas sensaciones románticas que muchas personas se enamoran no de una persona en particular, sino de la idea y las sensaciones que acompañan el amor.

[11] Como sostiene Jean-Francois Perreault, en una entrevista concedida a Suler (2002), “…Hay alguna gente que puede no desear conocer al amante cara a cara. Probablemente esta gente prefiere vivir con la fantasía que ella ha creado (consciente o inconscientemente) sobre el cyber-amante y pueden no desear conocerlo personalmente  porque la fantasía se puede destruir con la dura realidad. Esto, ni es "incorrecto" ni "peligroso" pues a otros niveles mucha gente no se prohíbe el lujo de la fantasía a través de los libros, TV o películas”.(Traducción de la  autora)

[12] La mayoría de los ciberidilios duran tres meses; o bien la pareja se encuentra y establece un contacto más personal, o la relación simplemente se desvanece. Pero, como señala Susana Finquelievich no podemos perder de vista que las relaciones amorosas por CMO se basan en la interacción entre dos personas. Lo que resulte dependerá no de la tecnología sino de los individuos que se implican en la relación. Para que cualquier relación sea exitosa, ya sea en el ciberespacio o en la vida real, es exigente que las necesidades de sus integrantes sean satisfechas.

[13] En la comunicación, una de las actividades primarias del hombre, conocer la identidad de aquellos con los que nos comunicamos es esencial para comprender y evaluar una interacción. En el mundo físico existe una inherente unidad en torno del yo, porque el cuerpo provee una definición obligada y conveniente de la identidad. Por eso en las relaciones por CMO la presencia física del compañero(a), es realmente relevante. Al igual que  en la vida cotidiana real, la apariencia física y los factores relacionados con ella (vestimenta, adornos, joyas, todos ellos cargados de significados que expresan la pertenencia a una clase o grupo social, preferencias y cultura) toman un lugar de suma importancia en la elección del objeto amoroso.

[14] No nos referimos a la intimidad sexual, sino a la intimidad emocional: la capacidad de revelar nuestro Yo más profundo a otra persona. Así, el anonimato de las primeras interacciones y la capacidad para revelar partes de nuestro ser que normalmente permanecen ocultas, parecen propiciar la intimidad. De modo que, a pesar de que demos mucha importancia a la atracción erótica como factor para establecer una relación amorosa, las relaciones con un alto grado de intimidad pueden ser tanto o más satisfactorias y duraderas que aquéllas.

[15] Observa Ferrer i Balsebre (2000) que en la vida en 3-D, las proporciones de estos tres componentes se decantan hacia la atracción física en primer lugar, al menos al principio de la relación. El compromiso en las 3-D es también mayor que en los ciberidilios, probablemente debido a que el hecho de estar juntos físicamente implica un nivel de respeto mutuo que no requieren los ciberamantes. Pero en las relaciones en 3-D, la comunicación emocional y la intención de enfrentarse a sentimientos negativos son más difíciles de conseguir que en las relaciones a través de la Red. Las posibilidades de ser rechazado/a por la pareja en el mundo real dificultan muchas veces la comunicación.

 

[16] Para Gubern (1987) la masificación en el ámbito público (in­tensa proximidad física de la densificación urbana) y el fomento de las industrias de electrodomésticos y la telemática, ha pro­vocado un distanciamiento afectivo entre la gente que invita al refugio emocional en las formas de comunidad más primarias. Por eso las nuevas tec­nologías de la hogarótica tratan de cohesionar a la familia en el seno del hogar, precisamente en la época en que es más patente su crisis por sus tendencias centrífugas, dibujando una oposición entre masificación y atomización social,  extroversión pú­blica y reclusión hogareña.  

[17] La competencia interactiva puede entenderse como mutuo entendimiento que posibilita la participación cooperante en las prácticas sociales, y que lleva a la construcción de la identidad. Al respecto véase el libro: La vida emocional. Las emociones y la formación de la identidad humana.

[18] Goleman explica que la Inteligencia Emocional es el conjunto de habilidades que sirven para expresar y controlar los sentimientos de la manera más adecuada en el terreno personal y social. Incluye, por tanto, un buen manejo de los sentimientos, motivación, perseverancia, empatía o agilidad mental. Justo las cualidades que configuran un carácter con una buena adaptación social.