Cultura informacional es civismo informacional


Alfons Cornella cornella@esade.es
 

He tenido estos días la oportunidad de leer el estudio "Literacy Skills for the Knowledge Society", elaborado por la OCDE a partir de los datos del International Adult Literacy Survey, una encuesta sobre las habilidades informacionales de los ciudadanos de 7 países de la OCDE (España no está entre ellos). (Enlace a compra en http://electrade.gfi.fr/cgi-bin/OECDBookShop.storefront/331187710/Product/Vie w/811997071P1)

Qué se entiende aquí por cultura informacional (literacy skills)? Pues se entiende "la habilidad de entender y emplear información impresa en las actividades diarias, en el hogar, en el trabajo, y en los actos sociales, con la finalidad de cumplir los objetivos de uno, y de desarrollar el conocimiento y el potencial de uno mismo" (p 14).

No presentaremos aquí los detalles de la encuesta; baste decir que los encuestados tenían que pasar unas pruebas de "desempeño informacional" (literacy performance), o sea, tenían que encontrar, discernir o interpretar información en un material que se les presentaba, como, por ejemplo, el folleto de un medicamento, un mapa de una ciudad, un gráfico con datos económicos, etc. Se definieron tres tipos de "desempeño": comprensión de prosa (entender un texto: prose literacy), comprensión de documento (encontrar información en un documento: document literacy), y comprensión cuantitativa (aplicaciones básicas de matemáticas: quantitative literacy). En cada una de estas categorías se definieron 5 niveles de desempeño. Así, para cada encuestado era posible determinar en qué nivel estaba en los tres tipos definidos de desempeño informacional.

El estudio está plagado de datos, y permite hacerse una idea de las diferencias entre países, en cuanto a cultura informacional, y avanza algunas razones de esas diferencias.

Quizás la conclusión más importante es que entre el 25 y el 50% de la población de los países de la encuesta no llega al umbral de cultura informacional ("literacy skills") que se considera el mínimo necesario para poder responder a las exigencias de la sociedad moderna. El país con el mejor nivel promedio, en los tres tipos de desempeño, es Suecia.

El estudio también revela que, como era de esperar, hay una relación directa entre los años de escolarización (educational attaintment) y el desempeño informacional (literacy performance). O sea, a más "educación", más "cultura" informacional. Hay, sin embargo, diferencias notables entre los distintos países considerados en el estudio: ciudadanos de distintos países con el mismo nivel educativo presentan distintos niveles de desempeño informacional en la encuesta.

Y uno de los gráficos muestra algo muy interesante (y, en cierta manera, ya conocido): que los niveles promedio de desempeño conseguidos por las personas más "educadas" de los distintos países no son muy diferentes entre sí, mientras que sí que lo son los niveles promedio de las personas con menos años de educación. O sea, la principal diferencia, en cuanto a cultura informacional, entre los países radica en la diferencia de desempeño informacional de los ciudadanos con menor escolarización. Hay países, como Suecia, cuyas clases menos escolarizadas presentan niveles de desempeño informacional muy próximos a los que consiguen las clases con más años de educación de otros países, como Polonia. En la existencia de una base de ciudadanos bien educados puede residir la clave del éxito de un país en esta era de la información. Por ello, el desarrollo de políticas para la formación de esta masa de ciudadanos es fundamental.

La relación directa entre años de escolarización y desempeño informacional no impide que ciudadanos con pocos años de escolarización consigan en algunos países altos niveles de desempeño informacional. Es el caso de países como Suecia, Alemania o los Países Bajos. Lo cual puede ser indicativo de la importancia que tienen los esquemas de formación continuada para adultos en estos países. O sea, la educación conduce a mayor cultura informacional, pero no esta la única ruta posible.

Los jóvenes muestran, en promedio y en todos los países, mayores niveles de desempeño informacional que sus mayores, lo cual resulta lógico puesto que han experimentado un mayor número de años de escolarización.  Pero la escuela no lo es todo. La influencia de los padres en el desarrollo del desempeño informacional de los hijos también resulta clara en la encuesta. Padres con más cultura tienen hijos con más cultura. Jóvenes con el mismo nivel educativo presentan distintos niveles de desempeño informacional según cual sea la base cultural (y, ligado a ello, el nivel socioeconómico, de los padres).

No se ha planteado hasta ahora por qué resulta tan importante el desempeño informacional. Este tema esta tratado en la siguiente parte del estudio. Al nivel de los individuos, la principal conclusión es que en todos los países hay una relación directa entre el nivel educativo conseguido y el nivel salarial en el trabajo. O sea, a más educación, más salario. Que esto sea así puede ser por dos razones. Primera, porque una mayor educación otorgue la cualificación para acceder a determinados puestos con mejor retribución (o sea, que el título sea una restricción de entrada de candidatos). Y, segunda, porque una mayor educación permite presuponer un nivel superior de conocimientos y de habilidades (cosa, que, por cierto, la experiencia nos dice que no es exactamente cierta).

En el mismo orden individual, pero también con implicaciones sociales, el estudio muestra que personas con mayor nivel de desempeño informacional presentan menos incidencia de desempleo. O sea, a más cultura informacional, menos posibilidades de paro. De hecho, estos datos nos están quizá diciendo que a mayor cultura informacional más capacidad para adaptarse, para aprender, para responder a los retos de cambio en el trabajo. A menor cultura informacional, menor capacidad de aprendizaje y de adaptación. En los jóvenes, a menor educación más desempleo. Obvio.

Hay otra parte del estudio dedicada al aprendizaje de por vida (lifelong learning). En este punto se hace incapié en la importancia de las inversiones de las empresas en la educación y formación de sus empleados. Y se dice que el éxito del esfuerzo que hace un empleado por aprender cosas nuevas no depende sólo de su nivel de estímulo, sino también de lo exigente que sea su puesto de trabajo. En otras palabras, si el trabajo no te exige desarrollar tus habilidades, qué estímulo tienes para aumentarlas? Si la empresa espera de sus empleados que actúen como robots sin ideas, de qué sirve educarlos?

Otro problema en las empresas es que son justamente las personas con mayor nivel educativo (profesionales, técnicos, y directivos) las que están más dispuestas a participar en esquemas formativos, cuando quién más lo necesitarían son las personas con menor nivel.

En fin, hay otras muchas conclusiones que aquí no podemos resumir.

El estudio resulta muy práctico, por cuanto aclara la relación entre educación y desempeño informacional, y muestra que hay importantes diferencias entre los países en cuanto al nivel de cultura informacional de sus ciudadanos. En esta diferencia se basará, en mi opinión, la distinta suerte de los países en la aventura de la sociedad de la información. Países con ciudadanos más cultos informacionalmente tendrán más posibilidades de éxito, lo que significa que podrán ofrecerles un nivel de vida adecuado. Y lo mismo se aplica a las empresas: asegúrate de que tus empleados quieran aprender, y haz posible que aprendan, que sepan buscar, manejar y explotar ideas para generar nuevos productos y servicios. Toda una agenda para el próximo decenio...

Para conseguirlo hay que entender, como también proclama el estudio, que la cultura informacional, que aprender, es cosa de todos ("literacy is everyone's concern"). Para ello, quizás hay que pasar de un enfoque en el "analfabetismo" informacional (enfoque por pasiva) a uno en el "alfabetismo" informacional (enfoque por activa).

Puede parecer que se trata de lo mismo, pero no. Hay detrás una cuestión de acento: de "combatir" un mal (analfabetismo), a promover un bien (alfabetismo). Porque una de las conclusiones del estudio es que, aunque es cierto que se pueden definir políticas (policies) para aumentar la cultura informacional de los ciudadanos, resulta más importante desarrollar una cultura social del aprendizaje. Con ello se quiere decir que los ciudadanos entiendan que aprender permanentemente es fundamental, tanto para la mejora (o mantenimiento) del status social de cada uno, como para asegurar las óptimas condiciones de bienestar en la sociedad. El "gasto" educativo debe verse, por tanto, como "inversión" educativa, tanto a nivel personal, organizacional, como nacional.

Es como si fuera necesario un nuevo tipo de civismo, el civismo informacional: todos comprometidos en generar mejor información, en facilitar su localización, en enseñar a entenderla, en ser exigentes en cuanto a su calidad, etc. La sociedad comprometida con el conocimiento. El conocimiento como valor social.

Y en esto todos tenemos una responsabilidad. Y es que si uno quiere que su ciudad esté limpia no tiene que esperar a que pasen los barrenderos: tiene que empezar él mismo por recoger los papeles con los que se tropieza... De la misma forma que la limpieza es cosa de todos, el respeto por el conocimiento como valor personal y económico también lo será muy pronto.

Alfons Cornella, ESADE Barcelona
cornella@esade.es