La telegrafía en la Argentina


 

Los inicios

 

 

De Homero a Morse

 

Desde la antigüedad, las personas recurrieron a señales ópticas (espejos y antorchas), acústicas (tambores y clarines) y palomas mensajeras para conseguir que la palabra humana llegara a lugares distantes. La ansiedad por alcanzar esta comunicación a larga distancia se intensificó hacia fines del siglo XVIII. En Francia, un ex-seminarista llamado Claude Chappe (1764-1805) inventó un aparato mecánico-óptico que denominó “taquígrafo” (tachi, rápido). Luego decidió cambiar ese término por el de “telégrafo” (tele, lejos), por considerar con razón que lo que se estaba haciendo no era escribir rápido sino a la distancia. El aparato de Chappe consistía en un mástil en cuyo tope se hallaba articulado un brazo transversal de casi cinco metros de longitud, denominado “regulador”. Este brazo llevaba a su vez articulado en sus extremos otros dos más pequeños, de dos metros, llamados “indicadores”. Sobre un plano vertical, las tres piezas de este semáforo de señales podían conformar distintas figuras. A fin de que pudieran reconocerse unas de otras claramente, Chappe eligió noventa y dos configuraciones geométricas que trasladó a un manual de señales explicativo. Dos señales consecutivas establecían la página y el renglón del manual, indicando así la frase o mensaje que se estaba transmitiendo. Este aparato fue utilizado con éxito durante la Revolución Francesa y en la campaña de Napoleon a Rusia. En este contexto, pronto fue posible el surgimiento de la telegrafía eléctrica. La nueva modalidad se introduciría en Europa gracias a los trabajos de Charles Wheatstone (1802-1875) y William F. Cook (1806-1879) en Inglaterra, y de Werner Siemens (1816-1892) en Alemania, entre otros. Pero el gran empuje y desarrollo se alcanzaría gracias a la simplicidad de los instrumentos y líneas ideados por Samuel Morse (1791-1872) en los Estados Unidos. Morse había presentado su invento en 1837, y ya en 1844 estaba en funcionamiento una línea entre Washington y Baltimore.

 

El diario de Buenos Aires El Nacional publicó en 1857 una extensa nota acerca de las telecomunicaciones en general, donde no faltó una detallada y completa síntesis histórica sobre la cuestión:

 

“LA TELEGRAFIA - Nuevo Sistema - Hè aquí una reseña retrospectiva de la telegrafía en general, y un nuevo sistema que puede ser de grande utilidad para los ejércitos y para las exploraciones científicas.

La telegrafía, ó el arte de comunicar a lo lejos el pensamiento con la ayuda de ciertas señales, se remonta á la lejana antiguedad; grosero en un principio, como todos los productos de la inteligencia humana, este arte parece haber tenido su nacimiento en Asia, donde las numerosas montañas que cruzan el país se prestan admirablemente á este género de comunicación.

Las señales fueron principalmente grandes hogueras, como lo indica Homero, y se debe á Esquilo la primera nocion de los signos telegráficos empleados por los griegos. En su tragedia “Agamenon”, el poeta dice que un fuego encendido sobre el monte Yda, cerca de Troya, y repetido de montaña en montaña, debia anunciar la toma de Ylion a Clitemnestra que residia en Argos: los diversos puertos se hallaban establecidos en el monte Yda, en el promontorio Hermos, en Lenos, en los montes Atos y Mesapo, en las orillas del Euripo y en los montes Litosco, Egiplanato y Aramo. Hasta el siglo XIII antes de Jesucristo, la telegrafia quedo reducida al estrecho circulo que acabamos de trazar; mas en esta época Filipo, padre de Perseo, se realizó un inmenso progreso. Si hasta entonces habia sido facil, por las señales convenidas de antemano, anunciar un acontecimiento previsto, era imposible dar á conocer los acontecimientos inesperados, tales como una revuelta súbita, una traición, etc. Los signos necesarios para ello fueron, pues, inventados.

El historiador Polibio nos da acerca de esto detalles interesantes. Se dividian las 24 letras del alfabeto en cinco columnas. La vigia que daba la señal levantaba los faroles: la vigia siguiente igual numero, dando a entender que estaba atenta, la primera levantaba entonces a su izquierda un numero de faroles indicando el lugar de la columna donde se hallaba la letra precisa, y a su derecha otro numero de faroles indicando el lugar de esta letra en la columna.

Este metodo ofrecia el inconveniente de ser pesado, mas ofrecia bastante precision, y era sobre todo el descubrimiento de la telegrafía, que no exigia mas que ser perfeccionado. Todo induce a creer que esto tuvo lugar, si se juzga por el gran numero de palabras que los griegos consagraron á descifrar todo lo que se refería á la lengua de las señales.

Entre los modernos, la primera idea del telégrafo data de fines del siglo XVII, y es debida al doctor Hooke. El aparato del fisico ingles, que no fue nunca planteado, consistia en un cierto numero de caracteres, de un tamaño suficiente para ser percibidos desde lejos, y correspondiente cada uno á una letra del alfabeto. Habia ademas otros que explicaban palabras y frases conocidas de antemano.

En la misma época, Ameontes, sabio frances, propuso el emplear los anteojos para la observación de las señales transmitidas por los puntos fijos. Este descubrimiento, que contiene en gérmen toda la teoria del telégrafo óptico, no fue realizado en los dias de Ameontes sino como un instrumento de curiosidad.

Otras tentativas se hicieron pues, particularmente á fines de siglo; y fue la Convension quien doto a Francia de los medios mas rapidos que se habian visto de comunicar dos puntos lejanos del uno al otro. La invencion que consagro la Asamblea fué debida a Claude Chappe, y no era otro que el telégrafo aereo que todos hemos visto funcionar.

La electricidad destrono el descubrimiento de Chappe, perfeccionado en España por el brigadier Mathe, y el mundo entero esta cruzado hoy por hilos eléctricos, á quienes no detienen ni las montañas, ni los mares, y que hacen comunicar con una rapidez inaudita los continentes y los paises mas distantes.

Desgraciadamente todos estos aparatos antes de poder funcionar exigen para su establecimiento mucho tiempo y gastos, y tienen el inconveniente de no poder ser pronto y fácilmente colocados.

Un instrumento portatil y poco costoso prestaria a los ejércitos y a las ciencias los mismos servicios que el telégrafo eléctrico presta a los gobiernos y al comercio.

Este aparato acaba de ser imaginado por M. Lescurre, funcionario del servicio telegráfico del Argel, y esperimentado con completo exito, por el Observatorio de Paris. El principio del nuevo aparato, que el autor nombra telegrafia solar, descansa sobre la reflexión de los rayos solares, proyectando á distancias muy considerables destellos luminosos.

Para llegar a la realización de este principio aplicado a la telegrafia, dos principios son necesarios: 1º el aparato debe poder reflejar un haz luminoso en una direccion cualquiera, manteniéndolo a pesar del movimiento de la tierra con relacion al sol; 2ª es preciso que los detalles, alternativamente provocados y extinguidos, constituyan señales que tengan un sentido.

Para llenar la primera condición M. Lescurre emplea dos espejos: el uno movible alrededor de un eje paralelo al eje del mundo, gira al rededor de este eje con un movimiento uniforme y exactamente igual al movimiento de rotacion de la tierra sobre si misma. A nada se puede comparar mejor este aparato al instrumento de fisica llamado “heliostato”, pues como el se mantiene inmovil y en la misma dirección el haz luminoso, cualquiera que sea la inclinación del sol sobre el horizonte. El otro espejo esta fijo, recibe el rayo luminoso reflejado por el movible y lo devuelve en la dirección del anteojo y de un abanico que estan dispuestos para recibirlos en la estación opuesta.

La segunda condicion, que consiste en provocar y en estinguir de una manera mas ó menos rapida la haz luminosa, se lleva por medio de un pequeño resorte de acero que juega bajo la presion de la mano y que imprime al reflector un movimiento mas ó menos brusco, y deja reflejar los destellos breves ó prolongados y en estos detalles consisten las señas telegráficas. Para esto no hay mas que arreglarse al alfabeto del telégrafo eléctrico de Morse, compuesto como es sabido, de puntos y de líneas; los destellos breves se asimilan a los puntos y los prolongados a las líneas.

Dos personas colocadas una á la vista de la otra, á diez leguas de distancia é ignorando su posicion respetiva, dice el Mariscal Vaillant, pueden con este aparato reconocerse y ponerse en correspondencia. La disposicion del aparato permite en efecto, colocar verticalmente el uno de los ejes de rotación del segundo espejo, volviendo horizontalmente el árbol del primero. La luz solar, reflejada horizontalmente por el primer espejo, cae sobre el segundo, que girando alrededor de un eje vertical cubre la luz una zona horizontal de medio grado de altura. Se puede tambien cruzar todo el horizonte y llamar la atencion de la persona que se busque: Este reconociendo el punto de donde parten los destellos, se orienta sobre este punto y le envia un destello fijo sobre el cual se puede orientar á su vez. Este pequeño aparato, esencialmente portatil, pesa 8 kilógramos, se coloca sobre un tripode de madera y se orienta con la ayuda de una brújula y de un nivel, adoptados al aparato. Las esperiencias hechas entre la torre de San Sulspicio y la de Monkery, en presencia de varios astronómos y del ministro de guerra han dado los resultados mas satisfactorios y ha permitido entrever todas las ventajas que se puede sacar de ello.” 1

 

 

La máquina que escribe

 

En otro artículo posterior, publicado el sábado 25 de abril de 1857, Sarmiento difunde los detalles y alaba las ventajas del telégrafo impresor:

 

“TELEGRAFO IMPRESOR - No bastaba la prodigiosa invención de la escritura para que los hombres se comunicaran sus ideas á grandes distancias; era necesario que estas ideas volasen a la misma rapidez con que se conciben, y el telegrafo eléctrico vino á realizar este sueño que parecía inconcebible. Pero el espíritu del siglo, cuyas tendencias al progreso y á la perfeccion es imposible detener, exigía aun ir mas allá en aquella invencion por maravillosa que pareciese: ese mas allá lo ha alcanzado al fin.

Hasta ahora, para transmitir un parte telegráfico era necesario valerse de dos personas estrañas, que á mas de enterarse de cuanto mutuamente se comunicaban, necesitaban ciertos conocimientos especiales y una gran práctica, particularmente para ir trasladando al papel todos los signos ó letras que la aguja iba señalando.

Hoy, merced a la invencion del telégrafo impresor, todos estos inconvenientes han desaparecido.

Los procedimientos de la estación de partida son tan sencillos, que cualquiera puede por si mismo y sin instruccion alguna comunicar sus ideas, y en cuanto al punto de recibo no se necesita el concurso de nadie; la máquina por sí sola se encarga de escribir las palabras que se le transmiten.

El telegrafo impresor es esteriormente como un aparato de cuadrante ordinario; la imprenta esta en la parte interior, y ocupa tan poco espacio, que los caracteres, el rodillo de tinta y la prensa tipográfica, si tal puede llamarse, cabrian sin dificultad dentro de la cáscara de un huevo.

Todo el mecanismo esta reducido a ir designando sucesivamente con un punzón las letras que se compongan las palabras que se quieran transmitir, y en el mismo instante se verifica la impresion en el estremo de la línea sin ayuda de nadie; la misma máquina despide el despacho impreso por una pequeña abertura que tiene en uno de sus lados. Asi, pues, un despacho dado en Madrid, se imprimira en Paris, Berlin y en Bruselas sin que mediase en ello mas persona que la encargada de comunicarlo. Tan importante adelanto merece adoptarse en todas partes y hoy que el gobierno trata de generalizar las líneas telegraficas en España, conveniente seria ensayar desde luego un sistema que esta destinado á sustituir por completo al que en el dia se sigue en Europa. En los Estados Unidos se ha empezado ya á adoptar con gran exito el telégrafo impresor.” 2

 

 

Primeros intentos en el Plata

 

Testimonios de viajeros por el Río de la Plata de comienzos del siglo XIX dan cuenta de que en la pampa, arrieros y carreteros, así como el ejército, utilizaban señales de humo y fuego para enviar mensajes. Los soldados también recurrían durante las campañas militares a un sistema codificado de banderas, similar al que se empleaba en algunas ciudades para anunciar la llegada del correo. Así, en el Buenos Aires de antaño, el color de la bandera señalaba la procedencia: el gallardete azul indicaba el arribo del correo de Montevideo, el punzó el proveniente del paquebote inglés, el blanco hacía referencia a Santa Fe, el verde correspondía a Chile, el amarillo al Perú y el celeste y blanco al correo de la campaña.

 

El 9 de marzo de 1812 arribó al primitivo puerto de Buenos Aires la fragata George Canning. Entre los viajeros se encontraban algunos oficiales que habían tenido una destacada actuación militar en la España convulsionada por la invasión napoleónica. Volvían a las tierras del Plata José de San Martín, Carlos María de Alvear, José Zapiola. Con ellos llegaba un extranjero: Eduardo Kannitz, Barón de Holmberg. Descendiente de una antigua familia de Moravia, el joven militar había sobresalido en el ejército imperial prusiano y en las Guardias Walonas españolas. En el Río de la Plata participó en las luchas por la independencia y comandó la artillería patriota en la batalla de Tucumán, a las órdenes de Manuel Belgrano. 3

 

Sus profundos conocimientos técnicos sobre artillería se pusieron de manifiesto en otro aspecto de su vida que interesa destacar por su proximidad con el objeto de este libro. En 1815, Holmberg presentó al Ayuntamiento de la ciudad de Buenos Aires el Plan de un telégrafo para la comunicación de los Pueblos interiores. 4 La lectura de este documento permite comprobar el interés que había dedicado al tema de la telegrafía durante sus campañas militares europeas. Menciona allí que el aparato ideado por Chappe, aunque efectivo, resultaba muy oneroso por la construcción de las torres. De ahí que proponga un método más sencillo de comunicación, evidentemente emparentado con su carrera de armas:

 

“... Y asi voy proponer á otro plan, cuyo manejo y execucion es mas sencillo, pero con el qual, aunque no es tan completo, se puede facilmente y con toda seguridad, comunicar á lo lejos sea de noche o sea de dia sin hacer mayores gastos. Todo consiste en hacer algunas banderas de 4, ó, 5 colores, algunos anteojos y algunos libritos en que esten pintadas las banderas de señal con sus respectivos colores, y apuntado su correspondiente numero.

No soy de aviso de multiplicar demasiado los colores y por consiguiente las banderas, y asi creo que con 4 banderas ó 5 de diferentes colores es suficiente, porque con 4 banderas, tomandolas de una a una, por combinacion de dos a dos, de 3 a 3, y por permutacion o trasposiciones entre las 4 banderas 44 veces, se pueden hacer 38 señales, y aumentando un color o una bandera mas, se pueden hacer 150 señales, tomando las 5 de una a una, por combinacion de dos a dos, de tres a tres, de quatro a quatro, ó por permutacion o trasposicion entre las 5 banderas 120 veces entre si, dan, como he dicho, 150 señales diferentes ...” 5

 

Un anexo con dos tablas de señales acompañaba el informe de Holmberg. Allí figuraban las combinaciones posibles según se utilizaran cuatro o cinco banderas de diferente color. Durante el día, estas banderas se izarían en un asta bien alta. De noche, las señales se lograrían mediante balas o globos iluminados distintamente gracias a

 

“la pirotechnia (que) como todo el mundo sabe, nos enseña claramente el modo de dar a la polvora diferentes colores, á manchar la polvora con ciertas materias. De modo que cuando la polvora se enciende, su explosion ó su llama nos aparece de ciertos colores. Los mas conocidos son el Amarillo, Azul Celeste, Colorado, Verde, esto es el motivo que he escogido para las banderas los dichos colores. Por consiguiente, si podemos comunicarnos de dia á lo lejos mediante estos colores, que nos puede impedir á comunicarnos de noche mediante estos mismos colores.” 6

 

Un simple mortero de madera recubierto de latón en su interior serviría de plataforma de lanzamiento para esos globos o cohetes luminosos. Holmberg no olvidaba que debería fijarse de antemano el horario para la comunicación nocturna, y recomendaba, en ese sentido, que fuera dos horas después de la salida del lucero.

 

Otro medio de comunicación a distancia, antecesor del telégrafo eléctrico, fue impulsado por Santiago Spencer Wilde, un financista inglés dotado de notable ánimo emprendedor, que arribó al Río de la Plata en 1810. Entre sus proyectos para el país -que fue el suyo a partir de 1817 cuando tomó carta de ciudadanía- se contaba la instalación de un telégrafo óptico que comunicaría a Buenos Aires con el Congreso Constituyente de Tucumán, y de otro que hiciera lo mismo con el Ejército de los Andes. Wilde era consciente de la importancia política que revestía el asunto ante las circunstancias en que el país estaba envuelto -la Guerra de Independencia con España-, según se desprende de una carta fechada el 2 de septiembre de 1818, dirigida al Ministerio de Guerra. Allí expresa:

 

“... Luis XIV exclamó, quando logró colocar a un Principe de Francia en el trono de España -‘ìl n’y á plus de Pyrenées’ (ya no hay Pirineos)- pudiera Bs. Aires decir, despues de abrir una comunicación tan rapida con el lado occidental de los Andes -‘ya no hay Cordillera.’ 7

 

La iniciativa no prosperó en los niveles gubernamentales; aunque más adelante Wilde creyó que el telégrafo óptico sería también de mucha utilidad en las luchas fronterizas contra el indio, el único momento en que el proyecto pareció reactivarse fue durante la Guerra con el Brasil. Finalmente, las dificultades económicas y políticas hicieron desistir a los interesados. Durante la larga pax impuesta por el rosismo, no se sabe de nuevos intentos de telecomunicaciones. Cuando unas décadas más tarde resurja nuevamente la idea de instalar la telegrafía en Buenos Aires, las circunstancias serán distintas. Para ese entonces, Samuel Morse ya había logrado el “milagro de aniquilar el espacio”, según anunciaba en su primera plana del 27 de mayo de 1844 el New York Tribune al comentar el éxito de la primera línea de telegrafía eléctrica instalada. 8

 

 

 

 

Notas

 

1-El Nacional, 19 de enero de 1857.

 

2-El Nacional, 25 de abril de 1857.

 

3-Bracht, I., “El Barón de Holmberg ...”, p. 36. El hijo de Eduardo Kannitz, Eduardo Holmberg, acompañó a Sarmiento durante la primera emigración de aquél a Chile en 1831. Su hijo -por lo tanto nieto del Barón- Eduardo Ladislao Holmberg (1852-1937) fue, junto a Florentino y Carlos Ameghino y Francisco P. Moreno, uno de los precursores del estudio de las ciencias naturales en la Argentina. Autor de varias obras, entre ellas Flora y fauna de la República Argentina, Dos partidos en lucha y Cuentos Fantásticos., participó junto a Sarmiento en el acto de homenaje a Charles Darwin realizado en el Teatro Nacional el 19 de mayo de 1882. Los discursos de ambos fueron reproducidos en El Nacional.

 

4-Manuscrito original de Eduardo Kannitz, propiedad de Guillermo Parker Holmberg. Copia obtenida del archivo personal de Ignacio Bracht.

 

5-Ibidem.

 

6-Ibidem.

 

7-Castro Esteves, R., Historia de Correos ... , p. 197.

 

8-Reggini, H. C., Los caminos ... ,  p. 26.