EL MIEDO

 

Es un sentimiento provocado por una amenaza real o imaginaria. Nuestro objetivo es que el niño pase de soportar el miedo acom­pañado por su madre a soportarlo a solas, como nos cuenta Marina en «El laberinto sentimental». Para ello debemos jugar con el miedo. Apa­gar la luz, vestidos de fantasmas, construir monstruos, contar cuentos de miedo, es una buena forma. Siempre hay que estar atentos a todos y cada uno de nuestros alumnos ya que cada cual está en un nivel de con­trol de sus miedos. Como siempre, dejar que ellos jueguen solos, en el rincón simbólico, es un buen método porque cada cual llega a esa «zona de desarrollo próximo» que decía Vigotyski, que también se manifiesta en el desarrollo sentimental. Se comienza enfrentándose al miedo acompañado, y se acaba controlando la ansiedad que les produ­ce, sin ayuda.

María siempre jugaba a la sangre, a médicos y a Drácula. Su padre tenía una grave enfermedad. Alejandra, en cambio, no soportaba los grandes ruidos, ni la luz apagada. Le gustaba esconderse debajo de las telas. A final de curso me dijo: «maestro, ya no me da miedo la luz apagada». Cada uno juega a lo que necesita dominar, porque el juego da la seguridad necesaria para elaborar los temores.

Jugando con la bruja

 

El miedo lo trabajamos en 3 años mediante diversos cuentos. La narración simbólica es la mejor forma de ir conquistando ese senti­miento a lo desconocido que inquieta sobremanera en estas edades. Los cuentos clásicos de lobos son excelentes para estas edades. Hay niños que se identifican con el cerdito mayor que sale triunfante ante la ame­naza del lobo. Otros prefieren seguir siendo pequeños porque lo que le aterroriza es crecer. Y siempre están los que se identifican con el lobo. Algunos de estos alumnos que juegan a lobos insistentemente son los que tienen más miedo. Nunca falta en el aula la posibilidad de realizar caretas de lobos, brujas o fantasmas. En el cuento «Las dos hojitas", la hoja pequeña tiene miedo de caerse cuando sopla el viento. En «Las 2 dos setas», la seta pequeña tiene miedo de que un hombre la arranque de la tierra para comérsela, etc. Así, en los diferentes cuentos, los niños y niñas se proyectan y van dando solución razonada a la sinrazón del miedo.

En los 4 años trabajamos el miedo mediante el proyecto «Los monstruos». Siempre funciona. El aula se va llenando de fantasmas y monstruos aterradores que, mediante el juego, vamos controlando. El miedo sale fuera de nosotros y jugamos con él. Así le vamos tomando confianza y terminamos tuteándolo.

«La habichuela mágica» es el cuento más solicitado en el aula de 5 años. Parece que la destrucción del ogro les va fortaleciendo cada vez que se narra la historia. En este curso hicimos el libro de los sueños, donde quedan registrados todos nuestros miedos, bajo sus mil caras: brujas, lobos, tiburones, Drácula, fantasmas, cocodrilos, etc. Escribir nuestros miedos es una buena forma de dominarlos porque los dejamos allí petrificados en el papel. Al mismo tiempo, dotamos a la escritura de una función expresiva y comunicativa, objetivo básico de la Educación Infantil.