LA ENVIDIA

 

 

Es el deseo de ser preferido frente al otro, que produce una triste­za por el bien ajeno. La envidia es una consecuencia lógica de metodo­logías competitivas, en donde se valora solamente a los primeros, a los listos, los triunfadores, provocando en los demás un sentimiento de desear la posición del preferido. Por ello, no sólo debemos educar al alumnado de forma individual, también es necesario cambiar a metodo­logías cooperativas y solidarias.

Lo que desea el envidioso es ser preferido, por lo que es evidente la falta de amor y la inseguridad que sustenta la envidia. El desarrollo de una inteligencia social, el empanzar con los deseos de los demás, es un gran antídoto contra la envidia. Una vez más, los sentimientos tienen mucho que ver con la inteligencia. El desarrollo de la autonomía es el mejor método contra la envidia porque, en realidad, el envidioso es alguien inseguro que necesita la confirmación de los demás y se fija en quien le parece que tiene esa seguridad. Aceptar la diversidad es igual­mente un buen modo de superar estos sentimientos adversos. Por tanto, es necesario promover metodologías que permitan diversos niveles y ritmos de aprendizajes, en donde cada uno tenga su momento de gloria en algo que le haga sentirse bien. Hace años, tuve a un alumno con tri­somía 21 y no sabía como compensar sus dificultades en la mayoría de las actividades. Un día lo descubrí, tenía más flexibilidad que ninguno. Cada vez que hacíamos psicomotricidad lo ponía como ejemplo de cómo se abría de piernas. Este distinguirse como bueno en algo forta­lece la autoestima, desarrolla la identidad y compensa las frustraciones en otros ámbitos.


Somos diferentes

 

Es necesario buscar en cada uno la virtud que nos hace únicos. Si no lo hacemos serán ellos los que busquen diferenciarse de los demás con alguna estrategia específica. Necesitan tener una identidad diferen­ciada. Por ejemplo, Tamara siempre tira el último trocito de pan en el desayuno, en un intento de rebelarse contra la norma; Víctor se ha pues­to un pendiente y se siente más seguro; Pablo siempre busca sentarse en un lugar diferenciado; Cristina recoge y trabaja justo cuando estamos en la alfombra o para salir, Esperanza habla muy despacio en la alfombra demandando la atención de todos. Siempre buscan diferenciarse, sentir­se alguien distinto a los demás, ser mirado, reconocido como individuos fuera del grupo. Parece que el desarrollo de la identidad nos aleja de la envidia y nos hace más autónomos.

La envidia parece ser un sentimiento de inseguridad por lo que no es un pecado sino una incapacidad. Desarrollar seguridad en el alumna­do y aceptar la diferencia es el mejor antídoto. Si se puede ser diferen­te no necesito poseer lo del otro, puedo ser diferente.

Además, el envidioso cae en el círculo vicioso de la envidia. Cuan­do envidio me culpabilizo y me siento mal, por lo que sigo envidiando al que percibo como feliz.

Los antídotos que podemos desarrollar en la escuela contra la envidia son la seguridad en sí mismo, la diferencia como valor, la iden­tidad y el desarrollo personal.