LOS CELOS

 

Es un sentimiento de inseguridad en el que se desea estar en el lugar del que posee algo querido. En el aula aparece cuando el niño o la niña que viene a la escuela deja a otro hermano o hermana con la madre. A estas edades, el objeto querido y deseado por los niños y niñas es su madre, y el hermano pequeño que se queda en casa, mientras ellos van al colegio, es quien se apropia de su amor. Este conflicto irresoluble hay que plantearlo en las asambleas de clase y en las charlas con las fami­lias. No para solucionarlo sino para calmar la angustia que genera.

Rebeca manifiesta sus celos buscando atención continua, hasta provocar el llanto que la relaja. Sara tiene un comportamiento más maduro y mitiga sus celos escribiendo continuamente el nombre de su hermano Alberto. La culpabilidad que asumen los niños por tener celos es más perniciosa que los mismos celos. Es necesario dejar hablar a los celos si se quiere superar el sentimiento de ira hacia un hermano o her­mana que lo ha destronado. Un día hablando de la muerte dijo Carlos: «Mi hermana se ha muerto». Yo le contesté que era imposible porque la había visto entrar al colegio esa mañana. «Bueno (contestó Carlos) pero se va a morir al mediodía».

En «el libro de los sueños» (gracias a Ma Carmen Díez por la idea) también aparecen algunas evidencias de celos. La mañana que alguien ha tenido un sueño irascible lo cuenta en la asamblea y lo escribimos en el libro. Esta actividad da la posibilidad de expresar muchos sentimien­tos que, gracias a la magia del sueño, se transforma en historias mara­villosas. En los sueños es posible liberar ciertos sentimientos que no es posible tolerar en la vida real. Un día, nos cuenta Nerea: «Soñé con un toro y mi hermano Carlos. Le dio un cornazo a mi hermano y a mí no». «Yo tiré a mi hermano por la ventana y él me tiró a. mí». Estas historias leídas una y otra vez, entre risas y bromas, hacen que la culpa se diluya porque hemos expresado nuestros sentimientos agresivos de forma cul­turalmente aceptada.

Si no superamos esta etapa de celos podemos integrarla perma­nentemente en nuestra personalidad que en estas edades se está forjan­do. A veces, los celos al hermano o al padre se transfieren al maestro y a los compañeros. Un alumno de la clase, que está emparedado entre dos hermanos, tiene un comportamiento ambivalente hacia mí. Lo mismo me abraza que me mata con su pistola de juguete, evidenciando en el aula las relaciones de su casa.

Materiales compartidos

En Educación Infantil tenemos el material en común para enseñar a compartir. Aunque parezca paradójico, no existe peor remedio para los celos que intentar que todos sean iguales, que todos hagan lo mismo y que todos tengan el mismo material. Los celos se producen cuando se nos impone la necesidad de ser todos iguales. Es importante educar en la diferencia, en la aceptación de las diferentes necesidades de cada uno. Trabajando por rincones en actividades libres se desarrolla esta acepta­ción de los diferentes ritmos de aprendizajes, los diferentes niveles y las distintas aptitudes de cada cual. A diario es necesario esperar a que el otro termine para utilizar el rotulador rojo o la pintura. No existen juguetes iguales para todos, y es necesario esperar para realizar un dibu­jo en la máquina de calcar. Por supuesto surgen conflictos a diario, pero el tratamiento de estas dificultades educa en la tolerancia, desarrolla la empatía, aumenta la capacidad de frustración y enseña a respetarse.