BIOGRAFÍA PROFESIONAL

 

Cristóbal Gómez Mayorga, natural de Almogía (Málaga). Es maestro de Educación Infantil en el colegio «El Romeral» de Vélez-­Málaga y colabora en cursos de formación en los Centros de Profesores de la provincia.

Como dijo Tonucci, el aprendizaje se parece más al vuelo de una mariposa que a la trayectoria de una bala. Y mi biografía profesional ha estado marcada más por la teoría del caos que por los patrones lógicos de la racionalidad. No obstante, veo en ello la razón de mi crecimiento en la compleja tarea educativa.

Procedo de pueblo y bajo nivel económico con un imposibilidad de estudiar que el destino contradice. Algo accidental cambia todas las expectativas sobre mi vida: éramos mucho en caso y me meten en el Seminario. Esto me produce la empatía necesaria para comprender al alumnado más heterogéneo, ya que domino el idioma y la lógica de ambas culturas, rural y urbana. El seminario, me aleja de Dios y me acerca a los hombres, y a las mujeres, paradojas de la vida. Allí apren­dí a interesarme por lo social y descubro el placer del estudio y el tra­bajo. Eran los tiempos del cambio. Todas mis lecturas de esa época fue­ron realizadas fuera del aula. De ello aprendo que es la cultura la cau­sante de aprendizaje. Mis inquietudes de estudios fueron filosóficas pero la realidad se impone y hago magisterio. Quiero hacer Preescolar pero la ley me lo impide. Ser hombre me incapacita. Corría el año 1979, pero la Constitución aún era un trozo de papel. Estudio la especialidad de Ciencias sociales. Todo esto me enseña a tener una gran capacidad de frustración, otra capacidad necesaria para un buen profesor. De Magisterio creo que sólo aprendí de una cuatrimestral de un excelente maestro, que en vez de explicar, venía a diario cargado de papel continuo, pinturas, acetatos, etc. y nos hacía sentir el miedo escénico ante los compañeros; y de una profesora de Psicología, que nos hizo leer, comentar y discutir 13 libros, que no eran de textos. El resto de mi for­mación inicial fueron apuntes, apuntes y más apuntes. Después de años de paro, comienzo a trabajar en un colegio privado y me doy cuenta de mi ignorancia como maestro. Por ello entro en Pedagogía buscando curar mi magna ignorancia. En la Facultad aprendo bastante porque estudio la teoría desde las dificultades de la práctica diaria. Además, descubro la Pedagogía con mayúscula en personas como Miguel Ángel Santos, Ángel Pérez, Miguel Melero, Félix Angulo—. Desde que ter­miné estoy en el grupo de Investigación con Miguel Ángel Santos Gue­rra. Todo un lujo y una buena escuela de reflexión. Comienzo a traba­jar de interino en la especialidad de Sociales y éstas son mis verdaderas prácticas y mi auténtico aprendizaje como maestro. Tengo la suerte de pertenecer a un Seminario Permanente en el que tomo contacto con el constructivismo de verdad, aquel que parte de las ideas previas de mis alumnos del día anterior. Gracias, Rafael , Lola, Pilar, Loli,... Soy maestro y pedagogo, pero la carrera más larga que he realizado ha sido la de opositor, ya que estuve 7 años, hasta que en 1993 las aprobé pro Educación Infantil, vengándome así del destino, que en su día no quiso que estudiara esta especialidad. Fueron largos años de frustración en los que oía al tribunal, cargado de realismo, decir que yo era un utópico. Recuerdo a la presidenta de un tribunal a la que planteé un supuesto didáctico realizando unas diapositivas, decirme con sarcasmo que si me creía Buñuel. Seguí ganando capacidad de frustración. Los 7 años de interino fue mi mayor escuela porque aprendía desde la humildad. Desde que estoy en Educación Infantil, que así se llama ahora, me reúno con un grupo de trabajo desde el que reflexionamos sobre la práctica. Cuando nos desligamos de instituciones, hablamos de lo que hacemos y sentimos en nuestras aulas a diario y comenzamos a mostrarnos ante alguien como somos de verdad, comienza nuestra formación docente más verdadera. En un grupo de confianza es donde podemos mostrar­nos como somos y analizar nuestras capacidades y nuestros límites. En este grupo he realizado el verdadero progreso como educador de Edu­cación Infantil. Y es que la formación está donde se crean debates sin­

ceros, no desde el discurso sino desde lo que somos. Gracias a Soledad Aracama, Javier Serrano y Maribel Rubio por su generosidad. Cuando dejé el libro de texto asumí mi responsabilidad como enseñante. Ya no tenía tabla de salvación, era yo el que nadaba a cuerpo descubierto con­tra las olas en un extenso mar de soledad e incomprensión (perdón pro la cursilería). Pero mi mejor aprendizaje docente me lo ha dado las difi­cultades de la práctica: como un niño con trisomía en una clase de 25 alumnos y alumnas de 3 años, un chaval con parálisis cerebral integra­do en un aula de 4 y 5 años, una niña triste con problemática familiar de drogadicción y violencia, un niño «superdotado» que sufría enorme­mente porque quería ser como los demás, etc.

Mis lecturas has sido fundamentales para mi formación. Nunca he sabido distinguir si un libro era de literatura, filosofía o pedagogía. He aprendido más sobre educación en «Todos los nombres» de Saramago que en muchos tratados de Psicología de la Educación. Pronto com­prendía que no eran mis técnicas didácticas las que educaban sino las relaciones que se establecían en mi aula. Así que dejé de leer libros de verdades absolutas y me encomendé a lecturas de incertidumbres: Nietzsche, Freud, García Calvo, Manuel Delgado, Foucault, Savater,... y, sobre la mesilla de noche, Eduardo Galeano. Sobre Educación Infan­til, descubrí hace unos 15 años a Ma Carmen Díez y desde entonces aprendo de ella. Sus libros nos ilustran de la profundidad de lo cotidia­no del aula.

Un buen aprendizaje ha sido la escritura de artículos para revistas como Cuadernos de Pedagogía, In-fan-ci-a o Cooperación Educativa Kikirikí, que me han servido, mitad como terapia, mitad para organizar mis ideas y hacerlas compatibles con mi práctica. Comencé tímidamen­te a mostrar mis escritos a gente de mucha confianza con bastante pudor. Y es que escribir es desnudarse ante los demás, ponerse en juego. Pesaba sobre mí la idea aprendida en toda mi formación de que los que escriben son los académicos. Ahora, poco a poco me voy convencien­do de que no sólo puedo sino que tengo derecho a escribir lo que hago en mi clase porque esa es mi verdad. Aunque como dice mi compañero Juan Prado sigo dependiendo aún de los académicos buscando credibi-


lidad en citas y biografías reconocidas. En definitiva, mi biografía pro­fesional ha estado marcada por la incongruencia, el dilema, el conflic­to, la contradicción, la complejidad, lo ilógico, lo incoherente, la duda y lo irracional. Todo ello ha creado la disonancia cognitiva que me ha ayudado a aprender, madurar y crecer. Así que creo, no soy modelo para nadie, ni puedo alumbrar camino alguno sobre la formación docente. Tan sólo trasmitir la idea de que en educación uno no enseña sino que se da, y nadie puede dar lo que no es.

Artículos publicados:

GÓMEZ MAYORGA, C. (1996): Temáticas de Educación Infan­til. Mural 340. N° l . Revista Educativa del CEP de la Costa del Sol. GÓMEZ MAYORGA, C. (1996): Arenas Fernández, Ma Gloria; Herrera Abril, Ma Amelia; Gómez González, Ma José; Torres Rosell, Ma Fernanda: Manual de uso. Cuadernos de Pedagogía, (251).

GÓMEZ MAYORGA, C. (1996-97): Mirar desde otro lado: la dis­ciplina desde una perspectiva organizativa y simbólica. En Cooperación Educativa Kikirikí, n° 42, 43.

GÓMEZ MAYORGA, C. (1998): El patio dentro del aula. En Cuadernos de Pedagogía n° 266. Barcelona.

GÓMEZ MAYORGA, C. y RUBIO CARMONA, Ma I. (1998): La violencia inventada. En Cooperación Educativa Kikirikí, n° 50. GÓMEZ MAYORGA, C.: «De la conquista del espacio exterior a la conquista del aire». En Cooperación Educativa Kikirikí, n° 52. M.C.E.P. Sevilla, 1999.

GÓMEZ MAYORGA, C. (1999): Libros que hablan del cuerpo y del alma. Cuadernos de Pedagogía, n° 281.

GÓMEZ MAYORGA, C. (2001): Deletrear el deseo de leer y escribir. Cuadernos de Pedagogía n° 302.

GÓMEZ MAYORGA, C. (2001): La narración, una forma de conocer. Cuadernos de Pedagogía n° 299.

GÓMEZ MAYORGA, C. (2001-2002): La escuela: un pedazo de vida. Cooperación Educativa Kikirikí, n° 62-63.

GÓMEZ MAYORGA, C. (2002): Mirall mágic. Revista In-fan-ci­a, n° 126.

GÓMEZ MAYORGA, C. (2002): Una grabadora, puente hacia la familia. En Cuadernos de Pedagogía n° 318.

GÓMEZ MAYORGA, C. y DÍEZ, M. C. (2002) Els discursos del dir, del fer i del sentir. A la Ilum d'Eduardo Galeano. Revista In-fan-ci­a, n° 128.

GÓMEZ MAYORGA, C. (2002): El aprendizaje de los Colores o la Construcción del Arco Iris. Revista Barbecho, n° 1

GÓMEZ MAYORGA, C. (2003): La conquesta de la classe. El període d'adaptació. Revista In-fan-ci-a, n° 131.

GÓMEZ MAYORGA, C. (2003): Los discursos del decir, del hacer y del sentir. Reflexiones a dos voces a la lumbre de Eduardo Gale­ano. Revista In-fan-ci-a, n° 80.

GÓMEZ MAYORGA, C. (2003): De cintura para abajo. Revista Barbecho. Revista de Reflexión Socioeducativa, n° 3.