Atando sentimientos con palabras

 


 

Cristóbal Gómez Mayorga

 

I. A modo de prólogo
II. Sentipensante

III. La ira
IV. La vergüenza
V. Los celos
VI: La envidia 
VII. El miedo
VIII. Alegría -  Tristeza
IX. La angustia
X. El cariño, el amor y la amistad
XI. Implicaciones educativas
XII. Referencias bibliográficas
XIII. Biografía personal
XIV. Libro completo


Es necesario, hoy- más que nunca, que los maestros ~ maestras escribamos sobre lo que pasa en nuestras aulas. No desde la queja, sino desde el disfrute, no desde la miope mirada de las conductas, sino desde la profunda visión cíe las personas que la Habitamos, no desde la objetividad académica, sino desde la subjetividad de los que vivimos cada día en ellas.

En este trabajo se reflexiona sobre situaciones reales de clase y se describen soluciones a los conflictos diarios desde una visión Sentimental. Es necesario vivir los sentimientos, jugarlos ) aprenderlos en situaciones educativas vivas, en las que aflore todo nuestro ser: conflictos diarios, riñas, miedos, actos de cariño, saludos, enfados, etc., pero, sobre todo, es necesario hablar (le ello. Lejos de realizar programaciones estructuradas para trabajar la alegría, la tristeza, la ira, la angustia, los celos, o la vergüenza, debemos estar atentos a lo que ocurre diariamente en nuestras centros educativos para darle un tratamiento educativo. Poner nombre a lo que sentimos es una forma de controlarnos, porque las palabras son lazos que atan los sentimientos y no dejan que se desboquen. Demos nombre a lo que sentimos. hablemos de ellos g­estaremos construyendo los cimientos de una personalidad estable y equilibrada. Sella y útil función del lenguaje, la de atar sentimientos.