SER UNA CHICA

EN UNA ESCUELA DE CHICOS

   Mª José Urruzola
* Asesora de Coeducación en los C.O.Ps. de Vizcaya Colectiva 'Tanbroa"

 

1.- La escuela mixta: Privilegiadora de lo masculino

Históricamente la enseñanza mixta existe desde principios de este siglo y en 1939, quedó prohibida por una ley que estuvo en vigor treinta años.

A comienzos de los años setenta se dio dentro del campo de la enseñanza un movimiento de renovación del sistema educativo que sirvió de marco idóneo para que el sector más progresista de la enseñanza empezara a reivindicar los espacios escolares mix­tos.

Entre los argumentos que se daban para justificar este cam­bio, los que más se oían eran: la necesidad de normalizar el trato entre chicas y chicos y la conveniencia de reaccionar contra las escuelas segregadas, marcadas muchas de ellas por los retrógra­dos prejuicios de la Iglesia de la época.

También tuvo su peso en este cambio la esperanza de que jun­tando a chicas y chicos, las chicas irían «civilizando» a los chi­cos y disminuiría así la dificultad que ofrecía a los centros escolares la agresividad y movilidad educacional de los chicos.

La enseñanza mixta se fue implantando progresivamente has­ta que en 1984 el Gobierno ordenó su obligatoriedad.

Esta medida se vivió como un paso progresista hacia la demo­cratización y europeización del sistema educativo y cree expecta­tivas de igualdad de oportunidades entre los dos sexos. Pero el cambio se hizo sin una crítica previa a los estereotipos «género masculino», «género femenino», con que la escuela segregada había educado a chicas y chicos al margen de su propia indivi­dualidad. Sin un análisis profundo de la estructura sexista de la escuela, en la que convivirían chicas y chicos en una aparente igualdad.

Pronto empezaron las chicas a padecer los efectos de esa falta de análisis, que guió el paso de escuela segregada a mixta:

-                           Se les empieza a hablar en masculino y ellas deben darse por aludidas y sentirse incluidas.

-                           En las asambleas escolares, ellas se han ido callando y los chicos tomando la palabra.

-                           Las fiestas escolares, los deportes y conjuntos de música, son dirigidos por los chicos, mientras ellas quedan limitadas a ser sus espectadoras y a aplaudirles.

-                           En las clases se van cambiando las delegadas por delegados. - Las instalaciones del centro van envejeciendo y destruyén­dose a un ritmo marcadamente más acelerado que cuando estaban las chicas solas.

-                           La ocupación del espacio ha sido otro cambio espectacular.

-                           En el rendimiento escolar también las chicas han pagado su precio.

-                           Los chicos van viviendo sus valores positivos y negativos, desde una posición de grupo dominante.

-                           Quizá el precio más elevado que han pagado las chicas en el espacio escolar mixto sea la agresión sexual, cotidiana, normali­zada.

Y así, día a día, a través de éstos y otros muchos comporta­mientos, se les va imponiendo el modelo de conducta masculino. Y además desde distintos ángulos de la propia estructura es­colar se les estimula a entrar en el llamado mundo científico, se les recuerda todo lo que deben aprender para igualar a los chicos en la técnica, educación física, etc. sin criticar la forma masculi­na de «estar» en la ciencia, en la técnica o en el ejercicio físico. Se les va exigiendo que respondan al modelo de «belleza femeni­na» establecido socialmente por los hombres.

Frente a este modelo masculino, las chicas raramente ven va­lorado su mundo: ven cómo los chicos se rebelan si al nombrar al colectivo en femenino se les considera incluidos. No perciben un mundo científico explicado a través de objetos, ejemplos que ten­gan que ver con sus experiencias, con su lenguaje y sus gustos.

Ante el mundo de la técnica no encontrarán la forma de llegar a todo lo que signifique avance y desarrollo científico desde «su» propia historia, sin entrar en el mundo de la competitividad, de la rigidez o sin que lo técnico signifique deterioro de relaciones hu­manas, etc.

Después de varios años de existencia de escuela mixta, se si­gue, en general, sin hacer un análisis de su estructura sexista y sin cambiar en lo fundamental, el sexismo de la anterior etapa se­gregada y añadiendo además una gran dosis de confusión.

Las consecuencias de la integración de la escuela segregada en la mixta en estas condiciones son dos: la universalización del modelo educativo masculino y el reforzamiento del sistema esco­lar sexista a través de diversos mecanismos: actitud del profeso­rado, libros de texto, lenguaje, etc.

Al final, la supuesta «normalización» que se defendía como argumento básico en pro de los espacios escolares mixtos, ha quedado reducida a mantener la misma estructura sexista que ha­bía en la etapa segregada, pero con una apariencia más adaptada a las formas europeas de hacer igualdad. Se va consiguiendo así «normalizar» las relaciones de género, según las exigencias de la época.

Por coherencia, este análisis nos exige buscar formas alterna­tivas al espacio escolar mixto. Pero esto será objeto de otro apar­tado.

2.- Ser una chica en una escuela de chicos

Después de unos años de experiencia de espacios escolares mixtos, vamos constatando cómo la Escuela Mixta, al universali­zar el modelo masculino, se ha convertido en una escuela para chicos, donde se deja a las chicas entrar por la misma puerta, es­tar en la misma aula, con los mismos profesores/as y los mismos libros.

Pero una vez dentro, ellas deberán adecuarse al modelo mas­culino si quieren tener éxito, relacionarse amistosamente con sus compañeros o evitarse conflictos o infinitos sinsabores, aún a costa de renunciar a formas de ser y "estar en el mundo" que ellas tienen.

No olvidemos que las chicas vienen a la escuela, desde un medio familiar y social, en el que se les ha enseñado con la pala­bra y con los hechos que ser mujer es "ser menos" y que para ser aceptadas y moverse con seguridad... tienen que adaptarse a las pautas del comportamiento del mundo masculino.

Por eso, poco a poco y casi sin darse cuenta, como un meca­nismo de subsistencia en el grupo:

-                           Se irá conformando con pasar a ser "alumno" y con que se refieran y dirijan a ella en masculino.

-                           Estudiará lo que han hecho y dicho los hombres en la Histo­ria, Filosofía, Literatura, Ciencias, Matemáticas, etc., pero difí­cilmente conocerá lo que hicieron y dijeron las mujeres.

-                           No le será nada fácil usar los espacios deportivos según sus aficiones y acabará por asociar campo de deportes con partido de fútbol.

-                           Se sentirá confusa, ante lo que cotidianamente, en su espa­cio escolar, se llama: actividad, iniciativa, humor, pasividad, be­lleza física, compañerismo...

-                           Cuando empiece a pensar en los próximos estudios, se ente­rará enseguida de que hay carreras "muy apropiadas para una chica".

-                           En el trato con sus compañeros tendrá que aprender a reír sus bromas, bajo pena de ser "una sosa"; a soportar sus agresio­nes sexuales, si no quiere que le llamen despectivamente "femi­nista", tendrá que pagar por los desperfectos de materiales y local que ellos ocasionan, porque de no hacerlo, será "mala com­pañera".

-                           Recordará haber oído que los hombres son superiores, aun­que ella constate que, trabajan menos, sacan peores notas y son más infantiles que ellas.

-                           Tendrá que ir asumiendo que ella y sus compañeras no son listas o responsables, son solamente "empollonas".

-                                                                                    En las fiestas escolares, se irá quedando en segundo lugar, para vender en la puerta, preparar el escenario, sentarse a escu­char sus músicas y reír sus comedias y al final aplaudirles y ayu­dar a recoger.

 

Y así, en la medida que las chicas van interiorizando estos "aprendizajes" que diariamente les ofrece el mundo escolar, a través de éstas y otras muchas ocasiones, van adecuándose al pa­pel que desde el mundo masculino se les impone: el papel de mu­jer tradicional del género femenino o el de mujer triunfadora a la medida del hombre.

Una vez más, se demuestra que cuando en la Escuela se jun­tan dos culturas en desiguales condiciones objetivas, sin ningún análisis y sin ninguna medida correctiva, la que es dominante so­cialmente, sigue siendo la predominante también en el espacio escolar.

Quizá la primera tentación es culpabilizar a las chicas y exi­girles después "que espabilen de una vez", sin tener en cuenta que la cultura masculina, para imponerse, cuenta:

-                           Con todo el respaldo social y con los múltiples mecanismos que esta cultura tiene en una sociedad sexista.

-                           Con el terreno abonado que supone la circunstancia particu­lar de que la "subcultura femenina" está representada en este caso por niñas y jóvenes que aún no tienen el suficiente sentido crítico y la suficiente fuerza como para rebelarse ante una cultura que se les impone de múltiples formas, a veces sutiles, para des­pojarles de sus formas de jugar, amar, estar, vivir, aunque sean más positiva, o al menos las suyas.

-                           Con el papel que juegan las profesoras y profesores, que también han asimilado la cultura dominante y son transmisores o transmisoras de ella.

 

Esperar a que espabilen solas en estas condiciones, a que lu­chen minuto a minuto contra viento y marea e individualmente, es exigirles demasiada tarea.

Seguramente quienes tenemos alguna responsabilidad en la educación, podemos colaborar en ofrecerles mejores condicio­nes, para que ellas analicen, luchen y elijan.

Si antiguamente se educaba a las chicas para que encarnasen el género femenino, y actualmente para que se revistan del géne­ro masculino... ¿cuándo empezaremos a educarlas para que sean personas?

3.- Espacios escolares autónomos para chicas y chi­cos: una alternativa a la actual escuela mixta.

La experiencia de unos años de espacios escolares mixtos, nos van demostrando que aquellas expectativas de igualdad entre los sexos, que se tenían cuando en la década de los 70 se recla­maba una escuela mixta para superar la anacrónica escuela segre­gada, se han limitado a la consecución de una igualdad formal, pero no real.

La Escuela Mixta ha universalizado un modelo masculino, in­tegrando en él a las alumnas (como se intentó explicar en el apar­tado anterior).

La realidad de sus aulas nos va mostrando que la desigualdad objetiva entre chicas y chicos, significa en la práctica, una discri­minación de las chicas.

Para superar esta discriminación, que supone previamente, respetar y valorar las diferencias positivas que ellas y ellos tie­nen y aplicar después una política correctiva sobre los comporta­mientos sexistas de unas y otros, se van haciendo experiencias a nivel individual, de aprovechar las múltiples ocasiones que ofrece la cotidianidad del aula, para cuidar aspectos tan concretos como:

-                           No hablar en masculino y nombrar también a las chicas, cuando hay que dirigirse al grupo.

-                           Considerar que las opiniones de las chicas, sus aciertos y despropósitos, son tan importantes como los de cualquier chico. - Reforzar los comportamientos de ellas, que consideramos positivos y colaborar a través de ellos a su autoestima.

-                           No permitir a los chicos, la ridiculización o ironía, de algu­nos comportamientos comunes a las chicas.

-                           Frenar el protagonismo de los chicos, cuando acaparan el debate, una asamblea, o sólo admiten participar en una actividad si dirigen ellos.

-                           Corregir con energía los continuos comentarios despectivos que hacen de las mujeres y plantearlos a debate público.

-                           Valorar en los chicos cualidades mal consideradas femeni­nas.

-                           Resaltar la capacidad estética de los chicos, su gusto en el vestir, su cuidado por la belleza.

-                           Reconocer la capacidad de iniciativa de los chicos, como un valor positivo también para ellas. Etc. etc...

En resumen, criticar comportamientos, valores, expresiones, que hoy son propios del género masculino, que son discriminato­rios para las mujeres en concreto y para la cultura femenina en general. Y los del género femenino, que llevan a las chicas a con­formarse con el papel secundario y de subordinación, que les obliga, a cumplir en una sociedad estructuralmente sexista.

Pero ¿Qué pasa cuando en el contexto de la actual Escuela Mixta, con un modelo masculino de telón de fondo, se actúa pe­dagógicamente con otro punto de referencia, se valora también la cultura de las mujeres y se critica diariamente ese modelo, sus comportamientos, etc.?

Que las chicas se refuerzan, desarrollan su capacidad de au­toestima y van adquiriendo una nueva valorización de la cultura de las mujeres y de su aportación, como punto de referencia para la conducta humana.

Y paralelamente, los chicos se van sintiendo cómplices del poder masculino y con necesidad de defenderlo. Creen estar per­diendo un poder que nunca se habían cuestionado. Se rebelan y lo llevan mal.

Esta experiencia, nueva para ellas y ellos, provoca en los chi­cos protestas airadas, acusaciones de "pedagogía feminista" en tono convencidamente despectivo, postura de boicot a la marcha de la clase, conflictos con las chicas resueltos con agresividad, ofensas e intimidaciones. Y pone a las chicas, en el difícil lugar, de tener que enfrentarse a sus propios compañeros, con quienes tienen relaciones de reconocimiento y amistad, de defender ideas sin haber tenido antes una adecuada información y un proceso de debate y formación y por lo tanto, sin muchos argumentos. Y de hecho les hace padecer ofensas y posturas de tal agresividad, que les lleva a enfrentamientos verbales con sus compañeros o a pa­sar de ellos. En resumen, se les obliga a recibir las sanciones, que se dan a toda conducta "transgresora" de los cánones de comportamiento establecidos.

Sin embargo, pequeñas experiencias de espacios y tiempos escolares autónomos para chicas y para chicos, dentro del marco general mixto han demostrado que los chicos solos, (aunque de entrada son muy reacios a los espacios autónomos) son más sin­ceros para criticar comportamientos sociales sexistas, debaten en un tono más pacífico, están más dispuestos a reconocer los derechos de las chicas, aceptan algo mejor la información desde la perspectiva no-sexista, etc...

Y las chicas, que aceptan mejor la segregación de un grupo de ellas (cuando no lo celebran), debaten con más tranquilidad, se expresan mucho más, se hablan con complicidad, pueden seguir

su ritmo y avanzan mucho más en la información, en el debate y se sienten reafirmadas en sus conclusiones.

Por parte del profesorado se propicia una atención más iguali­taria hacia ellas y ellos (en el espacio mixto los chicos acaparan más atención un lenguaje no-sexista, una actitud más comprensi­va de la distinta realidad de cada grupo etc...)

La confrontación posterior sigue siendo polémica, pero más argumentada, desde posiciones más igualitarias y menos violen­tas.

Nos quedan por ensayar distintas fórmulas de espacios y tiempos autónomos, siempre que los planifiquemos desde unos presupuestos radicalmente distintos a los de la escuela segregada de tiempos pasados, es decir, desde un planteamiento no-sexista, que supere la educación en base a la categoría de "género" y di­señe una educación integral de las personas.