COEDUCAR PARA EL DESARROLLO FISICO

Mª José Urruzola
* Asesora de Coeducación en los COPS de Vizcaya Colectivo feminista LANBROA

Cuando nos situamos en el marco escolar para conocer la edu­cación física, que están recibiendo las niñas, niños y jóvenes, una mirada observadora y crítica de la realidad que sucede detrás de la aparente igualdad de formas, nos hace constatar diversas situa­ciones concretas:

 

 

Las alumnas:

Los alumnos:

- No se sienten convocadas físicos y físico que exigen estos deportes priorizados social escolarmente

- Se prestan más al esfuerzo por los ejercicios y ejercicios y deportes.

- La participación femenina es menor, en "estos" deportes, más reconocidos escolar y socialmente.

- Se sienten reforzados por el medio y en consecuencia participan más en estos deportes.

- Se muestran más dispuestas y preparadas para ejercicios físicos tales como: el baile, los juegos, gimnasia, natación, etc.

- Se    inclinan más   por ejercicios         físicos más competitivos y por los que se realizan en espacios al aire libre:   fútbol, baloncesto, bicicleta, montañismo, etc.

- Delegan el espacio a sus compañeros, ocupando ellas los rincones y los laterales.

- Ocupan más espacio.

- La utilización de un modelo androcéntrico en Educación Física inhibe cualidades habilidades y capacidades motrices de las alumnas.

- La    utilización      de      este modelo refuerza y potencia las cualidades y capacidades físicas de los alumnos.,     

                                                   

     Cuando se parte de la aceptación-aprobación del modelo de­portivo actual, como único punto de referencia, cuando se con­funde ejercicio físico con "este modelo deportivo", se llega fácilmente a las conclusiones que algunos chicos expresan: "las chicas son patosas", "no participan", "no les gusta", "no saben ju­gar al fútbol", "no se mueven"... o a las que señalan las estadísti­cas, con aparente rigor: "practican deporte el 23% de las mujeres, frente al 46% de los hombres", y a las que profesoras y profeso­res defienden con el convencimiento que da el dato observado: "Por más que les digo las niñas no quieren hacer deporte", " en mi clase no hago diferencias entre chicas y chicos les pongo a to­dos a saltar el potro, a jugar un partido, pero observo que las alumnas se resisten, no se mueven, no participan. No les va el deporte."

A partir de estas constataciones, surge de inmediato una alter­nativa: conseguir que las chicas se pongan a la altura de las exi­gencias del modelo deportivo actual. Ellas son las que deben de cambiar. Se deben de buscar formas que colaboren a su reciclaje.

Se diseña una intervención educativa para conseguir la "igual­dad entre los sexos".

Pero no es difícil descubrir que esta supuesta alternativa será errónea, porque no cuestionará el modelo deportivo actual, dejará a los alumnos anclados en la pobreza de desarrollo humano que

éste les ofrece y llevará a las chicas a inhibir sus capacidades, re­nunciar a valores positivos suyos, para adaptarse a una actividad física que, por el momento, no esta regida prioritariamente por criterios de desarrollo humano.

Una reflexión que fuera más allá de la mirada superficial, de la búsqueda de salidas inmediatas, nos llevará a buscar otras al­ternativas educativas, tales como:

1. CUESTIONAR EL PROPIO MODELO DEPORTIVO Y DE ACTIVIDAD FISICA.

¿El desarrollo corporal humano, se reduce a hacer deporte? Los deportes más potenciados socialmente: fútbol, cierto atle­tismo, etc. ¿Están favoreciendo un ejercicio físico que colabore al desarrollo humano?

La carencia de otros ejercicios físicos que exigen flexibilidad, movilidad, ritmo, expresión corporal, ¿No nos están privando a las mujeres y a los hombres de aspectos importantes en nuestro desarrollo personal?

Las marcas, records, olimpiadas, basadas prioritariamente en la competividad ¿Estimulan el desarrollo corporal o lo perjudi­can?

¿Desde qué sistema de valores y con qué criterios se potencia y organiza el deporte?

¿No debían de eliminarse ya, "deportes" como la lucha libre, boxeo y los que son directamente violentos o destructivos?.

2. Partiendo del conocimiento de que "la mujer presenta la misma, e incluso superior, capacidad inicial para el aprendizaje que el varón, en todo tipo de contenidos referidos a habilidades o destrezas, precisión, equilibrio y componentes rítmicos del movimiento", (1) DESCUBRIR QUE LA CULTURA MASCULINA NO ES EL UNICO PUNTO DE REFERENCIA, y reconocer que también de la cultura desarrollada por las mujeres, podemos ex­traer valores, criterios y formas de vida positivas, a partir de los cuales podemos crear otras formas de realizar la actividad física, de vivir el movimiento del cuerpo, de expresarnos con él, que co­laboren más, al desarrollo humano global.

Desde esta perspectiva, no se trataría de hacer ver que la mu­jer está capacitada para hacer el deporte del hombre, no se esti­mularía a las chicas para que se adaptasen a los deportes que hacen los chicos, no se caería en aberraciones tales como prepa­rar a las mujeres para la lucha libre, para que imiten a los hom­bres.

Quedaría de manifiesto que quienes tienen que cambiar no son las chicas, sino enriquecer la actual actividad física de am­bos.

3. DISEÑAR UNA INTERVENCION EDUCATIVA, que transformando el propio concepto de deporte, y partiendo del convencimiento de la capacidad inicial de chicas y chicos para la actividad física, colabore en su desarrollo humano, a partir de criterios tales como:

- Conseguir motivar a las alumnas y alumnos hacia la práctica de una actividad física, facilitando que descubran las ventajas que les proporcionan desde el punto de vista de su salud y de su desarrollo personal.

- Proponerles actividades físicas que posean un cierto nivel de éxito en su realización para que, a partir de experiencias positi­vas, adquieran una mejor predisposición para posteriores ejerci­cios y se refuercen así en la práctica de ellos.

- Potenciar un ejercicio físico que proporcione placer al mar­gen de records competitivo.

- Modificar las circunstancias que rodean a la práctica del ejercicio físico (refuerzo familiar y social, valoración de sus afi­ciones, tiempo libre, actitud de sus compañeros, etc.)

- Proporcionar actividades físicas que colaboren a la estética del cuerpo de las alumnas y alumnos, al margen de los estereoti­pos sexistas de belleza femenina y masculina.

- Favorecer a través del ejercicio físico el desarrollo de valo­res humanos positivos: capacidad de defensa, resistencia física, dinamismo, cooperación, solidaridad, sensibilidad,...

Una intervención educativa guiada por estos y otros criterios semejantes, colaborará a que tanto las alumnas como los alum­nos, conozcan mejor su cuerpo y vayan aprendiendo a controlarlo y asumirlo.

Tal educación física les llevará a aprender, fundamentalmen­te, a decidir sobre su cuerpo, a elegir las situaciones y el modo en los cuales quieran utilizarlo, sin someterse a la tiranía de los estereotipos sexistas culturales.

Iríamos creando así un modelo de ejercicio físico y deportivo, en el que se integren los valores positivos de la cultura femenina y masculina, medido no en términos de competitividad de resul­tados sino de vivencias humanas, tanto a nivel individual como social.

Y con todo ello, estamos reconociendo una vez más que el proceso de liberación de las mujeres y de los hombres, no es aje­no al proceso de liberación de su cuerpo.

Nota:

(1) "Guía para una E.F. no sexista" M.E.C.