LA ESTRUCTURA DRAMÁTICA

 

La tercera estructura es la dramática. Estudiaremos tanto la dramática general, común al teatro, cine y novela, como la dramática particular, dramática que es espectacular y representativa. Vamos a delimitar qué sea el ser de la dramática en un sentido genérico. Las cuestiones a examinar serán las siguientes: sentidos en que se ha tomado a la dramática, la definición de la dramática, las propiedades de la dramática, las leyes de la dramática y, finalmente, la comprensión de la obra dramática.

 

Sentidos de la dramática

 

En un sentido drama equivale a representación; en un segundo sentido drama significa situación conflictiva; y en un tercer sentido dramatizar es hacer drama de los sucesos. Las tres acepciones están relacionadas entre sí.

Para Aristóteles drama es una narración por medio de personajes en acción. En el segundo sentido los hechos son dramáticos porque connotan lucha o conflicto. En el tercer sentido, dramatizar, hacer drama de algo, consistiría en destacar los valores de ese algo, que de suyo no es dramático o en destacar los valores de drama que hay en un suceso. Estas tres acepciones de la dramática, imposibles de separar en la realidad, se corresponden con una dramática representada, otra vivida y otra realizada, como caracteres de cada uno de los sentidos. Un equívoco consiste en identificar la dramática con el teatro, con la representación de los sucesos dramáticos; cuando en realidad la representación es lo subsiguiente. La dramática, como sentido genérico, es el conjunto de acontecimientos en torno a un conflicto. Y la dramática en sentido específico puede incluir o no el espectáculo. Drama y espectáculo son entidades independientes, que pueden relacionarse, pero de cuya relación no debe deducirse la inseparabilidad de ambos, tal como postula la concepción del drama como teatro.

 

La definición de la dramática

 

La dramática, en un sentido genérico, es el conjunto de acontecimientos en torno a un conflicto; es la narración de un conflicto, que se hace con un determinado fin y apunta a un destinatario. Estos son los cuatro aspectos, narración, conflicto, fin y destinatario, que nos van a servir para delimitar el ser de la dramática-género.

La dramática como narración. En el narrar, tomado en un sentido general, distinguimos la actividad de narrar del contenido. Como la narración la realiza un sujeto se introduce una variable, la subjetividad, que nos explica ciertos aspectos de la narración. Y también hay que señalar otra entidad: la obra resultante como producto de la actividad narrativa. Los sucesos narrados se distinguen por los temas que abordan, el amor, las aventuras o la ambición. Los sucesos se presentan con un orden (progresivos, regresivos, mixtos); pueden ser reales o ficticios y a su vez pueden tener como característica la temporalidad o la intemporalidad (Marías).

La dramática como conflicto. Para que exista el conflicto dramático no se precisa la pluralidad de personajes; un individuo aislado es ya fuente de situaciones conflictivas. Pero se exige pluralidad de situaciones, que haya variedad y sucesión.

En el conflicto hay, oposiciones entre los personajes, pero no es necesario identificar las oposiciones con la carga sentimental. El romanticismo pretendía obnubilar al espectador arrastrarle a adhesiones peligrosas. La catarsis aristotélica se mueve en esa línea: suscitar emociones que sean depuradas; hoy se busca la distanciación, se plantean situaciones más lúcidas.

La dramática desde el punto de vista del fin. En el ámbito de la dramática el término fin posee un doble sentido: fin es el término de algo. La obra dramática se desenvuelve en un transcurso temporal que termina, porque la obra de creación es un universo cerrado. En un segundo sentido fin es el propósito, que el creador ha depositado en la obra. Durante el siglo XIX hubo una marcada propensión a las obras de tesis. Los acontecimientos pretendían demostrar el pensamiento capital o tesis. Esta tendencia no se ha extinguido, se da en el cine neorrealista italiano, aunque es más objetivo en la selección de los hechos.

La dramática con respecto al destinatario. La dramática espectacular supone que los sucesos se relatan a un espectador. El espectáculo dramático presenta dos formas: abierta y cerrada.

En la forma dramática espectacular cerrada el espectador no puede actuar en la marcha de los acontecimientos dramáticos. El más cerrado de todos es el cine porque no hay posibilidad de interacción entre las imágenes fotográficas y un ser humano psicofísico. Hoy hay manifestaciones teatrales muy cerca del sociodrama y en las que son posibles las intervenciones por parte de los espectadores. Estas últimas serían las formas abiertas del drama espectacular.

Dentro del drama espectacular hay que distinguir dos tipos de relaciones. Unas son las relaciones que transcurren dentro del drama y que son relaciones entre los personajes, la intravida del drama; y otras que son las relaciones entre el espectador y las criaturas del drama, las que denominamos intervida. Aquéllas y éstas son relaciones de conocimiento. En las relaciones de intravida los personajes tienen un conocimiento limitado: conocen las relaciones necesarias para llevar a cabo la acción. En cambio, el espectador conoce la intravida de otra manera.

 

Las propiedades de la dramática

 

La obra dramática es una unidad dinámica ordenada mentalmente. De este concepto se derivan tres propiedades que queremos estudiar: la unidad, el dinamismo y el orden mental.

La unidad dramática es una unidad compleja, formada por muchos elementos, por eso se dice que es una unidad articulada, integrada, orgánica, de totalidad o de finalidad. Los elementos pueden estar mejor o peor integrados en la unidad; de ahí nacen esos problemas de equilibrio o desequilibrio en la obra de arte.

La unidad de la dramática como universo cerrado de sentido. Para Marías la analogía de la obra dramática con la vida humana hace posible la conexión entre las distintas partes de la obra dramática, ya que ésta no es otra cosa que reflejo de la vida humana. Tomando esta analogía como punto de partida decimos que la obra dramática es un universo cerrado de sentido.

Las unidades dramáticas tradicionales. Se suele hablar de las unidades de tiempo y acción, con mayor o menor fundamento en Aristóteles, en la época del clasicismo francés y en Hegel las encontramos estudiadas. Estas unidades y otras qué se hallan en Aristóteles, partes constitutivas e integrantes, al igual que la exposición nudo y desenlace, no son otra cosa que el atisbo del funcionalismo de las partes.

El dinamismo de la dramática. Este se caracteriza por la temporalidad y progresividad. No todo arte espectacular posee este tipo de dinamismo. La pintura tiene un dinamismo (Camón) por la tensión de ese momento hacia algo que está más allá del cuadro. En cambio, la obra dramática nos da la fluencia de esa situación en toda su amplitud y variaciones.

La dramática se caracteriza porque las situaciones se suceden a lo largo del tiempo y progresan hacia un desenlace. Existen analogías desde el punto de vista dinámico entre el drama y la concepción de la personalidad y ello no es una simple coincidencia, sino la raíz de un mismo fenómeno con dos versiones: la vida humana y su expresión. La personalidad es como un centro organizado que va asumiendo, dinámicamente, a lo largo de variadas situaciones, nuevos esquemas con los que hacer frente a las nuevas situaciones y con un enriquecimiento constante. No podemos aceptar la explicación que da H. Gouhier sobre el dinamismo del drama fundado en el esquema dinámico de Bergson.

El dinamismo, como temporalidad. La obra dramática se sitúa en la categoría de la temporalidad, su entidad consiste en estar‑siendo, ser sucesivamente. El drama es temporal, en el sentido de caduco, porque tiene un transcurrir que acaba. En otro sentido puede hablarse de la intemporalidad o supratemporalidad porque sus acontecimientos tienen validez más allá del tiempo, de ahí la inmortalidad de los personajes. En el drama hay un tiempo subjetivo en el que se mezclan varias clases de tiempo. Por un lado se cuenta él tiempo provocado en el espectador según los sucesos del drama; por otro, el tiempo de los espectadores, independiente de la visión de los acontecimientos dramáticos. Existe además el tiempo a que se hace referencia en la ficción.

El dinamismo dramático como progresividad. La obra dramática es toda ella un proceso que tiende al desenlace, es pomo una idea que va deviniendo en sus diversos momentos. Cada momento precedente es causa del que sigue y se explica por uno anterior.

El orden mental de la dramática. En la obra dramática existe un orden mental y un orden cronológico que pueden ir paralelos o no. El cronológico exige que los acontecimientos sean presentados en la obra dramática con la misma sucesión que ocurrirían en la vida. Y en distinto plano hablamos del orden mental, que es conocido por una lógica natural y se basa en las relaciones causales, de dependencia de los sucesos.

La obra dramática es un sistema que exige conexión lógica. Se trata del conocimiento de la relación de las partes con el todo y de las partes entre sí, pero de un todo y de unas partes independientes del contenido. Es la inteligibilidad del drama, como estructura, la que está basada en el sistema del drama.

En la ordenación mental de la dramática destaca la existencia de un sistema: unos hechos sirven de fundamento a otros. Dos cuestiones derivadas habremos de abordar: la razón de fundamentación de los acontecimientos y la cuestión de la validez. Las examinaremos por separado.

La fundamentación de los acontecimientos dramáticos constituye la posibilidad de la existencia del orden mental. La obra dramática se nos presenta como una unidad organizada sistemáticamente y para que exista sistema ha de haber una relación de conexión entre las distintas partes, sucesos, situaciones o acontecimientos. Entre los acontecimientos de un drama, aceptados ciertos supuestos, existe una relación objetiva y esas conexiones presentan una cierta validez, aunque no se exija necesidad. El cañamazo sobre el que se tejen las obras literarias dramáticas es una textura mental; esta capa de inteligibilidad se le otorga la estructura comunicativa.

Distinguimos entre la fundamentación de las conexiones y la validez de éstas. Aquéllas se refieren a un orden dramático como esquema de sucesos, desprovistos de todo contenido. Y la validez de las conexiones se refiere a los sucesos en concreto. La conexión entre los acontecimientos no es necesaria sino empírica, ya que el creador construye la obra como si la vida de los personajes fuera conocida por él, como si ya hubiera acaecido. No hay incompatibilidad entre la libertad de las criaturas de ficción y la necesidad de las acciones; todo depende de dónde se sitúe la necesidad y la libertad.

 

Las leyes de la dramática

 

La ley es la expresión teórica de un hecho empírico. Y al estudiar la estructura dramática en sí misma y con relación al mundo en el que está situada aparecen esas leyes. No formulamos leyes para señalar cómo debe ser la obra de creación, sino para enunciar la ley que rige el fenómeno.

Ley de Independencia: el mundo del drama es un mundo cerrado, sin conexión con otro, se apoya en sí mismo. Ley de la especificidad: la construcción interna de la dramática es algo distinto y propio. Ley del paralelismo: el mundo de la dramática corre paralelo, al mundo de la realidad. Ley de la dramática intercalada: la dramática se inserta en un mundo real sin confundirse con él. Ley de la interacción: entre la obra dramática y la realidad hay una relación que se establece mediante el sujeto, en quien confluyen las dos vidas, real y ficticia. Ley de la expresión: el drama apunta a algo que trasciende Y a la vez expresa algo que implica el mundo real.

 

La comprensión de la obra dramática: tipos

 

Todas las disposiciones intelectuales con que los individuos hacen frente al conocimiento de la obra de arte, en general, se pueden agrupar en seis tipos: teórico, critico, artista, historiador, erudito y preceptista Se pueden dar tipos mixtos y se admite la evolución dé un tipo a otro.

El teórico busca lo, genérico en lo individual; su actitud mental consiste en una constante búsqueda de razones ocultas o remotas para explicar grupos de fenómenos.

El crítico se sume en lo concreto, en la individualidad de la obra y estudia cada uno de los momentos del fenómeno individual. En el artista se dan, necesariamente, rasgos críticos. Se puede hablar de tipos mixtos, tales como el artista-crítico, y el crítico-artista.

El historiador realiza grandes síntesis en las que busca filiar movimientos, recoger analogías o subrayar diferencias, pero en el campo de lo concreto.

El erudito, posee poca sensibilidad para la obra de arte y carece de vocación para la teoría. Con estas deficiencias tiene que dar noticia de la obra artística.

El preceptista no es propiamente un tipo sino un subtipo; es a modo de una deformación de los anteriores. Se caracteriza por su fuerte propensión a dar normas, a formular reglas para la ejecución del arte. El teórico busca leyes que expliquen el fenómeno, pero no pretende que esas leyes se conviertan en normas del obrar individual. El preceptista tiende a reducir la sensibilidad artística a ejecución; lo, importante no es la creación sino la plasmación en lo concreto, cómo ha sido logrado.