La nueva alfombra mágica

Raúl Trejo Delarbre


Capítulo 1
Globalización por Internet

 

Hardware, software y criterio
para saber vivir con las redes

Mirando ese panorama desde una perspectiva más amplia, parecería indudable que si la información es componente indispensable de la civilización, entonces en la medida en que esté más informada una sociedad será más capaz de desplegar sus potencialidades en su propio beneficio. Por un lado, como tanto se ha dicho, en la educación está una de las claves para que una nación se desembarace de sus peores atrasos. Y hoy en día la educación formal no basta; gran parte del conocimiento que se obtiene en el mundo contemporáneo se aprehende a través de los medios de comunicación.

En el caso de los mensajes difundidos por procedimientos cibernéticos hay una capacidad multiplicada para acceder a muy versátiles y abundantes fuentes de información, a las que para comprender y utilizar con provecho es preciso clasificar, discriminar, evaluar: conductas, todas ellas, que requieren a su vez de un bagaje educativo por encima de los promedios de escolaridad en países como los de América Latina. Para navegar por la Internet a nadie le piden su título universitario, pero cuanto más alta sea la escolaridad es más probable que un usuario tenga mayor capacidad para aprovechar el exuberante caudal de datos, experiencias y sugerencias que es posible encontrar en las redes.

El acceso al ciberespacio, visto desde esa perspectiva, es uno de los recursos con que una nación puede acelerar su desarrollo. Por una parte, ése constituye hoy en día uno de los medios más abundantes en información para la capacitación, el conocimiento y, como en este libro se insiste, para el entretenimiento y el ocio. Pero además, los ciudadanos que se convierten en cibernautas tienden a adquirir una concepción más vasta, más ancha, del mundo en el que nos encontamos, de la globalidad contemporánea. No siempre ocurre así, por motivos que también se explican más adelante y en esa dificultad para aprovechar a la Internet se encuentra una de las carencias que pudieran extenderse y no sólo en los países aún por desarrollarse.

No basta con que una nación tenga hardware y líneas de fibra óptica suficientes, para que las navegaciones así posibles sean provechosas en términos culturales. También hace falta que exista adiestramiento para elegir críticamente qué encontrar en las redes, más allá de las habilidades técnicas. Estas, por lo demás, son cada vez menos exigentes. Si no somos fanáticos de la computación en sí misma, podemos pasárnosla sin entender cómo es que un disco duro tiene archivos ocultos, o aunque no sepamos cómo funcionan, podemos conformarnos con saber que los baudios son la medida de la velocidad de transmisión de una señal de una computadora a otra. Ese es asunto de los técnicos y los aficionados a tales complejidades. A diferencia de especialidades como esas, el adiestramiento necesario al que nos referimos es el que tendría que existir para evaluar y elegir los mensajes que encontramos en cualquier moderno medio de comunicación. Sería preciso que nos educaran, preventiva y activamente, para mirar la televisión o leer los diarios. De la misma manera, creemos que es pertinente que a los cibernautas de mañana se les enseñe a navegar con ventaja por las redes para que, valga el juego de palabras, no acaben enredándose en ellas. Saber vivir con las redes será una de las destrezas básicas para vivir en el mundo de la internacionalización electrónica.

Es en ese sentido amplio, que entiende a la información y la educación como palancas para el desarrollo pero no como sus únicos motores, que puede considerarse que el acceso al universo de información y experiencias que hay en el ciberespacio resulta fundamental para el desarrollo de una nación. En nuestras sociedades y, de manera más amplia, en el panorama internacional de hoy, más allá de ideologías, costumbres y/o concepciones del mundo, el problema fundamental es la desigualdad entre las naciones y dentro de cada una de ellas. Allí se encuentra, como hemos señalado antes, uno de los rasgos inherentes a la globalización de este fin de siglo.

No sólo somos muchos. Por encima de ello, tenemos muchos pobres y unos cuantos privilegiados con recursos para, por diversas vías, sentirse y quizá ser contemporáneos de los cambios en el mundo. La novedad de los recursos en materia de datos de los que podemos disponer a través de las redes, junto con la importancia creciente que están alcanzando en los países desarrollados, puede llevarnos a suponer que la instauración de la sociedad de la información es el remedio para que nuestros pueblos salgan de sus muchos atrasos.

Esa suposición sólo parcialmente es cierta. Si en países como los de América Latina tuviéramos la infraestructura telefónica, el equipamiento computacional y las conexiones cibernéticas que existen en Estados Unidos, sería porque ya habríamos resuelto carencias que es menester afrontar primero. Pero en naciones como las nuestras es preciso que no por destinar recursos a las carencias más urgentes, se descuide el desarrollo a mediano y corto plazo. Hacen falta hospitales, drenaje, escuelas, pero también, en los sitios donde pueden ser aprovechadas, computadoras, módems, conexiones.

La información no va a contribuir per se a resolver los problemas del mundo actual, pero es parte de la solución. La información no basta por sí sola para aliviar nuestras carencias. Pero sin ella, no avanzaremos en los remedios necesarios.

 


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