CAPITULO SEXTO

LA DISCIPLINA EN EL AULA

 

  1. CAUSAS DE LOS PROBLEMAS

 

 

Una causa de los problemas dentro del aula puede ser debida a los alumnos, estas pueden ser:

 

-         Problemas de conducta producidos por estrategias para captar la atención.

-         Problemas de conducta y ausencia de éxitos. Muchos problemas de conducta son consecuencia directa de las emociones negativas con relación a todo el mundo de la enseñanza (fracaso repetido en clase), como no entienden se aburren en clase, automáticamente pasan a otras actividades que puedan ser fuente de interés, como molestar al profesor y a sus camaradas de clase.

-         Autoconcepto. El fracaso constante influye inevitablemente en la opinión de los niños sobre sí mismos. Un autoconcepto negativo nos deja con una sensación de inadaptabilidad e incompetencia y una propensión al derrotismo al enfrentarnos a las mismas tareas.

-         Insuficiencias de adaptación personal y problemas de conducta.

-         Influencias sociales sobre la conducta. Es el caso de la mala conducta de toda la clase que haya sido desencadenada por actos de alumnos aislados que pronto arrastran a todo el aula o grandes sectores de ella.

-         Prueba de límites y desarrollo de la independencia. Es el caso de los alumnos que, con carácter experimental y exploratorio, retan al adulto primero para comprobar si el adulto cumple sus advertencias, y segundo para averiguar en qué medida sus amenazas, cumplidas, les causarán un verdadero daño.

-         Factores de desarrollo cognitivo y problemas de conducta. Es el caso de la problemática que se da cuando en una clase, por ejemplo, hay alumnos que ha alcanzado el periodo de las operaciones formales y otros que no, y el profesor centra su acción formativa en las operaciones abstractas.

-         Factores afectivos y problemas de conducta. Los problemas afectivos (aquellos asociados con las emociones y la personalidad) pueden influir notablemente en la conducta de la clase.

-         Extraversión - introversión. Los niños extravertidos preferirán un entorno que ofrezca múltiples relaciones y actividades sociales, mientras que el introvertido se sentirán incómodos en una atmósfera de trabajo muy rica y activa, esta situación, dentro del aula, puede provocar problemas de conducta.

-         Labilidad emocional (neuroticismo - estabilidad). Los alumnos neuroticistas o poco estables plantean problemas típicos de inadaptación personal, son inquietos, temerosos, suspicaces, reservados y a la defensiva.

-         Estilo cognitivo. Estilos de aprendizaje incompatibles en el aula.

-         Niños que plantean problemas especiales:

-         El niño superdotado. Se aburre en clase, se hace solitario.

-         El niño con alteraciones profundas.

 

 

Otras causas pueden estar debidas al colegio y a los profesores:

 

-         Organización del centro. Por ejemplo, falta de reglas claras, desconocidas, no razonables, que no evolucionan en función de las necesidades de los alumnos, etc. Falta de cauces claros y efectivos de comunicación entre alumnos y profesores o incluso, entre el propio personal de la escuela. Falta de instalaciones. Los alumnos no reciben una orientación clara en temas que afectan a decisiones académicas o vocacionales.

-         El sistema de exámenes. Los exámenes producen fracasos tanto como éxitos. El profesor, a veces, "enseña para aprobar" el examen.

-         Conductas específicas del profesor. Es el caso del profesor que tiene "un componente" de su personalidad que influye negativamente en los alumnos.

-         Organización de la clase. La disposición física, la forma de impartir la clase y la disposición de los horarios puede dar lugar a problemas de control.

-         Planificación de la clase. Produce problemas de control cuando la transición de una actividad  a otra no se produce con suavidad.

-         La personalidad del profesor.

-         Profesores de prácticas.

 

 

 

 

 

  1. ESTRATEGIAS PARA AFRONTAR LA DISCIPLINA EN EL AULA.

 

 

Estrategias de carácter conductista.

 

1.      Registro de las observaciones.

Se trata de hacer un listado de las conductas del niño y de las respuestas del profesor. Se pueden hacer dos listas, una con las actitudes negativas del alumno y las pertinentes respuestas del profesor y otra con las conductas positivas del alumnos y respuestas del profesor. La finalidad de ésta actividad es buscar semejanzas y diferencias en ambas listas, fundamentalmente en la actuación del docente.

 

2.      Determinación de los refuerzos y análisis de las reacciones del profesor.

Se trata de observar la posible aparición de diversos refuerzos de la conducta del alumno, tanto la positiva como la negativa.

También se debe analizar la influencia del castigo en la conducta del niño. Es posible que hablar severamente al alumno le resulte a éste una recompensa.

 

 

3.      Modificación de conductas no deseadas.

-         El contexto. El paso siguiente será registrar el contexto en el que se produce el comportamiento negativo.

-         Frecuencia de la conducta negativa. Nos puede servir para establecer unos parámetros de mejoría.

-         Moldeado. Éste concepto se basa en que, aunque posiblemente el alumno no se porte según nuestros deseos, quizá exhiba de cuando en cuando una conducta que se aproxime a nuestro ideal o, al menos, se le parezca más que su conducta ordinaria. Se trata de ir configurando gradualmente la conducta del alumno en la dirección deseada. En algunos casos, no es muy aconsejable reforzar la conducta (aproximada a nuestro ideal) del alumno, y sí aquellas otras, no relacionadas, que sean positivas.

Una vez consolidada una conducta de carácter positivo, ya no es necesario reforzarla cada vez que se manifieste.

 

4.      Tipos de recompensas en clase:

-         Recompensas inmateriales. Consisten principalmente en cosas tales como la atención, los elogios y el estímulo del profesor, la atención de los compañeros (sobre todo si es amistosa y de carácter positivo), así como la atención y alabanzas de círculos ajenos al entorno directo del alumno, como tutores de otros cursos, jefes de estudio y toda la escuela en general.

-         Recompensas materiales. Se componen de buenas notas, buenos informes trimestrales, premios o recompensas, responsabilidades especiales, etc.

-         La economía de fichas. Este tipo de programas utiliza fichas o puntos que se obtienen por las conductas adecuadas y que se intercambian por premios o refuerzos. Un programa de economía de fichas debe seguir los siguientes pasos: 1. Observar la actuación del niño para determinar la/s conducta/s inadecuada/s a cambiar. 2. Determinar la/s conducta/s que se van a trabajar. 3. Establecer el tipo de "refuerzos secundarios", que tipo de "fichas" se van a utilizar. 4. Determinar el valor de las fichas y de las conductas meta. 5. Establecer conjuntamente, profesor y alumno, una lista de refuerzos positivos y el número de fichas para conseguirlos. 6. Hay que demostrar al niño cómo utilizar las fichas conseguidas con ejemplos y fijar criterios que permitan conseguir pronto el éxito. 7. Las fichas deben ser cambiadas diariamente por los refuerzos establecidos. 8. Debe evaluarse el programa de manera continua, además de evaluarlo cuando pasen unas semanas. 9. La generalización no suele darse de manera espontánea. Por eso, las fichas y refuerzos, deben ser eliminados poco a poco.

-         Contratos de contingencias: los contratos son acuerdos negociados que se toman entre el profesor y alumnos, padre e hijos, etc. en que ambos se comprometen con su firma. El profesor y el alumno se ponen de acuerdo en las condiciones del contrato, negociando y especificando qué metas conductuales y académicas se deben conseguir y cuáles serán los premios, refuerzos positivos o recompensas. Debe fijarse un límite de tiempo razonable para revisarlo y renegociarlo y las condiciones del contrato deben ser equilibradas para todos

 

5.      Tipos de castigos en clase.

-         El time-out, tiempo de aislamiento o tiempo de privación: consiste en retirar todo refuerzo social al niño. Se utiliza cuando no hemos detectado los refuerzos positivos que mantienen la conducta negativa, cuando obtiene refuerzos que no podemos controlar en el lugar en que se encuentra o cuando el niño no obedece.

-         El coste de respuesta: consiste en pagar puntos o privilegios por la mala conducta, que se descuentan del programa de refuerzo. El coste no ha de ser excesivo, para evitar que el niño pierda todos los puntos ganados, y éstos deben ser recuperables, con buena conducta.

-         La ley de consecuencias naturales. Es la total libertad del alumno para experimentar las consecuencias de sus propias acciones.

 

6.      El refuerzo negativo. Consiste en la retirada del castigo o de otras consecuencias indeseables si esa medida representa una forma de modificación de conducta. Si eliminamos el castigo o lo aliviamos bastante, reconociendo, por ejemplo, la honradez del niño por haber dicho la verdad, sus mentiras y artimañas tenderán a reducirse.

 

·         Objeciones al tratamiento conductista:

-         El conductismo no considera que los niños puedan darse cuenta de lo que está sucediendo y ser conscientes de los intentos del maestro por modificar su conducta mediante procedimientos conductuales.

-         El conductismo resulta inhumano y consiste, en cierto modo, en manipular a la gente contra su voluntad.

-         Es difícil su aplicación en el aula.

-         Las técnicas conductistas sólo surtirán efecto si las aplica todo el profesorado de un colegio.

 

Estrategias de carácter cognitivista.

 

1.      Motivación, interés y objetivos vitales. Si los niños consideran el trabajo a desarrollar "relevante", es probable que muestren interés y surgirán pocos problemas de control de la clase. En el contexto educativo serán tareas relevantes para los alumnos aquellas que les ayuden claramente a encauzar sus vidas por el sendero del éxito y les sirvan de diversos modos a relacionarse sin dificultades con las personas significativas para ellos.

 

2.      Locus de control y autodirección. El locus de control se refiere a si el individuo cree que los acontecimientos que rigen su vida se hallan dentro o fuera de su propio yo. Si es interno la persona verá las cosas como causas de su conducta, si es externo, será consecuencia de la acción de los demás. Hay que ayudarles a que determinen, objetivamente y con equidad, en quién recae realmente una atribución concreta. Hay que ofrecer oportunidades realistas y adecuadas a los niños para que manifiesten sus opiniones sobre asuntos académicos, de organización de la clase y de ejecución de las tareas de aprendizaje, nos referimos fundamentalmente a un cierto grado de democracia en el aula y a la buena disposición del profesor a escuchar los criterios de cada niño, suponiéndole capaz de discernir a veces lo más conveniente para él.

 

3.      El efecto "demonio" y la profecía autocumplida. Efecto "halo", es decir, el fenómeno por el cual si ya estamos impresionados positivamente por la conducta de alguien en un cierto contexto, nos sentiremos predispuestos  de manera favorable hacia los esfuerzos que realice en otro. Debemos pues tener buena predisposición hacia nuestros alumnos.

 

4.      Autoconcepto y autoestima. Un alumno con poca autoestima o que se considera un fracaso es mucho más probable que cause problemas de control de clase que si se siente aceptado por sus maestros. Debemos de tratar de que nuestros alumnos se sientan identificados con el éxito y, por ende, con los objetivos académicos de la escuela. La tarea del profesor consiste en realizar lo posible para ayudar a los niños a desarrollar unos autoconceptos positivos, orientados al éxito. Para ello se le proponen al alumno tareas escolares acordes con su verdadero nivel de aptitudes. El profesor debe tener una actitud amistosa.

 

5.      Autopresentación. El profesor debe transmitir a los alumnos:

-         Aplomo y confianza en sí mismo; esto supone: no hablar ni actuar de forma precipitada, mirar a la clase en general y a sus componentes en particular de forma tranquila, sin el menor asomo de amenazas; evitar gestos y amaneramientos producidos por los nervios; sonreír a la clase cuando convenga y participar en cualquier risa general si viene al caso; evitar por todos los medios cualquier antagonismo injustificado o reacción exagerada ante la conducta de los alumnos.

-         Dar orientaciones e instrucciones precisas. Las instrucciones serán breves, irán al grano y se expresarán en un lenguaje sencillo.

-         Consistencia y justicia. Para que el alumno disponga de un mapa cognitivo útil de los sucesos en clase y de cómo ha de relacionarse con el profesor, será fundamental que éste adopte unas pautas de continuidad o consistencia en su conducta y en el control de la clase.

-         Firmeza ante los problemas.  Las posibilidades correctoras de una acción rápida y firme aumentarán si el maestro ha previsto por adelantado, al programar las actividades académicas, las conductas que van a producirse y en qué medida pueden deteriorarse hasta hacer necesaria su intervención.

-         Conciencia de lo que está ocurriendo. Una de las cualidades esenciales de un profesor eficaz es su estado de alerta hacia lo que sucede en el aula durante la lección. De este modo se dará cuenta enseguida de las dificultades del niño en la realización de sus tareas o si está ocupado en alguna actividad expresamente prohibida.

-         Conocimiento de los niños. Si conoce a los alumnos uno por uno, su entorno vital, le resultará muchísimo más sencillo aplicar unas estrategias de control efectivas y realistas.

-         Proponer niveles realistas. A partir del conocimiento de sus alumnos por parte del maestro, se podrán establecer unos niveles adecuados y realistas para la clase, con respecto tanto a sus logros académicos como a sus conductas sociales.

-         Disfrutar enseñando. Se trata ésta de una variable un tanto nebulosa, pero que desempeña una parte importante del éxito de la enseñanza y en el mantenimiento de un buen control de la clase: el placer del profesor en el desempeño de su función docente.

 

6.      Otros factores cognitivos:

-         Amenazas y consecuencias. No se debe proferir amenazas a la clase en general o a niños en particular y se asegurarán de que una vez que lo han hecho puedan cumplirse dado su carácter realista. Las amenazas desmesuradas que los alumnos saben que jamás se pondrán en práctica sirven sólo para rebajar su opinión sobre el maestro como alguien a quien no debe tomarse en serio.

-         Normas y procedimientos claros. Con relación a la existencia de normas y reglas claras en la clase cabe decir: su número será mínimo, ya que de resultar demasiadas es probable que se olviden de la mitad y juzguen al maestro como una persona muy exigente, cuyas preferencias y antipatías no deben ser tomadas al pie de la letra.

-         Empatía e imaginación. Debemos ponernos también en el lugar del alumno, y para ello no viene mal hacer uso de la imaginación.

 

7.      Síntesis del tratamiento cognitivo:

-         El profesor establece estándares y objetivos académicos realistas para los alumnos.

-         Actúa de una manera confidencial, con voz clara y sin amaneramientos producto del nerviosismo.

-         Logra conocer a los alumnos en clase y descubrir las razones que hay detrás de sus actos.

-         En su conducta hacia ello indica aceptación, apoyo y su convicción en el éxito final.

-         Prevé los probables problemas de control, decide las estrategias para su resolución y las aplica con rapidez y de modo consecuente.

-         Los niños reciben todas las oportunidades razonables para actuar de una manera democrática y responsable.

-         Se asigna a los niños tareas pedagógicas apropiadas y, por tanto, interesantes, permitiéndoles que saboreen las mieles del éxito.

-         El profesor cambiará las actividades dentro de la clase para evitar que los alumnos se aburran y se sientan inquietos.

-         Se hace el entorno de la clase lo más agradable, animado y estimulante posible.

-         El profesor evita amenazas innecesarias o poco prácticas.

-         Se dan orientaciones a la clase antes de cualquier cambio de actividad, el cual se realiza bajo un control riguroso.

-         Se ayuda a los niños a que comprueben las consecuencias de sus actos.

-         El profesor recuerda sus experiencias personales de pequeño en clase como ayuda para interpretar su conducta.

 

8.       Objeciones al tratamiento cognitivo:

·         Resulta vago e impreciso ya que no podemos saber lo que pasa por la mente del niño.

·         El tratamiento cognitivo es muy subjetivo. Cada profesor elaborará sus propios mapas cognitivos, privando así a los alumnos de la consistencia que forma parte del tratamiento conductista.

·         Los cambios de conducta no son necesariamente consecuencia de los cambios de actitud. Así pues, se puede razonar con los alumnos, que quizá pretendan con toda sinceridad cambiar de manera de ser, sin que por ello vayan a tener que conseguirlo.

 

 

 

Estrategias y técnicas de gestión.

 

1.      Normas sencillas para el gobierno de la clase:

-         Puntualidad. Muchos problemas de control de la clase surgen o porque el profesor llega tarde o porque está manipulando aparatos y equipos mientras llegan los alumnos. Si empieza la lección con puntualidad, el maestro soslayará esos problemas y demostrará a los alumnos su eficiencia personal y la importancia de las tareas que van a realizar conjuntamente.

-         Buena preparación. No nos referimos solamente a las cosas esenciales sino también a las secundarias que, muy a menudo, suelen pasarse por alto.

-         Ponerse rápidamente a la tarea. Una vez que el profesor y los niños se encuentran en el aula hay que empezar la clase con rapidez y energía, de modo que la atención de éstos se centre en las explicaciones de aquél y en las tareas a realizar.

-         Insistir en la colaboración de toda la clase. Es fundamental conseguir una colaboración total antes de entrar en materia.

-         Utilización efectiva de la palabra. Utilizar la palabra con expresividad, con tono agradable y que no produzca cansancio o tensión.

-         Mantenerse alerta ante las incidencias de la clase. Los buenos profesores dan la impresión a la clase de tener ojos en la espalda. Se mueven por el aula, mantienen un contacto visual con los alumnos y se dan cuenta exacta de dónde van a empezar probablemente los problemas, concentrando ahí su atención.

-         Analizar lo que está ocurriendo en clase. El maestro debe comprender las razones que mueven al alumno a adoptar una conducta concreta, ya sea por el refuerzo que ésta recibe de modo continuo, ya en cuanto a aspectos que atañen a elementos menos tangibles (motivación, locus de control y autoconceptos).

-         Estrategias claras y bien comprendidas para enfrentarse a situaciones de crisis.

-         Distribución justa y equitativa de la atención del profesor.

-         Evitar comparaciones. Es una buena estrategia llamar la atención sobre una tarea bien hecha, sobre todo si el alumno tiene prestigio y sirve, por consiguiente, de modelo para sus compañeros. Pero no es aconsejable hacer comparaciones, o sea, decir a algunos niños que su rendimiento no llega al nivel de los demás, ya que eso puede generar no sólo hostilidad y resentimiento hacia el maestro por parte de los desfavorecidos en esas comparaciones, sino a divisiones en el seno de la clase.

-         Mantener las notas al día. El trabajo devuelto rápidamente a los alumnos con la nota correspondiente no sólo les ayudará en sus tareas de aprendizaje, sino que permitirá al maestro estar al día de los progresos de sus discípulos y ayudarles mejor en sus dificultades.

-         Mantenimiento de las promesas. Si el maestro promete ayudar de algún modo al niño, o premiar a la clase, cuidará de que la promesa sea factible, y deberá hacer honor a su palabra.

-         Hacer un buen uso de las preguntas. El profesor que hace preguntas frecuentes a la clase, dirigiéndose a alumnos concretos, está empleando una estrategia valiosa para mantener atentos y activos a todos los niños.

-         Garantizar oportunidades adecuadas de actividades prácticas.

-         Delegación en la medida de lo posible de las tareas rutinarias de la clase a los alumnos. Eso será indicio de la confianza que el profesor deposita en ellos, y acentuará el sentimiento de ser un miembro significativo de la clase con la que acabarán identificándose tanto como el profesor.

-         Organización eficaz de la clase.

-         Atención a los problemas de los alumnos.

-         Concluir de forma amistosa la clase. Además de terminar la lección con tiempo suficiente para recoger y para cualquier tarea extra o para impartir las normas necesarias a sus alumnos, es importante que el profesor se despida de sus alumnos en un tono amistoso.

 

2.      Planificación de la lección.

-         Enseñanza cualificada. La enseñanza de precisión nos indica que en la planificación y desarrollo de una buena lección el profesor deberá: especificar por adelantado el rendimiento esperado del alumno en términos controlables y mensurables, lo que implica la formulación de unos objetivos académicos que reflejen con claridad la conducta del alumno al final de la clase si ésta ha salido bien; registrar el rendimiento del alumno de forma regular y sistemática; registrar la metodología didáctica en relación con el rendimiento. Analizar los datos con regularidad para introducir los cambios necesarios.

 

3.      Estructuras de autoridad y apoyo dentro de la escuela.

-         Orientación, asesoramiento y asistencia al alumno. Su función, en esencia, consiste en ayudar al alumno, en una atmósfera amistosa y relajada, a que descubra la verdadera naturaleza de sus problemas y a que formule soluciones prácticas y apropiadas a las circunstancias particulares en que se desenvuelve su vida.

-         Red de asesoramiento y orientación. La existencia de un sistema preestablecido de asesoramiento y orientación, que vaya desde el profesor de la clase al tutor y jefe de estudios y además abarque, en la escuela secundaria, a los coordinadores de ciclo o nivel y quizá a los de departamento.

 

 

 

Conductas del profesor y control de la clase.

 

1.      Cualidades del profesor y control de la clase.

-         Justicia y sentido del humor. Un profesor justo es el que se preocupa lo suficiente de los niños como para que cada uno reciba las mismas oportunidades, igual ayuda y parecido apoyo. Otro aspecto es el sentido del humor, el humor compartido elimina las barreras entre el maestro y el alumno, y hace, si no se exagera la nota, que la clase le vea como un aliado y amigo y no como un adversario.

-         Relajación, autocontrol y paciencia. El profesor por naturaleza tranquilo y relajado es mucho menos probable que se enfade cuando se enfrente a un problema de control. La ira puede provocar una reacción exagerada ante una mala conducta.

-         Buena exposición y tiempo libre para los alumnos. También es más sencillo permanecer tranquilo si el profesor sabe explicar las cosas de manera que se puedan entender. Además, el profesor con éxito es alguien que siempre dispone de tiempo para los alumno, los cuales sienten así que sus asuntos son importantes y merecen la dedicación del profesor, quien puede fijar un momento más oportuno para atenderlos si no lo tiene en ese momento.

-         Prevenir el buen control de la clase. Todo lo anteriormente dicho sirve para esto.

 

2.      Estrategias para enfrentarse a amenazas concretas al control de la clase.

 

-         Groserías. El primer paso en este caso es mantener la calma, conservar los nervios, lo contrario refuerza la conducta del niño. Si el maestro conserva la calma y responde con decisión, estará demostrando al alumno que su grosería no ha dado en el blanco. Otra posibilidad es ignorar la observación del alumno o su descaro. Si, por el contrario, juzga necesario intervenir, replicará directamente al niño, asegurándose de hacerlo con brevedad y yendo al grano, sin dejar resquicio para que éste se enzarce en un largo intercambio de acusaciones y contraacusaciones. El sarcasmo no es una solución aconsejable, pues implica insulto a la persona afectada. Otro caso es el de preguntas "tontas" para ofender al profesor, en este caso la respuesta correcta sería "si te paras a pensar, encontrarás la respuesta a tu pregunta" por ejemplo o "esa ha sido una observación tonta, y si hubieses pensado un poco, no la habrías hecho". Llamar al alumno después de la clase es poco efectivo, es más eficaz, al finalizar la clase, sonreírle amistosamente, lo cual le dejará desconcertado y más accesible a la influencia del profesor, entonces decirle algo como "sabes perfectamente que ésa no ha sido una conducta muy inteligente que digamos por tu parte. No me parece oportuno, pues, que entremos en mayores detalles, ¿verdad?". El caso de ser un comportamiento generalizado con todos los maestros, deberá actuarse de forma coordinada por parte de todos los docentes.

-         Desafíos. Es el caso, por ejemplo, cuando se manda hacer algo a un niño y éste rehúsa sin más. El primer factor es la prudencia del profesor en no exigir algo de uno o de varios individuos si se sabe que se vana negar tercamente a ello, o que está por encima de sus posibilidades, o que es prácticamente inalcanzable. El maestro no se enfadará y reaccionará con calma y decisión. Cogerá firmemente (pero sin hacerle daño) al niño del brazo y le llevará a su asiento o a donde se le haya mandado ir, si el desafío continua, se le llevará del mismo modo al despacho del jefe de estudios (que ya estará informado del problema y conocerá al alumno, así como la respuesta que deba darle). Otra vía es repetir, sin levantar la voz y con educación, la orden, si persistiera, el profesor le preguntará el motivo, si el motivo no fuese justificable el profesor puede responder con frases como "bien ya veo que no quieres hacerlo (lo que se le haya pedido). A todos nos ocurre a veces. Pero esto es importante y por eso me gustaría que, a pesar de todo, colaboraras". Si continúa sin hacerlo existen dos posibilidades, dejarlo pasar y advertirle que al finalizar la clase tratarán sobre el tema junto con el jefe de estudios y él obtendrá su merecida sanción o por otra parte, la segunda posibilidad consiste en un enfrentamiento directo con el alumno. Un fracaso a esas alturas dañaría su autoridad. En este caso se le advertiría de las consecuencias de su actitud continuada, ver al jefe de estudios. En caso de que se sepa que trata de llamar la atención, se le deja aislado y se le manda que realice la tarea fuera del grupo.

 

-         Agresión física al profesor. Por lo general suele haber avisos por parte del alumno, en forma de desafíos, el profesor debe prevenir estas situaciones buscando las causas de las conductas negativas, tratando de alabar los esfuerzos positivos del alumno y su integración en el entorno.

 

-         Incidentes violentos. Lo primero es crear un espacio físico entre el alumno y el profesor, basta con echarse un paso atrás. En caso de un segundo puñetazo el profesor debe defenderse sin pegar al niño (evitar los golpes, inmovilizarle sin agredirle), inmediatamente se le dice que si puede refrenar sus impulsos, los dos podrán explicarse con tranquilidad. De esta forma se dará cuenta que la interrupción del ataque llevará consigo una recompensa inmediata (la posibilidad de decir algo) y no un fuerte castigo inmediato. Una vez que el alumno se haya calmado el profesor tratará el tema con perfecta objetividad, sin dar muestras de enfado o de sentirse ofendido. La naturaleza de la posterior sanción dependerá del jefe de estudios y no "de lo que pida" el profesor. En ningún momento el profesor debe intentar vengarse.

 

-         Agresiones físicas entre alumnos. Nuevamente la clave reside en una acción tranquila y decisiva por parte del maestro, llamará primero que nada a la paz, las amenazas son innecesarias. Una vez calmados los alumnos el profesor pedirá una explicación inmediata o al final de la clase, escuchando ambas partes. Seguidamente se debe buscar tanto poner un castigo como la reconciliación, más importante esta segunda. En el supuesto de que no se separaran durante la pelea, el profesor deberá intervenir físicamente separando a los alumnos pero sin violencia, y llamarlos a la calma. El objetivo del profesor debe ser ayudar a los alumnos a dominar sus propios sentimientos sin tener que llegar a las manos. El recurso a sanciones de este tipo, aplicadas después del incidente y tras una explicación a fondo de los niños, les parecerá algo arbitrario, como castigar por el gusto de castigar. Su efecto sería no tanto impedir que volvieran a enzarzarse en otra pelea si se presenta la ocasión, cuanto la pérdida de respeto al maestro por su incapacidad para entender sus problemas.

 

-         Hiperactividad. No es de gran eficacia imponer restricciones físicas, o aislarlo de sus compañeros en un banco. El niño hiperactivo no se puede autocontrolar. Es aconsejable pedir ayuda al especialista del centro. Aún así se recomienda actividades motivadoras para el alumno, de corta duración y tener preparado un auténtico "arsenal" de actividades. Suelen ser muy prácticos los métodos conductuales de "sistema de economía de fichas" y los "contratos". Es también importante favorecer la integración del alumno hiperactivo dentro del grupo clase, por ejemplo, que con una buena acción suya, toda la clase gane un premio.

 

-         Clase descontrolada. Ante una clase descontrolada, el profesor debe hacer notar su presencia, el rugido de "silencio" no es muy eficaz, dado que si no se callan, él pierde su "prestigio" ante la clase, es más eficaz una palmada, puesto que si no se detiene el tumulto, no significa directamente una derrota del profesor, y éste puede preparar otra acción. Si aún así no se han calmado todos los alumnos, se puede coger a uno de los que más alborote del brazo (sin hacerle daño) y llevarlo al centro de la clase, el factor sorpresa hará que todos se detengan y, para no humillar al alumno y quitar un poco de hierro al caso, se puede decir algo como "en caso de duda, siempre ir a por el más fuerte primero". Una vez relajado el grupo no es muy eficaz pedir explicaciones o preguntar quién lo empezó todo, es mucho mejor, pues, que conseguida una victoria decisiva al haber "aplastado" el tumulto, el maestro se gane aún más el respeto de sus alumnos considerando cerrado el incidente. Pedirá a los alumnos que se porten mejor en el futuro.