La profesión
docente siempre ha necesitado la dotación de un amplio abanico de estrategias y
técnicas orientadas al perfeccionamiento de la actividad educativa. Este
perfeccionamiento viene determinado por el éxito con el cual los alumnos
adquieren unos conocimientos, procedimientos y actitudes.
En este sentido
se puede afirmar que el punto de partida de cualquier estrategias a aplicar en
el aula es el alumno en sí mismo, y a esta “parrilla de salida” le tenemos que
añadir un conjunto de variables que inciden, de forma determinante, sobre el
producto educativo, nos estamos refiriendo a variables como el docente, la
motivación, las relaciones dentro del aula, la resolución de conflictos, etc.
En el presente
trabajo partimos del Estilo de Aprendizaje del alumno, conociendo su forma de
procesar la información y de enfrentarse a la tarea del aprendizaje, para
analizar luego la segunda parte de esta tarea: la enseñanza, y los diversos
Estilos de enseñanza. Una vez situados en este plano, nos vemos obligados a
tratar aspectos tan influyentes como la Motivación y los Problemas de Disciplina
para determinar toda una serie de estrategias de manejo del aula y de
resolución de conflictos y finalizar, por último, volviendo a nuestra materia
prima de trabajo, el alumno, del cual conocemos ya su estilo de aprendizaje, el
estilo de enseñanza que mejor se adapta a él, su relación con el entorno del
aula, y poder ofrecerle una amplia variedad de estrategias de aprendizaje y
técnicas de estudio adaptadas a su situación particular.
Seguramente,
todos aquellos que trabajan en el campo de la educación conocerán una gran
variedad de estrategias que, en muchas ocasiones, aplicarán sin saber realmente
que lo están haciendo.
Se trata, pues, de fomentar el aprendizaje
de procedimientos. De conseguir en el alumno la autonomía y la capacidad de
utilizar él solo técnicas que mejoren su proceso de enseñanza-aprendizaje, y es
más, intentar que sea capaz de desarrollar nuevas técnicas por él mismo.