Estructura programática del modelo radiodifusor español: de la variedad a la especialización

 

Josep M. Martí

 

Siguiendo los antecedentes estadounidense y europeo, la radio española está cambiando aceleradamente sus modelos de programación en busca de la especialización.

 

En los inicios del medio radio­difusor, el discurso radiofónico tomó prestadas sus formas de la prensa escrita, para ir des­cubriendo progresivamente sus propias posibilidades ex­presivas; éstas cristalizaron en géneros programáticos específicos, que fueron a la vez consolidando su personalidad diferen­ciada como medio de comunicación de masas.

La programación radiofónica como compen­dio unitario de contenidos y formas del discurso específico de cada medio ha estado integrada tradicionalmente por la suma de diferentes pro­gramas; la codificación de éstos en géneros di­ferenciados ha ido evolucionando a partir de la consolidación de los estereotipos y la incorpora­ción de los pluritipos, avalados por la práctica diaria del discurso y las convenciones cultura­les existentes en el seno de las distintas comu­nidades sociales donde operan los modelos ra­diodifusores (BENAMOS, 1969).

 

LA CRISIS DEL MODELO DE CONTENIDOS GENERALES

 

Hasta pasados los años 60, la programación radiofónica ha estado presidida por el concepto de variedad de espacios ‑tanto en forma como contenidos‑ con el objetivo de conseguir inte­resar a la máxima cantidad de oyentes. Sólo en determinadas circunstancias históricas, como sería el caso de los conflictos bélicos interna­cionales, se alteraron estos esquemas de diseño programático.

El modelo radiodifusor americano, que con el británico constituyen los dos paradigmas históri­cos de la organización del medio, fue el prime­ro en experimentar los cambios que iban a marcar una nueva etapa en la estructura pro­gramática de la radio. Existen amplias coinci­dencias entre quienes han investigado el fenó­meno, sobre las causas que condujeron al inicio de una orientación diferente en la producción programática de los diferentes modelos radiodi­fusores; en primer lugar, la implementación de un nuevo modo de difusión de la señal radiofó­nica en modulación de frecuencia (FM), con una mayor calidad de sonido, aunque con un alcan­ce más reducido; en segundo lugar, el creci­miento progresivo del número de estaciones de radio a lo largo de todo el territorio estadouni­dense y, por último, la consolidación de la tele­visión, como poderoso medio de comunicación en competencia directa con la radio.

La alteración de las condiciones en las que se había desarrollado el potente sistema comer­cial de la radio americana se tradujo en impor­tantes cambios en el modelo: la rivalidad de la televisión por lo que se refiere a los géneros programáticos obligó a la potenciación de las posibilidades expresivas diferenciadas y a la renuncia de la radio‑espectáculo; este hecho, unido al del aumento progresivo del número de emisoras, produjo un primer fenómeno de frag­mentación de las audiencias y, como conse­cuencia, la pérdida de la capacidad publicitaria del medio, sometido por lo demás a un aumento progresivo de los costos.

La crisis del modelo liberal planteaba, en este contexto, serias dudas sobre la superviven­cia de numerosas emisoras y cadenas (BLUME, 1983). Las estrategias programáticas de los emi­sores trataron de sacar provecho a la fragmen­tación de las audiencias, buscando segmentos concretos de las mismas a partir de la multipli­cación de la oferta de productos específicos, di­ferenciados y dirigidos a sectores categorizados por determinados atributos sociales y de consu­mo.

Los anteriores planteamientos dieron lugar al nacimiento de la radio especializada, de raíz básicamente local, y, por tanto, a la desaparición parcial de las grandes cadenas programáticas de ámbito estatal. Los diferentes formatos pro­gramáticos especializados se constituyeron no sólo en las formas genéricas de reconocimiento del discurso radiofónico, sino también en la úni­ca lectura posible del modelo programático americano (ROUTT, 1978).

Esta salida hacia delante, en plena crisis es­tructural del modelo comercial de los EE.UU., supuso el abandono de las grandes programa­ciones de contenidos generales y la adecuación de la empresa radiofónica a la necesidad de competitividad en base no sólo al producto pro­gramático, sino también a la disminución de los gastos de producción. El objetivo final de esta política era el de captar los recursos publicita­rios necesarios para su financiación, pero a los precios que mandaban en aquellos momentos en el mercado.

Este fenómeno se ha ido reproduciendo en otras radiodifusiones mundiales con un sustan­cial retraso. A partir de los años 70, la desregu­lación de la actividad radiodifusora en Europa, monopolizada hasta entonces por las grandes organizaciones públicas o por los oligopolios mixtos como en el caso de España, reprodujo las condiciones objetivas que hicieron posible la ruptura de los esquemas programáticos tradi­cionales en los EE.UU. En este aspecto es signi­ficativa la nueva configuración que toma la ofer­ta de algunas de estas radiodifusiones, como es el caso de la francesa, donde las programacio­nes especializadas se convierten en alternativa a los planteamientos convencionales de las emi­soras "periféricas" (RTL, Europa 1, Sud Radio) tradicionales.

 

LA PROGRAMACIÓN CONVENCIONAL FRENTE A LA ESPECIALIZADA

 

En el contexto de dualidad entre la progra­mación convencional y la especializada, reco­nocible como ya hemos indicado en la mayor de las radiodifusiones mundiales, el primer mo­delo se define como el que: "... ofrece diferen­tes programas a lo largo del día y de la semana atrayendo una variedad de audiencias, cada una de las cuales podría escuchar la radio du­rante uno o más programas." (HENABERY, 1984: 4‑2).

Pese al esquematismo de esta formulación, la programación convencional no tiene una lectura unívoca, su propia estructura conlleva diferen­tes modalidades que aparecen bajo diferentes denominaciones y que podríamos resumir en tres: mosaico, .bloques y continuidad.

La variedad Mosaico aparece históricamente en los años dorados de la radio americana; su diseño permitía incorporar los géneros progra­máticos tradicionales, variados en cuanto a es­tructura y contenido, en un intento de acercar públicos variados a las emisoras de radio que no tenían entonces la competencia de la tele­visión. El lugar preferente era ocupado por los espacios, tipo dramas radiofónicos, progra­mados esencialmente durante las primeras horas de la tarde; las historias eran guiones originales sacados de películas, novelas o de clásicos (DOGLIO‑RICHERI, 1980), denominados Soap‑Operas, porque estaban patrocinadas por empresas fabricantes de detergentes. Otros gé­neros de éxito eran las denominadas Sitcoms (Situaciones cómicas), las variedades y espectá­culos musicales, los concursos, juegos, progra­mas hablados, los programas de crimen y mis­terio, etc. (BLUME, 1983).

El modelo de programación Mosaico ha sufri­do a lo largo de los años diferentes transforma­ciones como consecuencia de la aparición de factores vinculados a la pervivencia de los gé­neros programáticos, a la demanda de la au­diencia y las transformaciones del propio me­dio. Lo que sí ha permanecido a lo largo de todo este tiempo y en las diferentes radiodifu­siones es el interés por la diversificación de la oferta, a base de espacios variados creados con la finalidad de obtener la máxima posibilidad de contacto del mensaje con los diferentes seg­mentos de la audiencia.

La segunda modalidad es la denominada pro­gramación por bloques. Se presenta como una derivación de la estudiada anteriormente y tie­ne plena vigencia en algunos de los formatos que adoptan en la actualidad muchas de las emisoras de servicio general. La gran cantidad de programas diferenciados y de corta dura­ción que formaban parte del modelo Mosaico se integran así en grandes bloques de mayor duración, adoptando formas de micro‑espacio y con personalidad más reducida.

Se trata en realidad de la programación ba­sada en el Magazine y más concretamente en la variedad denominada Contenedor. Consiste en bloques programáticos de duración igual o su­perior a las 3 horas que se distribuyen en nú­mero de 4 ó 5 a lo largo de la programación diaria: "... los cuales, transformando en género todo un horario de programación, atenúan la es­cala rígida del palimpsesto, aunque reprodu­ciéndola en su propio interior con modalidades diversas de las tradicionales". (WOLF, 1984: 193).

Los programas que integran el modelo de bloques no presentan entre sí grandes diferen­cias en cuanto a contenido y estructura, lo que les distingue es la personalidad de su conduc­tor, el cual adopta el papel de elemento cohe­sionador entre la variedad de espacios, realiza­dores y colaboradores y marca la identidad, no sólo del modelo, sino también de la emisora.

El formato de bloques conlleva la división del horario diario de emisión en cuatro o cinco grandes apartados, coincidentes con otros tan­tos segmentos de elevada audiencia, conecta­dos a su vez con los hábitos sociolaborales de .la misma. Se trata de ir a la búsqueda de públicos que permanezcan escuchando la radio durante períodos más largos que en el modelo Mosaico.

La programación en continuidad constituye el estadio final de la evolución sufrida por la radio con una componente básicamente informativa. Este tipo de oferta limita extraordinariamente la rigidez de los diseños pluriprogramáticos y fo­menta la improvisación a nivel de índice. Se tra­ta de aquello que WOLF denomina palimpsesto aperto, una vía para desautomatizar la relación comunicativa que se instaura entre radio, pro­gramas y destinatarios.

Es un modelo que vive de la información y para la información, su servidumbre fundamental es la actualidad y ello motiva que la noticia sea prioritaria en cualquier momento, inclusive cuando se esté desarrollando en directo un tema diferente al que acaba de llegar. Estos planteamientos suponen basar el diseño de los programas en algo sumamente arriesgado para mantener la continuidad y la coherencia: la improvisación constante a tenor de lo que marca la actualidad.

Al modelo de programación convencional así definido se opone el de la programación espe­cializada en razón a dos características diferen­ciales: la sectorización de los contenidos y la segmentación de las audiencias. Conceptual­mente el término ha sido motivo de importantes confusiones: entendemos que la radio especiali­zada presenta dos modalidades básicas:

 

‑ Radios monográficas. Especialización en contenidos muy concretos, sean de tipo mu­sical, informativo, participativo, etc., servi­dos a partir de géneros programáticos dife­rentes, distribuidos en programas de varia­da duración y realización.

‑ Radio‑fórmula. Radio especializada en con­tenidos y que mantiene una estructura for­mal repetitiva que actúa a la manera de un único programa durante todo el día, siete días a la semana. La realización es unitaria y homogénea y responde al criterio: Satis­facción inmediata del gusto especializado y del momento. (HENABERY, 1984: 2‑5).

 

Los aspectos estructurales diferencian clara­mente las dos variantes de radio especializada. La radio de contenidos monográficos se aseme­ja formalmente a la radio convencional: existe variedad de géneros y de programas, diseña­dos según criterios distintos tanto por lo que respecta a la duración como a la realización. El elemento cohesionador es el contenido, no la forma de tratamiento. Por su parte, las radio‑fór­mulas se definen a. partir de la combinación de tres elementos básicos: el material, la estructura y el estilo (HENABERY, 1984).

El material o, como sería más propio, los con­tenidos constituyen su principal elemento dife­renciador. En algunos casos, el tipo de música sirve para denominar la emisora que lo emite, como sucede por ejemplo, en los EE. UU.; pero no es siempre el único contenido dominante, existen formatos All Talk y All News basados exclusivamente en la palabra y otros que com­binan la música y la información.

La estructura de un formato se refiere a los aspectos formales y de tratamiento de los textos radiofónicos; básicamente comprende: "... la du­ración del material y su disposición en el tiem­po, en relación con otro material." (HENABERY, 1984: 2‑5). La unidad de tiempo de las radio‑fór­mulas es la hora; ello permite aplicar el diseño de la estructura de forma repetitiva durante las 24 horas del día toda la semana. El material se distribuye en secuencias iguales de tiempo, con lo que las posibilidades combinatorias son infi­nitas.

La estructura de las radio‑fórmulas es rígida, la alteración de la homogeneidad de la misma les resta coherencia y limita las posibilidades de reconocimiento genérico en un contexto de oferta sobreabundante. El objetivo es conseguir que la rigidez de los códigos musicales, de con­tinuidad y de imagen están plenamente estanda­rizados e interiorizados por la audiencia habi­tual.

Complementariamente, el estilo: "... es lo que dicta todo lo que se emite; el tiempo y la fami­liaridad de las canciones, la presentación ur­gente o más convencional de las noticias, la mezcla de la música, el empleo de los títulos y sintonías y otras puestas en escena, el sonido real de la instalación técnica." (HENABERY, 1984: 2‑5).

 

DE LA RADIO‑ESPECTÁCULO Á LA RADIO INFORMATIVA

 

Hasta 1977 la radiodifusión española acomodó su oferta programática a las ventajas del oligo­polio y a las limitaciones de la censura previa. Concedida en exclusiva á RNE la posibilidad de hacer información, las parrillas de progra­mación del resto de emisoras incluyeron duran­te muchos decenios una particular adaptación del modelo convencional: radio‑espectáculo, juegos, concursos y los seriales (adaptación de las soap‑operas americanas) (MUNDO CABUS,1980).

La consolidación de la radio de evasión y la falta de competencia televisiva contribuyeron a la estabilidad de los géneros y a la populariza­ción de los grandes programas. La estabilidad del mercado publicitario y la falta de conoci­miento, siquiera cuantitativo, de las audiencias hizo que la competencia entre las distintas ofer­tas programáticas tuviera lugar solamente a ni­veles simbólicos.

A la sombra de las grandes cadenas de ám­bito estatal, RNE, Radio Peninsular, CAR, CES, REM (integradas estas últimas a partir de 1974 en RCE), SER y COPE, se consolidó una radio local con una notable autonomía programática que reproducía, sin demasiados medios, los es­quemas de las grandes redes a las que perte­necían. El minifundismo de emisión (PRADO, 1983) no amplió la variedad de la oferta, sino que acentuó las limitaciones del oligopolio.

La racionalización del modelo radiodifusor español se produjo en dos fases. La primera, a partir de la liberalización de la información y la inclusión de programas informativos regulares en las programaciones en cadena y locales. La fiebre informativa se tradujo en ostensibles va­riaciones en las parrillas de programas para dar cabida a los grandes espacios de actualidad, básicamente los magazines (el precursor "Hora XXV" en la SER, "De costa a costa" y más tarde "Protagonistas" en RNE, "Directo" en R. Barcelo­na, etc. ).

La segunda fase de racionalización se inició con la ampliación del oligopolio y la consolida­ción del minifundismo por la vía de la FM; el nacimiento de nuevas cadenas de radio con co­bertura estatal o autonómica ‑de titularidad pública y privada‑ y la explosión de una radio local: libre, municipal y pirata, que, sumada a las anteriores, rompió la estabilidad de la ofer­ta, que había sido la característica principal du­rante los cuarenta años de oligopolio.

El aumento de la oferta no trajo aparejada la variedad de programación; al contrario, las inci­pientes cadenas privadas de proyección estatal operaban sobre la base de modelo convencio­nal con variedad de espacios y de realizadores (Antena 3, Radio 80, Radio 16, Radio El País), con el objetivo de conseguir captar la audiencia y la publicidad de las grandes cadenas tradi­cionales. Por lo que respecta a las radios de ti­tularidad autonómica tuvieron un comporta­miento casi igual a la oferta de la radio estatal, creando canales de oferta diferenciada, como sería el caso de Cataluña Radio con respecto a RNE.

La problemática económica y la respuesta de la audiencia se encargaron de variar los plan­teamientos iniciales de las nuevas ofertas pro­gramáticas. Por un lado, los elevados costos de creación de las nuevas redes y las dificultades de amortización en un plazo inmediato provo­caron la paralización de algunos proyectos de expansión y la reconversión de ofertas: Radio 16 tuvo que ceder sus licencias a la SER para crear una cadena de programación especializa­da; por su parte, Radio El País renunció a algu­nas de las licencias que, aparte de Madrid, le habían sido concedidas; por lo que respecta a Radio 80 tuvo que aliarse con Antena 3 para, en primer lugar, complementar su red y, después, constituirse en una radio especializada. No me­jor suerte corrieron algunas cadenas privadas de ámbito autonómico que, o bien han sido ven­didas a las empresas tradicionales, o han acabado variando sus planteamientos programáti­cos pasando de la oferta convencional hacia la especialización.

En todas las circunstancias anteriores se evi­dencian planteamientos empresariales que con­trastaron con la realidad; también se pone de manifiesto un desconocimiento del comporta­miento de la audiencia frente a la eclosión de la oferta programática producida a partir de 1982 en el modelo español y que se hace explícita en diferentes hechos que podemos correlacio­nar históricamente con los producidos en los años 60 en el sistema radiodifusor americano:

 

‑ el crecimiento de la oferta conlleva en un estadio inicial un aumento de la audiencia, pero, como ya queda claro en otro trabajo de este monográfico, también su estabiliza­ción; por lo tanto, lo que se ha producido a partir de 1985 ha sido una fragmentación de la susodicha audiencia de radio.

‑ las mayores pérdidas de oyentes han sido experimentadas por las ofertas programáti­cas convencionales, sobre todo las del tipo mosaico, emitidas en OM (SER y RNE prin­cipalmente); paradójicamente, ello no ha sido óbice para que una cadena de este mismo grupo, COPE, aumentara su peso específico en cuanto a audiencia y liderara el modelo en la variante de bloques.

‑ por primera vez, la radio especializada se ha convertido en líder de los rankings de audiencia (caso de los "40 Principales" se­gún el último EGM) y, en general, ha expe­rimentado un posicionamiento que pone en cuestión el monopolio de las fórmulas con­vencionales.

‑ de la nueva oferta surgida a partir de 1982, sólo se ha mantenido en sus planteamientos iniciales de radio convencional la cadena Antena 3, ocupando un espacio definido y de creciente consolidación en el modelo programático clásico; el resto de las ofertas se han ido aliando en torno a la radio espe­cializada con diferentes variaciones.

 

EL FUTURO INMEDIATO; LA ESPECIALIZACIÓN BUSCA PÚBLICO Y RENTABILIDAD

 

La oferta programática de la radiodifusión es­pañola se está construyendo sobre la base de la oferta audiovisual global ‑la actual y la previsible (TV privada)‑ y sobre parámetros de ren­tabilidad, tal como ya está sucediendo en el resto de la radio europea desde la desregula­ción iniciada en la década de los 70.

Si observamos el comportamiento del grupo privado de radio más importante, la SER, los signos son inequívocos: programación conven­cional en OM y tres especializaciones en FM ("40 Principales", Radio Minuto y Radio Cora­zón). Antena 3, por su parte, hace lo mismo con la alternativa de Radio 80‑Serie Oro, mientras que COPE aún no parece tener decidida la orientación que dará a su red estatal de FM.

A la sombra de estos planteamientos, se con­solidan iniciativas locales en las que la radio es­pecializada, en su variantes monográfica y ra­dio‑fórmula, toma carta de naturaleza: TOP‑40 de R. España de Madrid, Radio Vinilo de la In­ter, Radio Salud en Barcelona, R. Tradic de Ca­dena Catalana.

Mientras la radio comercial adopta medidas casi urgentes de especialización, la radio públi­ca se posiciona en las ofertas tradicionales (Ra­dio 1: convencional; Radio 2: música clásica; Ra­dio 3: cultural). No parece que la posibilidad de incorporar RCE a su estructura haga que varíen estos planteamientos, como ha sucedido en Francia, donde la radio estatal ha diversificado extraordinariamente su oferta (France‑Info, Ra­dio FIP, radios locales, etc. ). Por el contrario, al­gunas redes autonómicas, como ya hemos visto, reproducen los planteamientos anteriores, como es el caso de Catalunya Radio en sus tres cana­les en FM.

La omnipresencia en la oferta global de las grandes cadenas estatales y de ámbito autonó­mico no puede marginar el papel adquirido por la radio local dentro del conjunto. Al lado de planteamientos. miméticos y reproductores del discurso programático dominante, emergen con fuerza iniciativas creadoras que por la vía de especialización de contenidos, básicamente en el propio entorno, tiende a romper el uniformis­mo (radios municipales locales no adscritas, etc.). Evidentemente la evaluación de este sec­tor del modelo radiodifusor se hace difícil, puesto que el proceso se halla aún inconcluso; de todos modos, la prevista nueva ampliación con la concesión de más licencias debe refor­zar el peso de la radio local y aumentar, si cabe, su papel dentro de la oferta.

 

A la vista de estos datos, todo parece indicar que el panorama futuro del modelo radiodifusor español hablará programáticarnente en térmi­nos de especialización. La segmentación de las audiencias, apuntada en los últimos estudios, parece ser un fenómeno irreversible; el éxito conseguido por algunas especializaciones ani­ma iniciativas parecidas, apremiadas además por la necesidad de optimizar los costos de producción y hacer frente a la reducción del mercado publicitario.

 

La gran incógnita de este futuro reside en el papel dinamizador que pueda jugar la radio de titularidad pública, sea estatal, autonómica o municipal, por lo que respecta al discurso pro­gramático dominante en la actualidad, y previsi­blemente homogenizador desde la perspectiva de la especialización, en el futuro.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

BEN AMOS, D. Analytical categories and ethnic genres, Genre, 2, 1969. BLUME, D. Making it in radio, Continental Media, Connecticut: 1983. DOGLIO, D. y Richeri, G. La radio, Mondadori, Milán: 1980. HENABERY, R. Radio USA. IEA, Barcelona, 1984.

MUNSO‑CABUS, J. 40 años de radio. Picazo. Barcelona: 1980.

ROUTT, Editor. The radio format connundrum, Hastings, Nueva York: 1978.

WOLF, M. Géneros y televisión, "Analisi", N.° 9, UAB, Bellaterra: 1984.