Televisión comunitaria en Cataluña

 

Emilio Prado

 

Apoyado en los ricos precedentes radiofónicos y de prensa escrita, un importante movimiento de televisiones locales, municipales y comunitarias, se desarrolla en Cataluña. La ambigua política prac­ticada por la Administración cierres incluidos, frena estas experiencias de mesocomunicación, que encierran importantes promesas comunicativas y culturales.

 

Cataluña se ha convertido en los últimos años en un inte­resante laboratorio en el que se han producido im­portantes experimentos so­ciales de apropiación popu­lar de las tecnologías au­diovisuales.

Síntoma, sin duda, de la existencia de una sociedad civil madura y con una gran capa­cidad propositiva, en Cataluña nace el movi­miento de las radios libres en 1978, las radios municipales en 1979 y las televisiones loca­les en 1980.

Las iniciativas de Comunicación local no son una novedad de esta época, por el con­trario existe una larga tradición de prensa co­marcal, cuya importancia se deriva tanto de su penetración y asentamiento como de su cantidad, unas 400 publicaciones.

La experiencia de las radios libres y de las radios municipales crea un clima comunica­tivo y experimental que proyecta las expec­tativas de expresión y creatividad popular sobre el conjunto de las tecnologías electró­nicas. Primero se extiende el uso de la radio cuya tecnología es más manejable, barata y accesible y llegan a computarse más de 20 iniciativas de radios libres, compuestas por colectivos alimentados por los más diversos movimientos sociales y grupos ciudadanos. Por el mismo sendero se multiplican las ra­dios municipales, que socializan la experien­cia en ámbitos de población más reducidos. De las 103 emisoras municipales existentes en la actualidad 59 pertenecen a municipios con menos de 8.000 habitantes, 37 a poblacio­nes que cuentan con una cifra de habitantes que oscila entre los 8.000 y los 80.000 habi­tantes y el resto en poblaciones que superan los 80.000. (Prado, 1984:44).

Las innovaciones tecnológicas, cuyas prin­cipales consecuencias son la simplificación de manejo y el abaratamiento, proyectan a los actores sociales implicados en las experien­cias radiofónicas hacia el uso de la televisión bajo la misma lógica del servicio público que había orientado su práctica anterior.

Se proponen hacer «una televisión local en­tendida como herramienta de comunicación y dinamización de la colectividad, como ser­vicio público de participación ciudadana y de acceso directo, como instrumento de nor­malización lingüística y como reto de futuro» (Acta de definición, 1984).

La existencia de un monopolio televisivo en nuestro país hace, como ha ocurrido en otros tantos casos, que no todas las iniciativas persigan las finalidades anunciadas, lo que nos obliga a establecer inmediatamente una diferenciación de las estrategias a las que responden las diferentes prácticas:

 

1) Crear un clima y un tipo de expectación en la sociedad que favorezca la implantación de la televisión privada reclamada por gru­pos multimedia económicamente fuertes.

2) Dotar a los ámbitos locales o geográfi­camente reducidos de una posibilidad de ex­presión directa a través de la tecnología te­levisiva, que permita un acceso al medio de los contenidos generados en esos ámbitos.

Contenidos que se encaraman, sólo excep­cionalmente, por los difíciles senderos que llevan a las pantallas de las televisiones pú­blicas monopolísticas.

3) Acceder a una infraestructura que per­mita evitar las zonas de sombra en la cober­tura de las televisiones existentes.

El primero de los casos, muy extendido también en el resto del Estado español, res­ponde a iniciativas particulares, o a experi­mentos hábilmente planificados y financiados indirectamente por las corporaciones que as­piran a la implantación de cadenas privadas. Con una inversión reducida, estas televisio­nes se dotan de los equipos mínimos impres­cindibles para efectuar las emisiones. La pro­gramación está constituida, básicamente, por producción ajena, especialmente películas y en algunos casos films pornográficos.

En este tipo de prácticas la ubicación geo­gráfica es un puro accidente y la relación o incidencia en el marco comunicativo local es más una «polución» que una experiencia en­riquecedora. Por este sistema, con una inver­sión francamente irrisoria, los promotores de la privatización del medio consiguen una campaña de resonancia y publicitación de su idea que resulta altamente rentable, sobre todo por el efecto multiplicador que supone la clausura administrativa que les proyecta al primer plano de actualidad.

Las experiencias que responden a la se­gunda de las estrategias anunciadas son comunicativamente más ricas y de sus prácti­cas irregulares se desprenden factores inno­vadores que analizaremos con mayor deteni­miento en el presente texto.

Por lo que se refiere a la tercera estrategia los casos son reducidos y su importancia se deriva de las posibilidades de experimenta­ción que abre la dotación de una infraestruc­tura de cable.

Constatemos dos casos diferentes. El pri­mero es un pueblo de unos setecientos habi­tantes situado en la comarca barcelonesa del Berguedá, cuya orografía imposibilitaba la re­cepción de las televisiones públicas en bue­nas condiciones. La falta de entendimiento entre RTVE y las autoridades locales sobre los costes de instalación de un repetidor, hace que el Ayuntamiento se decida por la instalación de un sistema de distribución por cable, para cuya ejecución se consulta a los vecinos que deben pagar unas 16.000 pe­setas.

El proyecto se convierte en realidad en el verano de 1983 y esta pequeña población pasa a disponer de 30 canales de los que sólo utiliza tres para la distribución del primer y segundo programa de TVE y de TV‑3, la te­levisión autonómica.

Por otro canal distribuyen videos didácti­cos para las escuelas, cedidos por la «Conse­lleria d'Ensenyament de la Generalitat» y no descartan la instalación en su momento de antenas parabólicas para captar señales por satélite. Obviamente nos encontramos en un caso en el que las disponibilidades técnicas van por delante de las expectativas de ex­presión.

Otro caso más reciente es el cableado de la Escala, una población gerundense de más de tres mil habitantes, que ha optado por este sistema para suprimir las antenas de recep­ción. Este pueblo cuenta, además, con una po­blación turística abundante y emplea algunos de los 30 canales de que dispone para las tres cadenas públicas que se reciben en Catalu­ña, las tres francesas, un canal para la distri­bución de videos y otros para la distribución de diversos programas de FM. Por los demás el Ayuntamiento de la Escala piensa poner en marcha una televisión municipal. La primera fase del cableado se ha ejecutado a princi­pios de este año.

 

EL CASO DE TELEVISIÓN CARDEDEU

 

Excluyendo los casos que hemos atribuido a la primera estrategia, nos encontramos con un grupo de iniciativas que arrancan, como decíamos, del verano de 1980 con la expe­riencia pionera de radiotelevisión de Carde­deu, una población de la provincia de Barce­lona. La primera emisión se efectua el 7 de ju­nio de 1980, con unos equipos prestados por un técnico italiano, con la finalidad de che­quear el ambiente y demostrar las posibilida­des de una televisión local. La experiencia es un éxito, y el colectivo impulsor se dispone a preparar a conciencia la creación de la emisora.

Durante un año cuatro comisiones trabajan en los ámbitos técnico de programación, ju­rídico‑político y económico. Los principales frutos son la creación de la «Associació d'Amics de la Rádio i la Televisió de Cardedeu», la cesión de unos locales del Ayuntamiento para las instalaciones y una pequeña subven­ción, la venta de participaciones entre los ve­cinos de 5.000 ptas. por persona hasta reco­ger millón y medio, adquisición y construc­ción del material técnico indispensable, y creación de una parrilla de programación que se emitirá los lunes entre las 21,30 y las 24 horas.

Hay que destacar el grado de adhesión po­pular que obtiene la idea de crear una tele­visión comunitaria, tal como lo demuestra la compra de participaciones por parte de unos 300 vecinos de una villa que cuenta con unos ocho mil habitantes. En la segunda asamblea de socios, celebrada el 5 de junio de 1981, se toma la decisión de iniciar las emisiones reglares. La inauguración oficial, prevista para el día a 23 de junio de 1981, se realiza con la emisora clausurada por el Gobierno Civil. El desencadenante de la acción gubernativa no había sido la emisión de programas cero, sino la noticia de la inauguración aparecida en la prensa diaria. Este hecho es el paradigma de la política comunicativa que desarrollarán las sucesivas administraciones en materia televi­siva: tolerancia mientras no trasciendan a la opinión pública. Es lo que podríamos deno­minar la táctica del «avestruz electrónico».

La actitud de la administración no facilita la práctica, pero en Cardedeu la idea de dispo­ner de una televisión comunitaria cada vez está más arraigada, y la experiencia adquie­re una popularidad innegable en toda Cata­luña. Personalidades del campo de la política y la cultura dan muestras públicas de su ad­hesión y la estación reanuda sus programas de prueba el 28 de diciembre de 1981, para tomar carácter regular a partir del mes de marzo de 1982.

La programación la constituyen un Informa­tivo local, un programa de salud, uno de en­trevistas con personajes vinculados al mun­do de la cultura, un programa de oficios, un espacio de cine alternativo, un debate sobre temas de interés local y uno de retransmisio­nes en diferido.

La implantación de la emisora es muy im­portante y se demuestra con motivo de un nuevo apercibimiento de clausura cursado por el Gobierno Civil, coincidiendo con la campaña de las elecciones municipales de 1983. Los responsables de RTV Cardedeu de­jan de emitir en este período e inician una campaña para su legalización para lo que ela­boran la siguiente acta de definición:

«En Cardedeu nace, el año 1980, un proyec­to encaminado a posibilitar una nueva con­cepción de la televisión, de dimensiones re­ducidas al ámbito local, plural y con la única finalidad de prestar un servicio público.

Pasados. tres años, este proyecto es una realidad y el pueblo de Cardedeu es testigo de ello. Por eso y ante la situación actual en que se encuentra Radiotelevisión Cardedeu, definimos:

            ‑ Radio Televisión Cardedeu no es una iniciati­va privada. Es la expresión pública de la co­munidad, pluralista y abierta a todos.

            ‑ Radio Televisión Cardedeu no ha ido nunca, por voluntad propia, contra ninguna ley; es en todo caso la ausencia de ordenación jurídica sobre este servicio la que ha creado situacio­nes delicadas.

            ‑ Radio Televisión Cardedeu se ha hecho con aportaciones económicas absolutamente de­sinteresadas, sin que se pueda apropiar de ella nunca ninguna persona o grupo. Se ha hecho también con el apoyo general del pueblo.

            ‑ Radio Televisión Cardedeu no es, ni para la vi­lla de Cardedeu, una alternativa del servicio público ni del proyecto de la Generalitat de Catalunya. Entendemos que ofrece un servicio que ninguna otra televisión nos podrá ofrecer nunca.

            ‑ Los programas de RTV Cardedeu son todos de producción propia, respetando toda la legali­dad vigente sobre la propiedad intelectual. El trabajo de todos los colaboradores es total­mente gratuito espontáneo y desinteresado. Son objetivos de la programación: información local, divulgación cultural, educativa, acción cívica...

            ‑ Creemos que la imagen es el medio actual de la comunicación y la cultura, y que, a causa de la evolución tecnológica, aún lo será más en un futuro inmediato. Hemos demostrado que está al alcance de todos.

 

ES UN DERECHO QUE SE DEBE PODER EJERCER

 

Los abajo firmantes apoyamos esta realidad, por­que lo entendemos de verdadera utilidad pública.

 

Cardedeu, 11 de abril de 1983

 

TELEVISION LOCAL COMO SERVICIO PUBLICO

 

En pocos días obtuvieron 2.400 firmas en­tre los vecinos que hacían suya esta acta de definición. Destacamos este documento ya que contiene elementos definitorios de la ex­periencia general de las televisiones locales existentes en Cataluña dentro del grupo se­gundo que definíamos al inicio de este artí­culo. El ámbito local, la producción propia, la participación directa, la voluntad de servicio público, la propiedad comunitaria, son los ras­gos que conformarán el paradigma de estas televisiones que aparecerán por todo el terri­torio catalán: Igualada, Badalona, Bellcaire, Calella, Palamós, Malgrat, Alella...

En la actualidad existen medio centenar de emisoras locales de televisión en Cataluña, de las cuales un 17 por 100 en poblaciones de menos de 5.000 habitantes, un 24 por 100 corresponden a poblaciones que tienen en­tre 5.000 y 10.000 habitantes, un 32 por 100 se encuentran en núcleos de población que os­cilan entre los 10.000 y los 30.000 habitantes, un 13 por 100 en localidades entre 30.000 y 100.000 habitantes y un 13 por 100 restante en­tre 100.000 y 300.000 habitantes.

Una tercera parte de ellas se definen como emisoras privadas. Los dos tercios restantes como iniciativas públicas. Dentro de estas el 50 por 100 son municipales y el otro cincuen­ta por ciento son comunitarias.

En muchos casos no se puede hablar pro­piamente de emisoras de televisión, ya que sólo efectúan emisiones esporádicas, espe­cialmente coincidiendo con fiestas populares de cada localidad. Dentro de este grupo se encuadra un 55 por 100 de las experiencias. El resto, un 45 por 100, tiene una periodicidad semanal y sostienen programaciones que os­cilan entre una y cuatro horas de emisión. La programación en las que se definen como servicio público es totalmente propia y se fi­nancia mediante subvenciones del Ayunta­miento, cuotas populares, donativos y accio­nes de los vecinos. La práctica totalidad de la programación utiliza la lengua catalana.

Las infraestructuras técnicas son muy varia­das. La mayoría de las emisoras son autoconstruidas, un 73 por 100, y las potencias de emi­sión son muy bajas. La mitad de las estacio­nes cuentan con potencias inferiores a los 2W, un 17 por 100 entre 2 y 4W, un 26 por 100 entre 4 y 6W y sólo un 7 por 100 poseen emi­sores de potencia superior a los 6W.

Las cámaras son mayoritariamente de tipo doméstico, excepto un 17 por 100 que poseen equipos industriales, y magnetoscopios tipo U‑Matic.

Dejando aparte las iniciativas privadas, la televisión local entendida de las dos formas diseñadas en la la jornada sobre el futuro de la TV local en Cataluña, celebrada en Carde­deu el 27 de octubre de 1984, con la partici­pación de una treintena de estaciones, [es de­cir: a) Televisión Municipal gestionada por la administración local y b) Televisión comuni­taria gestionada a través de una entidad ciu­dadana], es una experiencia de apropiación popular de la tecnología audiovisual que ayu­da a la profundización de la democracia y de­fiende la participación popular en la vida pública.

La simplificación creciente de la tecnología de la producción televisiva facilita el acceso y la participación en la creación y realización de los contenidos dinamizando la producción cultural de cada localidad. En este sentido «la TV local debe ser un servicio público para la comunidad y debe ser pluralista y abierta a todos. Su objetivo es dinamizar cualquier tipo de actividad de interés social que tenga como marco el ámbito local» (la jornada, 1984).

La práctica de estas televisiones se ha de­sarrollado y se desarrolla en un marco legal hostil que dificulta notablemente su actividad. En el umbral de la legalización de la televi­sión privada en nuestro país, se hace difícil entender el desprecio manifestado por una administración progresista frente a las inicia­tivas populares de comunicación.

«En cualquier caso, el desarrollo de la tele­visión como servicio público, no debería li­mitarse al ámbito estatal (y autonómico) por la simple razón de que la vida política tam­poco se limita a este ámbito. En consecuen­cia a cada ámbito de participación política le debería corresponder con servicio público un recurso comunicativo, no de élite, sino po­pular» (Moragas, Prado, De Mateo, 1983:507).

El concepto de servicio público no debe­ría ser secuestrado desde la lógica estatal o la lógica comercial, de la misma manera que descentralización no es sinónimo de demo­cratización y participación de progresismo. Se requiere un diseño del sistema televisivo según los ámbitos de que se trate.

 

MESOCOMUNICACION: CONTRADICCIONES Y PROMESAS

 

Utilizaremos por tanto el concepto de me­socomunicación para designar una práctica contradictoria, como la de las televisiones lo­cales de Cataluña, pero que permite integrar al proceso comunicativo unas características estructuralmente prohibitivas para los ámbi­tos de mega y macrocomunicación tales como la descentralización, la participación y, en definitiva, la democratización. De esta ma­nera entendemos que el ámbito mesocomu­nicativo es el marco natural de la comunica­ción social, mientras que el macro y el mega es el campo de acción de la comunicación de masas.

No cabe duda, en Cataluña las televisiones de pequeña potencia han arrebatado a la Ad­ministración el poder de expresión. Pero cabe preguntarse si serán capaces de produ­cir un discurso autónomo o engrosarán el ejército reproductor del discurso dominante. En este sentido, hay que recordar que un me­somedio no genera automáticamente un pro­ceso de mesocomunicación. Por el contrario, la práctica de otras experiencias audiovisua­les ha revelado su capacidad de ser vehícu­los eficaces para la distribución de produc­tos culturales homogeneizadores, propios de la comunicación de masas.

Justo es reconocer la voluntad, manifestada reiteradamente por los principales protago­nistas de la experiencias de televisión comu­nitaria en Cataluña, de construir una herra­mienta para la dinamización cultural popular, y ahí está su decisión de abastecerse total­mente de producción propia. Pero también es justo alertarles sobre las dificultades para conseguirlo, a la vista de experiencias reali­zadas en otros países.

La principal dificultad se deriva de la dis­tribución desigual de códigos en el seno so­cial (Mattelart, 1982), lo que supone una nota­ble limitación a la libre expresión.

Por otra parte, la expresión que se realiza en los ámbitos mesocomunicativos con la tec­nología televisiva reproduce miméticamente, en la mayoría de los casos, la utilización del lenguaje audiovisual establecido. Natural­mente, el conocimiento popular de estos có­digos es el fruto del adiestramiento perma­nente en el uso de códigos dominantes, lo que pone límites ideológicos a la creatividad popular.

La misma lógica que lleva a la socialización discriminada de los códigos audiovisuales implica también una distribución del sistema de utilización, de su estructura, que es a su vez discriminatorio de otros usos. Dado que el aprendizaje del código y del sistema se ha realizado en conjunto, mediante la fruición pasiva de los mensajes televisivos, los acto­res sociales difícilmente encuentran el cami­no para utilizarlos en otro sistema que esté al servicio de sus propias necesidades expresi­vas y de la cultura popular en su conjunto.

El practicismo lleva inevitablemente a la reproducción de los esquemas conocidos, de las rutinas de producción y de los géneros más difundidos. (Tuchman, 1983, Cesáreo, 1981, Glasgow University Media Group, 1976 y 1982).

No basta con tener la voluntad de hacer una televisión diferente para lograr una prác­tica comunicativa alternativa. Los hábitos des­movilizadores y pasivizantes impuestos al público por el sistema comunicativo impe­rante no se rompen sólo con hacer una tele­visión local. Es la propia práctica de esas te­levisiones la responsable de despertar a los espectadores del largo letargo en que les ha sumido el sistema comunicativo clásico y de provocar a la audiencia con un discurso nue­vo en su forma, y no sólo en su contenido, si se quieren cambiar las actitudes de fruición, que es la clave para lograr procesos de par­ticipación real, no simbólica.

Naturalmente, no podemos hacer responsa­bles a los actores sociales que ponen en pie estas experiencias de cargar con todo el peso de las necesarias innovaciones en la cons­trucción del discurso. Los teóricos, los inves­tigadores progresistas de la comunicación dedican preferentemente su atención a otras parcelas, muy importantes sin duda, pero de las que se desprenden escasas indicaciones para la orientación de las prácticas comuni­cativas comunitarias. La falta de una teoría progresista de la producción/realización/gé­neros dificulta una práctica televisiva cultu­ralmente alternativa.

Mayor cota de responsabilidad cabe atri­buir a la Administración en este campo. Es ur­gente la regulación legal de las televisiones locales de servicio público, tanto por razones comunicativas culturales, como por razones políticas, como por razones técnicas.

Pero no sería suficiente, a nuestro juicio, con regular su existencia jurídica; debe po­nerse en pie una política de experimentación social con las tecnologías de la información en su conjunto, que abarque por supuesto a la televisión, en la perspectiva de tener una plaza en la sociedad postindustrial que se está configurando. Y esto, además, por razo­nes económicas.

No sería justo desembarazarse de estas ex­periencias de un plumazo con el pretexto de que responden a una lógica de privatización, cuando en su acta de definición expresan con claridad meridiana que «la televisión local no es una iniciativa privada/comercial y por tanto excluye de sus objetivos el afán de lucro».

Se trata de una experiencia de comunica­ción ciudadana que supone una profundiza­ción de la democracia, y no puede ser frus­trada por la incapacidad del Estado para des­cifrar los mensajes de modernización que le transmite la sociedad civil.

Por lo demás, en Cataluña, todas las fuer­zas políticas coinciden en la necesidad de le­galizar estas experiencias y así lo manifesta­ron públicamente representantes del PSC­PSOE, CDC, PSUC, ERC y AP, en le programa «Comunicación» de Radio Nacional de Espa­ña en Cataluña en noviembre de 1984.

 

REFERENCIAS

 

Acta de definición de la televisión local. Documento xerocopia­do, Cardedeu (Barcelona), 27 de octubre de 1984.

Cesáreo, G., Fa Notizia. Roma, Edit. Riunitti: 1981.

Glasgow University Media Group, Bad News. Londres, Routled­ge & Kegan Paul Ltd.: 1976.

Glasgow University Media Group, Really Bad News. Londres, Writers and Readers: 1982.

1.ª Jornada sobre el futuro de la televisión local en Cataluña. Do­cumento xerocopiado, Cardedeu (Barcelona), 27 de octubre de 1984.

Mattelart, A., Intervención en el congreso de AIERI. París, sep­tiembre de 1982.

Moragas, Prado, De Mateo, Appropiation des media et decentra­lisation. En «Le Bulletin de L'IDATE» núm. 13, Montpellier, octubre de 1983.

Prado, E., Radios Municipales: una experiencia de comunicación popular. En «ALFOZ» núm, 11, Madrid, diciembre de 1984.

Tuchman, G., La producción de la noticia. Barcelona, Gili, 1983.